Ciclo “Cartografías del feminismo”

El Centro de Estudios Públicos (CEP) invita a su ciclo de tres sesiones “Cartografías del Feminismo”, en cuya sesión inaugural participará la Profesora del CIEG y Premio Nacional de Ciencias Sociales 2013  Sonia Montecino.

Primera sesión
Miércoles 1 de agosto de 2018, 18:30 a 20:00 horas
La perspectiva del tiempo

Expositoras:

María José Cumplido, historiadora, autora de Chilenas (2017), editora de Historia y Ciencias Sociales en Memoria Chilena.

Sonia Montecino, Doctorada en Antropología, participó en la formación del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género (CIEG) en la Universidad de Chile, profesora en la misma universidad, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2013.

Sol Serrano, doctorada en historia, profesora titular del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, consejera del CEP.

Segunda sesión

Jueves 9 de agosto de 2018, 18:30 a 20:00 horas
Las corrientes de hoy

Expositoras:

Rubí Carreño, doctorada en literatura, profesora de la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Diamela Eltit, escritora, Profesora Distinguida Global en el programa de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York.

Cynthia Francica, doctorada en literatura comparada, profesora de la Facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez.

 

Tercera sesión
Jueves 16 de agosto de 2018, 18:30 a 20:00 horas
Sesgo de género en educación

Expositoras:

Sylvia Eyzaguirre, doctorada en filosofía, investigadora del CEP

Salomé Martínez, doctorada en matemáticas, profesora y encargada de la Dirección de Diversidad y Genero de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

Leonor Varas, doctorada en ciencias de la ingeniería, profesora y Directora del DEMRE de la Universidad de Chile.

Para inscripciones visite  aquí

Declaración CIEG ante movilizaciones feministas

El Centro Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile ante el escenario de movilización estudiantil feminista de las últimas semanas surgido como respuesta al ejercicio continuo de violencia física, sexual y simbólica contra las mujeres, se hace presente con este comunicado:

En primer lugar, expresamos nuestro apoyo a las estudiantes movilizadas en FACSO, en la Universidad de Chile y otras instituciones de educación superior, que se han tomado los espacios para exigir cambios culturales e institucionales profundos en relación a la desigualdad y violencia de género estructural que afecta en particular a las mujeres en diversos contextos. Apoyamos también a las académicas y funcionarias de las universidades que han solidarizado y levantado sus voces, no sólo declarando y denunciando sus propias realidades cotidianas, sino también por su trabajo activo y propositivo para que se cumplan las condiciones de igualdad, inclusión, dignidad y respeto en nuestras instituciones y más allá de ellas.

Como CIEG queremos manifestar nuestra contribución a las demandas de estudiantes, académicas y funcionarias, comprometiéndonos especialmente con las propuestas relacionadas con la instalación de una Educación No-Sexista y promover los cambios culturales a través de un nuevo trato en los vínculos internos y externos de nuestra universidad. En esa dirección, ofrecemos participar y colaborar en instancias de inducción, capacitación y educación en materias de igualdad de género y no discriminación para los diversos estamentos de la Universidad, así como en la necesaria inclusión de un curso transversal de género y feminismo para la Facultad de Ciencias Sociales. Creemos pertinente y necesario que este sea obligatorio para todos/as quienes deben formarse como profesionales de las ciencias sociales y la educación con mirada crítica. Asimismo, el CIEG está dispuesto a participar y colaborar con la revisión curricular de las carreras para asegurar una educación no sexista, sin sesgos androcéntricos y con enfoque de género.

Respecto a los protocolos de actuación ante casos de acoso sexual, laboral y discriminación arbitraria, consideramos que se ha hecho un trabajo de gran valor, pero que ha resultado insuficiente ante la profunda naturalización de conductas y discursos discriminatorios en las aulas, y en otros espacios académicos, y a la falta de voluntad particular para dar a conocer a los diversos estamentos materias de acoso y violencia sexual. Nos comprometemos a continuar trabajando en conjunto con la Dirección de Igualdad de Oportunidades de Género para perfeccionar los diagnósticos y planificación de medidas que se enfoquen en la prevención, y en el correcto y ético seguimiento de los casos denunciados, y la fiscalización de fallos y sanciones.

La incorporación a las demandas de los derechos de madres y padres estudiantes, académicos/as y funcionarios/as es un elemento que enriquece los horizontes de igualdad, y al mismo tiempo pone de manifiesto la vulnerabilidad de quienes no poseen contratos regulares y se ven afectadas y precarizadas en sus diversos derechos laborales y maternales.

Hacemos, por último, un llamado a todos/as a sumarse a las reflexiones y debates que se están abriendo y trabajar en colectivo en la búsqueda de soluciones que apunten a cambios culturales profundos al interior de nuestra universidad y fuera de sus fronteras, para promover una sociedad más inclusiva, ética, pero sobre todo un nuevo trato que garantice relaciones sociales de género igualitarias.

CIEG participa en Primer Congreso de Investigación en Ciencias Sociales

El 12, 13 y 14 de abril se celebró el Primer Congreso de Investigación de la Facultad de Ciencias Sociales, en donde se debatió sobre temas diversos con motivo de potenciar la interdisciplinariedad y comunicación entre los diferentes departamentos de la facultad. Democracia y Política, Etnicidad, Racismo y Migraciones; Desarrollo y Condiciones Laborales; Movimientos Sociales, Educación, Violencia de Género y Disidencias Sexuales, fueron algunos de los temas de interés que tratados por docentes, estudiantes de pre y postgrado, y egresados/as, en paneles simultáneos durante los tres días de la jornada.

De acuerdo a informaciones de FACSO, se desarrollaron 95 ponencias, asistieron más de 270 personas y se presentaron 10 posters de las unidades de la Facultad. Contó además con invitadas internacionales, como Paulina de los Reyes, PhD., profesora titular de Historia Económica en la Universidad de Estocolmo, y la decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y directora del Instituto Gino Germani, Carolina Mera.

En calidad de expositoras y colaboradoras, el CIEG participó en las mesas de Violencia de Género (jueves, 14:30-16hrs), junto a Svenska Arensburg (académica departamento de Psicología), Irma Palma (académica departamento de Psicología), y Valentina Muñoz y Paula Vargas (egresadas de Psicología). Elisa Niño y Manuela Cisternas, investigadoras de CIEG, participaron como ponencista y moderadora, respectivamente.

La mesa se centró en trabajar el lugar de las mujeres como gestoras, agentes y subversivas de la posición victimaria frente a diversas manifestaciones de la violencia de género, desde la violencia estructural evidenciada en la ilegalidad del aborto libre, la violencia en contextos de pareja, la violencia sexual tanto experiencial como aquella realizada desde la agenda institucional de la dictadura. Las cuatro ponencias dieron cuenta de cómo la perspectiva feminista y de género permite desarticular la victimización de las personas en situación de violencia, a través de diversos mecanismos autogestionados de subjetivación, como también por medio de la acción política y teórica.

El viernes 13 de abril, en la mesa de Violencia Sexual (9:00-10:45hrs), Manuela Cisternas participó en representación del equipo CIEG de los años 2016-2017, con reflexiones en torno al acoso sexual en la Universidad de Chile, una investigación encargada desde la entonces Oficina de Igualdad de Oportunidades de Género de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile. Los resultados de este estudio de carácter cualitativo-descriptivo, ilustró las repercusiones individuales, sociales e institucionales del acoso sexual en diferentes estamentos de la Universidad , tomando casos de acoso y violencia sexual denunciados por mujeres vinculados a la institución. La mesa, además, estuvo compuesta por Claudia Capella, Myriam Madrid y Angélica Valdebenito, vinculadas al departamento de Psicología de FACSO, con ponencias que reflexionaban en torno al trabajo psicoterapéutico en casos de abuso sexual a menores de edad.

Dejamos adjunto un video realizado por la unidad de comunicaciones de FACSO, respecto a los objetivos del Congreso.

