Columna de Opinión Estudiantes de Semipresencial Teorías de Género, Desarrollo y Políticas Públicas – “La Secretaría Técnica de Igualdad de Género de la Corte Suprema y el mainstreaming como su estrategia de acción”

El Diplomado de Postítulo Semipresencial en Teorías de Género, Desarrollo y Políticas Públicas es un programa que comenzó a impartirse hace 9 años atrás, y a la fecha cuenta con más de 120 graduados/as especializados en perspectiva de género. Como parte de sus actividades de evaluación, las estudiantes realizaron trabajos escritos de análisis y reflexión sobre las políticas públicas con perspectiva de género. Durante los siguientes días publicaremos algunas de sus columnas de opinión.


La Secretaría Técnica de Igualdad de Género de la Corte Suprema y el mainstreaming como su estrategia de acción.

Ana Cristina Villarreal. Abogada, estudiante del Diplomado de Postítulo Semipresencial en Teorías de Género, Desarrollo y Políticas Públicas.

El pasado 8 de julio el pleno de la Corte Suprema aprobó la creación de la “Secretaría Técnica de Igualdad de Género y no discriminación” que tendrá como objetivos principales promover las políticas y acciones destinadas a que tanto los integrantes del Poder Judicial trabajen en espacios igualitarios y libres de violencia y no discriminación como a garantizar la igualdad y no discriminación de todas las personas que acceden al servicio judicial.

Si bien dicha Secretaría Técnica aún no ha dado inicio a sus actividades (se encuentra en etapa de diseño e implementación), me parece que las personas que trabajan en ello debiesen preguntarse, desde ya, cómo el nombre de la entidad guiará su propia estrategia. En efecto, como todo lo humano (y como el género mismo) lo simbólico produce efectos en la realidad, por lo tanto, me parece que no es baladí el nombre con que se denomine a esta futura “Oficina de Género de la Corte Suprema” cuando comience a funcionar pues ello encausará de hecho sus políticas y acciones.

El principio de igualdad, uno de los principios fundantes de nuestras actuales democracias, forma parte de un ideario político y jurídico desde los tiempos de la Ilustración. En efecto, el viejo paradigma de la Revolución Francesa de libertad, igualdad y fraternidad parece resistirse a pasar de moda y a connotar valores que a veces no se explican por sí mismos o requieren reinterpretaciones y adecuaciones. Para las personas que algo saben del tema género no es desconocido que las feministas ilustradas (Wollstonecraft, De Gouges, por ejemplo) rechazaron el ideario revolucionario por misógino y sexista. Tampoco es desconocido que uno de los dilemas no resueltos de los feminismos es la elección de la igualdad o de la diferencia como elemento de análisis basal. Del mismo modo, es sabido que, en un intento de afinar los conceptos a objeto de construir paradigmas de alcance global, las cuatro Conferencias Mundiales de la Mujer (1975, 1980, 1985 y 1995) han establecido definiciones de igualdad entendiendo ésta como un fin último a alcanzar.

Dada la posición institucional del Poder Judicial en el Estado, pienso que, sin lugar a dudas, lo que se haga en términos estratégicos, simbólicos y prácticos tendrá consecuencias en la forma es que se interprete, de aquí al futuro, la igualdad como derecho humano. Además, las políticas y acciones que deberá implementar la Secretaría Técnica tendrán un componente ad intra (para quienes trabajan en el Poder Judicial) y ad extra (para los usuarios), las que deberán tener enfoques distintos, pero siempre enmarcadas dentro de las normas constitucionales y legales que rigen en actuar del Poder Judicial. En esta posición – delicada y privilegiada al mismo tiempo – el mainstreaming de género será una herramienta poderosa de la que echar mano.

Entendido el mainstreaming de género como una estrategia para el logro de la igualdad mediante la incorporación de la perspectiva de género en las políticas públicas, será aquel la herramienta articuladora más relevante que la futura Oficina de Género tendrá que saber administrar, tanto para analizar, con enfoque de género, los procesos internos de la organización, las normas que sustentan las decisiones judiciales y las relaciones del Poder Judicial con otros actores del sistema (por ejemplo, el Ministerio de Hacienda y el Congreso a la hora de discutir el presupuesto o las asociaciones gremiales que existen en su interior al momento de analizar procesos internos como los sistemas de concursos y de sanción a situaciones de acoso laboral).

Desde esta perspectiva, todo lo que la Secretaría Técnica haga tanto para la creación de un discurso que legitime su acción, como para aumentar y potenciar el conocimiento e información del tema en todos los niveles de la institución, para articular los intereses de los diversos estamentos y para instaurar sistemas de seguimiento y monitoreo permanente, será vital para el logro de sus metas y para que la política de género no se traduzca en algún tiempo más – y como algunos ya reclaman en la Unión Europea – “en el trabajo de todos, pero la responsabilidad de nadie”.

En el inicio, la sensibilización será primordial, pero también lo serán los diagnósticos internos de desigualdad y discriminación y los externos, es decir, saber cómo el Poder Judicial reproduce desigualdades, por ejemplo, en el trato a usuarios. Es cierto que la labor identitaria del Poder Judicial está en la decisión, esto es, en las sentencias que resuelven los asuntos sometidos a conocimientos de los jueces, pero “resolver con perspectiva de género” no será suficiente, puesto que lo importante será, más bien, el “ejercicio de la función con perspectiva de género”, entendida como un todo, tanto desde que el/la funcionario/a llega día a día a su trabajo como desde que el/la demandante o el/la demandado/a ponen un pie en el tribunal. En este sentido, por ejemplo, perspectiva de género es entender qué le pasa a un juez/a cuando se enfrenta a un usuario/a transexual o transgénero, cómo lo nombra, cómo lo recibe, tanto como debiese ser importante que el juez/a sea capaz de comprender las posición que una persona de acuerdo a los roles de género socialmente construidos, es decir, que maneje los operadores analíticos del género.

Para la incorporación del Género, el Poder Judicial se encuentra hoy en un momento privilegiado, pues tiene todo por hacer. En este sentido, la apelación a la igualdad debiese ser su horizonte normativo y la equidad debiese ser su práctica cotidiana.

Convocatoria al IX Congreso Chileno de Antropología (Santiago, Ancud y Castro. 6 al 13 de Enero, 2017)

CONVOCATORIA: IX Congreso Chileno de Antropología. La Antropología Chilena situada en Latinoamérica y el Caribe: Comunidades en Movimiento. (Santiago, Ancud  y Castro. 6 al 13 de Enero, 2017)

El IX Congreso Chileno de Antropología se orienta a relevar nuestro carácter situado en Latinoamericana y el Caribe.  Entendiendo que en la región existen escuelas y autores con aportes disciplinares reconocidos mundialmente, así como una singular relación con los sujetos de estudio que nos acerca más a la compleja diversidad  de un “nosotros” que al concepto de “otros” abstractos o exóticos.

En Chile, así como en muchos países de América Latina y el Caribe, hoy se viven importantes procesos de cambio e incertidumbre respecto al devenir de nuestras estructuras institucionales y culturales. Las transformaciones neoliberales de la economía y el Estado, las profundas desigualdades sociales, las crisis de representatividad y de legitimidad de las instituciones, la discriminación cultural, las crisis ambientales, el desplazamiento de personas, así como la emergencia de nuevas identidades, nos plantean interrogantes fundamentales. Asumimos el desafío de ser capaces de una lectura oportuna de estos procesos, en la que converjan de manera pertinente la diversidad de proyectos y saberes que desarrollamos como comunidad académica y profesional.

El IX Congreso Chileno de Antropología, propone un encuentro entre el pensamiento y la práctica disciplinar, situada en  Latinoamérica, con la construcción que se realiza desde las comunidades locales en permanente transformación, de cara a los desafíos comunes que enfrentamos.  Apuntando al compromiso  ético e intelectual con el presente y el futuro de nuestra sociedad.

Para mayor información, revisar las páginas webs:

IX Congreso Chileno de Antropología – http://ixcongresoantropologia.cl/

Colegio de Antropólogos de Chile – https://colegioantropologos.cl/


Invitamos especialmente a nuestros/as estudiantes a presentar ponencias al Simposio “Violencia, cuerpo, nación: representaciones y desmontajes de lo humano” que coordinan nuestras colegas Claudia Arellano (Dpto Antropología, Universidad Academia de Humanismo Cristiano) y Antonieta Vera (CEGECAL – Universidad de Chile). 

