Representaciones de violencia y género en migración, racismo y juventudes.

Estudiantes del diplomado de Extensión Género y Violencia presentan trabajos visuales que representan la violencia leída desde tres ejes: violencia desde un enfoque descolonial; violencia, racismo y migración; y violencia en masculinidades y juventudes.

El Diplomado de Extensión Género y Violencia es un programa que comenzó a impartirse el año 2009 como un curso de extensión, para luego convertirse en diplomado el año 2013, y a la fecha cuenta con más de 80 graduados/as especializados/as en perspectivas multidisciplinarias sobre la violencia de género. Este año, 60 estudiantes cursan el diplomado en dos promociones, entre los cuales se encuentran abogadas, trabajadoras sociales, psicólogas, antropólogas, terapeutas y profesionales de la salud, activistas y estudiantes de pregrado. Como parte de sus actividades de evaluación, los/as estudiantes del segundo semestre realizaron trabajos de reflexión creativos visuales (un collage utilizando imágenes de diversos medios de comunicación) sobre la violencia leída desde tres ejes, trabajadas en las sesiones de clases con los/as profesores/as Claudio Duarte, Iris Hernández y Elisa Niño:

Género y violencia: aportes del enfoque descolonial latinoamericano

Violencia de género, racismo y migración

Violencia, masculinidades y juventudes

A continuación, se presentan 8 de los 24 trabajos entregados:


Francisca Arredondo


Valentina Donoso


Natalia Lichtemberg


Araceli Pérez


Valentina Valli


Mónica Monteiro


Cecilia Navarro


Paulina Arriagada


 

Entrevista a Panchiba: “Si no hablamos de diferencia, no hay feminismo.”

Panchiba F. Barrientos es historiadora e investigadora feminista. Trabaja en torno a la necesidad de tensionar los márgenes y lugares centrales de la historiografía de género desarrollada en Chile, proponiendo preguntas que surgen desde la revisión crítica del concepto “mujer” y sus impactos en los imaginarios historiográficos y feministas locales. Ha publicado en Revista Nomadías y Athenea Digital, y en 2011 publica “La mujer como piedra de tope. Una mirada frente al fracaso del feminismo” (Territorios sexuales ediciones). Desde enero de 2010 dirige el proyecto Biblioteca Fragmentada, biblioteca virtual feminista que busca ensayar nuevas formas de compartir y difundir textos sobre géneros disidentes a través de internet.

Cuéntame sobre tu historia académica ¿desde qué lugar te posicionas políticamente como activista y feminista?

Yo estudié historia en el Pedagógico. Después me vine a la Facultad de Filosofía y humanidades e hice el Magíster en Historia y ahora estoy en el Doctorado de Filosofía Política acá en la Universidad de Chile. Cuando estaba en el Peda todavía no pensaba en estudiar sobre feminismo, tampoco historia es un lugar en que se propicie que esas cosas se pensaran en general: las líneas eran súper marcadas en historia social, historia de Chile. Cosas que a mí tampoco me interesaron cuando estaba allá, pero al final de la carrera me vi obligada a empezar a pensar en esas cosas porque tenía que hacer la práctica como profesora y me costó un montón encontrar un lugar.

Mi primer acercamiento al mundo feminista fue un poco al revés del mayoría de la gente, he escuchado historias muy lindas de como el feminismo se articula entre mujeres que se encuentran y se reconocen,  para mí todo fue como una cuestión ligada a la destrucción, pensaba “oye, pero el mundo está mal, hay que pensarlo desde otros lugares”, pero al principio estaba sola y en general los espacios de mujeres me parecían bastante hostiles.  Las primeras cosas que leí fueron Butler y Preciado juntas, o sea para mí todo era pura destrucción y era maravilloso. La historia en torno a esas primeras lecturas es linda, da cuenta de la importancia de los flujos de información y de como esos flujos nos construyen y nos hacen soñar mundos distintos. Yo quería leer “El género en disputa” y el “Mnifiesto contrasexual”, quería comprarlos pero aquí no estaban, así que traté de conseguirlos… ¡y resultó! En ese había una página que se llamaba “Rompiendo el silencio” que era la revista virtual de la Erika Montecinos que es una activista, súper importante para la visibilidad de las lesbianas de los 2000 en adelante aquí en Chile, asociada a la revista funcionaba una lista de correos yahoo. Un día me animé escribí le a la gente de la lista preguntando si alguna sabía donde podía coprar los libros. Me contestó Julia Rojas, no nos conocíamos, nunca nos habíamos visto ni habñiamos hablado, pero me dijo que ella tenía los libros y que si quería me podía sacar una fotocopia. Llegué a su oficina en el Vivo Positivo y me dijo, “pucha, no los alcancé a fotocopiar, así que toma, llévatelos y después me los devuelves”, fue increíble. Una lección sobre generosidad feminista y  confianza. Después nos vimos más veces y Julia me fue ayudando a armar una bibliografía y un recorrido de lecturas.

¿Empezaste a criticar el feminismo más tradicional?

Nunca me sentí ni parte y ligada al feminismo tradicional, que es un feminismo de mujeres y de sólo mujeres, mujeres heterosexuales. Nunca me he sentido cómoda al pensarme desde esos lugares. Además las lecturas que estaba haciendo me tensionaban hacia otros lugares, mis primeras lecturas fueron Butler, Preciado, Rubin, Anzandúa. Hoy casi 10 años después de esos primeros encuentros y lecturas feministas, esas autoras y sobre todo Gloria Anzaldúa siguen siendo una pieza clave en mi trabajo y me ayudan a reflexionar en torno a las tensiones que movilizan los quehaceres y preguntas feministas.

¿Cómo pensar un feminismo que sea políticamente movilizador, que no quede atrapado en la figura de las mujeres, que no se olvide tampoco de las injusticias y violencias que pesan sobre algunos cuerpos de mujeres, pero que, al mismo tiempo, pueda servir como catalizador para pensar otras cosas, como otros sujetos, otras articulaciones identitarias que no son tan firmes y desde las que muchxs nos imaginamos?

Cuando el feminismo sólo piensa en la mujer, y no intersecta esa categoría con otras como la raza, la clase, la edad y la sexualidad, se transforma en una forma de opresión. Muchas teóricas negras, chicanas, descoloniales, antirracistas y también transfeministas nos proponen la necesidad de pensar categorías identitarias en que no se anule la posibilidad de pensar las diferencias y de enunciar las experiencias, bell hooks  dice que “no hay una lucha más feminista que otra”.

¿Cuál fue la idea para la creación de la Biblioteca Fragmentada? ¿Cúales han sido los desafíos en estos años?

Por mucho tiempo Biblioteca Fragmentada era un equipo imaginario. Operaba ficcionalmente la idea de que era un equipo, de que había mucha gente detrás y eso para mi era muy divertido. Al principio eramos: una gata, yo y mi scanner, hoy el equipo ha crecido  Uvi, Kiri, Lua y yo, ya no está con nosotras el escanner, pero seguimos siendo un equipo multiespecia (dos gatas, una perra una humana).  Al principio la página era un worpress que replicaba contenidos de otros lugares o conseguía alguas joyas feministas en pdf por aquí y por allá. Después el proyecto se amplió y Biblioteca Fragmentada pasó a tener su propio dominio. Compré un dominio “.org” jugando un poco con la noción de lo colectivo y lo difuso. El proyecto siempre ha sido un espacio de tráfico de conocimientos  sin fines de lucro, la página se financia con una rifa en la que se sortean libros.

Biblioteca Fragmentada ha crecido un montón hoy tenemos casi 9.500 fans en Facebook, hay textos muy descargados que tienen más de 2000 descargas. Hay gente que manda textos desde muchos lugares para que se publiquen en la colección de lecturas libres de la página. Todos los textos que tenemos publicados han sido compartidos por sus autorxs o se han publicado con licencias Creative Commons. Todo partió porque las cadenas normales de librería no vendían los libros que yo quería leer y necesitaba conseguirlos de alguna manera, y claro, una vez que los conseguía quería poder compartirlos.

Cuéntame algo sobre el electivo que vas a presentar este semestre en el magister ¿Cuál es el objetivo del curso? ¿Por qué se decidió ese tema? ¿Cuáles son los contenidos y qué expectativas tienes para el año?

Poder hacer un electivo sobre los temas que estoy investigando me parece un sueño, al mismo tiempo es un super desafío, los contenidos del curso surgen de las cosas que estoy trabajando hace unos años, son algunos de los problemas que quiero trabajar en mi tesis de doctorado. Estoy muy emocionada sobre todo por lo que significa la posibilidad de poner en discusión con otrxs las cosas  que estoy pensando. Tener un curso como este siendo una investigadora joven en una universidad en Chile es un no es un asunto menor, porque hoy en el país estamos teniendo problemas graves de inserción y precarización laboral dentro de las universidades. Las universidades no tienen espacio para la gente joven. Ahí hay un problema super complicado, hay un desfase entre las políticas de promoción de capital humano avanzado y las políticas de inserción en las universidad, no estamos hablando solamente de Santiago, es un problema a nivel nacional. 

¿Qué o a quiénes consideras como referentes históricos por tus propuestas políticas en el feminismo o en los movimientos sociales que sería bueno rescatar hoy en la articulación o rearticulación del movimiento feminista?

Yo creo que es una pregunta tramposa, más bien para mi la pregunta es: ¿nosotros queremos articular un movimiento feminista o queremos imaginarnos que exista la posibilidad de que  surjan muchos movimientos feministas? Históricamente los movimientos feministas han sido una cuestión fragmentada: han sido movimientos que se chocan, movimientos que se odian, movimientos que se encuentran, que se hermanan y que después se pelean y de eso se trata también, porque el feminismo no es una política tradicional, no tiene un centro, no es igual a si mismo.  

Si nosotras no hablamos de diferencias no hay feminismo. Si no hablamos de diferencia, quizás a lo más podamos pensar en una política de mujeres, pero siempre va a ser algo en falta. ¿Qué significa ser mujer? ¿Hasta dónde alcanza el signo mujer? ¿A quién deja afuera? Por supuesto que no se trata de desconocer que esas formas de organización sí han existido y han sido importantes en distintas épocas históricas, sabemos que en la lucha contra la dictadura el movimiento de las mujeres fue clave. Por supuesto que es necesario reconocer también el oimpacto organizaciónal y político que tuvieron las organizaciones y ONGs de los 90 -los institutos de las mujeres del sur, la casa de las mujeres en Temuco, La Morada aquí en Santiago-. Pero si sólo nos acercamos a esos relatos perdemos la riqueza de las acciones de los colectivos y organizaciones que han tenido historias más fugaces, nos perdemos el roce cotidiano de acciones micropolíticas y contestatarias radicales que no tienen los mismos tránsitos, vías de comunicación y que no construyen grandes. Si no escuchamos estas voces nos perdemos dentro de una forma específica de contar la historia. Entonces ¿pensar en un movimiento? No. ¿Muchos movimientos? Sí.

¿Tienes algún referente teórico o alguna musa inspiradora?