Foro “¿Quién fue Julieta Kirkwood?” 4 de Abril, FACSO

 

La Secretaría de Sexualidades y Géneros (SESEGEN) de la Facultad de Ciencias Sociales organiza para el próximo miércoles un evento que llama a recordar y honrar a Julieta Kirkwood, socióloga, catedrática, precursora de los estudios de género y activista feminista chilena de los ’80. Compartimos la descripción de la actividad-foro, como también link al evento en Facebook.


https://www.facebook.com/events/181579665814119/

En la historia las mujeres son invisibles. No son presidentes, no son académicas, no son generales, y, por lo tanto, no se les reconoce. No tenemos grandes estatuas que conmemoren mujeres y no abundan heroínas nacionales.
Pero hay mujeres que, a pesar de todo, son tan precursoras, que sus voces y sus acciones se recuerdan a pesar de la invisibilización. Esta facultad, debe estar orgullosa de tener a una de estas mujeres en sus filas: Julieta Kirkwood, socióloga y feminista que tuvo una destacada participción en los movimientos de mujeres y estudios de género en Latinoamérica.

Como Sesegen FACSO solicitamos a la Facultad de Ciencias Sociales que bautice al nuevo auditorio “Julieta Kirkwood”, como un pequeño homenaje a su figura y a las mujeres que la acompañaron en su lucha. Las y los invitamos a conocer más sobre esta gran mujer en un foro a realizarse el miércoles 4 de abril a las 13:30 hrs en el Auditorio Nuevo de Facso.

Exponen:

Ximena Azúa, Magíster en Estudios Latinoamericanos, doctora en Literatura y directora de postgrado en la Facultad de Ciencias Sociales.

Silvia Lamadrid, Magíster en Ciencias Sociales con mención en Sociología de la Modernización y Coordinadora del Núcleo de Investigación Género y Sociedad Julieta Kirkwood

Sonia Montecino (por confirmar), Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2013 y Editora del libro “Feminarios”, de Julieta Kirkwood

Las y los esperamos!

Entrevista a Luna Follegati en Revista Qué Pasa

Compartimos con ustedes entrevista realizada a nuestra colega Luna Follegati, docente del diplomado Género y Violencia y del Magíster en Estudios de Género y Cultura del CIEG. En esta nota, Luna reflexiona en torno a las discusiones sobre violencia de género, violencia y acoso sexual en las Universidades, y el rol que cumplen los movimientos estudiantiles y feministas en la instalación de estos temas en el debate social.

La entrevista fue publicada en el medio Revista Qué Pasa online, el 29 de diciembre del 2017. Hacer click en imagen para redirección a nota.

Periodista: Carolina Sánchez

Fotos: José Miguel Méndez

 

 

Comunicado ante denuncias de acoso sexual en la FACSO

Ante la persistencia de denuncias de acoso sexual en el Campus Juan Gómez Millas, ahora en la Facultad de Ciencias Sociales, como Centro Interdisciplinario de Estudios de Género, insistimos, como lo hicimos en el comunicado del 01 de abril de 2016, en la siguiente declaración.

Rechazamos cualquier manifestación de acoso sexual en el ámbito educativo y exigimos que se lleve a cabo el debido proceso y protocolos de seguimiento de forma transparente.

El 13 de julio de 2017 se aprobó por Resolución Excenta Nº 01024 la Política Universitara que tiene por objetivo general “Erradicar el acoso sexual y reducir la violencia de género en la Universidad de Chile a partir de un programa que permita prevenir estas conductas y atender a las personas afectadas”.

A través de este documento, nuestra casa de estudios ha manifestado de manera tajante que dichas conductas abusivas no son tolerables. Contar con una política específica nos respalda para facilitar y velar por que se cumplan las líneas de acción definidas, partiendo por socializar dichos procesos para que sean del conocimiento de todas las personas que hacemos parte de la Universidad.

En este sentido, invitamos a estudiantes, académicos/as y funcionarios/as a informarse respecto a sus responsabilidades y derechos en esta materia, a través de los documentos “Orientaciones para enfrentar el Acoso Sexual en la Universidad de Chile”, y “Respuesta Institucional ante el Acoso Sexual en la Universidad de Chile” disponibles en la web de la Universidad.

Reaccionar de manera oportuna, eficiente y empática frente a las denuncias es fundamental. No obstante, como integrantes de la comunidad universitaria exhortarnos también a la revisión crítica de nuestras prácticas de relacionamiento ya que estamos frente a un problema naturalizado, que atenta contra el derecho de igualdad y el principio de no discriminación. Por esta razón se hace urgente asumir un compromiso ético de convivencia sustentado en el respeto. Ello nos debiera instar no sólo a reaccionar cuando ocurren estos hechos sino a ser parte activa de la prevención.

Finalmente, el equipo CIEG reitera su disposición a colaborar en las iniciativas destinadas a erradicar el acoso sexual y a investigar las denuncias acogidas, asimismo ofrecemos nuestro apoyo a las personas afectadas.

Representaciones de violencia y género en migración, racismo y juventudes.

Estudiantes del diplomado de Extensión Género y Violencia presentan trabajos visuales que representan la violencia leída desde tres ejes: violencia desde un enfoque descolonial; violencia, racismo y migración; y violencia en masculinidades y juventudes.

El Diplomado de Extensión Género y Violencia es un programa que comenzó a impartirse el año 2009 como un curso de extensión, para luego convertirse en diplomado el año 2013, y a la fecha cuenta con más de 80 graduados/as especializados/as en perspectivas multidisciplinarias sobre la violencia de género. Este año, 60 estudiantes cursan el diplomado en dos promociones, entre los cuales se encuentran abogadas, trabajadoras sociales, psicólogas, antropólogas, terapeutas y profesionales de la salud, activistas y estudiantes de pregrado. Como parte de sus actividades de evaluación, los/as estudiantes del segundo semestre realizaron trabajos de reflexión creativos visuales (un collage utilizando imágenes de diversos medios de comunicación) sobre la violencia leída desde tres ejes, trabajadas en las sesiones de clases con los/as profesores/as Claudio Duarte, Iris Hernández y Elisa Niño:

Género y violencia: aportes del enfoque descolonial latinoamericano

Violencia de género, racismo y migración

Violencia, masculinidades y juventudes

A continuación, se presentan 8 de los 24 trabajos entregados:


Francisca Arredondo


Valentina Donoso


Natalia Lichtemberg


Araceli Pérez


Valentina Valli


Mónica Monteiro


Cecilia Navarro


Paulina Arriagada


 

Entrevista a Panchiba: “Si no hablamos de diferencia, no hay feminismo.”

Panchiba F. Barrientos es historiadora e investigadora feminista. Trabaja en torno a la necesidad de tensionar los márgenes y lugares centrales de la historiografía de género desarrollada en Chile, proponiendo preguntas que surgen desde la revisión crítica del concepto “mujer” y sus impactos en los imaginarios historiográficos y feministas locales. Ha publicado en Revista Nomadías y Athenea Digital, y en 2011 publica “La mujer como piedra de tope. Una mirada frente al fracaso del feminismo” (Territorios sexuales ediciones). Desde enero de 2010 dirige el proyecto Biblioteca Fragmentada, biblioteca virtual feminista que busca ensayar nuevas formas de compartir y difundir textos sobre géneros disidentes a través de internet.

Cuéntame sobre tu historia académica ¿desde qué lugar te posicionas políticamente como activista y feminista?

Yo estudié historia en el Pedagógico. Después me vine a la Facultad de Filosofía y humanidades e hice el Magíster en Historia y ahora estoy en el Doctorado de Filosofía Política acá en la Universidad de Chile. Cuando estaba en el Peda todavía no pensaba en estudiar sobre feminismo, tampoco historia es un lugar en que se propicie que esas cosas se pensaran en general: las líneas eran súper marcadas en historia social, historia de Chile. Cosas que a mí tampoco me interesaron cuando estaba allá, pero al final de la carrera me vi obligada a empezar a pensar en esas cosas porque tenía que hacer la práctica como profesora y me costó un montón encontrar un lugar.