 

Simposio “Violencia, cuerpo, nación: representaciones y desmontajes de lo humano”

Coordinadoras:

Dra. Claudia Arellano Hermosilla (arellanohermosilla@gmail.com)
Dra. Antonieta Vera Gajardo (mverag@uahurtado.cl)
Si Walter Benjamin desplegó las estrategias del “montaje” para pensar tiempos de guerra, crisis y quiebre de sentidos, parece adecuado plantear la pregunta por la pertinencia de este concepto para pensar la imagen fabricada de “lo humano”. Para que esta tarea de representación no aparezca naturalizada, es que a través de este simposio nos proponemos exhibir su carácter de artificio y su dimensión política. De manera más específica, nuestra intención es problematizar diversas prácticas de saber/poder inscritas en los cuerpos de la nación a partir de las cuales es posible distinguir distintas estrategias de deshumanización (idealización, bestialización, estereotipación, fetichización). Estas estrategias develan “lo humano” como un régimen de verdad y muestran el poder de la representación: marcar, asignar y clasificar. Es en esa medida que entenderemos el concepto representación como trabajo, práctica significante y lucha.
El simposio articula así, una serie de trabajos que tematizan el cuerpo como materialidad y metáfora de la dominación (la idealización del cuerpo auténtico, la organización del recuerdo del cuerpo sufriente, la metáfora corporal del territorio nacional, la erotización del cuerpo exótico, las performances de género y raza) con el objeto de problematizar la inteligibilidad de “lo humano” en Chile.
 
Plazo postulación ponencias: 15 de Octubre 2016

Donación de libros a Biblioteca CIEG de Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres

El Centro Interdisciplinario de Estudios de Género agradece la donación de los libros “Educación No Sexista. Hacia una Real Transformación” (2016) y “Violencia extrema hacia las mujeres en Chile (2010-2012)” (2014), de la Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres. Ambos textos se encuentran disponibles para consulta en nuestra oficina, ubicada en Ignacio Carrera Pinto 1045, Ñuñoa.

El libros “Educación No Sexista. Hacia una Real Transformación“, elaborado por la Red en colaboración con la Oficina Regional Cono Sur de la Fundación Heinrich Böll, fue presentado el pasado 9 de agosto en el Salón de Honor de la Casa Central de Universidad de Chile. Consta de dos capítulos:

1) Sexismo en la Educación y el Continuo de violencia hacia las Mujeres; con los aportes de Sandra Palestro Contreras, Daniela Lillo Muñoz, Ximena Azúa Ríos, Eloísa González Domínguez, Tania de Arma Pedraza y Cristian Venegas Ahumada, y Priscila González Badilla.  Este capítulo suma las voces diversas para reflexionar en torno a las maneras en que la educación chilena produce y reproduce estereotipos y roles de género, que son a la vez parte de la violencia estructural y simbólica hacia las mujeres transmitidas durante todo su enseñanza formal.

2) Hacia una Educación No-Sexistas; con los aportes de Rayén y Mahuida Hormazábal Contreras, Camila Flores Rivera, Carolina Garzón y Luna Follegati Montenegro. En este apartado las autoras nos encaminan hacia la posibilidad de una educación no-sexista, compartiendo las experiencias e iniciativas locales y organizativas que se han articulado en el último tiempo. 

 

 

Por su parte, el libro “Violencia extrema hacia las mujeres en Chile (2010-2012)“, hace un extenso recorrido conceptual, teórico y metodológico respecto a los casos de femicidio (incluido femicidios no íntimos, frustrados, y suicidios) y violencia intrafamiliar, sus aspectos judiciales, su abordaje desde la prensa, y también, los relatos encarnados de casos de femicidios de la época, que develan la negligencia e impunidad dominante que mantiene en constante peligro a las mujeres en Chile. 

 

Donación a CIEG de colección “Prácticas otras de conocimiento(s). Entre crisis, entre guerras” (disponible para compra)

El Centro Interdisciplinario de Estudios de Género agradece la donación de una colección de libros titulado “Prácticas otras de conocimiento(s). Entre crisis, entre guerras”, una iniciativa colaborativa de Cooperativa Editorial Retos (Chiapas), el Programa Democracia y Transformación Global (PDTG, Perú), Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (IWGIA), Talleres Paradigmas Emancipatorios-Galfisa (Cuba), Proyecto Alice – Espejos Extraños, Lecciones Insospechadas: Conduciendo a Europa hacia una nueva forma de compartir las experiencias del mundo, del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra y Taller Editorial La Casa del Mago.

Los libros fueron donados a Biblioteca CIEG por Armando Hernández González y Norma Pérez López, quienes además participaron en el Diplomado Semipresencial  en Teorías de Género, Desarrollo y Políticas Públicas del pasado 19 y 20 de agosto, en las clases sobre Ecofeminismo y Etnodesarrollo, propuestas de desarrollo otros. Sus aportes permitieron ampliar la mirada hacia las experiencias de latinoamericanas de pensar el buen vivir desde cosmovisiones y propuestas económicamente autosustentables que se alejan del modelo de desarrollo dominante internacional. 

Entre los/as autores/as colaboradores/as se encuentran: Xochitl Leyva, Jorge Alonso, R. Aída Hernández, Arturo Escobar, Axel Köhler, Aura Cumes, Rafael Sandoval, Shannon Speed, Mario Blaser, Esteban Krotz, Susana Piñacué, Héctor Nahuelpan, Morna Macleod, Juan López Intzín, Jaqolb’e Lucrecia García, Mariano Báez, Graciela Bolaños, Eduardo Restrepo, María Bertely, Abelardo Ramos, Sergio Mendizábal, Laura Mateos, Gunther Dietz, Juan Ricardo Aparicio, Joanne Rappaport, María Patricia Pérez, Jenny Pearce, Luis Guillermo Vasco, Charles R. Hale, Ángela Ixkic Bastian, José Antonio Flores, Lina Rosa Berrío, María José Araya, Sabine Masson, Virginia Vargas, Hanna Laako, Mariana Mora, Gilberto Valdés, María Isabel Casas, Michal Osterweil, João Pacheco de Oliveira, Dana E. Powell, Rocío Salcido, Marcio D’Olne Campos, Mónica Gallegos, Mercedes Olivera, Rodrigo Montoya, Sylvia Marcos, María Lugones y Walter Mignolo y prólogo de Boaventura de Sousa Santos.

La colección consta de tres tomos, que además se encuentran disponibles para compra inmediata, por medio del correo ambarcafe@hotmail.com

La colección completa tiene un valor de $20.000, que cubre los costos de producción de este proyecto. 

Puede descargar y ver el índice de los 3 tomos, junto a la presentación del libro por Álvaro Escobar, aquí.

Tomo 1 Tomo 2 Tomo 3

“Los(as) intelectuales deberían trabajar para hacer intelectuales a las subalternas para que el mundo sea más democrático”

Como parte del seminario “Los velos de la violencia: Reflexiones y las experiencias étnicas y de género en Chile y América Latina”, desarrollado entre el 22 y 24 de agosto, la reconocida intelectual india dictó dos conferencias, donde desarrolló uno de los planteamientos más reconocidos de su trayectoria académica: la idea de la subalternidad. Spivak recibió además el grado Doctor Honoris Causa de la U. de Chile.“Hablo en representación de mis estudiantes [de la India y África], quienes muchos de ellos(as) nunca han visto trenes. Eso es lo que yo hablo de la subalternidad”, señaló Gayatri Chakravorty Spivak, académica india, reconocida por su trabajo en el ámbito del Postcolonialismo, Feminismo, Marxismo, Globalización y Literatura, y una de las teóricas más influyentes del pensamiento contemporáneo.

Spivak fue la conferencista central del seminario “Los velos de la violencia: Reflexiones y las experiencias étnicas y de género en Chile y América Latina”, organizado por la Cátedra Indígena, el Plan Transversal de Pueblos Originarios y Nuevas Etnicidades en Chile, el Centro Interdisciplinario de Estudios de Género (CIEG), y financiado por la Iniciativa Bicentenario JGM.

La conferencia del miércoles 24 llevó por título “Subalternidad, globalización y violencia”, instancia donde se refirió a la historia de uno de sus textos más reconocidos, denominado “¿Puede hablar el subalterno?”. En la ocasión aprovechó de aclarar que el título original es más bien “¿Puede hablar la subalterna?”, y que su desarrollo deviene de una historia familiar, específicamente de la hermana de su abuela, historia callada y ocultada, tal como la voz de la figura de los subalternos.