Mis referentes teóricos son las feministas que nos permiten pensar de diferencia, la experiencia y la identidad desde múltiples cruces y preguntas. Obviamente ahora te voy a decir Gloria Anzaldúa, Audre Lorde y Angela Davis, que son los pilares del electivo que parto en el Cieg. Pero también me gustaría decir bell hooks; valeria flores; Rosi Braidotti y Monique Wittig. Pensando en Chile podría decir Julieta Kirkwood, la Alejandra Castillo y  Olga Grau. Son personas que nos impulsan a pensar feminismos distintos, a desafiar lo que significan las políticas de identidad, las políticas del reconocimiento, incluso las políticas de lo humano.

¿Y tienes algún libro de cabecera?

Obvio que sí, tengo varios libros que me gustan mucho, pero entre todos, uno que no puedo ni quiero dejar es “Esta puente, mi espalda”, es un libro que se editó el 81′ y que fue publicado por un conjunto de mujeres que se llamaron a sí mismo “Mujeres de color” que eran mujeres tercermundistas viviendo en Estados Unidos en las décadas del 70′ y ’80. Ese libro habla de rabia, habla de deseos que no funcionan, habla de la necesidad de abandonar ciertas formas de mirar y de mirarse, de la traición, de los sueños, de hacerse un lugar para sobrevivir…

Siguiendo el texto “La mujer como piedra de tope, una mirada del feminismo” ¿Cuál es el sujeto del feminismo y cuál es el objeto del feminismo?

Ese texto surgió como parte de un circuito que se llamaba: “Un feminismo sin mujeres”, que era una propuesta de la CUDS para articular un espacio de pensamiento feminista que circulara por distintas universidades de Santiago. 
En mi texto lo que quería hacer, y en el fondo es lo que me interesa todavía hacer, es preguntar ¿cuál es el sujeto del feminismo o cómo se construye un sujeto político para el feminismo o cómo se puede pensar un sujeto político feminista? ¿Cuáles son las trampas que nosotras como feministas también ponemos a la hora de pensar/pensarnos como sujetos políticos? Este es un problema histórico, los movimientos sociales siempre han tenido esta idea de “tenemos una agenda, tenemos un objetivo y los objetivos son los siguientes”. El texto tiene que ver con eso, interpelando al movimiento feminista. Durante mucho tiempo algunas feministas han dicho “nosotras vamos a hablar de las mujeres” y en ese gesto de “hablar de las mujeres” habar de otras cosas aparecia como algo externo, casi una amenaza. Una agenda secundaria que dividía al movimiento. Si empezamos a sacar experiencias de las que el feminismo no pueda hablar, tenemos un problema porque estamos construyendo un sujeto cuadrado, finito, inmóvil, un sujeto que finalmente no existe porque nadie se adapta a ese molde, siempre hay fugas en los sujetos, pero si los movimientos políticos no hablan de eso que está estallando lo que hacen es reproducir los modelos dominantes de la heterosexualidad obligatoria, del racismo, de la transfobia, de la homofobia, de las exclusiones de género

¿Cuáles son los desafíos de los movimientos feministas hoy día en Chile?

Yo creo que de todas maneras la lucha por el aborto, hay que remecer las estructuras de control que pesan sobre los cuerpos.  Tenemos que pensar en el aborto libre, pero también en otras formas de control, hay que hablar sobre otras políticas públicas que también tienen que ver con la reproducción y que se juegan en el cuerpo de las mujeres, de las bio-mujeres. Tenemos que hablar de transfobia, de homofobia y de lesbofobia, pero no simplemente para decir “oye, la transfobia, la homofobia y la lesbofobia son malas”, sino para pensar cuáles son las formas de violencia que tenemos incorporadas. Tenemos que desarmar también los imaginarios de lo que significa ser mujer.

Tenemos que pensar en las violencias del racismo y tenemos que pensar en las violencias económicas. Si yo digo primero aborto, después homofobia, lesbofobia, transfobia y después económico y después racismo. No estoy diciendo una cosa sea importante que otra. Estoy diciendo todas estas cosas se configuran en conjunto, se articulan de manera conjunta a la hora de pensar nuestras realidades materiales.

Entrevista Luna Follegati – Como feminista hoy en día debemos poder establecer un dialogo intergeneracional que sea fructífero

Luna Follegati, es Doctora (c) en Filosofía con mención Filosofía Moral y Política. Además posee un Magíster en Comunicación Política de la Universidad de Chile y es Licenciada en Historia de la misma Universidad. Se desempeñó como docente en la Universidad de Santiago de Chile (USACH) y Universidad de Chile, especialmente en cursos de teoría política, pensamiento político contemporáneo, biopolítica y gubernamentalidad.

Cuéntanos sobre de tu etapa de estudiante en la Universidad de Chile ¿Por qué elegiste esa carrera? Háblanos de esa fase de formación.

Entré a Historia a comienzo de los 2000 acá en la Universidad de Chile y en realidad más que pensar en una “salida” laboral o un futuro en términos ya de profesora o de investigación, me gustaba mucho leer y mucho leer de historia. Ese fue mi enganche y creo que es una cuestión que he mantenido hasta el día de hoy. Me encanta, poder estudiar y tener la libertad para investigar ciertos temas. Ingresé a historia porque tiene que ver con una problematización con respecto a la historia del presente, es decir, como nosotros podemos interpelar o preguntarnos en relación a procesos políticos contemporáneos, ya sea la dictadura militar o el periodo de la transición, desde una perspectiva histórica. La historia también puede darnos claves para comprender nuestro presente.

Hay una etapa fuertemente relacionado con una línea historio- política que la trabaje en pregrado, después ingresé al Magíster en Comunicación Política en Universidad de Chile y ahí profundicé más en esta forma –quizás más heterodoxa– de comprender la construcción de los discursos políticos. En el magíster me aboqué a los discursos durante los gobiernos de la transición y seguí esa vertiente en el Doctorado en Filosofía Política, indagando acerca de la construcción de una genealogía sobre el concepto de transición en Chile. Entonces siempre ha sido una vertiente que ha dialogado entre historia de la teoría política, entre la filosofía política y que no se reconoce por una perspectiva disciplinar, más bien por indagar en problemas y para encontrar una respuesta a esos problemas. Es necesario o por lo menos yo encuentro necesario, poder establecer un vaivén entre distintas disciplinas y tener un conocimiento más menos transversal.

¿Y cómo fue que te inclinaste hacia el área relacionada con el género? ¿En qué momento quisiste tomar ese camino?

Mi perspectiva de cómo afrontar el género tiene que ver principalmente por mi llegada a trabajar en el CIEG, en el año 2010, con interés de empezar a vincularme en el mundo académico, y llegué a trabajar como una profesional vinculada a los temas de coordinación de los diplomados, es decir un trabajo más bien administrativo. Ahí empecé un proceso de auto-formación, a diferencia de las académicas y académicos del CIEG, yo nunca he tenido una formación en estudio de género, sino básicamente he leído. Gracias a las compañeras, al diálogo constante con Carolina, Paula y después con Manuela, hubo una osmosis en que empecé a formarme en los elementos básicos desde la teoría y ahí podría decir que hice un magister durante los 4 o 5 años que estuve acá y que siguió profundizando y dialogando con la filosofía política contemporánea.

Cuando empecé a trabajar directamente fueron por dos razones, la primera porque encontraba que la cuestión de los feminismos en general era algo que no había sido tan trabajado en el mundo académico, más que trabajado, no tenía un lugar. Durante los 90 la perspectiva de género se había mantenido en un lugar bastante alejado, en la academia, y me empezó a interesar problematizar este tema desde el punto de vista de la participación de formas activistas, que entendemos hoy en día por feminismo. Tiene que ver con mi participación en el movimiento feminista, pero también encontré que había un lugar de convergencia con mis estudios. Esos años yo estaba trabajando en relación a biopolítica y Foucault y tenía que ver con el dialogo que se establecía entre sexualidades y el cuerpo, desde una perspectiva de género.

Me interesó mucho en términos teóricos la producción de Judith Butler, particularmente los últimos textos que había hecho y ahí empecé un camino más bien solitario. Mi formación en género no tiene que ver con mi formación formal sino, más bien, he recalcado un proceso de autoformación que tiene que ver tanto con las necesidades que yo empecé a ver en el mundo del activismo feminista para poder transmitir conocimientos, y por otra parte, tenía que ver con mis intereses personales: ver este dialogo que particularmente existían entre la filosofía política, la biopolítica y la filosofía del género, o filosofía y género.

¿Cómo has llevado tu activismo feminista dentro de la izquierda, que también ha sido cuestionada por ser machista? ¿Cómo ha sido tu activismo dentro de la izquierda libertaria y como lo ligas con tu trabajo teórico?

Mi participación política es bastante activa desde siempre. Desde el mismo pregrado a comienzo de los 2000, en el espacio estudiantil particularmente. Ahí yo no tenía una sensibilidad con respecto a la cuestión de género, me desenvolví en un ambiente que era absolutamente masculinizado, en un departamento como el de Historia, que el día de hoy salen a la luz una serie de casos de acosos sexual bastante impresionante. Entonces soy parte de una generación que vivió con eso, que calló y no hizo nada. Ese momento de darse cuenta y poder hacer algo al respecto, viene cuando empiezo a conocer los estudios de género. Siempre estuve cercana a espacios de militancias, lo que llevaron a poner digamos el cruce entre, las dificultades de militar, de ser madre joven, de haberme separado y estar tratando de involucrarme en la academia. Una serie de situaciones que me llevaron a también problematizar mi propia existencia del punto de vista del género.

Yo creo que lo que he tratado de reflexionar de ahí en adelante tanto en espacio político como a nivel de aporte académico, a mí me interesa para que sea un aporte al movimiento feminista. Ese es mi desafío y en ese sentido en el 2011 en un contexto de álgida movilización estudiantil, donde tenía mucho compañeros y compañeras que militaban  en el espacio estudiantil –yo estaba ya ingresando el primer año del doctorado– y empezaron a darse cuenta de cómo existía un fuerte masculinización de la política, en los espacios de militancia y la forma en que se desenvolvía el trabajo en el interior de la asamblea o en los espacios que estaban surgiendo, tenían una voz principal, que contenía el prestigio de lo que se designaba, que era justamente la voz masculina, y las mujeres tenía una condición secundaria en la tareas que se desenvolvían y a los roles que cumplían al interior de las orgánicas.

Esto fue fuertemente acompañado con el proceso de constitución de las secretarias de género y sexualidades. En ese sentido muchas de las personas que militamos en espacios políticos en ese entonces decidimos juntarnos, particularmente del ámbito libertario, y llamar la atención a nuestros mismos compañeros y decir que acá había una situación de desigualdad, entonces mi activismo parte en un espacio que ya está, digamos, ya en un espectro político determinado.