Mi primer acercamiento al mundo feminista fue un poco al revés del mayoría de la gente, he escuchado historias muy lindas de como el feminismo se articula entre mujeres que se encuentran y se reconocen,  para mí todo fue como una cuestión ligada a la destrucción, pensaba “oye, pero el mundo está mal, hay que pensarlo desde otros lugares”, pero al principio estaba sola y en general los espacios de mujeres me parecían bastante hostiles.  Las primeras cosas que leí fueron Butler y Preciado juntas, o sea para mí todo era pura destrucción y era maravilloso. La historia en torno a esas primeras lecturas es linda, da cuenta de la importancia de los flujos de información y de como esos flujos nos construyen y nos hacen soñar mundos distintos. Yo quería leer “El género en disputa” y el “Mnifiesto contrasexual”, quería comprarlos pero aquí no estaban, así que traté de conseguirlos… ¡y resultó! En ese había una página que se llamaba “Rompiendo el silencio” que era la revista virtual de la Erika Montecinos que es una activista, súper importante para la visibilidad de las lesbianas de los 2000 en adelante aquí en Chile, asociada a la revista funcionaba una lista de correos yahoo. Un día me animé escribí le a la gente de la lista preguntando si alguna sabía donde podía coprar los libros. Me contestó Julia Rojas, no nos conocíamos, nunca nos habíamos visto ni habñiamos hablado, pero me dijo que ella tenía los libros y que si quería me podía sacar una fotocopia. Llegué a su oficina en el Vivo Positivo y me dijo, “pucha, no los alcancé a fotocopiar, así que toma, llévatelos y después me los devuelves”, fue increíble. Una lección sobre generosidad feminista y  confianza. Después nos vimos más veces y Julia me fue ayudando a armar una bibliografía y un recorrido de lecturas.

¿Empezaste a criticar el feminismo más tradicional?

Nunca me sentí ni parte y ligada al feminismo tradicional, que es un feminismo de mujeres y de sólo mujeres, mujeres heterosexuales. Nunca me he sentido cómoda al pensarme desde esos lugares. Además las lecturas que estaba haciendo me tensionaban hacia otros lugares, mis primeras lecturas fueron Butler, Preciado, Rubin, Anzandúa. Hoy casi 10 años después de esos primeros encuentros y lecturas feministas, esas autoras y sobre todo Gloria Anzaldúa siguen siendo una pieza clave en mi trabajo y me ayudan a reflexionar en torno a las tensiones que movilizan los quehaceres y preguntas feministas.

¿Cómo pensar un feminismo que sea políticamente movilizador, que no quede atrapado en la figura de las mujeres, que no se olvide tampoco de las injusticias y violencias que pesan sobre algunos cuerpos de mujeres, pero que, al mismo tiempo, pueda servir como catalizador para pensar otras cosas, como otros sujetos, otras articulaciones identitarias que no son tan firmes y desde las que muchxs nos imaginamos?

Cuando el feminismo sólo piensa en la mujer, y no intersecta esa categoría con otras como la raza, la clase, la edad y la sexualidad, se transforma en una forma de opresión. Muchas teóricas negras, chicanas, descoloniales, antirracistas y también transfeministas nos proponen la necesidad de pensar categorías identitarias en que no se anule la posibilidad de pensar las diferencias y de enunciar las experiencias, bell hooks  dice que “no hay una lucha más feminista que otra”.

¿Cuál fue la idea para la creación de la Biblioteca Fragmentada? ¿Cúales han sido los desafíos en estos años?

Por mucho tiempo Biblioteca Fragmentada era un equipo imaginario. Operaba ficcionalmente la idea de que era un equipo, de que había mucha gente detrás y eso para mi era muy divertido. Al principio eramos: una gata, yo y mi scanner, hoy el equipo ha crecido  Uvi, Kiri, Lua y yo, ya no está con nosotras el escanner, pero seguimos siendo un equipo multiespecia (dos gatas, una perra una humana).  Al principio la página era un worpress que replicaba contenidos de otros lugares o conseguía alguas joyas feministas en pdf por aquí y por allá. Después el proyecto se amplió y Biblioteca Fragmentada pasó a tener su propio dominio. Compré un dominio “.org” jugando un poco con la noción de lo colectivo y lo difuso. El proyecto siempre ha sido un espacio de tráfico de conocimientos  sin fines de lucro, la página se financia con una rifa en la que se sortean libros.

Biblioteca Fragmentada ha crecido un montón hoy tenemos casi 9.500 fans en Facebook, hay textos muy descargados que tienen más de 2000 descargas. Hay gente que manda textos desde muchos lugares para que se publiquen en la colección de lecturas libres de la página. Todos los textos que tenemos publicados han sido compartidos por sus autorxs o se han publicado con licencias Creative Commons. Todo partió porque las cadenas normales de librería no vendían los libros que yo quería leer y necesitaba conseguirlos de alguna manera, y claro, una vez que los conseguía quería poder compartirlos.

Cuéntame algo sobre el electivo que vas a presentar este semestre en el magister ¿Cuál es el objetivo del curso? ¿Por qué se decidió ese tema? ¿Cuáles son los contenidos y qué expectativas tienes para el año?

Poder hacer un electivo sobre los temas que estoy investigando me parece un sueño, al mismo tiempo es un super desafío, los contenidos del curso surgen de las cosas que estoy trabajando hace unos años, son algunos de los problemas que quiero trabajar en mi tesis de doctorado. Estoy muy emocionada sobre todo por lo que significa la posibilidad de poner en discusión con otrxs las cosas  que estoy pensando. Tener un curso como este siendo una investigadora joven en una universidad en Chile es un no es un asunto menor, porque hoy en el país estamos teniendo problemas graves de inserción y precarización laboral dentro de las universidades. Las universidades no tienen espacio para la gente joven. Ahí hay un problema super complicado, hay un desfase entre las políticas de promoción de capital humano avanzado y las políticas de inserción en las universidad, no estamos hablando solamente de Santiago, es un problema a nivel nacional. 

¿Qué o a quiénes consideras como referentes históricos por tus propuestas políticas en el feminismo o en los movimientos sociales que sería bueno rescatar hoy en la articulación o rearticulación del movimiento feminista?

Yo creo que es una pregunta tramposa, más bien para mi la pregunta es: ¿nosotros queremos articular un movimiento feminista o queremos imaginarnos que exista la posibilidad de que  surjan muchos movimientos feministas? Históricamente los movimientos feministas han sido una cuestión fragmentada: han sido movimientos que se chocan, movimientos que se odian, movimientos que se encuentran, que se hermanan y que después se pelean y de eso se trata también, porque el feminismo no es una política tradicional, no tiene un centro, no es igual a si mismo.  

Si nosotras no hablamos de diferencias no hay feminismo. Si no hablamos de diferencia, quizás a lo más podamos pensar en una política de mujeres, pero siempre va a ser algo en falta. ¿Qué significa ser mujer? ¿Hasta dónde alcanza el signo mujer? ¿A quién deja afuera? Por supuesto que no se trata de desconocer que esas formas de organización sí han existido y han sido importantes en distintas épocas históricas, sabemos que en la lucha contra la dictadura el movimiento de las mujeres fue clave. Por supuesto que es necesario reconocer también el oimpacto organizaciónal y político que tuvieron las organizaciones y ONGs de los 90 -los institutos de las mujeres del sur, la casa de las mujeres en Temuco, La Morada aquí en Santiago-. Pero si sólo nos acercamos a esos relatos perdemos la riqueza de las acciones de los colectivos y organizaciones que han tenido historias más fugaces, nos perdemos el roce cotidiano de acciones micropolíticas y contestatarias radicales que no tienen los mismos tránsitos, vías de comunicación y que no construyen grandes. Si no escuchamos estas voces nos perdemos dentro de una forma específica de contar la historia. Entonces ¿pensar en un movimiento? No. ¿Muchos movimientos? Sí.