Hoy, explicó la filósofa, “los subalternos si hablan no pueden tener el acto del habla integral porque no hay una infraestructura en la elite para poder escucharlos, por lo tanto también el día de hoy los subalternos no pueden hablar”. En ese sentido, dijo, es necesario que “los intelectuales deban trabajar para hacer a los subalternos intelectuales  de modo que el mundo pase a ser más democrático”. “Los intelectuales deberían encontrar formas de enseñar en vez de venir con sus propias ideas y comenzar a enseñar de esta forma”, agregó.

Por ello, se hace necesario además “instalar esta intuición de una democracia en sectores más amplios, por ejemplo en los niños, porque los niños son como escribir sobre cemento no fraguado (…) Hay que pensar en un método mediante el cual superar esta enorme contradicción de la democracia, que es no sólo yo, sino que yo con otros”.

 

DOCTORA HONORIS CAUSA

La académica de la U. de Columbia, primera mujer de etnia en llegar a convertirse en profesora titular de dicha institución, recibió el grado Doctor Honoris causa de la U. de Chile, de manos de la vicerrectora de Extensión y Comunicaciones Faride Zerán. Este reconocimiento, también lo “han recibido intelectuales y creadoras como Gabriela Mistral, la única mujer Premio Nobel de Literatura no sólo de Chile sino de América Latina- y que, como Spivak, a través de sus ensayos, reflexionó desde los márgenes para subvertir también los signos de su época”, señaló la vicerrectora.

Zeran destacó además que “no es casual que esta ceremonia transcurra aquí, en este Campus que alberga a las artes, las ciencias sociales, y las humanidades, es decir, el espacio físico y neurálgico donde se cobija el pensamiento crítico; el lugar donde emergen las disidencias; el territorio donde coexisten las ideas y se nutre la acción”.

Quien también se refirió a esta distinción fue el decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Roberto Aceituno. “Entregar este reconocimiento a una intelectual que participa de diversos ámbitos disciplinares -Estudios de Género, Marxismo, Literatura o Filosofía, entre otros-, se encuentra en estrecha sintonía con los propósitos que esta facultad propone realizar en el tiempo”, manifestó el decano.

Finalmente, la académica Sonia Montecino, del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género, señaló “que otorgar el Doctorado Honoris Causa de la U. de Chile a esta intelectual ineludible para el pensamiento social del mundo entero es un acto que pone de manifiesto la posición de nuestra institución como una reconoce y acoge el pensamiento renovado que se produce en el mundo contemporáneo, así como sus aportes al desarrollo cultural y político de nuestras sociedades globalizadas”.

Spivak ha trabajado en temáticas como el Feminismo, Marxismo, Postestructuralismo y Globalización. Es Licenciada y Master en Artes, Doctora en Literatura comparada de la Universidad de Cornell y Doctora en Humanidades de la Universidad de Yale. Ha sido premiada con variadas distinciones, entre los que destaca el premio Kyoto en Artes y Filosofía: Pensamiento y ética (2012), un equivalente japonés al Premio Nobel; y la condecoración Padma Bhushan (2013), entregada por el gobierno de India, uno de los mayores reconocimientos de ese país.

Texto: Francisca Palma / www.uchile.cl
Fotografía: Paula Huenchumil
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Sigue el Seminario “Los velos de la violencia” vía streaming

El Centro Interdisciplinario Estudios GéneroUChile Indígena, la Cátedra Indígena y el Departamento de Antropología, organizan el Seminario Internacional: “Los velos de la violencia: Reflexiones y experiencias étnicas y de género en Chile y América Latina”, instancia financiada por la Iniciativa Bicentenario de la misma casa de estudios.

El Seminario Internacional se llevará a cabo los días 22, 23 y 24 de agosto en la la Facultad de Ciencia Sociales de la Universidad de Chile, donde destaca la presencia de la gran intelectual india Gayatri Chakravorty Spivak. Cabe señalar que los cupos ya están agotados, sin embargo, se habilitará una transmisión streaming- http://streaming.jgm.uchile.cl/ para que el público no se pierda su charla magistral.

Spivak es una intelectual, filósofa, teórica y profesora, entre cuyas líneas de trabajos destacan el Postcolonialismo, Feminismo, Marxismo, Literatura siglo XIX y XX, Deconstrucción, Postestructuralismo y Globalización, áreas donde su trabajo ha permitido una. Actualmente se desempeña como Profesora Titular de la Universidad de Colombia (máximo honor dentro de esta universidad). También es miembro fundacional del Instituto de Literatura Comparada y Sociedad de esta universidad y miembro de la Sociedad Americana de Filosofía.

Licenciada y Master en Artes (de la Universidad de Culcuta y Cornell respectivamente). Gayatri Spivak es también Doctora en Literatura Comparada de la Universidad de Cornell y Doctora en Humanidades de la Universidad de Yale. También ha sido condecorada como doctora honoris causa tanto en humanidades como letras en diversas universidades del mundo (Universidad de Toronto, Universidad de Londres, Oberlin College, Universidad Rovita I Virgili, Universidad Rabidrah Baranthi, Universidad Nacional de San Martín, Universidad de Saint Andrews, Universidad de Vincennes à Saint-Denis, Universidad de Presidencia y  Universidad de Ghana-Legon). Además de ser premiada con variadas distinciones, entre los que destacamos el premio Kyoto en Artes y Filosofía: Pensamiento y Ética (2012), un equivalente japonés al premio Nobel, y la condecoración Padma Bhushan (2013) entregada por el gobierno de India, uno de los mayors reconocimientos en ese país.

Su carrera profesional incluye cátedras como profesora afiliada y visitante en diversas universidades del mundo, entre las que incluye las universidades de Iowa, Cornell, Ghana Legon, Pittsburgh, Mahatma Gandhi (India) y Columbia. También ha sido profesora visitante en las universidades de  Princeton, Brown, de Hong Kong, de Hawai’i y de Mainz, entre otras.

Es mayormente conocida por su ensayo “¿Pueden hablan los subalternos?” escrito en 1983 y que es un texto fundacional de los estudios poscoloniales y por su libro “Crítica de la razón poscolonial” (1999) . También tradujo el texto “De la Gramatología” de Jacques Derrida. Otras de sus obras son “Myself, I Must Remake: The Life and Poetry of W.B. Yeats”, “In Other Words: Essays in Cultural Politics”(1987), “Selected Subaltern Studies” (editado con Ranajit Guha) (1988), “The Post Colonial Critic: Interviews, Strategies and Dialogues” (1990), “Outside in the Teaching Machine”(1993), “Death of a Discipline” (2003), “Other Asias” (2005) y “An Aesthetic Education in the Era of Globalization” (2012).

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Seminario “Los velos de la violencia: Reflexiones y experiencias étnicas y de género en Chile y América Latina”

El próximo 22, 23 y 24 de Agosto en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile se llevará a cabo el seminario internacional “Los velos de la violencia: Reflexiones y experiencias étnicas y de género en Chile y América Latina”.

Contará con la presencia de renombradas(os) invitadas(os) internacionales como Gayatri Chakrovarty Spivak (India), Lorena Cabnal (Guatemala), Carlos Mamani (Bolivia), Selva Almada (Argentina) y Paolo Orefice (Italia).

La actividad es organizada por el CIEG en colaboración con UChile Indígena, con el financiamiento de Iniciativa Bicentenario de la Universidad de Chile.

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Finaliza Curso de Formación General “Género y Derechos”, de Catedra Amanda Labarca

El pasado 14 de julio finalizó el CFG “Género y Derechos”, organizado por la Oficina de Igualdad de Oportunidad de Género de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones. En esta última jornada se cerró el semestre con exposiciones que abordaron temas como “Cultura patriarcal”, “educación no sexista”, “Constitución y género”, “desigualdad en temas de derechos humanos”, “estereotipos de género”, “violencia intrafamiliar” y “acoso sexual”, etc.

El segundo semestre el CFG de la Cátedra Amanda Labarca se impartirá en la Casa Central de la Universidad y recibirá el nombre de “Género y Violencias”.

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Para conocer más acerca de esta noticia, les invitamos a leer la nota de la Universidad de Chile:

http://www.uchile.cl/noticias/123725/con-alta-convocatoria-finaliza-cfg-genero-y-derechos

Columnas de Opinión Estudiantes del Diplomado Género y Violencia – La violencia desde lo simbólico y lo privado

El Diplomado de Extensión Género y Violencia es un programa que comenzó a impartirse como Curso de Especialización el año 2010, debido al creciente interés por abordar ambas temáticas desde una perspectiva crítica e interdisciplinaria. El 2013, este curso se consagró en un Diplomado de Extensión, teniendo sólo 12 estudiantes. Este año (2016), 28 estudiantes de diferentes áreas profesionales cursan el diplomado, demostrando que la violencia analizada desde la perspectiva de género es una temática crucial para la transformación de la sociedad hacia relaciones éticas, igualitarias e inclusivas de género.