Lo que hace es cuestionar cómo estas fuerzas, podríamos decir emergente fuerza de izquierda jóvenes nuevas o que vienen del ámbito estudiantil, tenían una serie de prácticas y situaciones que no se condecían con las mismas formas de trasformación y principios que ellos propugnaban. Entonces participé primero en una organización que sigue hasta el día de hoy y que en la cual muchas de nosotras nos formamos y le tenemos digamos bastante cariño que es “La Alzada”. Yo creo que fue un proceso bastante interesante, bonito y constructivo de poder entenderse dentro de la política como mujer, entendernos en una condición que es necesario levantar la voz para poner punto de termino con respecto a lo que nosotros entendíamos por izquierda clásica.

Tratar de posicionar el feminismo como un lugar, no solamente como una consigna, sino como un momento necesario, que apela por una transformación de la sociedad. En ese sentido es un feminismo que apuesta desde un punto de vista o desde un lugar que es una rivera política, pero que sin embargo se ve absolutamente en deuda y al servicio de todas las organizaciones feministas. No me interesa poner, digamos si esta primero la militancia de izquierda o el feminismo, si no por el contrario: yo creo que la izquierda no se puede concebir sin el feminismo.

Es bastante complejo ser feminista dentro de espacios de izquierda, es muy difícil que se transforme desde las prácticas de las mismas personas que componen los espacios políticos, hasta su acción. Entonces creo que es un tarea no exenta de dificultades, sin embargo a mí me parece que es prioritario y en todo este contexto de conformación de nuevos espacio políticos, el feminismo se haya hecho un lugar y se haya vuelto una necesidad.

¿Cuál es la situación del feminismo en Chile y cuáles son los desafíos?

¡Una gran pregunta, me encanta! Yo creo que, la situación del feminismo en Chile es diversa, primero creo hay que puntualizar, uno siempre habla del feminismo y en general nos encontramos frente a feminismos, en los cuales uno puede encontrar distintas lecturas, perspectivas y formas de participar. Creo que nosotras como feministas hoy en día, debemos poder establecer un dialogo intergeneracional que sea más fructífero, con las feminista que vienen luchando desde los 80, así como también las organizaciones que se mantienen presentes y que tienen una larga trayectoria. Creo que justamente uno de los desafíos del movimiento feminista es poder establecer ese dialogo, poner en juego las distintas visiones en las cuales nosotros comprendernos el feminismo.

Es una sociedad que lo que hace es aniquilar la diferencia, y yo creo el feminismo hoy en día ha puesto un alto énfasis en eso con coordinadoras como “Ni una menos”, pero también es necesario generar una propuesta. Creo que es fundamental que el feminismo hoy en día pueda plantear de manera explícita no solamente un hasta cuando, sino que lo que nosotros queremos y es fundamental, que pensemos y pongamos en dialogo.

Creo que también es un feminismo que está arraigado en ciertos espacios y en ciertos segmentos de clase. Es necesario poder transversalizar el feminismo hacia distintos lugares o sea problematizar situaciones como la relación entre género y trabajo. Poder señalar que estos feminismos que trasciendan los espacios educativos –que yo creo que es donde más se ha desarrollado– hacia poblaciones, hacia pobladoras. Espero que sea más transversal aún y que pueda emerger como una voz de disputa con respecto a las condiciones actuales que nos desenvolvemos en un Chile neoliberal.

¿Tuviste alguna autora o autor que te inspiró en los estudios de género o también puede ser una persona alguna figura, que te siga inspirando?

“La Alzada” sin lugar a duda como un lugar de encuentro, ahí nosotras nos conocimos y conocimos el feminismo también. A Judith Butler yo le debo bastante y lo digo con mucho afecto como el proceso de formación y de conocimiento en relación a lo que significa ser feminista y es un lugar donde pudimos comprender y que sigue siendo una inspiración.  Julieta Kirwood es una teórica que está preguntándose y está escribiendo en un momento en que están sucediendo cosas, en el que feminismo está situándose y se está apoderando de la calle. En Chile, poder reconocer y poder aprender de la trayectoria de las mujeres que nos han antecedido es fundamental, y a mí me parece una teórica clave para poder adueñarnos de nuestra historia y adueñarnos a través de las mismas mujeres que las están relatando.  En esta misma estela de pensadoras mujeres chilenas, para mí fue muy atrayente y muy interesante empezar a seguir los textos de Alejandra Castillo. Me parece que es fundamental porque es una autora que justamente problematiza cuestiones como qué son los feminismos, cuál es la relación entre la configuración política teórica entre el Estado, la democracia y los feminismos, cuál es la interpelación que aparece ahí.

Y claro por otra parte está Judith que desde el punto de vista de la teoría de género, a mí me parece que sin lugar a duda vino a revolucionar una trayectoria de pensamiento proveniente de los estudios y pone el acento en cuestiones que hacen desequilibrar un ordenamiento sexo genérico. Particularmente, me interesa mucho, la última producción en relación a la precariedad de la vida, ella hace una interseccionalidad critica con respecto al presente y a la forma en que los conflictos armados, las guerras y en último término, el capitalismo, se ponen en interacción a través de cuerpos determinados, ahí ella puede establecer una interconexión bastante interesante y que es muy sugerente para pensar un análisis contemporáneo del punto de vista del género.

Cuéntanos un poco más sobre ser mujer y ser académica? ¿Cómo ves ese cruce en tu vida cotidiana?

Voy a partir de otro lugar, no voy a partir del ser mujer y el cruce con las vías académicas. Voy a partir señalando que no es el cuerpo de la mujer necesariamente el que está cuestionado, sino que es la institucionalidad universitaria la que excluye, estigmatiza y margina aquellas mujeres que quieren ser parte de ello. Para mí las situaciones de acoso y abuso sexual que se han denunciado en las distintas universidades corresponden a un síntoma, que da cuenta de cómo nosotros estamos conviviendo dentro de una academia que intenta producir en relación a registros académicos neoliberales, se retroalimenta dentro de una estructura que genera clausura en relación a las formas de reproducción del conocimiento.

Hoy en día nos encontramos con una institucionalidad que sexualiza los roles que adquieren las distintas personas desde el punto de vista de la generación de conocimiento, y lo digo en relación a la experiencia propia en que uno se enfrenta a una resistencia constitutiva del espacio universitario, que lo que hace es constantemente marginar aquellas voces que plantean una resistencia con respecto a cierto orden.  Ser mujer en la academia es algo bastante ingrato, es un ámbito no solo muy masculinizado, nosotros desde el punto de vista feminista podemos transformar esas lógicas. Para mi es fundamental dotar de una perspectiva de género y particularmente feminista las formas de generación de conocimiento y eso tiene que ver por ejemplo con las dinámicas alumnos-alumnas/profesor dentro del aula.

Basta de aulas autoritarias. Basta de formas de reproducción del conocimiento donde se denigra o se ridiculiza a los y las estudiantes, porque eso también comprende una lectura que levanta una condición de autoridad desde una cierta voz, por lo general la masculina. Para mi ese tipo de situaciones, como la formas en que nosotros enseñamos en la universidad, así como también el trato entre los docentes y las alumnas/os y de ayudantes y alumnas/os.

En último término, el cómo uno ingresa a este espacio universitario, está atravesado por lógicas donde la forma de reconocer el mérito, la forma de reconocer el prestigio, la forma en que uno está legitimando a la autoridad, muchas veces es por condiciones que no necesariamente tienen que ver con el conocimiento. Es constantemente platearse en un ambiente adverso, estar a la defensiva, cuidarse. Enseñarles a las alumnas a cuidarse, una sobre exigencia bastante alta en términos de –sobre todo– aquellas que son madres, que tienen seguir publicando, tienen que seguir produciendo, no pueden perder el ritmo, no pueden faltar a la reunión. Tienen que demostrar constantemente una serie de logros y éxitos para estar a la par.

La academia neoliberal exacerba y que, justamente a la mujeres, las ponen en un juego bastante perverso, de hacer confluir lo que significa hoy en día la maternidad y cumplir con los estándares de exigencia académica. Por suerte las estudiantes hoy en día a través de su forma de organización, han podido levantar una voz de resistencia frente a eso, porque muchas veces desde el mismo mundo académico es muy difícil ya sea transformar, como también incluso alzar la voz para poder decir en ciertas situaciones.

¿Cómo ha sido tu experiencia en el CIEG o en las mismas clases que has estado dando, y cuáles son tus futuros proyectos?

Respecto al CIEG, yo creo mi llegada fue bastante fortuita, porque ha sido un proceso de bastante autoformación. No todo es una formación académica de forma tradicional y que también genera bastante inseguridad ¿en qué minuto es experto o no es experto, se necesita un cartón?  Creo que mi llegada sin duda marcó un hito respecto no solamente a las cosas que investigo, que pienso, sino también a mi lugar con respecto a lo que me interesa poder construir en adelante y que tiene que ver con el feminismo en primer término.

Tiene un lugar bastante importante. Y con las alumnas hacer clases, para mí siempre es un desafío. Tengo mucho respeto al aula y al poder hacer lo mejor posible en el ámbito de la docencia.  Interpelar nuestro presente en relación a una serie de cosas y generar constantemente preguntas. Yo creo que las y los estudiantes se vayan con la cabeza llena de dudas, es el primer paso para generar procesos de trasformación y poder cuestionar una situación que uno daba por sentado. Señalar que esos pilares son removibles, y que nuestra tarea es poder removerlos.

El último artículo que hice fue justamente tratar de relatar esta historia, una historia reciente con respecto del feminismo desde los 2000 hasta hoy. Una historia absolutamente inacabada pero que me gustaría poder profundizar en el sentido de preguntarnos cómo hoy en día nuevamente feminismo se ha instalado en las mesas de las casas en Chile, se conversa en los liceos, en las escuelas y que al parecer esto fue una especie de magia o que el feminismo se puso de “moda”. Sin embargo corresponde a una trayectoria que viene desde los 80 y que ha tenido un momento de oscilación, que hoy en día tiene una intensidad potente, y tiene que ver con esta diversificación de estos feminismos y una ampliación con respecto a otras generaciones que han podido tomar la voz feminista y se han hecho cargo a través de eso.

Entonces viene de ese proceso, esa temporalidad entre el feminismo en Chile en los 80, desde la lucha con respecto a la dictadura, hasta la actualidad. Estableciendo sus complejidades, sus diferencias, sus matices y también sus espacios de confluencia, que es lo que me parece más necesario hoy en día. Un desafío importante para poder seguir avanzando dentro de esta senda.

¿Cuál es el tema que estás trabajando hoy en día en el doctorado?

Mi investigación doctoral tiene que ver con cómo podemos establecer o pensar el surgimiento del concepto de Transición a la democracia durante el periodo de la dictadura militar, es decir entre 1973 y 1989. Poder analizar en términos genealógicos la instalación de un concepto desde el punto de vista discursivo, que establece una cierta forma de administración de la democracia en la transición. Lo que estoy haciendo es poder generar una lectura genealógica del concepto de la transición en Chile. Cuando surge, cuándo empieza a instalarse, cuáles son los matices, cuáles son las diferencias y finalmente cuál es la propuesta de democracia y la propuesta política que estaría contenido dentro de la forma de pensar una transición hacia la democracia. Ahí, mi hipótesis es que la Transición se puede entender en términos gubernamentales, como lo plantea Foucault, como una forma digamos de administración y de gobierno que tiene ciertas particularidades, que yo estaría desarrollando dentro de la tesis.