¿Tienes algún referente teórico o alguna musa inspiradora?

Mis referentes teóricos son las feministas que nos permiten pensar de diferencia, la experiencia y la identidad desde múltiples cruces y preguntas. Obviamente ahora te voy a decir Gloria Anzaldúa, Audre Lorde y Angela Davis, que son los pilares del electivo que parto en el Cieg. Pero también me gustaría decir bell hooks; valeria flores; Rosi Braidotti y Monique Wittig. Pensando en Chile podría decir Julieta Kirkwood, la Alejandra Castillo y  Olga Grau. Son personas que nos impulsan a pensar feminismos distintos, a desafiar lo que significan las políticas de identidad, las políticas del reconocimiento, incluso las políticas de lo humano.

¿Y tienes algún libro de cabecera?

Obvio que sí, tengo varios libros que me gustan mucho, pero entre todos, uno que no puedo ni quiero dejar es “Esta puente, mi espalda”, es un libro que se editó el 81′ y que fue publicado por un conjunto de mujeres que se llamaron a sí mismo “Mujeres de color” que eran mujeres tercermundistas viviendo en Estados Unidos en las décadas del 70′ y ’80. Ese libro habla de rabia, habla de deseos que no funcionan, habla de la necesidad de abandonar ciertas formas de mirar y de mirarse, de la traición, de los sueños, de hacerse un lugar para sobrevivir…

Siguiendo el texto “La mujer como piedra de tope, una mirada del feminismo” ¿Cuál es el sujeto del feminismo y cuál es el objeto del feminismo?

Ese texto surgió como parte de un circuito que se llamaba: “Un feminismo sin mujeres”, que era una propuesta de la CUDS para articular un espacio de pensamiento feminista que circulara por distintas universidades de Santiago. 
En mi texto lo que quería hacer, y en el fondo es lo que me interesa todavía hacer, es preguntar ¿cuál es el sujeto del feminismo o cómo se construye un sujeto político para el feminismo o cómo se puede pensar un sujeto político feminista? ¿Cuáles son las trampas que nosotras como feministas también ponemos a la hora de pensar/pensarnos como sujetos políticos? Este es un problema histórico, los movimientos sociales siempre han tenido esta idea de “tenemos una agenda, tenemos un objetivo y los objetivos son los siguientes”. El texto tiene que ver con eso, interpelando al movimiento feminista. Durante mucho tiempo algunas feministas han dicho “nosotras vamos a hablar de las mujeres” y en ese gesto de “hablar de las mujeres” habar de otras cosas aparecia como algo externo, casi una amenaza. Una agenda secundaria que dividía al movimiento. Si empezamos a sacar experiencias de las que el feminismo no pueda hablar, tenemos un problema porque estamos construyendo un sujeto cuadrado, finito, inmóvil, un sujeto que finalmente no existe porque nadie se adapta a ese molde, siempre hay fugas en los sujetos, pero si los movimientos políticos no hablan de eso que está estallando lo que hacen es reproducir los modelos dominantes de la heterosexualidad obligatoria, del racismo, de la transfobia, de la homofobia, de las exclusiones de género

¿Cuáles son los desafíos de los movimientos feministas hoy día en Chile?

Yo creo que de todas maneras la lucha por el aborto, hay que remecer las estructuras de control que pesan sobre los cuerpos.  Tenemos que pensar en el aborto libre, pero también en otras formas de control, hay que hablar sobre otras políticas públicas que también tienen que ver con la reproducción y que se juegan en el cuerpo de las mujeres, de las bio-mujeres. Tenemos que hablar de transfobia, de homofobia y de lesbofobia, pero no simplemente para decir “oye, la transfobia, la homofobia y la lesbofobia son malas”, sino para pensar cuáles son las formas de violencia que tenemos incorporadas. Tenemos que desarmar también los imaginarios de lo que significa ser mujer.

Tenemos que pensar en las violencias del racismo y tenemos que pensar en las violencias económicas. Si yo digo primero aborto, después homofobia, lesbofobia, transfobia y después económico y después racismo. No estoy diciendo una cosa sea importante que otra. Estoy diciendo todas estas cosas se configuran en conjunto, se articulan de manera conjunta a la hora de pensar nuestras realidades materiales.

Entrevista Luna Follegati – Como feminista hoy en día debemos poder establecer un dialogo intergeneracional que sea fructífero

Luna Follegati, es Doctora (c) en Filosofía con mención Filosofía Moral y Política. Además posee un Magíster en Comunicación Política de la Universidad de Chile y es Licenciada en Historia de la misma Universidad. Se desempeñó como docente en la Universidad de Santiago de Chile (USACH) y Universidad de Chile, especialmente en cursos de teoría política, pensamiento político contemporáneo, biopolítica y gubernamentalidad.

Cuéntanos sobre de tu etapa de estudiante en la Universidad de Chile ¿Por qué elegiste esa carrera? Háblanos de esa fase de formación.

Entré a Historia a comienzo de los 2000 acá en la Universidad de Chile y en realidad más que pensar en una “salida” laboral o un futuro en términos ya de profesora o de investigación, me gustaba mucho leer y mucho leer de historia. Ese fue mi enganche y creo que es una cuestión que he mantenido hasta el día de hoy. Me encanta, poder estudiar y tener la libertad para investigar ciertos temas. Ingresé a historia porque tiene que ver con una problematización con respecto a la historia del presente, es decir, como nosotros podemos interpelar o preguntarnos en relación a procesos políticos contemporáneos, ya sea la dictadura militar o el periodo de la transición, desde una perspectiva histórica. La historia también puede darnos claves para comprender nuestro presente.

Hay una etapa fuertemente relacionado con una línea historio- política que la trabaje en pregrado, después ingresé al Magíster en Comunicación Política en Universidad de Chile y ahí profundicé más en esta forma –quizás más heterodoxa– de comprender la construcción de los discursos políticos. En el magíster me aboqué a los discursos durante los gobiernos de la transición y seguí esa vertiente en el Doctorado en Filosofía Política, indagando acerca de la construcción de una genealogía sobre el concepto de transición en Chile. Entonces siempre ha sido una vertiente que ha dialogado entre historia de la teoría política, entre la filosofía política y que no se reconoce por una perspectiva disciplinar, más bien por indagar en problemas y para encontrar una respuesta a esos problemas. Es necesario o por lo menos yo encuentro necesario, poder establecer un vaivén entre distintas disciplinas y tener un conocimiento más menos transversal.

¿Y cómo fue que te inclinaste hacia el área relacionada con el género? ¿En qué momento quisiste tomar ese camino?

Mi perspectiva de cómo afrontar el género tiene que ver principalmente por mi llegada a trabajar en el CIEG, en el año 2010, con interés de empezar a vincularme en el mundo académico, y llegué a trabajar como una profesional vinculada a los temas de coordinación de los diplomados, es decir un trabajo más bien administrativo. Ahí empecé un proceso de auto-formación, a diferencia de las académicas y académicos del CIEG, yo nunca he tenido una formación en estudio de género, sino básicamente he leído. Gracias a las compañeras, al diálogo constante con Carolina, Paula y después con Manuela, hubo una osmosis en que empecé a formarme en los elementos básicos desde la teoría y ahí podría decir que hice un magister durante los 4 o 5 años que estuve acá y que siguió profundizando y dialogando con la filosofía política contemporánea.

Cuando empecé a trabajar directamente fueron por dos razones, la primera porque encontraba que la cuestión de los feminismos en general era algo que no había sido tan trabajado en el mundo académico, más que trabajado, no tenía un lugar. Durante los 90 la perspectiva de género se había mantenido en un lugar bastante alejado, en la academia, y me empezó a interesar problematizar este tema desde el punto de vista de la participación de formas activistas, que entendemos hoy en día por feminismo. Tiene que ver con mi participación en el movimiento feminista, pero también encontré que había un lugar de convergencia con mis estudios. Esos años yo estaba trabajando en relación a biopolítica y Foucault y tenía que ver con el dialogo que se establecía entre sexualidades y el cuerpo, desde una perspectiva de género.