Como parte de sus actividades de evaluación, los y las estudiantes realizan trabajos escritos de análisis y reflexión crítica sobre los temas trabajados en clases. Esta semana publicaremos algunas de sus columnas de opinión, en donde reflexionaron en un tema de elección personal. 


Trabajo doméstico: un problema de género.

Por Evelyn Chaparro

El trabajo doméstico en Chile y en Latinoamérica tiene sus orígenes en una tradición cultural, social y económica en la sociedad, es por ello que es una actividad realizada principalmente por mujeres, la cual se ha ido entramando a la par con la estructura de género y sus relaciones de poder, en donde existe una subordinación por parte de las mujeres en relación con los hombres sostenida a través del sistema patriarcal.

De ahí que el trabajo doméstico ha sido históricamente visto como un trabajo reproductivo y no productivo. Atribuyendo esta característica justamente por la condición reproductiva de las mujeres, donde pareciera que los temas de la mujer se limitan a su corporalidad. Nace así su confinamiento al dominio de lo doméstico, en donde permanece a cargo de la crianza de los niños y la reproducción cotidiana. Esta cercanía de la mujer al ámbito doméstico hace que la esfera de sus actividades se mueva en relaciones intra e interfamiliares, en oposición al hombre que se mueve en el dominio público y político de la vida social (Montecino; 1997).

¿Pero qué caracteriza al trabajo doméstico por sobre otros tipos de trabajos formales desempeñados por mujeres?

Lo primero que caracteriza el trabajo domestico frente a cualquier otro tipo de trabajo formal es que el Código del Trabajo lo tomó durante mucho tiempo como un trabajo “especial” debido a la naturaleza de este, ya que era realizado en el espacio íntimo del hogar de quien fuera su empleador/a , mismo lugar que eventualmente podría vivir la trabajadora. La no regularización de este trabajo al no tener contrato, ni una jornada laboral establecida, ni conocer las labores que se deben desempeñar expuso a las mujeres a una total desprotección de sus derechos como trabajadoras y las discriminaba en comparación a otras trabajadoras y trabajadores.

Lo más común es que quienes prestan servicio doméstico sean las únicas personas que trabajen en las casas, por lo tanto crea una situación de mayor temor a la hora de denunciar en caso de sufrir algún abuso por parte de su o sus empleadores/as. Dado esto, es que fue clave la organización por parte de las trabajadoras, que quienes gracias al aporte de los movimientos feministas comenzaron a tener un rol más político, a través de la representación de lo que hoy conocemos como Sindicato de Trabajadoras de Casa Particular. Este sindicato logró que el Gobierno firmará el Convenio 189 de la OIT en el 2013, comprometiéndose a incorporar las demandas laborales de este rubro, culminando más tarde en el 2015 con la promulgación de la Ley 20.336 de Trabajadores de Casa Particular, regulando así sus principales demandas (jornada laboral; alimentación y alojamiento; descanso semanal; y uniformes).

Otra característica importante de analizar es que al ver el trabajo doméstico como una labor únicamente reproductiva y remirarlo como una labor productiva posiciona a la mujer a un “doble rol”, considerando que cuando la mujer se incorpora al trabajo, esta no deja de preocuparse y ocuparse de las tareas del hogar.

La dificultad de compaginar la vida familiar y laboral lleva a que las personas que contratan a las trabajadoras de casa particular sean mayoritariamente otras mujeres, que trabajan y que pertenecen a otra clase social. Esto es lo curioso, que pese a que la mujer salga a trabajar no busca como solución para compatibilizar la vida laboral y familiar, redistribuir las labores propias de hogar, sino que busca a otra mujer para que lo haga. Se podría decir, que la mujer da un paso a su desarrollo personal y económico, pero no es capaz de negociar con el hombre un intercambio de roles de género, pero sí experimenta un cambio en las posiciones de poder. Como lo señala Montecino, es ahí donde surge la idea de posicionamiento dando el siguiente ejemplo: una mujer de algún país latinoamericano, profesional de clase media, casada, atravesará por distintas posiciones en un mismo día: puede estar en una relación de subordinación con su esposo; pero de superioridad frente a su empleada doméstica; luego, en el trabajo está en un posición superior a la del estafeta y el secretario; en igualdad con sus pares y en subordinación con su jefe, etc.

No se puede dejar de mencionar sobre el trabajo doméstico como este está marcado por “la clase”. En este contexto, este tipo de trabajo es realizado por mujeres de sectores más vulnerados, migrantes de campo-ciudad y/o extranjeras. Poder acceder a una fuente laboral de manera rápida que no exija especialización, hacen del trabajo doméstico una llamativa oferta laboral, especialmente porque a diferencia de otro rubro, este se da en la esfera privada de una familia y, a veces, en el mismo lugar donde habita la trabajadora.

Las trabajadoras de casa particular, según la OIT, generalmente son migrantes que vienen ya sea del Sur de Chile o de otros países, dato no menos importante, ya que el trabajo doméstico es un trabajo que esta segmentado de manera importante según la nacionalidad, sobretodo en países como Chile donde más de la mitad de las trabajadoras de casa particular son de nacionalidad peruana. Según la OIT, las trabajadoras de casa particular peruanas a diferencia de sus pares chilenas, tienen más educación formal y están más preparadas para desempeñarse en otros rubros, pero al llegar a Chile se ven expuestas a las mismas condiciones que las mujeres chilenas: bajos salarios y discriminación, e inclusive experimentan una brecha más amplia que con sus pares hombres, de lo que ocurría en su propio país.

Es importante también reflexionar sobre como el Estado a través de sus organismos, ha ejercido y sigue ejerciendo una violencia simbólica sobre el trabajo doméstico en sí y sobre las mujeres que lo desarrollan. Las prácticas que han contextualizado este rubro, forma parte del esquema asimétrico de poder, caracterizado por los roles sociales y de género; siendo invisibilizado en la sociedad. Sin embargo, esta invisibilización duró hasta que fueron las propias mujeres quienes -quizás sin saber- quisieron dejar de ser víctimas de este sistema patriarcal que constantemente las violenta primero por ser mujeres, luego por el trabajo que desarrollan y luego por ser pobres.

A propósito de esto me planteo las siguientes interrogantes ¿Qué le falta al Estado para ser garante de derechos para todas y todos los trabajadores? ¿Habrán otros sectores que aún se encuentran invibilizados y en los que también se transversaliza el género, la clase social, el trabajo y/o etnia?

Me parece además que cuando cualquier problemática social esta cruzada por el género, es imposible pensar que cualquier detalle, por mínimo que sea, deje de ser relevante. Y es así como, a mi juicio, debemos modificar nuestra forma de hablar en lo relacionado al trabajo doméstico, ya que como es sabido, “el lenguaje crea realidad”. Debido a esto, unas de las principales demandas que las agrupaciones sindicales de este sector han puesto en la palestra, es que sean reconocidas como trabajadoras y dejar de nombrarlas como “nanas” o “asesoras del hogar”, para simplemente llamarlas “trabajadoras de casa particular”.

Por otra parte y dejando en claro que el trabajo doméstico es una actividad donde mayoritariamente son mujeres las que trabajan, se puede reconocer que los rubros altamente feminizados se encuentran en una situación de vulneración distinta –generalmente más baja – a la de los sectores altamente masculinizados. Si sumado a eso, pertenecen a los sectores más vulnerados económicamente de la sociedad o pertenecen a algún pueblo originario, esta situación se ve aún más precarizada.

En conclusión, está claro que en el trabajo doméstico existe la intersección del género, clase social y nacionalidad ubicando a las mujeres in-migrantes en los niveles más bajos del mercado laboral, lo que la hace mano de obra barata y lo que la deja ausente sobre los debates económicos. No se trata que haya más leyes a “favor de la mujer” sino que las leyes sean más justas para todas y todos, sin importar el espacio donde se lleva a cabo su trabajo. Es por esta razón, que el debate en los temas que deben trabajar las políticas públicas en lo económico, social y cultural debe ir hacia un enfoque de igualdad de derechos y de inclusión, donde la diversidad étnica aporte al debate y no se vaya desplazando como hasta ahora ha ido ocurriendo.


La violencia contra las mujeres considerada como un asunto doméstico y privado. 