Entrevista Paula Hernández – Tener puestos los lentes violeta

Paula Hernández Hirsch, es Magíster en Estudios de Género y Cultura, Mención en Ciencias Sociales de la Universidad de Chile y Antropóloga Social de la misma Universidad. Actualmente es Investigadora del Equipo del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género (CIEG) y como docente en la Universidad de Chile. Se ha dedicado a los estudios de género enfocándose principalmente en las líneas de investigación de Alimentación, Sobrepeso y Obesidad en mujeres, Desigualdad y discriminación.

¿Por qué quisiste estudiar antropología y específicamente en esta universidad? ¿Qué fue lo que te motivo?

Quise estudiar antropología, porque me gustaba mucho el área de las ciencias sociales y las humanidades en general.  Me interesaba cursar una carrera en que pudiese tener contacto con las personas y que pudiera de alguna manera ejercer algún tipo de transformación social, ese era como mi horizonte. Me gustaban las posibilidades que daba la antropología también, pensando en que tiene distintas áreas, como igual tenía algunas nociones de la antropología física, pero me interesaba también poder trabajar con personas en vivo, y por eso descarté áreas como la historia, por ejemplo, pero sí me parecía interesante la profundidad que podía entregar la disciplina como antropológica al comprender los comportamientos humanos, las interacciones sociales y culturales.

Cuando uno elige la carrera es desde una posición súper ingenua, tal vez media incluso ignorante, porque nunca es exactamente como uno se lo espera. Antropología fue creo que la única carrera que me propuse a estudiar, creo mi segunda opción fue literatura, y siempre fue la Universidad de Chile. Esta idea de estudiar en la universidad pública estatal, la más grande, con más prestigio, también por un interés académico de estudiar en esos momentos y espero que siga siendo, la mejor Universidad en Chile y digo espero, porque dada la contingencia, está un poco en riesgo la universidad pública en general.

¿Como fue que te inclinaste hacia el área relacionada con el género?

Para mí el género o esta inquietud, este malestar que provoca el hacerse conciente de ciertas discriminaciones, de ciertas injusticias, estuvo siempre conmigo, toda la vida. Cuando conocí los estudio de genero me pareció que era algo, que daba respuesta de manera teórica, académica a estas inquietudes que yo había tenido siempre, entonces no fue “una revelación” para mí, sino que fue más bien confirmar, poder nombrar, poder ponerle conceptos a ciertas ideas que yo ya tenía, ya tenía ciertos acercamientos al feminismo, por lo tanto para mí fue poder dotarlo de contenido teórico.

¿Y eso fue durante la carrera de antropología?

Yo diría que sí, pero lo que más me marcó, fue el haber empezado a trabajar acá en el CIEG. En algún momento entré a trabajar como ayudante con Michelle Sadler, en una investigación sobre gestación adolescente y yo creo que eso fue lo que más me marcó, porque también me permitió entender el género desde un quehacer disciplinar. O sea no sólo como una teoría que explicaba estos malestares, sino que como una manera de hacer disciplina, de hacer antropología que tenía que ver con el método, con la práctica, tanto con lo teórico y lo más intelectual.

¿Cómo fue el proceso del magíster en género?

Fue una mayor profundización y consolidación a nivel teórico y académico de una discusión que yo ya tenía incorporada en mi quehacer diario y en mi manera de mirar los distintos fenómenos sociales. Lo interesante fue la apertura, lo tenía súper claro, pero con conceptos medios estrechos y tal vez con explicaciones un poco estrechas, y se fueron ampliando, ir conociendo cómo las teorías de género se van cruzando con otro fenómeno y eso me pareció súper interesante. Haber cursado por ejemplo, el ramo que tuve con Guadalupe Santa Cruz, que era sobre “ciudad y genero” para mí fue maravilloso, entender cómo se configura la ciudad desde una perspectiva de género, me pareció muy revelador y es una de las áreas que me interesa poder profundizar, que no he tenido la oportunidad todavía, pero ya la tendré.

¿Tuviste alguna autora o autor que te inspiró, además de las profesoras?

Además de Sonia Monecino, que finalmente es la escuela que aquí manejamos, en el sentido que ella es la fundadora del centro, junto con Loreto Rebolledo, pero que también tiene una mirada y una propuesta teórica muy particular, muy propia y muy interesante también. Porque es una teoría que se gesta en Latinoamérica, y que creo que ese es un sello que tiene también el centro, y el magíster, también es una de las marcas que nos van uniendo, porque durante toda la carrera (de antropología) constantemente estamos mirando hacia Europa, y si no era Europa hacia Estados Unidos y creo que una de las fortalezas que tiene las teorías de género, es que tienen un desarrollo súper potente en América Latina y particularmente en Chile. Tenemos que reconocer eso siempre, respecto al aporte de Sonia, de las otras profesoras y de este centro. Entonces por cierto que me marcó.

Cursando el magíster, tuve la posibilidad de tener clases con Rita Segato y “Estructuras elementales de la violencia” para mí fue un hito importante, porque son esos momentos como de revelación académica, que uno en algún momento tiene. Eso de “lo estoy entendiendo todo ahora”, mucho más estructural, mucho más transversal. Rita tiene la capacidad de presentarte o de hacerte entender de una manera bastante amable y simple, fenómenos que son súper complejos, que uno puede ir saliendo de esta superficialidad que a veces te ofrecen como los slogan en los que podemos estar de acuerdo, pero que no son suficientes cuando uno quiere saber por qué pasan las cosas, cómo pasan las cosas.

Hay una transformación y una profundización de los estudios decoloniales con perspectiva de género o de la perspectiva feminista, que está en la discusión actual, totalmente vigente. Que además hace un reconocimiento, desde las epistemologías otras, las epistemologías del sur y de las maneras de conocer diferentes. Construir un pensamiento propio o para poder situar de alguna manera mi propio pensamiento, es súper bonito cuando uno tiene como ese momento de revelaciones ¡Wuauu, esta intuición que yo tenía, sí se ha plasmado en los trabajos de otras personas! Eso es como bonito, muy interesante, que me pasó en ese minuto. 

¿Te identificas como feminista? ¿Cuando te pusiste los lentes violetas, que explicas en clases?

Yo me identifico como feminista, no tengo en este minuto una militancia como en algún grupo o algún colectivo, pero sí, mis lentes violetas los tengo puesto desde bien chica, desde mi participación en el colectivo feminista a los 15 años por ahí. Ahora cada vez uno va descubriendo más cosas y estos lentes se van un poco ajustando, va siendo capaz de ver más cosas y en mayor profundidad que las que había visto antes. Una de las primeras grandes molestias que tenía, era porque me gritaran cosas en la calle o porque no me sintiera segura al salir, o porque me pusieran ciertas trabas por el hecho de ser mujer, tenía que cuidarme más o que me trataran distinto, pero a medida que va pasando el tiempo, se van haciendo evidentes otras cosas.

Es mucho más grande la discriminación y mucho más estructural, las mujeres ganamos menos plata por igual trabajo, en los temas de crianza y cuidados, que se adosa siempre a la mujer la responsabilidad de la crianza y el cuidado, que tiene que ver también con distintas etapas de la vida. Ahora tengo más visión periférica y ya nunca me los pude sacar digamos, y todo lo que veo, todo lo que pienso, todo lo que analizo, siempre va a estar como visto a través de este filtro y me permitió también hacer ciertos cruces.

También me parece que hay un cambio generacional  importante, el movimiento estudiantil y el surgimiento de nuevas problemáticas, que se han hecho visibles y me parece refrescante y necesario también en la medida en que uno no está sola. Cuando yo estaba en pregrado, hablar que una era feminista, no era tan fácil, no era tan simple, no era tan aceptado y en cambio ahora, es más el lugar común digamos y el ser antifeminista, o no feminista es bastante más mal visto.

Esto nos permite hacer un tránsito, a que nuestro piso mínimo de lo que vamos a estar exigiendo vaya creciendo, tiene que ir avanzando aquello que consideramos como lo básico. Mirando no sólo desde la universidad hacia afuera, sino que hacia adentro de la propia universidad. Me parece que es fundamental, hace 15 o 20 años hubiese sido imposible hacer una investigación sobre cuanto ganaban los hombres, cuanto ganaban las mujeres en la universidad, porque no se consideraba un problema, no se consideraba una realidad, se negaba la existencia de esa situación. Ese cambio es súper interesante y sólo lo ha permitido el que más personas se hayan puesto estos lentes y que estos lentes, se hayan ido afinando permitiendo profundizar y ampliar la mirada.

¿Como ha sido tu experiencia en el CIEG, que es lo que más te gusta de ser docente e investigadora del centro?

Para mí ha sido el espacio de inicio y consolidación profesional, académica e intelectual. Para mi es un espacio súper importante, le debo a mis colegas todas las reflexiones, conversas e intercambios ciertamente. Al mismo tiempo tenemos una manera cotidiana, una ética de trabajo que también tiene perspectiva de género o que también es feminista y en ese sentido creo que somos capaces de establecer maneras de relacionarnos, códigos laborales distintos. La universidad es como un elefante que cuesta moverlo hacia estas transformaciones, los cambios son lentos, tienen una institucionalidad muy dura, pesada, una burocracia muy grande  y con todo eso somos capaces de establecer otros códigos, otros criterios. Que nos permiten dentro de nuestra precariedad laboral, tener un ambiente de trabajo agradable, fecundo intelectualmente pero también comprensivo y que aporta mucho en lo individual también.

Respecto a la docencia, la posibilidad de compartir, de poder nombrar y conceptualizar estos malestares. Poder transmitir eso a otras personas, es lo que me parece más interesante. No tanto el tener una audiencia, un público para repetir cosas, sino el poder compartir con otras personas y aquí me refiero especialmente a las estudiantes de los diplomados, que muchas veces trabajan en estos temas directamente. El ver como ellas que están día a día en contacto con estas situaciones de violencia, que trabajan en casas de acogida de la mujer, que trabajan en los PMG de género, en distintas cosas. Cómo ellas van adquiriendo herramientas para poder decir lo que pasa, la causa y como se va a resolver también.

Me parece que es bonito de ir viendo como estos lentecitos de género se van multiplicando y que tenemos un cierto lenguaje común. Lo que ellas te pueden aportar también a ti, me parece que es lo más bonito, ese intercambio y ese dialogo que se produce. Respecto a la investigación que para cualquier persona que trabaja en la universidad es lo más interesante, es la posibilidad de conocer como de primera mano, ciertas realidades, ciertas situaciones, de poder tener también la capacidad de corroborar con datos, cosas que nos imaginamos, qué pensamos. Solo está presente en la academia y en la universidad, es muy difícil hacer investigación desde otros lugares, por lo tanto también es una de las cosas que más me gusta.

Cuéntame sobre tus investigaciones más significativas, por ejemplo la investigación relacionada con la alimentación y salud de las mujeres.