Me interesó mucho en términos teóricos la producción de Judith Butler, particularmente los últimos textos que había hecho y ahí empecé un camino más bien solitario. Mi formación en género no tiene que ver con mi formación formal sino, más bien, he recalcado un proceso de autoformación que tiene que ver tanto con las necesidades que yo empecé a ver en el mundo del activismo feminista para poder transmitir conocimientos, y por otra parte, tenía que ver con mis intereses personales: ver este dialogo que particularmente existían entre la filosofía política, la biopolítica y la filosofía del género, o filosofía y género.

¿Cómo has llevado tu activismo feminista dentro de la izquierda, que también ha sido cuestionada por ser machista? ¿Cómo ha sido tu activismo dentro de la izquierda libertaria y como lo ligas con tu trabajo teórico?

Mi participación política es bastante activa desde siempre. Desde el mismo pregrado a comienzo de los 2000, en el espacio estudiantil particularmente. Ahí yo no tenía una sensibilidad con respecto a la cuestión de género, me desenvolví en un ambiente que era absolutamente masculinizado, en un departamento como el de Historia, que el día de hoy salen a la luz una serie de casos de acosos sexual bastante impresionante. Entonces soy parte de una generación que vivió con eso, que calló y no hizo nada. Ese momento de darse cuenta y poder hacer algo al respecto, viene cuando empiezo a conocer los estudios de género. Siempre estuve cercana a espacios de militancias, lo que llevaron a poner digamos el cruce entre, las dificultades de militar, de ser madre joven, de haberme separado y estar tratando de involucrarme en la academia. Una serie de situaciones que me llevaron a también problematizar mi propia existencia del punto de vista del género.

Yo creo que lo que he tratado de reflexionar de ahí en adelante tanto en espacio político como a nivel de aporte académico, a mí me interesa para que sea un aporte al movimiento feminista. Ese es mi desafío y en ese sentido en el 2011 en un contexto de álgida movilización estudiantil, donde tenía mucho compañeros y compañeras que militaban  en el espacio estudiantil –yo estaba ya ingresando el primer año del doctorado– y empezaron a darse cuenta de cómo existía un fuerte masculinización de la política, en los espacios de militancia y la forma en que se desenvolvía el trabajo en el interior de la asamblea o en los espacios que estaban surgiendo, tenían una voz principal, que contenía el prestigio de lo que se designaba, que era justamente la voz masculina, y las mujeres tenía una condición secundaria en la tareas que se desenvolvían y a los roles que cumplían al interior de las orgánicas.

Esto fue fuertemente acompañado con el proceso de constitución de las secretarias de género y sexualidades. En ese sentido muchas de las personas que militamos en espacios políticos en ese entonces decidimos juntarnos, particularmente del ámbito libertario, y llamar la atención a nuestros mismos compañeros y decir que acá había una situación de desigualdad, entonces mi activismo parte en un espacio que ya está, digamos, ya en un espectro político determinado.

Lo que hace es cuestionar cómo estas fuerzas, podríamos decir emergente fuerza de izquierda jóvenes nuevas o que vienen del ámbito estudiantil, tenían una serie de prácticas y situaciones que no se condecían con las mismas formas de trasformación y principios que ellos propugnaban. Entonces participé primero en una organización que sigue hasta el día de hoy y que en la cual muchas de nosotras nos formamos y le tenemos digamos bastante cariño que es “La Alzada”. Yo creo que fue un proceso bastante interesante, bonito y constructivo de poder entenderse dentro de la política como mujer, entendernos en una condición que es necesario levantar la voz para poner punto de termino con respecto a lo que nosotros entendíamos por izquierda clásica.

Tratar de posicionar el feminismo como un lugar, no solamente como una consigna, sino como un momento necesario, que apela por una transformación de la sociedad. En ese sentido es un feminismo que apuesta desde un punto de vista o desde un lugar que es una rivera política, pero que sin embargo se ve absolutamente en deuda y al servicio de todas las organizaciones feministas. No me interesa poner, digamos si esta primero la militancia de izquierda o el feminismo, si no por el contrario: yo creo que la izquierda no se puede concebir sin el feminismo.

Es bastante complejo ser feminista dentro de espacios de izquierda, es muy difícil que se transforme desde las prácticas de las mismas personas que componen los espacios políticos, hasta su acción. Entonces creo que es un tarea no exenta de dificultades, sin embargo a mí me parece que es prioritario y en todo este contexto de conformación de nuevos espacio políticos, el feminismo se haya hecho un lugar y se haya vuelto una necesidad.

¿Cuál es la situación del feminismo en Chile y cuáles son los desafíos?

¡Una gran pregunta, me encanta! Yo creo que, la situación del feminismo en Chile es diversa, primero creo hay que puntualizar, uno siempre habla del feminismo y en general nos encontramos frente a feminismos, en los cuales uno puede encontrar distintas lecturas, perspectivas y formas de participar. Creo que nosotras como feministas hoy en día, debemos poder establecer un dialogo intergeneracional que sea más fructífero, con las feminista que vienen luchando desde los 80, así como también las organizaciones que se mantienen presentes y que tienen una larga trayectoria. Creo que justamente uno de los desafíos del movimiento feminista es poder establecer ese dialogo, poner en juego las distintas visiones en las cuales nosotros comprendernos el feminismo.

Es una sociedad que lo que hace es aniquilar la diferencia, y yo creo el feminismo hoy en día ha puesto un alto énfasis en eso con coordinadoras como “Ni una menos”, pero también es necesario generar una propuesta. Creo que es fundamental que el feminismo hoy en día pueda plantear de manera explícita no solamente un hasta cuando, sino que lo que nosotros queremos y es fundamental, que pensemos y pongamos en dialogo.

Creo que también es un feminismo que está arraigado en ciertos espacios y en ciertos segmentos de clase. Es necesario poder transversalizar el feminismo hacia distintos lugares o sea problematizar situaciones como la relación entre género y trabajo. Poder señalar que estos feminismos que trasciendan los espacios educativos –que yo creo que es donde más se ha desarrollado– hacia poblaciones, hacia pobladoras. Espero que sea más transversal aún y que pueda emerger como una voz de disputa con respecto a las condiciones actuales que nos desenvolvemos en un Chile neoliberal.

¿Tuviste alguna autora o autor que te inspiró en los estudios de género o también puede ser una persona alguna figura, que te siga inspirando?

“La Alzada” sin lugar a duda como un lugar de encuentro, ahí nosotras nos conocimos y conocimos el feminismo también. A Judith Butler yo le debo bastante y lo digo con mucho afecto como el proceso de formación y de conocimiento en relación a lo que significa ser feminista y es un lugar donde pudimos comprender y que sigue siendo una inspiración.  Julieta Kirwood es una teórica que está preguntándose y está escribiendo en un momento en que están sucediendo cosas, en el que feminismo está situándose y se está apoderando de la calle. En Chile, poder reconocer y poder aprender de la trayectoria de las mujeres que nos han antecedido es fundamental, y a mí me parece una teórica clave para poder adueñarnos de nuestra historia y adueñarnos a través de las mismas mujeres que las están relatando.  En esta misma estela de pensadoras mujeres chilenas, para mí fue muy atrayente y muy interesante empezar a seguir los textos de Alejandra Castillo. Me parece que es fundamental porque es una autora que justamente problematiza cuestiones como qué son los feminismos, cuál es la relación entre la configuración política teórica entre el Estado, la democracia y los feminismos, cuál es la interpelación que aparece ahí.