Por María José Wilson

La ley que protege la violencia en Chile, es la ley número 20.066, llamada ley de Violencia Intrafamiliar (VIF), de solo nombrarla se me viene a la mente una pregunta ¿no existe violencia fuera del ámbito familiar?, es decir ¿la violencia hacia las mujeres solo podemos visibilizarla o condenarla en asuntos privados?. Así las cosas, la ley circunscribe a la mujer dentro de un ámbito privado, de relaciones de familia, invisibilizando que la violencia contra las mujeres tiene como base dominar a una mujer que se sale de lo socialmente impuesto, lo que tiene lugar en los distintos espacios donde se desenvuelven: en lo laboral, en la salud, en la educación, en las mismas calles y en todo espacio público. En este sentido el Estado no está garantizando a las mujeres ser sujetos libres de violencia en todos los ámbitos.

Desde el trabajo que realizo diariamente en un dispositivo Centro de la Mujer con profesionales en la línea de atención, trabajadores sociales, psicólogos y también en línea de prevención, he podido no solo observar sino atender a mujeres que llegan relatando hechos de violencia, pero que a la luz de la ley se encuentran totalmente excluidas, mujeres que se encuentran en una total desigualdad. ¿Cuál es la razón? Son mujeres que por ejemplo, no han convivido con el agresor, o no tienen un hijo o hija en común, o mujeres que son hostigadas diariamente o acosadas por un hombre que no tienen un vínculo afectivo, y por tanto no se encuentra dentro de los términos que encuadra la ley para ser sujeto de una denuncia, existe una desprotección por el hecho de no poder ejercer acciones legales, y esto provoca, frustración, impotencia, vulnerabilidad y vuelve a situarlas en una doble victimización, donde además de sufrir violencia por parte de un tercero, son violentadas por el sistema.

En virtud de este problema, la Convención de Belem Do Para hace presente y deja claro que las mujeres viven violencia en lo público y lo privado. Ahí se habla de que las mujeres vivimos violencia por el simple hecho de ser mujeres.

Por otro lado, según la definición obtenida en la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la violencia de género es “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada”.

No estamos siendo capaces de crear conciencia de la realidad de la violencia contra las mujeres, ni tampoco estamos aplicando en la propia ley lo que se está visibilizando tanto en lo privado como en lo público, existe una incapacidad institucional de modificar no solo el fondo de la ley sino también las formas, porque al encuadrar la violencia hacia la mujer en el ámbito privado, llamándola “violencia intrafamiliar” estamos construyendo un lenguaje y naturalizando la violencia solo en este contexto.

Judith Butler en “Marcos de Guerra: vidas lloradas”, nos dice: “Una vida concreta no puede aprehenderse como dañada o perdida si antes no es aprehendida como viva. Si ciertas vidas no se califican como vidas o, desde el principio, no son concebibles como vidas dentro de ciertos marcos epistemológicos, tales vidas nunca se considerará ni vividas ni perdidas en el sentido pleno de ambas palabras”. Mientras la vida de las mujeres sea concebida como lo es, mientras no se la considere como un sujeto de derecho en todo ámbito, seguirá invisibilizada la violencia que sufre en lo cotidiano.

Necesitamos ampliar la concepción en la sociedad de la violencia hacia la mujer, hoy solo estamos visualizándola en una sociedad patriarcal, la cual las sitúa en un lugar, en una intervención concreta y privada, que solo permite al Estado hacerse parte de aquella violencia que ocurre en un contexto intrafamiliar y entre cuatro paredes. No se está contemplando ni una protección, ni un ejercicio de acciones legales de la violencia hacia la mujer en lo público, el Estado no se está haciendo responsable, ni en lo legal, ni en la educación, ni economía y menos en la política.

Por tanto, puedo concluir que la violencia hacia las mujeres sigue siendo considerada como un asunto entre privados, no basta una ley VIF, ni una ley de femicidio, falta leyes que respondan en forma integral no solo a la violencia contra las mujeres, sino a la violencia de género, y no solo a las mujeres mayores de edad, sino a toda mujer cualquiera sea su edad, ámbito en que se desarrolle, y a toda forma de violencia.

Actualmente existe un proyecto de ley contra el acoso sexual callejero, que tiene como objeto, contribuir a erradicar las prácticas de acoso sexual callejero que experimentan mujeres, hombres, niñas y niños en Chile y plantea la importancia de reconocer el acoso sexual callejero como un tipo de violencia, sin embargo no se está plasmando en su totalidad un verdadero compromiso por parte del Estado en la erradicación de la violencia contra las mujeres.


La Mujer envuelta en Violencia.

Por Jhoanna Castillo

Desde el inicio de la Historia, la figura cosmogénica central, la fuerza procreadora, la causante del pecado mortal, que nace de una costilla del hombre, estaba personalizado por una representación mujer, simbolizado detalladamente por una figura delgada, senos, vientre, nalgas, con un agujero entre las piernas (vulva) con un útero fértil del que nacerían todos para cuidar, proteger y regenerar el mundo. La descripción de una “Gran Mujer”.

Un discurso que marca el inicio de un Sistema Patriarcal que regiría la vida y proyección del género femenino. La época posmoderna se ha caracterizado como una sociedad donde la muerte y la violencia se convierten en un hecho cotidiano, o como bien refiere Rita Segato, “normalizado y naturalizado” con el que se convive día tras día con resignación y dolor. Si leemos la biblia o la historia de la ciencia, o las relatos antiguos de “quema de brujas” o si solo mencionamos lo que expresaba Foucault en “Vigilar y Castigar” sobre el espectáculo popular que eran ejecuciones en la plaza del pueblo medieval, nos encontramos con claras escenas de Violencia que bien parecen sacados de una película de terror.

Pero si nos situamos en la actualidad, “Las cifras recientes de la prevalencia mundial indican que alrededor de una de cada tres (35%) mujeres en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida” estadísticas que evidencian que la violencia doméstica es el claro ejemplo de discriminación contra la mujer, ya que su origen es la jerarquía propia del patriarcado con una total subordinación de la mujer. En Chile, sólo desde 1991 la violencia es reconocida y abordada como un problema público.

Sobre la Violencia Sexual que es una visión detallada del patriarcado al tomar la dominación total del cuerpo. Rita Segato mencionaba “La Violación no puede visualizarse, porque la experiencia, tanto físico como psicológico es INTERNA, la violación ocurre DENTRO” a ese cuerpo femenino sexuado, que es condenado a constantes torturas, mutilación de su poder y aniquilamiento de su voluntad, donde cada proceso de dominio es un sumado a la representación de poder del hombre, que además lo sigue instaurando y ratificando en la norma, en un sistema donde la mujer sólo es un territorio de posesión y sufrimiento.

En este contexto no es difícil poder imaginar que esta violencia moral, física y psicológica en todos los casos, (exceptuando casos puntuales relacionados a altos estatus económicos de las victimas) eran desapercibidos, ignorados e invisibilizados. Y es que la violencia procede del establecimiento del concepto y de la idea de la mujer como inferior y como propiedad del hombre, a los que deben respeto y obediencia donde se refuerza el discurso religioso que nos presentan como malas, pecadoras y peligrosas, donde además se hace evidente una forma de castigo “preventiva” y “correctiva” para la mujer, con la única razón de pertenecer al sistema heterogénero establecido como “aceptado”.

Segato explicaba que la impunidad “lejos de ser la causa del crimen, es su consecuencia, pues la cofradía sella su pacto de silencio y lealtad con el cuerpo profanado en complicidad” la razón seria acreditar a los cofrades para el ingreso y permanencia en el orden de los pares. Es decir, formas específicas de legitimación, basadas no en su condición de persona sino de cuerpo de mujer. Esta legitimación nos muestra la violencia estructural que ejerce el Estado, el que además está transversalizado por el contexto simbólico que se tiene sobre la feminidad, la falta de objetividad en las investigaciones, la ineficiencia e impunidad, falta de sensibilidad y sobretodo carentes de conocimientos sobre la violencia de género.

A medida que las sociedades avanzan, con ello el crecimiento de un sistema patriarcal que toma más valor con nuevas formas de vulnerabilidad del cuerpo de la mujer, con más escenas de películas de terror, casos como el de Nabila Rifo, una joven a la cual su pareja le saco los ojos, los femicidios que ocurren anualmente, los frustrados y las miles de mujeres violadas y victimizadas que acuden a los centros de la Mujer. Entonces, si unimos el discurso tradicional de la biblia y la iglesia, con el discurso científico, observamos que desde todas las perspectivas ideológicas ha estado y está justificada la violencia. Lo que se tiene claro es que sólo un sujeto a quien se reconoce plena autonomía puede ser golpeado y violado “contra su voluntad”, contra su consentimiento, asumiendo entonces que la mujer se encuentra ubicada en una situación de total indefensión y desprotección del Estado.