Fue súper bonito un proyecto que hicimos, que era un proyecto FONIS (Fondo Nacional de Investigación en Salud) en el que trabajamos con mujeres pobres, indagando respecto como las pautas culturales para la prevención y control del sobrepeso y la obesidad. Bueno, hubo mucho resultado de ese trabajo, yo rescato que pudimos trabajar multi disciplinariamente, trabajamos con personas del área de salud, lo que fue interesante y desafiante también, los lenguajes son distintos, las maneras de ver y de abordar la investigación son distintas.

Sin embargo nos permitió decir, oye desde la ciencia sociales podemos hacer un aporte, tenemos una mirada, tenemos una perspectiva que ustedes no han contemplado y que sin esa perspectiva estamos dejando una parte fundamental del problema afuera. Corroborar que cuando uno aplica la perspectiva de género a distintas realidades encuentra cosas nuevas, entonces el analizar el tema de la obesidad desde una perspectiva de género que era algo que tal vez no era tan obvio, ni tan evidente, nos permitió encontrar muchos datos nuevos, eso me permitió también conocer la línea de investigación y avanzar en esa línea, que es algo que  sigo desarrollando hasta ahora. Estamos junto con profesionales del INTA, desarrollando un magíster en clases de nutrición infanto-juvenil y va tener perspectiva de ciencia sociales y espero que tenga perspectivas de género también, hice en base a esa investigación mi tesis de magíster que también fue tema de alimentación y de organización del mundo doméstico.

Hay un par de investigaciones mucho mas chiquititas y tal vez menos académicas que para mi han sido importantes. Una de ellas fue lo que hicimos a raíz del terremoto en Pumanque, que es una localidad que fue afectada en el terremoto del 2010. Nosotros como CIEG, nos reunimos con otras académicas de la Facultad de Filosofía y Humanidades e hicimos un proyecto que no era propiamente de investigación, sino de extensión y me pareció que ese trabajo también fue súper bonito y lo que ganamos nosotras, de manera  personal, fue tan importante como lo que pudimos dejar allá.

Otra investigación que también fue muy pequeñita que nos encargo la Vicerrectoria de Extensión y Comunicaciones es la investigación sobre acoso sexual. Me parece súper importante porque marca de alguna manera un avance en el mirarse hacia adentro de la universidad, el mirar como estamos construyendo universidad, como estamos construyendo los vínculos sociales al interior de la universidad y también poder practicar la perspectiva feminista dentro de la universidad. Hemos ido cimentando el establecimiento de política y de transformaciones en las relaciones sociales dentro de la universidad,  desde que hicimos el primer estudio, que fue el “Del Biombo a la Cátedra“, junto con la vicerrectoría y con más gente, hemos ido viendo esos avances y eso ha sido súper importante, poner en práctica algo que me gusta mucho en la antropologia, que es el conocimiento a través de la escucha, puedo conocer de un fenómeno en especifico, pero también tengo la posibilidad de escuchar a las personas , que lo viven y que lo sienten. El hecho de que se norme el acoso sexual, nos sigue pareciendo poco, pero es algo que no teníamos. Nos vamos a hacer cargo de esto también y lo vamos a cambiar y lo vamos a transformar y a mejorar. Tal vez no han sido las investigaciones como más grandes, ni las más productiva en termino academico, pero sí me han marco a mí, en cuanto a la posibilidad de cómo hacer antropología, y hacer antropología del género.

¿Cual es tu libro de cabecera o puede ser una serie? acá en el CIEG hay un conocimiento interesante sobre las series…

Tenemos un amor por la cultura pop, profunda en este centro, porque además es un espejo de la vida misma. Permite mirar el mundo también a través de los ojos de otras personas que, nunca deja de ser. Violencia de género de Rita Segato, me marco harto y no sé si sería mi libro de cabecera porque me parece muy estrecho pensar en uno solo, pero eso sí me marcó bastante y bueno, nuestro amor colectivo por lo de las series del momento, tiene también que ver con un espíritu de no quedarnos solo en lo abstracto intelectual y en los libros. A veces puede ser un poco agobiante, esto de ponerse los lentes de género y ver todo, como desde la posición de la opresión o desde la posición o de este develamiento, de esta violencia estructural, de esta discriminación, injusticia, opresión que son estructurales.

Necesitamos también una vía de escape, pero esa vía de escape no tiene por qué ser simplemente una evasión, sino que todo lo que conversamos y respecto a lo que nos reímos y las series que vemos, también llevan ese análisis. La serie del momento por ejemplo es “Orange is the new black”, una serie que trata sobre las vidas de un grupo de mujeres dentro de una cárcel de mínima seguridad de E.E.U.U, y nos permite hacer análisis súper interesantes que van desde la alimentación, hasta roles de género o la sexualidad, pasando por la raza, que al ser algo de ficción nos permite quitarle un poco esa carga emocional, porque puede ser muy fuerte estar todo el tiempo hablando sobre violencia, todo el tiempo viendo y teniendo noticias. Situaciones, respecto a que ya sabemos la causa, pero no podemos plantear ahora ya, la solución. Las series son nuestro placer culpable, pero ni tan culpable tampoco, no es frivolidad, creo que nos aportan bastante.

Por último ¿cuales son las proyecciones de tu trabajo?

Estamos manteniendo la investigación respecto al área de alimentación, además estoy participando dentro de un proyecto FIA junto a Sonia Montecino y con un equipo más grande haciendo inventarios patrimoniales. Estamos haciendo el magíster de alimentación de nutrición infanto-juvenil en conjunto con el INDA.  Con Isabel Aguilera (profesora de la Universidad de Tarapacá) estamos editando un libro con las presentaciones que se hicieron en las jornadas de alimentación y cultura hace un par de años, así que esa es una área que ciertamente voy a seguir desarrollando y que me interesa, aunque siempre falta el tiempo y los recursos. El tema de “espacio y género” sería mi norte o mi sur más personal, es un área que quiero introducirme, que siempre está presente también, cruza las otras investigaciones, pero esa sería la proyección.

Entrevista Carolina: En mi caso, lo personal ha sido político y académico.

Carolina Franch Maggiolo, es Antropóloga Social y Doctora (c) en Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Realizó un Magíster en Estudios de Género y Cultura, mención Ciencias Sociales con excelencia académica. Actualmente es Directora (s) del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género (CIEG) en el cual se desempeña como investigadora y docente en los Programas de Magíster y Diplomados.

¿Por qué Antropología, y no otra carrera?

Fue por casualidad, yo era más humanista en el colegio y en tercero medio me metí en todo lo que es historia, castellano. En ese tiempo, podría haber sido profesora de historia, socióloga y por esas cosas de la vida, cuando salí fue como ¡antropología! que era como historia, ver las culturas, la gente. Vi la malla curricular y me pareció interesante poder explorar académicamente, otros territorios del Chile no oficial.

En un momento creí que sería profesora de lenguaje y comunicación o de historia, si no, lo típico que uno dice: derecho. Pero mis profesoras me dijeron: “sabe que usted no estudie para profesora”. Eso me daba mucha pena porque decían “tu puedes más” y sentía que desvalorizaban esa opción. Yo era de las que enseñaba en el colegio y me gustaba la docencia. Cuando llegué a la carrera de antropología, -que en realidad en mi tiempo no era tan buena, muy poca teoría-, sí descubrí un mundo de líneas teóricas, y una de esas líneas fue el género.

¿Por qué te inclinaste por el área relacionada con el género?

A veces creo que la vida me lleva a mí y no yo a la vida. En ese minuto la carrera estaba pasando por un desorden, pasé por una de esas tomas súper grandes al tiro. Una huelga de dos meses y medio me llevó a entender de política, pero de estudio no mucho, tenía profesores no tan buenos. Entrando a un curso por descarte, porque me topaba con otro, elegí antropología del género y en antropología culinaria, en donde estaba Sonia Montecino. Aunque era antropología culinaria, había mucho género, y yo evidentemente y para toda mi generación incluso, fue un ramo súper potente en términos teóricos, prácticos y políticos. Nos hizo funcionar la cabeza y entender que la academia que hacíamos era discriminadora.

Nos puso en tensión muchas cosas, no en términos de apología ni demagogia, sino que nos puso en investigaciones, en prácticas, cifras y formas. Eso a mi me cautivó, yo diría que después del año 99, es como que a uno le sacan una venda. Esa diferencia, cual causaba discriminación, tiene que ver con cruces de variables como la raza, la clase, y ahí se me abrió un campo, un campo que fue el género. Tal vez lo hubiera encontrado en otro lugar, pero yo lo encontré ahí tomando un buen ramo. Estaban haciendo otro tipo de academia, al que yo me había enfrentado y de ahí para delante le pedimos a Sonia que hiciera otro ramo y cuando yo salí de la carrera me metí rápidamente al magíster en género.

¿Cómo crees que se relacionan las mujeres con la academia?

Ser mujer en América Latina es peligroso, ser mujer en la academia es complejo. Y mujer en ciencias es uno de los núcleos duros del machismo, el sexismo y la discriminación. A veces cuesta más decirlo, porque la academia se posiciona como un lugar progresista, que es democrático, y te das cuenta que eso en el manejo cotidiano no es así. Yo diría que el discurso, la práctica cotidiana en la academia, es muy compleja. Asumiendo su compleja institucionalización y su discriminación, por ejemplo, yo pienso, en esta facultad, -y de eso “Del Biombo a la Cátedra” dio cuenta-, como capital humano avanzado son las mujeres las que tienen mayor especialización y son las que no están contratadas ocupando menores cargos, tiene un registro. Entonces, ¿que es ser mujer y académica? Es desilusionante. Uno invierte un montón de tiempo para capacitarse y autoformarse y seguir en una escala que  apesar del discurso que dice: “aquí están los mejores”. No siempre están los mejores.

Un colega tuyo gana más sueldo, tiene más poder que tú, no tengo problema con que alguien tenga más o menos poder, pero no cumple los criterios que a ti te hicieron cumplir. Ni los mismos beneficios, la mayaría de los beneficios con goce de sueldo se los llevan los hombres. En mi doctorado nadie me dio ningún permiso, yo tuve que ajustar mi carrera para seguir haciendo la pega y seguir estudiando, cosa que mis colegas sí han tenido. Si tiene una dificultad mayor, las mujeres tienen que duplicar sus esfuerzos para cumplir los estándares que se desean y cuando llegan a esos estándares, después no se les evalúa de la misma manera. Es medio desilusionante, pero es tremendamente desafiante.

A mí me gusta la academia, asumiendo que las instituciones en general son bien discriminadoras, pero la academia es un lugar donde yo me siento feliz. En la docencia, me siento súper plena, cuando investigo me nutro, eso me dio la antropología, la conversación de poder entender el pensamiento de otro lugar y ese lugar no es sólo para saber, como un vampiro, sino para dialogar y hacer conocimiento con otro y conmigo.