Y claro por otra parte está Judith que desde el punto de vista de la teoría de género, a mí me parece que sin lugar a duda vino a revolucionar una trayectoria de pensamiento proveniente de los estudios y pone el acento en cuestiones que hacen desequilibrar un ordenamiento sexo genérico. Particularmente, me interesa mucho, la última producción en relación a la precariedad de la vida, ella hace una interseccionalidad critica con respecto al presente y a la forma en que los conflictos armados, las guerras y en último término, el capitalismo, se ponen en interacción a través de cuerpos determinados, ahí ella puede establecer una interconexión bastante interesante y que es muy sugerente para pensar un análisis contemporáneo del punto de vista del género.

Cuéntanos un poco más sobre ser mujer y ser académica? ¿Cómo ves ese cruce en tu vida cotidiana?

Voy a partir de otro lugar, no voy a partir del ser mujer y el cruce con las vías académicas. Voy a partir señalando que no es el cuerpo de la mujer necesariamente el que está cuestionado, sino que es la institucionalidad universitaria la que excluye, estigmatiza y margina aquellas mujeres que quieren ser parte de ello. Para mí las situaciones de acoso y abuso sexual que se han denunciado en las distintas universidades corresponden a un síntoma, que da cuenta de cómo nosotros estamos conviviendo dentro de una academia que intenta producir en relación a registros académicos neoliberales, se retroalimenta dentro de una estructura que genera clausura en relación a las formas de reproducción del conocimiento.

Hoy en día nos encontramos con una institucionalidad que sexualiza los roles que adquieren las distintas personas desde el punto de vista de la generación de conocimiento, y lo digo en relación a la experiencia propia en que uno se enfrenta a una resistencia constitutiva del espacio universitario, que lo que hace es constantemente marginar aquellas voces que plantean una resistencia con respecto a cierto orden.  Ser mujer en la academia es algo bastante ingrato, es un ámbito no solo muy masculinizado, nosotros desde el punto de vista feminista podemos transformar esas lógicas. Para mi es fundamental dotar de una perspectiva de género y particularmente feminista las formas de generación de conocimiento y eso tiene que ver por ejemplo con las dinámicas alumnos-alumnas/profesor dentro del aula.

Basta de aulas autoritarias. Basta de formas de reproducción del conocimiento donde se denigra o se ridiculiza a los y las estudiantes, porque eso también comprende una lectura que levanta una condición de autoridad desde una cierta voz, por lo general la masculina. Para mi ese tipo de situaciones, como la formas en que nosotros enseñamos en la universidad, así como también el trato entre los docentes y las alumnas/os y de ayudantes y alumnas/os.

En último término, el cómo uno ingresa a este espacio universitario, está atravesado por lógicas donde la forma de reconocer el mérito, la forma de reconocer el prestigio, la forma en que uno está legitimando a la autoridad, muchas veces es por condiciones que no necesariamente tienen que ver con el conocimiento. Es constantemente platearse en un ambiente adverso, estar a la defensiva, cuidarse. Enseñarles a las alumnas a cuidarse, una sobre exigencia bastante alta en términos de –sobre todo– aquellas que son madres, que tienen seguir publicando, tienen que seguir produciendo, no pueden perder el ritmo, no pueden faltar a la reunión. Tienen que demostrar constantemente una serie de logros y éxitos para estar a la par.

La academia neoliberal exacerba y que, justamente a la mujeres, las ponen en un juego bastante perverso, de hacer confluir lo que significa hoy en día la maternidad y cumplir con los estándares de exigencia académica. Por suerte las estudiantes hoy en día a través de su forma de organización, han podido levantar una voz de resistencia frente a eso, porque muchas veces desde el mismo mundo académico es muy difícil ya sea transformar, como también incluso alzar la voz para poder decir en ciertas situaciones.

¿Cómo ha sido tu experiencia en el CIEG o en las mismas clases que has estado dando, y cuáles son tus futuros proyectos?

Respecto al CIEG, yo creo mi llegada fue bastante fortuita, porque ha sido un proceso de bastante autoformación. No todo es una formación académica de forma tradicional y que también genera bastante inseguridad ¿en qué minuto es experto o no es experto, se necesita un cartón?  Creo que mi llegada sin duda marcó un hito respecto no solamente a las cosas que investigo, que pienso, sino también a mi lugar con respecto a lo que me interesa poder construir en adelante y que tiene que ver con el feminismo en primer término.

Tiene un lugar bastante importante. Y con las alumnas hacer clases, para mí siempre es un desafío. Tengo mucho respeto al aula y al poder hacer lo mejor posible en el ámbito de la docencia.  Interpelar nuestro presente en relación a una serie de cosas y generar constantemente preguntas. Yo creo que las y los estudiantes se vayan con la cabeza llena de dudas, es el primer paso para generar procesos de trasformación y poder cuestionar una situación que uno daba por sentado. Señalar que esos pilares son removibles, y que nuestra tarea es poder removerlos.

El último artículo que hice fue justamente tratar de relatar esta historia, una historia reciente con respecto del feminismo desde los 2000 hasta hoy. Una historia absolutamente inacabada pero que me gustaría poder profundizar en el sentido de preguntarnos cómo hoy en día nuevamente feminismo se ha instalado en las mesas de las casas en Chile, se conversa en los liceos, en las escuelas y que al parecer esto fue una especie de magia o que el feminismo se puso de “moda”. Sin embargo corresponde a una trayectoria que viene desde los 80 y que ha tenido un momento de oscilación, que hoy en día tiene una intensidad potente, y tiene que ver con esta diversificación de estos feminismos y una ampliación con respecto a otras generaciones que han podido tomar la voz feminista y se han hecho cargo a través de eso.

Entonces viene de ese proceso, esa temporalidad entre el feminismo en Chile en los 80, desde la lucha con respecto a la dictadura, hasta la actualidad. Estableciendo sus complejidades, sus diferencias, sus matices y también sus espacios de confluencia, que es lo que me parece más necesario hoy en día. Un desafío importante para poder seguir avanzando dentro de esta senda.

¿Cuál es el tema que estás trabajando hoy en día en el doctorado?

Mi investigación doctoral tiene que ver con cómo podemos establecer o pensar el surgimiento del concepto de Transición a la democracia durante el periodo de la dictadura militar, es decir entre 1973 y 1989. Poder analizar en términos genealógicos la instalación de un concepto desde el punto de vista discursivo, que establece una cierta forma de administración de la democracia en la transición. Lo que estoy haciendo es poder generar una lectura genealógica del concepto de la transición en Chile. Cuando surge, cuándo empieza a instalarse, cuáles son los matices, cuáles son las diferencias y finalmente cuál es la propuesta de democracia y la propuesta política que estaría contenido dentro de la forma de pensar una transición hacia la democracia. Ahí, mi hipótesis es que la Transición se puede entender en términos gubernamentales, como lo plantea Foucault, como una forma digamos de administración y de gobierno que tiene ciertas particularidades, que yo estaría desarrollando dentro de la tesis.

Entrevista Paula Hernández – Tener puestos los lentes violeta

Paula Hernández Hirsch, es Magíster en Estudios de Género y Cultura, Mención en Ciencias Sociales de la Universidad de Chile y Antropóloga Social de la misma Universidad. Actualmente es Investigadora del Equipo del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género (CIEG) y como docente en la Universidad de Chile. Se ha dedicado a los estudios de género enfocándose principalmente en las líneas de investigación de Alimentación, Sobrepeso y Obesidad en mujeres, Desigualdad y discriminación.

¿Por qué quisiste estudiar antropología y específicamente en esta universidad? ¿Qué fue lo que te motivo?

Quise estudiar antropología, porque me gustaba mucho el área de las ciencias sociales y las humanidades en general.  Me interesaba cursar una carrera en que pudiese tener contacto con las personas y que pudiera de alguna manera ejercer algún tipo de transformación social, ese era como mi horizonte. Me gustaban las posibilidades que daba la antropología también, pensando en que tiene distintas áreas, como igual tenía algunas nociones de la antropología física, pero me interesaba también poder trabajar con personas en vivo, y por eso descarté áreas como la historia, por ejemplo, pero sí me parecía interesante la profundidad que podía entregar la disciplina como antropológica al comprender los comportamientos humanos, las interacciones sociales y culturales.