La realidad nos lleva al análisis y nos presenta el escenario de la indefensión y vulnerabilidad en la que vivimos las mujeres, la principal dificultad es que la violencia de género esta “invisibilizada”, otro aspecto importante es la impunidad con la que el Estado entiende el delito, la falta. Existe la marginalización, la falta de parcialidad, la justificación hacia estas prácticas violencias contra la mujer y el retardo procesal que está tipificado como otra forma de violencia. Otro factor en contra es la resistencia al cambio que presenta una sociedad – Estado con miedo a perder su inequívoco poder.

Lo cierto es que es el momento de la revisión de nuestras representaciones sociosimbólicas, buscar y descubrir nuevas formas de nombrar y clasificar el mundo, de des-conocer, de des-aprender para poder resignificar desde nuestra lucha interna el lugar que ocupamos en el mundo, crear leyes específicas que resguarden una vida sin tortura para todas las mujeres. Lo que tenemos es que colocar en un signo de interrogación a todas las exclamaciones que hemos aprendido desde pequeñas. ¡Los hombres son más fuertes! ¿Por qué los hombres son más fuertes? ¡Las mujeres somos débiles! ¿En serio somos débiles?

Para construir el futuro de la mujer, se requiere que el principio de la feminidad, que por tanto tiempo ha sido negado, degradado y subordinado en ambos, tanto en nuestros sistemas de creencias como en nuestras vidas, sea RE- ESTABLECIDO en su lugar correcto. La lucha no es a la libertad de hacer lo que queramos, la lucha es contra todo tipo de REPRESIÓN en la que vivimos las mujeres.

Columnas de Opinión Estudiantes del Diplomado Género y Violencia – Reflexiones en torno a la legislación sobre violencia de género

El Diplomado de Extensión Género y Violencia es un programa que comenzó a impartirse como Curso de Especialización el año 2010, debido al creciente interés por abordar ambas temáticas desde una perspectiva crítica e interdisciplinaria. El 2013, este curso se consagró en un Diplomado de Extensión, teniendo sólo 12 estudiantes. Este año (2016), 28 estudiantes de diferentes áreas profesionales cursan el diplomado, demostrando que la violencia analizada desde la perspectiva de género es una temática crucial para la transformación de la sociedad hacia relaciones éticas, igualitarias e inclusivas de género.

Como parte de sus actividades de evaluación, los y las estudiantes realizan trabajos escritos de análisis y reflexión crítica sobre los temas trabajados en clases. Esta semana publicaremos algunas de sus columnas de opinión, en donde reflexionaron en un tema de elección personal. 


Todos somos Nabila Riffo! Violencia contra la mujer y los alcances de la legislación.

Por Mariela Cespedes

Hemos sido testigos en estos días de uno de los casos visibles de la violencia contra la mujer, el caso de Nabila Riffo, quien fue víctima de un ataque brutal, donde le fueron arrancados ambos ojos y donde el principal sospechoso es su ex pareja, quien había sido denunciado con anterioridad por Nabila durante el año 2015. En aquella oportunidad, el sospechoso, se había presentado en su casa amenazándola con un hacha.

Así, trabajando sobre esta temática como Psicóloga en uno de los centros de la mujer de SERNAM, me he enterado la existencia de varios casos de femicidio frustrado, con consecuencias de daño tan graves como el de Nabila, sin embargo, no han tenido el apoyo necesario de las instituciones encargadas y sus agresores aprovechan día a día dichas falencias para seguir violentándolas, poniendo en riesgo sus vidas.

Es entonces cuando uno piensa hasta cuando. Las leyes se modifican cada cierto tiempo, sin embargo, quedamos con la sensación de que no avanzamos mucho. ¿Por qué, entonces se mantiene la violencia contra la mujer?.

Todo se lo responsabilizamos al modelo del patriarcado y su impulso de odio hacia la mujer. Dicho odio se explica a través de la teoría del feminicidio y como señala Rita Segato en Qué es un feminicidio. Notas para un debate emergente (2006), se generaría con “la infracción femenina a las dos leyes del patriarcado: a la norma del control o posesión sobre el cuerpo femenino y a la norma de la superioridad masculina”.

Por lo tanto, la respuesta de odio se activa en el momento que la mujer decide ejercer autonomía en el uso de su cuerpo, decide no seguir las reglas de fidelidad o de celibato y por ende ataca la honra masculina. Lo anterior se ve replicado cuando la mujer accede a posiciones de autoridad, obtiene poder económico o poder político (posiciones tradicionalmente ocupadas por hombres).

Nos encontramos, entonces con que la función primordial del modelo del patriarcado es mantener, retener y reproducir el poder de la masculinidad hegemónica. Por lo tanto, la relación de esta hermandad masculina depende de este modelo para mantener la simetría de relación entre sus pares en el eje horizontal y como pre requisito se debe mantener la asimetría en el eje vertical con la posición subordinada (mujer). Se expresa entonces dicha subordinación de la mujer a los miembros instalados en el eje horizontal, en manifestaciones simbólicas, como la obediencia afectiva, sexual, intelectual, productiva y reproductiva.

Además, desde esta posición, aparece la sanción moral sobre el cuerpo de la mujer y toda una fuerza colectiva con prácticas de larga data histórica, con normas que legitiman su función sobre el cuerpo femenino. Por lo tanto, nos encontramos con que las masculinidades se construyen colectivamente y dicha hegemonía es más probable que se mantenga si está apoyada por el poder institucional.

En contraste, también existen hombres que tratan de distanciarse de este referente, pero no les resulta fácil, por la carga que representa y porque también les permite hacer uso del poder, logrando mejores posiciones en relación a las mujeres y a otros hombres inferiores en la jerarquía de posiciones.

¿Entonces cuales son las limitaciones de la institucionalidad para sancionar la violencia contra las mujeres?

Primero, su base en las definiciones de violencia que contiene la ley y la no existencia de una ley específica de violencia contra la mujer. Luego, la insuficiencia de los recursos asignados y en la débil capacitación de las personas que operan el sistema.

Por ejemplo, nos encontramos con estudios de SERNAM donde se ve reflejado que en Carabineros de Chile (institución que capta la casi la totalidad de las denuncias), todavía existe “debilidad en la capacitación para redactar un parte o denuncia con detalle, bien informada y que incluya la recomendación de cautelares”, además, “debilidad en la función de acogida… que no ponga en duda los relatos de las mujeres, ni las culpen e informarlas correctamente de los pasos a seguir (capacidad potencial para transmitir seguridad a las mujeres)” (Sernam, 2009:252).

Por otro lado, aún contando con la legislación para controlar y sancionar hechos de violencia, como violencia intrafamiliar, abusos sexuales y acoso sexual, pareciera no tener mayor impacto en estos hombres que cometen agresiones. Esto se explicaría, porque la gravedad de su agresión se vería neutralizada por las convicciones culturales, es decir, la ley se ve abortada por la cultura patriarcal, pues su fuerza impide la internalización de la norma. Entonces, el agresor actúa bajo dicha ley patriarcal, por lo que tiene interiorizado que tiene el derecho de castigar a quienes están bajo su subordinación (mujer, hijos).

Es aquí cuando aparecen las creencias de los hombres sobre tener el derecho exclusivo de sus parejas y las matan para vengarse de una supuesta falta de consideración hacia ellos, para reafirmar su masculinidad sometiendo a la mujer a la ley patriarcal, donde “los hombres son los importantes y las mujeres giran en torno a ellos”.

Así es como la violencia contra la mujer se nutre de una cultura de devaluación y control jerárquica de alto contenido simbólico que influye instancias policiales y jurídicas. Los factores culturales indirectamente legitimarían este tipo de violencia, junto con la legislación ineficiente,la demora en la reacción de la policía, la justicia y a la baja prioridad que le dan a este tipo de crímenes.

Es necesario trabajar rigurosamente en la sensibilización y capacitación en derechos humanos de las mujeres con los profesionales de dichas áreas, ya que muchos desconocen las convenciones internacionales y se resisten a aplicar los principios en los cuales estos se basan.

Por último, todos sabemos que el cambio cultural depende de nosotros, nos corresponde como sociedad y como profesionales sociales, terminar con prácticas que se enfoquen en estereotipos sexistas, desde los primeros años de desarrollo de nuestros hijos.

Recuerden que todos somos Nabila, por lo que no quedemos ajenos a este grito: “puede ser tu hija, puede ser tu hermana, puede ser tu misma a la que asesinan, violan o maltratan!!!”


Tratamiento y respuesta del sistema judicial ante la violencia contra la mujer.