A mí la academia me parece un desafío que me hace muy feliz. Propone desafíos que son de distintas áreas, el vínculo con el medio es maravilloso, la docencia/investigación me hace tremendamente feliz. Lo que menos me hace feliz es la gestión universitaria, pero que aun así esto de construir universidad sobre todo el Chile de hoy, aunque se hable de educación pública parece que no queremos educación pública. Estar en un lugar que sí cree en la educación pública y en la formación de las personas. Esta Universidad de Chile uno la puede odiar por tanta cosa engorrosa, esta cosa burocrática, pero tiene una cosa política bien interesante que me motiva mucho, me siento parte de un Chile mejor.

Actualmente eres candidata a doctorado ¿Como lo ves en comparación con el magíster?

Es un proceso mucho más largo, al magister entré porque me gustaba mucho. Estaba convencida que el género era un lugar donde yo quería estar y el doctorado lo pase bien, pero es el doble de tiempo, la exigencia. El magister en mi tiempo era un pequeño doctorado, es uno de los magister más antiguos de la facultad, con un montón de créditos pero todo lo que me hacía me gustaba, era una explotación profunda en termino académicos, además el curso fue muy potente, fue un minuto de estudio maravilloso, que con 10 años de diferencia entre uno y otro, era mucho más joven, era súper distinto. A mí me gusta la academia y hacer un doctorado en Chile es casi una obligación.

Pero yo estoy inserta en una Facultad de Ciencias Sociales, más bien escoger un doctorado tiene que ver con seguir con una lógica y yo mi doctorado lo pasé bien, pero fue un doctorado muy en sociología por ejemplo. Como era en ciencias sociales me hubiera gustado esperar tener teorías psicológicas, pero no tuve nada. El doctorado fue un poco frustrante en su nombre con lo que yo obtuve, aprendí mucha teoría sociológica, pero me metí buscando una lógica, cosa que no encontré. Ahora de que sirve para el desarrollo profesional, sí. Pero de repente pienso que debería haber estudiado otro doctorado. Pero de todas maneras estoy súper agradecida haber hecho una experiencia en doctorado, de esa formación y de entender, de debatir; pero esperaba ciencias sociales, no sociología.

Cuéntame sobre tu tesis de doctorado, sobre la aplicación de la Ley Antiterrorista en Chile.

Bueno yo creo que son dos lógicas, mis dos tesis anteriores -de magister y de pregrado-, había dialogado con la genealogía o la dinastía femenina de la familia. Eran tesis sobre cuerpos, mujeres y alimentación, con una vertiente de teoría de género potente. Y en la tesis de doctorado, dialogo con la dinastía masculina, más bien con el derecho, porque mi papá es abogado. Ahí hay un inconsciente, yo esto lo digo después. Y porque quería seguir abordando teoría de género con raza, era un tema pendiente, había visto mucho género pero sin raza y este era un lugar para fusionar o hacer una amalgama de dos temas. Además de la literatura que estaba leyendo en el 2010 que me había presentado Rita Segato, que era la discriminación racial cruzada con género. Entonces en ese cruce teórico y en este dialogo inconsciente con el género, es un lugar donde yo quiero reflexionar.

Condensé dos lógicas, porque lo que se está viendo cuando yo inicié el doctorado, es que la aplicación de la Ley Anti Terrorista estaba siendo súper cuestionada. Dije vamos a explorarla y dije vamos a explorarla desde este lugar, que es desde el género con el cruce de raza. Ha sido súper interesante  en este sentido, porque he logrado reflexionar autores de una manera crítica y adentrarme en un terreno que yo lo tenía totalmente fuera y en ese sentido ha sido un desafío difícil, porque tiene que ver con el derecho, que es otro lenguaje, un lenguaje jurídico, es una lógica distinta del mundo que yo me relaciono.

Ha sido un desafío, porque hay que meterse con temas legales, decretos, números, que las interpretaciones no son cualquier interpretación. Porque la ley es la ley y tiene que ver con lógicas dogmáticas, pero creo que subsane dialogar con las dos dinastías o fuerzas radicales, que han compuesto mi vida que es lo femenino y masculino. Yo dialogo mucho dentro de la academia, mi conocimiento personal pasa por el tema académico. También ha sido un buen lugar para armarme y desarmarme, personal y profesionalmente. Lo personal ha sido político, bueno en mi caso lo personal ha sido político y académico. Son buenos lugares para conocerme, la academia me ha permitido conocerme y conocer los tránsitos que uno tiene.

¿Cómo ha sido tu experiencia como directora subrogante del CIEG? ¿Qué es lo que más te gusta de ser, docente o investigadora?

Bonita la experiencia en general, desafiante y cuando digo bonita, no digo que no implique dolor, tensión, cuestionamiento. Pero ha sido una experiencia súper grata en ciertos aspectos, porque asumí súper joven y es porque tengo dos maestras potentes, Loreto Rebolledo y Sonia Montecino. No sé si con tanta conciencia o no, pero dejaron a una chica, una mujer joven e inexperta en términos profesionales, pero tuvieron esa generosidad y esa fe. Esa confianza en una mujer joven, que ellas mimas habían formado. Esa es la academia que también hace el feminismo. Tiene que ver con un sistema afectivo, no en el sentido que nos apapachen, sino con una formación. Tiene que ver con una pedagogía de vida. No es con todos, hago una pequeña comunidad con gente que formo y su formación es mucho más compleja que tiene que ver con un proceso cíclico y eso ha sido muy grato en esta dirección. He estado muy acompañada, no ha sido un lugar aislado, además no solo en temas de liderazgo, de jefatura, ha sido bastante acompañado en términos de formación.

Claro uno puede meter mil veces las patas y cometer miles de errores, pero desde arriba tenías esta contención. A veces me sentí en el abismo, pero siempre sentí esto como las tirolesas: te caías pero no te estrellabas. Eso tiene que ver con gente que te formó antes y que estuvo ahí y también con hacer bueno equipos. Si a mí algo me enseñaron era hacer equipo, los trabajos individuales no tienen ningún sentido sobre todo en la academia. La academia es pensamiento co-construido, no es que uno tenga una idea sino que este lugar es en los pasillos, es en la docencia, es en el aula. en la conversación, en la relación uno va generando conocimiento. Entonces el conocimiento propio propio, no tiene mucho sentido, y eso se explora mucho mejor en términos de trabajo colectivo. A mí lo que me enseñaron es la lógica del trabajo colectivo.

He tenido la suerte que en el trayecto laboral, que es la gente que está, pero que también estuvo antes y que tienen apuestas políticas súper importantes, pero que también tienen ética. Nos llevamos muy bien en lo personal, pero también en lo ético y político. Son súper responsables, sobre todo mujeres, con las que hemos hecho un núcleo de trabajo. Y no es tan poco tiempo, con Paula llevamos casi una década, con Viviana casi 6 años, con Manuela también y con Elisa que es la más nueva. Pero tiene que ver con una lógica de crecimiento personal y profesional, no solo individual, sino que sea puesta en esta plataforma que se llama CIEG y quienes trabajan aquí piensan parecido. No es imponer una lógica, es como hacer formación y academia. Ha sido muy grato. Lo que no es grato es lo institucional y lo tiene que ver con la Chile, son dos lógicas que si bien es cierto funcionan dentro de la misma institución, son lógicas que muchas veces son contrarias, entonces uno pide que se resuelvan mas institucionalmente. Mujeres especialistas en estos temas.

Conversatorio Arte y Transfeminismo, con Katia Sepúlveda

El pasado 17 de agosto a las 17hrs en la sala de decanato de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, se realizó el conversatorio “Arte y Transfeminismo“, con Katia Sepúlveda, artista que actualmente realiza un doctorado en Teoría Crítica en el 17, Instituto de Estudios Críticos en la Ciudad de México, y vive y trabaja entre Colonia (Alemania) y Tijuana (México).

Katia Sepúlveda es artista y fotógrafa del Instituto ARCOS de Artes y Comunicación en Santiago de Chile, y postgrado en dirección cinematográfica en la Universidad de Chile. Con el fin de mejorar aún más sus técnicas de impresión gráfica, también tomó clases en el “Taller 99”.
Al recibir una beca de artes DAAD, se mudó a Alemania en 2004 para estudiar en la Academia de Artes y medios de Colonia, donde asistió a las clases de Valie Export, Jürgen Klauke, Matthias Müller, Julia Scher. Las temáticas de sus trabajos aborda temas Transfeministas y descoloniales. En 2006 pasó a obtener un título de maestría en la escuela de artes y medios de Colonia Alemania en donde terminó sus estudios a principios de 2009.

Hasta el 13 de agosto se encontraba en exposición en la Museo de la Solidaridad Salvador Allende su trabajo, que propone una micro historia del primer burdel multimedia, que tuvo un impacto mediático mundial importante en plena guerra fría, que la artista ha denominado post-burdel. A través de una serie de collages en base a ediciones de la revista Playboy publicadas entre 1953 y los años dos mil, la intención de la artista es observar y deconstruir, para luego intentar construir una nueva lectura desde una perspectiva transfeminista: una reapropiación crítica de la movilidad entre géneros, corporalidades, sexualidades y geopolíticas.


A los collages se suma el video The Horizontal Man (2016, Tijuana), que presenta fragmentos de una película que Hugh Hefner realizó en su adolescencia y una entrevista que se le hace posteriormente, cuando ya tiene la revista Playboy. Completa la instalación una maqueta basada en tres planos arquitectónicos conectados: los de la Casa Blanca, la mansión Playboy, y un apartamento de soltero, que no es sólo un proyecto arquitectónico sino un nuevo espacio doméstico para la masculinidad. Dispositivo doméstico se enfoca en el hecho de que si bien el cuerpo, el poder y la verdad son ideas socialmente producidas y manejadas por el capitalismo colonial, son también susceptibles de ser transformadas.

En el conversatorio que se realizó el jueves 17 de agosto, la artista hizo una presentación especial sobre sus trabajo y visión, en conjunto con académicas y estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales, como también estudiantes y profesionales de otras áreas afines al arte y las ciencias sociales. El conversatorio estuvo gestionado por la línea de estudios Subjetividades, Sexualidades y Subversiones, del Centro Interdisciplinario de Esudios de Género. Durante la jornada, el grupo se presentó y dio cuenta de los diferentes trabajos e investigaciones, en conversación con las propuestas estéticas y teóricas de la artista invitada.

Pueden revisar las obras y visión de Katia Sepúlveda en su sitio web*: https://www.katiasepulveda.com/ 

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Finaliza Diplomado Género y Violencia – Presentación Trabajo Final

Con éxito se realizó la última jornada del Diplomado Género y Violencia del primer semestre del 2017, en donde los/as estudiantes expusieron sus trabajos en grupo como actividad final de evaluación.

La instrucción era analizar y reflexionar en torno a un caso o ejemplo de Violencia de Género, desde los/as clases y autores revisados en la bibliografía del curso. Los grupos podían elegir cualquier caso -de prensa, personal, de índole nacional o internacional-, como también elegir libremente la metodología de presentación.