Cuando uno elige la carrera es desde una posición súper ingenua, tal vez media incluso ignorante, porque nunca es exactamente como uno se lo espera. Antropología fue creo que la única carrera que me propuse a estudiar, creo mi segunda opción fue literatura, y siempre fue la Universidad de Chile. Esta idea de estudiar en la universidad pública estatal, la más grande, con más prestigio, también por un interés académico de estudiar en esos momentos y espero que siga siendo, la mejor Universidad en Chile y digo espero, porque dada la contingencia, está un poco en riesgo la universidad pública en general.

¿Como fue que te inclinaste hacia el área relacionada con el género?

Para mí el género o esta inquietud, este malestar que provoca el hacerse conciente de ciertas discriminaciones, de ciertas injusticias, estuvo siempre conmigo, toda la vida. Cuando conocí los estudio de genero me pareció que era algo, que daba respuesta de manera teórica, académica a estas inquietudes que yo había tenido siempre, entonces no fue “una revelación” para mí, sino que fue más bien confirmar, poder nombrar, poder ponerle conceptos a ciertas ideas que yo ya tenía, ya tenía ciertos acercamientos al feminismo, por lo tanto para mí fue poder dotarlo de contenido teórico.

¿Y eso fue durante la carrera de antropología?

Yo diría que sí, pero lo que más me marcó, fue el haber empezado a trabajar acá en el CIEG. En algún momento entré a trabajar como ayudante con Michelle Sadler, en una investigación sobre gestación adolescente y yo creo que eso fue lo que más me marcó, porque también me permitió entender el género desde un quehacer disciplinar. O sea no sólo como una teoría que explicaba estos malestares, sino que como una manera de hacer disciplina, de hacer antropología que tenía que ver con el método, con la práctica, tanto con lo teórico y lo más intelectual.

¿Cómo fue el proceso del magíster en género?

Fue una mayor profundización y consolidación a nivel teórico y académico de una discusión que yo ya tenía incorporada en mi quehacer diario y en mi manera de mirar los distintos fenómenos sociales. Lo interesante fue la apertura, lo tenía súper claro, pero con conceptos medios estrechos y tal vez con explicaciones un poco estrechas, y se fueron ampliando, ir conociendo cómo las teorías de género se van cruzando con otro fenómeno y eso me pareció súper interesante. Haber cursado por ejemplo, el ramo que tuve con Guadalupe Santa Cruz, que era sobre “ciudad y genero” para mí fue maravilloso, entender cómo se configura la ciudad desde una perspectiva de género, me pareció muy revelador y es una de las áreas que me interesa poder profundizar, que no he tenido la oportunidad todavía, pero ya la tendré.

¿Tuviste alguna autora o autor que te inspiró, además de las profesoras?

Además de Sonia Monecino, que finalmente es la escuela que aquí manejamos, en el sentido que ella es la fundadora del centro, junto con Loreto Rebolledo, pero que también tiene una mirada y una propuesta teórica muy particular, muy propia y muy interesante también. Porque es una teoría que se gesta en Latinoamérica, y que creo que ese es un sello que tiene también el centro, y el magíster, también es una de las marcas que nos van uniendo, porque durante toda la carrera (de antropología) constantemente estamos mirando hacia Europa, y si no era Europa hacia Estados Unidos y creo que una de las fortalezas que tiene las teorías de género, es que tienen un desarrollo súper potente en América Latina y particularmente en Chile. Tenemos que reconocer eso siempre, respecto al aporte de Sonia, de las otras profesoras y de este centro. Entonces por cierto que me marcó.

Cursando el magíster, tuve la posibilidad de tener clases con Rita Segato y “Estructuras elementales de la violencia” para mí fue un hito importante, porque son esos momentos como de revelación académica, que uno en algún momento tiene. Eso de “lo estoy entendiendo todo ahora”, mucho más estructural, mucho más transversal. Rita tiene la capacidad de presentarte o de hacerte entender de una manera bastante amable y simple, fenómenos que son súper complejos, que uno puede ir saliendo de esta superficialidad que a veces te ofrecen como los slogan en los que podemos estar de acuerdo, pero que no son suficientes cuando uno quiere saber por qué pasan las cosas, cómo pasan las cosas.

Hay una transformación y una profundización de los estudios decoloniales con perspectiva de género o de la perspectiva feminista, que está en la discusión actual, totalmente vigente. Que además hace un reconocimiento, desde las epistemologías otras, las epistemologías del sur y de las maneras de conocer diferentes. Construir un pensamiento propio o para poder situar de alguna manera mi propio pensamiento, es súper bonito cuando uno tiene como ese momento de revelaciones ¡Wuauu, esta intuición que yo tenía, sí se ha plasmado en los trabajos de otras personas! Eso es como bonito, muy interesante, que me pasó en ese minuto. 

¿Te identificas como feminista? ¿Cuando te pusiste los lentes violetas, que explicas en clases?

Yo me identifico como feminista, no tengo en este minuto una militancia como en algún grupo o algún colectivo, pero sí, mis lentes violetas los tengo puesto desde bien chica, desde mi participación en el colectivo feminista a los 15 años por ahí. Ahora cada vez uno va descubriendo más cosas y estos lentes se van un poco ajustando, va siendo capaz de ver más cosas y en mayor profundidad que las que había visto antes. Una de las primeras grandes molestias que tenía, era porque me gritaran cosas en la calle o porque no me sintiera segura al salir, o porque me pusieran ciertas trabas por el hecho de ser mujer, tenía que cuidarme más o que me trataran distinto, pero a medida que va pasando el tiempo, se van haciendo evidentes otras cosas.

Es mucho más grande la discriminación y mucho más estructural, las mujeres ganamos menos plata por igual trabajo, en los temas de crianza y cuidados, que se adosa siempre a la mujer la responsabilidad de la crianza y el cuidado, que tiene que ver también con distintas etapas de la vida. Ahora tengo más visión periférica y ya nunca me los pude sacar digamos, y todo lo que veo, todo lo que pienso, todo lo que analizo, siempre va a estar como visto a través de este filtro y me permitió también hacer ciertos cruces.

También me parece que hay un cambio generacional  importante, el movimiento estudiantil y el surgimiento de nuevas problemáticas, que se han hecho visibles y me parece refrescante y necesario también en la medida en que uno no está sola. Cuando yo estaba en pregrado, hablar que una era feminista, no era tan fácil, no era tan simple, no era tan aceptado y en cambio ahora, es más el lugar común digamos y el ser antifeminista, o no feminista es bastante más mal visto.

Esto nos permite hacer un tránsito, a que nuestro piso mínimo de lo que vamos a estar exigiendo vaya creciendo, tiene que ir avanzando aquello que consideramos como lo básico. Mirando no sólo desde la universidad hacia afuera, sino que hacia adentro de la propia universidad. Me parece que es fundamental, hace 15 o 20 años hubiese sido imposible hacer una investigación sobre cuanto ganaban los hombres, cuanto ganaban las mujeres en la universidad, porque no se consideraba un problema, no se consideraba una realidad, se negaba la existencia de esa situación. Ese cambio es súper interesante y sólo lo ha permitido el que más personas se hayan puesto estos lentes y que estos lentes, se hayan ido afinando permitiendo profundizar y ampliar la mirada.

¿Como ha sido tu experiencia en el CIEG, que es lo que más te gusta de ser docente e investigadora del centro?