Por Victoria Coñuecar

En esta instancia, voy a abordar un tema que traté anteriormente en mi tesis de pregrado (que me interesa muchísimo), sobre la respuesta judicial ante la violencia contra la mujer en nuestro país.

Como vimos en clases del Diplomado de Género y Violencia con la profesora Nicole Lacrampette, en Chile el estatuto de protección a las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar (en adelante VIF) se encuentra establecido en la Ley N° 20.066, el cual “regula una institucionalidad judicial dual para el conocimiento de este fenómeno” (RIVEROS, Francisca. 2010. Acceso a la justicia y violencia contra la mujer. En: CENTRO DE DERECHOS HUMANOS UDP. Informe Anual sobre Derechos Humanos en Chile 2010. 183-212. 188p.). Así, cuando los actos de VIF no sean constitutivos de delito serán de conocimiento de los tribunales de familia, en caso contrario serán de competencia de los tribunales penales.

Una vez que los casos de VIF ingresan a nuestro sistema judicial, la forma más común de término de estas causas corresponde a salidas alternativas a la dictación de una sentencia. En sede penal la forma más común de dar término a estas causas, ha sido la suspensión condicional del procedimiento (SCP) aplicada en un 18,92% de los casos (MINISTERIO PÚBLICO. Cuenta Pública 2015. [En línea] www.fiscaliadechile.cl/ … stadisticas/index.do (Consultado: 16 de junio de 2016)). Por su parte, en Tribunales de Familia, debido a que en los registros estadísticos de la Corporación Administrativa del Poder Judicial (CAPJ) no se contempla como categoría independiente los términos por suspensión condicional de la dictación de la sentencia , no es posible determinar con exactitud el porcentaje de causas que terminan mediante sentencia definitiva de las que no. A pesar de la falta de registros exactos, el estudio elaborado por el Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM), “Violencia de Género y la Administración de Justicia” del año 2009, se aventura a concluir que la principal forma de término de las causas de VIF en tribunales de familia corresponde a la suspensión condicional de la dictación de la sentencia (CASAS BECERRA, Lidia; RIVEROS W., FRANCISCA; VARGAS P., MACARENA. 2009. Violencia de género y la administración de justicia. Chile, Servicio Nacional de la Mujer. 157p.). En vista de los datos expuestos se puede apreciar que un número mínimo de casos se llega a audiencia de juicio en materia de VIF, por lo cual es manifiesto que la imposición de la sanción no es la principal respuesta judicial en Chile ante estos casos.

Pareciera ser que la respuesta actual de los tribunales de justicia ante la VIF se presenta en los procedimientos previos a la audiencia de juicio. Vale destacar que las condiciones más usadas son las medidas accesorias contempladas en los artículos 9 letras a) y b) de la Ley 20.066 (prohibición de acercamiento y salida del hogar común), y en menor medida la letra d) de la misma ley (realización terapia/tratamiento). Estas medidas son además las más utilizadas como medidas cautelares en sede de familia. Así, la respuesta judicial en ambas sedes es la misma y se centra en la protección de la víctima y su familia, mediante el otorgamiento de medidas cautelares.

En este punto cabe preguntarnos, ¿por qué la respuesta judicial radica en el otorgamiento de medidas cautelares y no en el castigo del ofensor?. En primer lugar, hay que tener en consideración que, generalmente, las mujeres víctimas de VIF recurren a la justicia solicitando que la violencia se detenga, de tal manera que la imposición de una pena no es una prioridad para ellas, (en este sentido, he tenido patrocinadas que no quieren ir a una audiencia, ni menos que se condene al ofensor, lo que en realidad quieren son las medidas cautelares.) Un factor que propicia esto es la dependencia económica. Si las víctimas dependen económicamente del ofensor, no pretenden que sea condenado por el temor de que éste pierda su trabajo o no se pueda optar a uno nuevo, debido a que la condena debe ser anotada en el extracto de filiación y antecedentes.

Con todo, personalmente considero que la SCP no es una medida ineficaz de protección a las víctimas de VIF, puesto que en la mayoría de los casos las personas que experimentan violencia acuden al sistema judicial pidiendo preferentemente que ésta cese, por lo que en cierta medida la imposición de condiciones al ofensor, como por ejemplo la salida del hogar común, detienen el maltrato en el acto. No obstante, el gran problema aquí radica en que no hay manera de asegurar que los actos de violencia no se volverán a repetir, debido a que no existe capacidad institucional de seguimiento para las víctimas (CASAS BECERRA, Lidia; RIVEROS W., FRANCISCA; VARGAS P., MACARENA. 2009. Violencia de género y la administración de justicia. Chile, Servicio Nacional de la Mujer. 159p.).

Para graficar lo que ocurre comúnmente, comento lo que una fiscal de mi práctica profesional me relató en una entrevista realizada para mi tesis. En dicha oportunidad me señaló la fiscal que, en el caso de que la condición impuesta sea la realización de un tratamiento o terapia, estos programas quedan entregados a las redes institucionales de salud, principalmente a los COSAM de la comuna del imputado, y en la mayoría de los casos los imputados no realizan los tratamientos o las terapias, el tiempo transcurre, lo que se traduce en el sobreseimiento definitivo de la causa. Posteriormente el imputado vuelve a incurrir en el mismo tipo de ilícitos en contexto de VIF.

Situaciones de este tipo se propician cuando el sistema judicial se enfoca en imponer sanciones o salidas alternativas con el único objetivo de terminar el mayor número de causas posibles y no tiene por objeto asegurar que la víctima no vuelva a ser blanco de violencia, pasándose por alto uno de los objetivos de la Ley 20.066 que dice relación con la erradicación de la VIF. La deficiencia de este modelo queda a la vista cuando no existen formas de conocer si el imputado ha cumplido o no con la condición o medida cautelar impuesta. En este caso no sólo se desatiende a la víctima, sino que también no se logra producir un cambio en el imputado al forzarlo a hacerse responsable para con la sociedad por los actos que comete en contra de su pareja.

Considero que para disminuir el número de incumplimientos en estas causas, debería implementarse un sistema de monitoreo que obligue al victimario a comparecer ante el juez de vez en cuando, con la finalidad de informar al tribunal sobre sus avances o incumplimientos. En Chile, actualmente se está efectuando un tipo de seguimiento en esta materia, específicamente en el 1° Juzgado de Garantía de Santiago, en el cual hay audiencias de control de las medidas cautelares decretadas en las causas de VIF. El monitoreo consiste en que si se decretaron medidas cautelares un día lunes, por ejemplo, se debe fijar audiencia para el lunes próximo, a fin de escuchar a las partes, cuya comparecencia es voluntaria.

Otro punto a favor del monitoreo judicial, es aprovechar la autoridad del juez, pues esto es una medida efectiva al momento de lograr que el ofensor se haga responsable de su comportamiento y, a su vez, se entrega un fuerte mensaje a la sociedad de que este tipo de delitos no quedan impunes e importan. Pero lo más significativo, es que puede permitir que la víctima se sienta segura y obtenga lo que buscaba desde un principio, protección para ella y su familia y, en definitiva, que la violencia se detenga de una vez por todas.

(*Si les interesó este tema, les dejo mi tesis de pregrado para que la revisen aquí)


¿La infidelidad atenúa la responsabilidad penal?

Por Ivonne Sepúlveda

Así como una justicia lenta no es justa, una justicia sin sentido común, deja de tener sentido. De este modo, cuando nos encontramos con situaciones donde no se entiende el obrar de la justicia, reina la desconfianza y el descrédito que sufren las instituciones encargadas de impartirla. Así se sienten las organizaciones no gubernamentales de mujeres, instituciones públicas, políticos, y la ciudadanía en general con los recientes fallos del Tribunal Oral en lo Penal de Ovalle y el recaído sobre el recurso de nulidad de la I. Corte de Apelaciones de La Serena, donde se ha cuestionado severamente si la infidelidad es una circunstancia que permita atenuar la responsabilidad penal de un hombre que intentó matar a su cónyuge.

La sentencia del Tribunal Oral en Lo Penal de Ovalle reza en su considerando décimo cuarto ”Que tal como se dictaminó en la deliberación, se estimó concurrente en favor del sentenciado la atenuante de responsabilidad penal establecida en el artículo 11 N° 5 del Código Penal, esto es, la de haber obrado por estímulos tan poderosos que naturalmente le hayan causado arrebato u obcecación, toda vez que de la prueba testimonial aportada se desprende que en el momento previo a la agresión se había develado la infidelidad de su cónyuge, con quien estaba casado hacía 15 años y mantenía dos hijos en común. Evidencia su obrar irracional, el que se desata con intensidad su agresión, al constatar la presencia de Carabineros, sin hacer amago alguno de disimular su actuar ante la concurrencia de la policía en su casa. Y hace más patente que su actuar fue empañado por ese estado emocional el que aún ante la presencia de un carabinero observando la agresión, quien le ordena de manera enérgica y en reiteradas ocasiones que detuviera su actuar, éste no cesó en su proceder, abandonando su accionar únicamente al escuchar el disparo que carabineros debió ejecutar a pocos metros del sujeto, actitud que hace evidente que este fuerte ruido, a pocos metros suyo, le hizo reaccionar sobre lo que estaba ejecutando.”