El primer grupo, conformado por Yanina Rodríguez, Yasna Sanhueza, Francisca Cornejo, Guiselle Ponce, María José Barrios, Nicole Garay y Juan Pablo Sotelo, optó por una performance, en donde representaron las historias de María Pía Castro (19), Nicole Saavedra (23), y Susan Sanhueza (22), mujeres jóvenes, lesbianas, de clase social y económica pobre, que vivían en un territorio rural y periférico de la quinta región, asesinadas de manera impune. Estos tres casos fueron reflexionados en torno a la interseccionalidad, la necropolítica, la violencia de los medios de comunicación y la invisibilización de los cuerpos y agencia de grupos lesbofeministas. Esta performance buscó evidenciar la violencia lesbofóbica, donde queda explícito la ineficiencia de la justicia y las nulas respuestas a estas familias que esperan saber la verdad.  Además, como referencia histórica de impunidad se encuentra el caso de Mónica Briones, mujer lesbiana asesinada en 1984, y cuyo crimen aun no tiene culpables condenados. Estas historias nos hacen ver que existe un permiso social para matar a mujeres lesbianas, consideradas cuerpos y vidas que no importan, a través de acciones concretas del Estado para que se propicie la desaparición, el asesinato y la impunidad.  

       

 

El segundo grupo, conformado por Javiera Carrasco, Luisa Escobar, Verónica Faúndez, Laura Núñez, Karla Olivares, Elizabeth Varela, y Karin Zúñiga, se tituló “Masculinidades en tensión dentro del contexto intrapenitenciario”. A partir del caso de “John”, un joven afroamericano quien sufrió de violaciones y abusos sexuales en una cárcel de Estados Unidos, el grupo reflexionó en torno a cómo interpretar la violencia, sexual entre varones, en un contexto intrapenitenciario, y si esta violencia daba cuenta del género como construcción social dicotómica, donde los hombres victimizados asumen un rol femenino dentro de ese contexto. De acuerdo a las estudiantes del grupo:

Es necesario precisar que hablar de masculinidad no hegemónicas o subordinadas no es negar que los hombres como grupo tengan el poder social, como bien plantea Michael Kaufman (1997), sino complejizar mediante la visibilización de las relaciones de poder entre este mismo grupo, dar cuenta de su heterogeneidad y los distintos factores que la constituyen. Esta discusión es relevante desde un enfoque de género, ya que es comprender que las identidades masculinas y femeninas no son dadas por naturaleza, por cierta genitalidad, sino que están en constante construcción social. En este sentido, se hace necesario no reducir las discusiones al binarismo biologicista, sino complejizar esto mediante los distintos factores sociales que actúan de forma articulada constituyendo diferentes posiciones en las sociedades jerarquizadas.

 

Luego, expusieron Andrea Orellana, Javiera Marchant, Jaime Bustamante, Laura Orrego, Lucía Zeballo, Michelle Vergara, Patricia González, y Romina Camilo, sobre la violencia de género en la pareja, el tratamiento de femicidios y violencia de género por la prensa, la legislación sobre violencia y los cruces que se pueden desarrollar entre vulnerabilidad de las mujeres en migración respecto a la violencia de género, articulado a partir de un caso en particular: el de Yuliana Acevedo, mujer colombiana de 21 años, residente en Chile, quien es asesinada y descuartizada por Edwin Vásquez, su entonces pareja, en Santiago de Chile a comienzos del 2016. El caso fue analizado desde los diferentes puntos para mostrar cómo existen factores estructurales que permiten que una mujer sea asesinada, más allá del su propio control en torno a su vida. Vemos que los mecanismos de control en la pareja, el factor migratorio, y el aparataje legal tanto de Chile como de Colombia propician la vulnerabilidad de Yuliana, mientras que los medios de comunicación, a través del sexismo, individualizan a la víctima, sin dar cuenta de los problemas estructurales detrás del femicidio.  

Yennifer Medina, Francisca Garrido, Francisca Lopez, Natalia Jofre, Sara Peker y Yasna Carrasco presentaron, por su parte, el caso de “Vicky”. Vicky tiene 36 años y participa del Programa Calle ejecutado por la Corporación Moviliza. Vicky lleva aproximadamente 10 años en situación de calle, viviando actualmente en un ruco ubicado en el punto calle San Eugenio perteneciente a la comuna de Ñuñoa, con Ángel (su pareja) y Milton (amigo de ambos). El caso fue analizado desde el marco de la violencia institucional, complementado con reflexiones en cuanto a las vidas precarias, de Judith Butler. De esta manera, el caso de Vicky conocido personalmente por algunas de las integrantes del grupo, nos permite ilustrar cómo la violencia, y en especial la violencia de género, constituye uno de los ejes centrales en el ordenamiento social, que suelen estar naturalizados, invisibilizados y banalizados, encubiertos mientras no pasen los límites culturales de lo aceptado. Vicky es sujeto de múltiples violencias y discriminaciones que pasan sin mayor cuestionamiento, dado que ella no goza de la posibilidad de auto-representación, por tanto no es calificado como sujeto que importa, como vida que importa.  De acuerdo al grupo:

La precariedad designa esa condición políticamente inducida en la que, ciertas poblaciones adolecen de falta de redes de apoyo, sociales y económicas y están diferencialmente más expuestas a los daños, la violencia y la muerte. Estas personas precarias apela al Estado en busca de protección, pero el Estado es, precisamente, aquello contra lo que necesitan protegerse. Estar protegidos contra la violencia del Estado – Nación es estar expuestos a la violencia ejercida por el Estado – Nación. El Estado como garante de derechos con el ideal de promesa de resguardar la vida de sus sujetos, promesa que se cumple siempre y cuando aquellos sujetos estén dentro de la norma que hace funcional el sistema estatal. Excluyendo a los sujetos marginales, por tanto, privándolos inmediatamente de la protección de sus vidas precarias.

Finalmente, el último grupo que presentó estuvo compuesto por Katherine Valencia, Macarena Gallardo, María José Acuña, María José Fuentes, María Paz Pino, Paula Romero y Francisca Salinas. La presentación fue titulada “Parir en negro: Violencia hacia madres haitianas en Chile”, el cual trabajó la interseccionalidad entre ser mujer, afrodescendiente y migrante, y además estar embarazada, relacionada con el sistema de salud pública. De acuerdo al grupo: “La importancia del análisis (…) radica entonces en la necesidad de poner de manifiesto el cruce de distintas formas de exclusión, segregación y vulneración, enmarcadas desde la lógica de la dominación imperante. Mujeres y niños que ven vulnerados sus derechos, siendo violentados, argumentando dificultades comunicacionales y diferencias culturales, cuando lo que en realidad se esconde, es la ausencia de voluntad política y social, por hacer de la inmigración, un espacio de encuentro intercultural.” Finalizan la presentación con la recitación del siguiente manifiesto de la organización Cría Iguales:

 

Entrevista a Loreto Rebolledo, periodista y fundadora del CIEG

Loreto Rebolledo es profesora del Magíster en Estudios de Género y Cultura, mención Ciencias Sociales, y una de las fundadoras del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género, de la Universidad de Chile. Es periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Licenciada en Antropología, Universidad Católica del Ecuador, Magíster en Historia con mención en Historia Andina, FLACSO, y Doctora en Historia de América, Universidad de Barcelona. Fue Subdirectora del Instituto la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, y actualmente es Directora Alterna de la Iniciativa Bicentenario y profesora titular del Instituto de la Comunicación e Imagen, de la Universidad de Chile.

Su trayectoria académica estuvo fuertemente marcada por lo político, como mujer y militante, participó en el Centro de Estudios de la Mujer (CEM) (1986-90) y el Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer (CEDEM) (1990-92).  En la siguiente entrevista, platicamos con ella respecto a sus experiencias como mujer en la academia, su visión sobre el periodismo actual y las posibilidades del periodismo no sexista.

 

¿Cuál es la relación que tienen las mujeres con la academia? En su experiencia, ¿estamos incluidas en estos espacios?

El ser mujer y ser académica, dentro de esta universidad y en general en el sistema universitario, se vive de forma similar. Porque si uno piensa cómo se formaron y ve cuál es la lógica con que funcionan las universidades, que surgieron de los monasterios en la edad media, por lo tanto son espacios muy masculinizados que funcionan con lógicas muy androcéntricas.

Para las mujeres ha sido difícil ingresar en esos espacios, se partió muy marginalmente, a finales del siglo XIX. De a poco se ha ido incrementando la matrícula, pero vamos viendo que igual la universidad sigue reproduciendo, de una u otra manera, lo que son las definiciones o los mandatos de género. Por ejemplo, ahora estamos con la matricula femenina en primer año mayor que la masculina. Sin embargo, cuando vas mirando las áreas en que están, te encuentras con que hay áreas que son claramente  feminizadas: educación, salud, humanidades y ciencias sociales. Todo aquello que parece como prolongación de las actividades que tradicionalmente se han asignado a las mujeres.

Esta universidad no ha tenido nunca y las universidades públicas en general, no han tenido rectoras mujeres, se reproduce lo que está en el mismo mercado de trabajo, por una parte cuesta ascender en la escala de poder. El ser mujer y académica implica el tener claro que vas a tener que luchar con todo un sistema que está construido desde otra lógica, o luchar y defender ciertos espacios o bien, asumiéndote en el lugar que te asignaron, es siempre una cierta tensión.

¿Cómo ha sido su propia experiencia académica y laboral?

Mi experiencia fue bien particular, porque viví dos años exiliada. Comencé mi carrera profesional primero graduándome como periodista en Chile y trabaje un par de años. Después llegue a Ecuador y ahí decidí estudiar antropología. Ahí empecé mi carrera académica, empecé a trabajar como ayudante, después estuve a cargo de armar una revista, después de eso hice una maestría en historia andina.

Llegue a Chile en dictadura, y empecé a trabajar en el Centro de Estudios de la Mujer, haciendo investigación y cursos electivos. El año 1993 la fundación Ford decide que es importante que todo el conocimiento, todo lo que se ha desarrollado en temas de género, tenga que estar en las universidades. Sonia Montecino ya estaba dando un curso, así que la fundación creó un proyecto y se formó el PIEG que después fue el CIEG. Llegamos el 93 con financiamiento externo y entramos en esta temática específica.

 

Fotografía Loreto Rebolledo y Sonia Montecino, en Memoria Chilena.

¿Por qué se inclinó por el lado humanista, por qué periodismo y no otra carrera?

Me iba pésimo con las matemáticas, física, química. Eran materias que nunca se me dieron. Yo creo que había una cuestión mía, además yo vengo de una familia que viene del lado humanista, revisé tres generaciones y a nadie se le dio las matemáticas.

¿Por qué periodismo? Lo clásico: siempre me gustó leer. Redactaba muy bien y me parecía atractivo lo del periodismo, pero a mitad de carrera me di cuenta que no era lo que yo quería. Ese énfasis en el reporteo, no era lo que más me interesaba. Tenía otra idea de lo que era el periodismo, y afortunadamente es una carrera tan amplia que te permite ir encontrando un camino…Y lo encontré. Trabaje en la época de la UP, en una filial de la Corfo con pequeños empresarios y artesanos sacando un diario.