Para mí ha sido el espacio de inicio y consolidación profesional, académica e intelectual. Para mi es un espacio súper importante, le debo a mis colegas todas las reflexiones, conversas e intercambios ciertamente. Al mismo tiempo tenemos una manera cotidiana, una ética de trabajo que también tiene perspectiva de género o que también es feminista y en ese sentido creo que somos capaces de establecer maneras de relacionarnos, códigos laborales distintos. La universidad es como un elefante que cuesta moverlo hacia estas transformaciones, los cambios son lentos, tienen una institucionalidad muy dura, pesada, una burocracia muy grande  y con todo eso somos capaces de establecer otros códigos, otros criterios. Que nos permiten dentro de nuestra precariedad laboral, tener un ambiente de trabajo agradable, fecundo intelectualmente pero también comprensivo y que aporta mucho en lo individual también.

Respecto a la docencia, la posibilidad de compartir, de poder nombrar y conceptualizar estos malestares. Poder transmitir eso a otras personas, es lo que me parece más interesante. No tanto el tener una audiencia, un público para repetir cosas, sino el poder compartir con otras personas y aquí me refiero especialmente a las estudiantes de los diplomados, que muchas veces trabajan en estos temas directamente. El ver como ellas que están día a día en contacto con estas situaciones de violencia, que trabajan en casas de acogida de la mujer, que trabajan en los PMG de género, en distintas cosas. Cómo ellas van adquiriendo herramientas para poder decir lo que pasa, la causa y como se va a resolver también.

Me parece que es bonito de ir viendo como estos lentecitos de género se van multiplicando y que tenemos un cierto lenguaje común. Lo que ellas te pueden aportar también a ti, me parece que es lo más bonito, ese intercambio y ese dialogo que se produce. Respecto a la investigación que para cualquier persona que trabaja en la universidad es lo más interesante, es la posibilidad de conocer como de primera mano, ciertas realidades, ciertas situaciones, de poder tener también la capacidad de corroborar con datos, cosas que nos imaginamos, qué pensamos. Solo está presente en la academia y en la universidad, es muy difícil hacer investigación desde otros lugares, por lo tanto también es una de las cosas que más me gusta.

Cuéntame sobre tus investigaciones más significativas, por ejemplo la investigación relacionada con la alimentación y salud de las mujeres.

Fue súper bonito un proyecto que hicimos, que era un proyecto FONIS (Fondo Nacional de Investigación en Salud) en el que trabajamos con mujeres pobres, indagando respecto como las pautas culturales para la prevención y control del sobrepeso y la obesidad. Bueno, hubo mucho resultado de ese trabajo, yo rescato que pudimos trabajar multi disciplinariamente, trabajamos con personas del área de salud, lo que fue interesante y desafiante también, los lenguajes son distintos, las maneras de ver y de abordar la investigación son distintas.

Sin embargo nos permitió decir, oye desde la ciencia sociales podemos hacer un aporte, tenemos una mirada, tenemos una perspectiva que ustedes no han contemplado y que sin esa perspectiva estamos dejando una parte fundamental del problema afuera. Corroborar que cuando uno aplica la perspectiva de género a distintas realidades encuentra cosas nuevas, entonces el analizar el tema de la obesidad desde una perspectiva de género que era algo que tal vez no era tan obvio, ni tan evidente, nos permitió encontrar muchos datos nuevos, eso me permitió también conocer la línea de investigación y avanzar en esa línea, que es algo que  sigo desarrollando hasta ahora. Estamos junto con profesionales del INTA, desarrollando un magíster en clases de nutrición infanto-juvenil y va tener perspectiva de ciencia sociales y espero que tenga perspectivas de género también, hice en base a esa investigación mi tesis de magíster que también fue tema de alimentación y de organización del mundo doméstico.

Hay un par de investigaciones mucho mas chiquititas y tal vez menos académicas que para mi han sido importantes. Una de ellas fue lo que hicimos a raíz del terremoto en Pumanque, que es una localidad que fue afectada en el terremoto del 2010. Nosotros como CIEG, nos reunimos con otras académicas de la Facultad de Filosofía y Humanidades e hicimos un proyecto que no era propiamente de investigación, sino de extensión y me pareció que ese trabajo también fue súper bonito y lo que ganamos nosotras, de manera  personal, fue tan importante como lo que pudimos dejar allá.

Otra investigación que también fue muy pequeñita que nos encargo la Vicerrectoria de Extensión y Comunicaciones es la investigación sobre acoso sexual. Me parece súper importante porque marca de alguna manera un avance en el mirarse hacia adentro de la universidad, el mirar como estamos construyendo universidad, como estamos construyendo los vínculos sociales al interior de la universidad y también poder practicar la perspectiva feminista dentro de la universidad. Hemos ido cimentando el establecimiento de política y de transformaciones en las relaciones sociales dentro de la universidad,  desde que hicimos el primer estudio, que fue el “Del Biombo a la Cátedra“, junto con la vicerrectoría y con más gente, hemos ido viendo esos avances y eso ha sido súper importante, poner en práctica algo que me gusta mucho en la antropologia, que es el conocimiento a través de la escucha, puedo conocer de un fenómeno en especifico, pero también tengo la posibilidad de escuchar a las personas , que lo viven y que lo sienten. El hecho de que se norme el acoso sexual, nos sigue pareciendo poco, pero es algo que no teníamos. Nos vamos a hacer cargo de esto también y lo vamos a cambiar y lo vamos a transformar y a mejorar. Tal vez no han sido las investigaciones como más grandes, ni las más productiva en termino academico, pero sí me han marco a mí, en cuanto a la posibilidad de cómo hacer antropología, y hacer antropología del género.

¿Cual es tu libro de cabecera o puede ser una serie? acá en el CIEG hay un conocimiento interesante sobre las series…

Tenemos un amor por la cultura pop, profunda en este centro, porque además es un espejo de la vida misma. Permite mirar el mundo también a través de los ojos de otras personas que, nunca deja de ser. Violencia de género de Rita Segato, me marco harto y no sé si sería mi libro de cabecera porque me parece muy estrecho pensar en uno solo, pero eso sí me marcó bastante y bueno, nuestro amor colectivo por lo de las series del momento, tiene también que ver con un espíritu de no quedarnos solo en lo abstracto intelectual y en los libros. A veces puede ser un poco agobiante, esto de ponerse los lentes de género y ver todo, como desde la posición de la opresión o desde la posición o de este develamiento, de esta violencia estructural, de esta discriminación, injusticia, opresión que son estructurales.

Necesitamos también una vía de escape, pero esa vía de escape no tiene por qué ser simplemente una evasión, sino que todo lo que conversamos y respecto a lo que nos reímos y las series que vemos, también llevan ese análisis. La serie del momento por ejemplo es “Orange is the new black”, una serie que trata sobre las vidas de un grupo de mujeres dentro de una cárcel de mínima seguridad de E.E.U.U, y nos permite hacer análisis súper interesantes que van desde la alimentación, hasta roles de género o la sexualidad, pasando por la raza, que al ser algo de ficción nos permite quitarle un poco esa carga emocional, porque puede ser muy fuerte estar todo el tiempo hablando sobre violencia, todo el tiempo viendo y teniendo noticias. Situaciones, respecto a que ya sabemos la causa, pero no podemos plantear ahora ya, la solución. Las series son nuestro placer culpable, pero ni tan culpable tampoco, no es frivolidad, creo que nos aportan bastante.

Por último ¿cuales son las proyecciones de tu trabajo?

Estamos manteniendo la investigación respecto al área de alimentación, además estoy participando dentro de un proyecto FIA junto a Sonia Montecino y con un equipo más grande haciendo inventarios patrimoniales. Estamos haciendo el magíster de alimentación de nutrición infanto-juvenil en conjunto con el INDA.  Con Isabel Aguilera (profesora de la Universidad de Tarapacá) estamos editando un libro con las presentaciones que se hicieron en las jornadas de alimentación y cultura hace un par de años, así que esa es una área que ciertamente voy a seguir desarrollando y que me interesa, aunque siempre falta el tiempo y los recursos. El tema de “espacio y género” sería mi norte o mi sur más personal, es un área que quiero introducirme, que siempre está presente también, cruza las otras investigaciones, pero esa sería la proyección.