Cuando fui a Ecuador, tienes todo un mundo allá, una realidad distinta y dije: eso es lo que quiero. Me puse a estudiar antropología y luego se abrió una maestría en historia andina. Fue la primera que abrió FLACSO y era un lujo porque habían traído a los mejores profesores de todos lados. Después de eso llegue a Chile, y empecé a buscar trabajo, daba clases y me alcanzaba para los cigarros y la micro. Eran cursos electivos en el IPS, también electivos en la Arcis, pero con eso no vivía. Empiezo a buscar trabajo y ahí llego al Centro de Estudio de la Mujer a trabajar con mujeres rurales, indígenas, que eran artesanas.

Ahí tuve un salto de nuevo a la universidad. Entonces no es la trayectoria normal, esta cruzada por toda la cuestión política. Primero, porque cuando era joven militaba en partidos de izquierda, donde está el tema de la clase, marcada por las diferencias sociales. Después en Ecuador, me meto en la cuestión étnica, y cuando llego a Chile el movimiento de mujeres estaba en alza y ahí me meto en eso.

¿Cuál es la situación actual de las mujeres en Chile?

Yo creo que en algunos planos hemos avanzado, pero las cifras muchas veces son engañosas, la segregación horizontal sigue existiendo y la vertical también. Las mujeres se incorporan más al mercado de trabajo pero con menos sueldos, con más problemas. Efectivamente las mujeres hemos ganado terreno, pero las resistencias masculinas han ido encontrando distintas vías y se manifiestan de diferentes maneras. Hay temas que siguen permanentemente estando ahí, como el tema de la violencia, que es una cuestión que no se logra superar, por más que se han hecho capacitaciones. Es un tema que está ahí.  Lo mismo que la brecha salarial, si pensamos que recién las mujeres votaron en el año 49, claro que hemos avanzado pero no podemos decir que esta todo instalado y listo.¿Cómo cree que se han abordado los temas de violencia de género y femicidios en los medios de comunicación?

Hace poco fui a una exposición histórica, donde había ropa antigua de mujer, pero además había fotos de portadas de diario y era sorprendente como algunas portadas se parecían mucho. Por ejemplo: “la mate porque la quería”. Esa estaba y La Cuarta había puesto hace poco algo casi igual en portada. O sea, tú dices acá hay cosas que no se cambian. Esa ideología machista, sigue permeando y sigue funcionando. Una cuestión tremendamente machista, tremendamente sexista, que es violencia simbólica igual.

¿Qué opina sobre los casos de mujeres mapuche que están pasando por sucesos complicados, como la machi Francisca Linconao y Lorenza Cayuhan?

Ahí encuentras cómo efectivamente está operando el género de manera más clara, si hubieran sido mujeres blancas, la situación probablemente hubiera sido otra. Pero ahí les pesó el ser mujer e indígenas, hay grupos que son mucho más discriminados. En el caso de las mujeres mapuche se las han vinculado muy fuertemente con la violencia, se les caracteriza y se las estereotipa con situaciones como terrorismo. Hay un tema de efectivamente no mostrar que está pasando con determinados grupos de mujeres.

¿Cuál es la situación actual del periodismo? Con la reciente muerte de Agustín Edwards ¿habrá algún cambio?

Me temo que no.  El mercurio ha llevado una línea muy claramente ligada a la derecha, vinculada a  la dictadura, con vínculos muy fuertes con Estados Unidos, incluida la CIA. Y esa marca no va a cambiar. Me imagino que don Agustín ha dejado claramente establecido el modelo a seguir, de hecho, dijo cuál de sus hijos se quedará a cargo del diario, que fue el que fue secuestrado por el Frente. Incluso dicen que dejó la portada diseñada, para cuando se muriera, cómo Pinochet y las leyes de amarre, yo no creo que vaya a haber cambio por lo menos en el corto plazo.

¿El periodismo no sexista es posible?

Yo creo que algo han permeado, hay cuestiones que uno ve incluso en el lenguaje, que son más inclusivas. Hay pequeños esfuerzos que van marcando ciertas maneras de escribir. Creo que igual hay otras que no han cambiado. Fíjate donde va la violencia de género, va en policial, no va en cultural o sociedad. Hay una cuestión cultural porque se esa matando mujeres, y lo mandan a policial. Hay cosas que ahí siguen y que va a costar romper sin duda.

En relación a los medios, hay un tema bien complejo que es el tema de la estructura, el duopolio. El día que murió Edwards, la cantidad de páginas que le dedicaron era impresionante, lo mismo que El Mercurio. El cambio puede venir de alguna manera, a través de la prensa digital, que es bastante más autónoma y bastante más libre. También la educación es fundamental para erradicar el tema del racismo y la discriminación. Integrar, donde se consideren las diversidades y cómo podemos vivir en conjunto de manera armónica respetando a los que son distintos.

 

“Clase final: los entramados de la violencia de género.”

La actividad fue realizada por la académica Carolina Franch, directora del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género, quien estuvo a cargo de finalizar el Diplomado de Género y Violencia.

 

El viernes 28 de julio, se realizó la última clase del Diplomado de Extensión Género y Violencia. La jornada estuvo a cargo de Carolina Franch Maggiolo, antropóloga y Doctora (c) en Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. La docente y la actual directora del CIEG dio término al ciclo de clases, enfocándose en los entramados de la violencia de género.

Dentro de las dinámicas que se concretaron, se encuentra una revisión del libro “Chicas muertas” de la escritora argentina Selva Almada. La profesora destacó la importancia de la memoria y no olvidar el nombre de mujeres asesinadas, ya que más que un número, existe un patrón que se repite en distintos lugares del mundo, mujeres jóvenes, pobres y madres de territorios marginados, que deben ser recordadas para hacer frente a la impunidad y el olvido. La investigadora explicó que las historias republicanas sostienen una genealogía de muerte, no cualquier muerte, sino el asesinato de mujeres.

Una de las tareas que despertó mayor interés en las estudiantes, fue reflexionar en tono a la violencia de género, que en palabras de Carolina Franch, es una pedagogía sistemática que estructura el posicionamiento de hombres y mujeres en el ordenamiento social. Las asistentes anotaron en un papel que significa para cada una “el género” y que elementos habían profundizado en el diplomado. Posteriormente introdujeron sus reflexiones dentro de un globo que fue leído de manera azarosa. La actividad fue bastante emotiva y se destacó los aportes de las compañeras y profesores donde existió un aprendizaje colectivo y significó una semilla para poder agudizar cambios en la estructura de género .

El próximo 22 de agosto, las estudiantes presentarán sus trabajos grupales y serán evaluadas por una Comisión del CIEG. La académica que realizó una de las primeras clases señaló: “da un poco de nostalgia y tristeza el finalizar un ciclo, se había armado un grupo muy compacto, reflexivo, crítico y muy honesto también. Pero a la vez estoy muy contenta, de saber que esto genera un impacto personal, laboral y que las personas les hace sentido los mensajes que se están transmitiendo, dialogando y construyendo entre las profesoras y las estudiantes. Eso es súper entretenido, así que me voy contenta, con una clase más testimonial y con una reflexión de las propias personas, así que creo que me voy con una mejor clase también”.

 

“Violencia, pánico moral y subversión”.

La clase fue realizada por Elisa Niño, psicóloga e investigadora del Centro Interdisciplinario de Estudio de Género, quien abordó dichas temáticas como parte del Diplomado Género y Violencia.

 

El martes 25 de julio se llevó a cabo la penúltima clase del Diplomado de Extensión Género y Violencia. La cátedra estuvo a cargo Elisa Niño Vázquez, Psicóloga Social de la Universidad Mexicana y Magíster en Estudios de Género y Cultura de la Universidad de Chile. La reunión se realizó en el Aulario A, del Campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile, donde la investigadora del CIEG profundizó sobre violencia, pánico moral y subversión.

Dentro de las teorías que se abordaron se encuentran los postulados de Rita Segato, Inés Hercovich, Mary Gaitskill y Sharon Marcus, entendiendo la violencia de género como un entramado de raza y clase que funcionan en una maquinaria violenta y continua, que construye categorías sedimentadas sobre la violencia sexual, que cercan las posibilidades de re-mirar las experiencias desde otros lugares. Para la profesora la violación no es un acto sexual, sino violencia instrumentalizada desde lo sexual como meta de significado y la categoría “violada” tiene posibilidad de subversión.

Explicó que la violación no despoja de dignidad, es el entorno quien deposita y sustrae valores a los cuerpo por sus experiencias; la violación es un acto violento indeseable, pero no se debe hacer un binomio con la victimización como un lugar cristalizado, porque es una sentencia. Se debe reconocer que hubo un atentado violento contra su persona dentro de un contexto situado e historizado, más no instruir que se pierde valor y posibilidad de fuga; debemos desdramatizar estas situaciones porque perpetuamos un “guión de violación”. Las ideas de “pureza”, “cuidado”, “víctima de una vez y para siempre”, tienen que ver con el pánico moral, en que se ve a la persona como impura, generando una “basurización simbólica” que violenta y anula todas las formas en que las personas enfrentaron el hecho en su momento y continúan la vida después de él.

La investigadora, anteriormente realizó una clase sobre “Violencia de género desde la migración y el racismo”. Señaló que “la intención de esta cátedra era plantear otras lecturas sobre la violencia sexual, lecturas que nos permitieran ver, cuál era el sustrato de violencia desde el concepto de pánico moral, desde la construcción de la victimización y ver una posibilidad política de subversión para la violencia sexual, particularmente en los casos de violación.  Posteriormente realizamos un ejercicio conjunto con el grupo que me pareció se manejó bastante bien, sobre el debate entre trata, prostitución y trabajo sexual”. Declaró.

En la actividad se preguntó a las asistentes si estaban en contra de la prostitución y donde la minoría se mostró no en contra. Al respecto la académica indicó “rescato mucho las preguntas que realizó el grupo y que pudo seguir el trayecto analítico que íbamos llevando, pudiendo poner en tensión finalmente cuáles son  los estereotipos que recaen en las configuraciones de las mujeres con respecto a su genitalidad o sexualidad. La criminalización de las trabajadoras sexuales, y poder encontrar otras posibilidades para remirar el trabajo sexual, primero conceptualizarlo como tal , distinguirlo de la trata y hacer un proceso de autocrítica con respecto a los estereotipos, que tenemos en el guion de la violación y en el guion también del trabajo sexual”.

Finalmente la docente recalcó la importancia de la reparación del contexto social, en que las estudiantes trabajan con gran entusiasmo en su ámbito laboral y personal. Ésta fue la penúltima clase del diplomado, que finaliza con la clase de Carolina Franch el viernes 28 de julio. Al respecto la académica expresó “me parece que el grupo tiene bastantes inquietudes, e interés en las clases. Se van quedando con los conceptos vistos anteriormente y ahí una puede ir recuperando ejemplos. Ya tienen un manejo conceptual de varias cosas, lo que me parece muy positivo, porque da cuenta del trayecto que se ha venido dando en el programa “. Finalizó.