De acuerdo con esta sentencia, se condena al acusado por femicidio frustrado, pero le aplica la atenuante denominada “de estado pasional” al haber actuado motivado por una reciente develación de una infidelidad, y por ello le rebaja la pena. Es decir, la sentencia da por hecho que quien se entera de que le han sido infiel, es una circunstancia suficiente para configurar un estado pasional de intensidad que limita su capacidad de culpabilidad, y en consecuencia, es menos reprochable. Y así, gracias a la misericordia de los sentenciadores, el fallo da a entender que en el fondo, la violencia ejercida sobre esa mujer tiene que ver con el amor y la pasión.

Pero, la infidelidad de una pareja o los celos que se sientan por ella, tienen que ver con el amor? Hasta cuándo vamos a seguir rotulando este tipo de situaciones como “crímenes pasionales”? Por qué cuando un hombre mata por celos o porque le han sido infiel está en una situación emocional de tal envergadura que el derecho debiera reconocer para atenuar su responsabilidad penal? Y qué ocurre – o más bien qué ocurriría- si una mujer alegase aquello, tendría la misma respuesta estatal?

Sin duda que una sociedad que vive en un Estado de Derecho que se precia de moderno y garante de los derechos humanos, no puede quedar silente ante sentencias como ésta. Por ello me complace leer en la prensa titulares como “Horroroso fallo del Tribunal Oral en lo Penal…” Indignación causa fallo que acogió la infidelidad como atenuante…”, “Rechazan fallo” o “Critican sentencia…”, pues con esto queda de manifiesto que nuestra sociedad no tolera este tipo de situaciones, y por ello da cuenta que tiene un nivel de madurez tal vez mayor que el que tienen tres jueces de la República. Es vital decir no más. No más al femicidio, no más a las excusas por cometerlo, no más a las condenas que lo justifican. Cuando somos capaces de decir que no es obrar por estímulos tan poderosos que naturalmente le hayan causado arrebato u obcecación, el haber intentado matar a su mujer porque supuestamente se había enterado recientemente de que ella le era infiel, somos una colectividad que está en sintonía con los derechos de los humanos y de las humanas, y que está dando señales claras de que el modelo patriarcal, que justifica con este tipo de excusas inaceptables las violaciones flagrantes al derecho a vivir una vida libre de violencia, está a lo menos, en cuestionamiento. Y eso es un gran paso. Hace no más de tres años atrás, hechos como los que conoció y juzgó el Tribunal Oral de Ovalle, eran tratados de la misma manera por otros Tribunales del país, concediendo atenuantes por celos o infidelidades, pero la diferencia está en que hoy la gente opina, critica, juzga a los juzgadores y no queda en algún considerando de una sentencia sin que nadie sepa de ella.

De algo ha servido la lucha que se ha dado por entender que el crimen pasional no tiene que ver con el amor, sino con la posesión, y que es el hombre el que domina y posee y se cree con la potestad de matar. La frase “la maté porque era mía”, ha sentenciado y sigue sentenciando a miles de mujeres a la muerte, y ese es el paradigma que hay que combatir. Así, aparecen canciones populares como Hey, Hey, Hey de Los Tres que dice: “Tráeme la escopeta porque le voy a disparar ,Al amor de mi vida que me acaba de traicionar. Se arrancó con un hombre que ahora es un nuevo, galán Me dejó como un perro y ahora tendrá que pagar. El cielo está nublado y enojado como yo. Hey hey hey Eso es lo que pasa por creer y por amar. Hey hey hey Tengo mil balas y las voy a disparar. La tierra está mojada con lagrimas que corren por mi ser. El pavimento rojo con la sangre que voy a hacer correr. Le dije mil veces que no me abandonara Y ahora su destino lo decido yo El cielo está enojado y nublado como yo Hey hey hey Eso es lo que pasa por creer y por amar Hey hey hey La fe me dio la espalda y el amor no existe más. Aléjate de mi Aléjate de mi Despídete de mi, Olvídate de mi Hey hey hey”, canciones que hablan de esta dominación, de este derecho que se arroga el hombre de decidir los destinos de su mujer, y el costo que ha de pagar si a este hombre quiere abandonar.

Por ello es que estos fallos hay que criticarlos, no sólo porque son contrarios al sentido del mensaje que tendríamos que enviar para evitar la violencia de género, sino porque además, podría ser un nefasto referente para los crímenes que vendrán. No podemos permitir que otra muerte de una mujer sea el resultado de un “estado pasional”, ya que el hombre que mata no es un enfermo, no es un desquiciado, no es un irracional, no es un arrebatado, no es un obcecado. No. El hombre que mata es un dominador, un poseedor, un delincuente.


Violencia de género: ausencia de legislación adecuada en Chile.

Por Camila Troncoso

La violencia de género –y en particular la violencia contra la mujer- tiene implicancias en todos los ámbitos de la vida, sea en la escuela, en la calle, en la universidad, en la salud, en las relaciones, en el trabajo y la política, entre otros. La legislación actual en nuestro país es sumamente deficiente a la hora de identificar dicha violencia, sancionarla y repararla. Si bien partimos de la base de que estamos en un sistema patriarcal, y el Derecho es una institución que forma parte de este contribuyendo a su reproducción, eso no quiere decir que no podamos tomar a la legislación como instrumento transformador. Para llegar a ello, a que sea una herramienta, primero es necesario analizar lo que tenemos hoy, por lo que me enfocaré en señalar las deficiencias de la legislación y cómo dichas deficiencias no son superadas por el poder judicial ni por las políticas públicas, siendo que podrían estos últimos ser un aporte.

En primer lugar, la ley 20.066 no es una ley contra la violencia de género, sino contra la violencia intrafamiliar. Si bien es el único medio por el cual se puede sancionar la violencia contra la mujer en el ámbito doméstico, esta apunta al “familismo” como señala Facio, esto es entender que mujer es igual a familia, y por tanto los intereses de la mujer son los mismos que los de la familia. Dicho aspecto del patriarcado está presente no sólo en dicha ley sino en el Código Civil, en la mente de los jueces y también en las políticas públicas, al identificar a la mujer como familia, en su rol de madre y de “cuidadora”. Para reforzar el “familismo”, cabe recordar a Montecinos, ¿por qué no existe una discusión del postnatal para hombres? Si bien actualmente se puede compartir un cierto período, esto no implica que la función de cuidar a los menores haya pasado a ser compartida ¿O por qué no se ve el cuidado de los/as hijos/as como un tema de responsabilidad de la sociedad y no sólo de la mujer?

En segundo lugar, la ley 20.066 sólo incluye relaciones entre cónyuges, ex cónyuges, convivientes, ex convivientes o si son padres de hijos/as en común. En este sentido, no considera como sancionable la violencia contra la mujer por parte de su pareja con la que no convive, o de otros, con lo cual da señales de que esa violencia es tolerada. Si bien en muchos aspectos se puede establecer que dicha violencia no es aceptada por la sociedad (he ahí el rol de las políticas públicas y de la sociedad civil que aboga por campañas de concientización), el hecho de que no esté sancionado por la ley implica una falta de reconocimiento de dicho problema como tal. Si entendemos de forma correcta la violencia de género, y sus distintos aspectos, ¿la violencia ejercida por desconocidos deja de ser violencia de género?

En tercer lugar, la actual ley se concentra en el espacio doméstico, en lo que ocurre al interior de las familias y las parejas. ¿Qué ocurre con los otros tipos de violencia? No los incluye, deja fuera la violencia institucional, el acoso sexual callejero, etc. Y en este sentido entonces, no hay una comprensión de que la violencia ejercida por personas desconocidas también es violencia de género, no existiendo ese reconocimiento porque no existe una ley de violencia de género sino sólo una ley contra la violencia intrafamiliar.

Debido a lo anterior, tenemos una serie de leyes distintas que sancionan la violencia de género en distintos ámbitos, una acumulación de leyes particulares que no reconocen el fondo común del problema de violencia, como un tema de género. Esto, evita que creemos políticas públicas que busquen apuntar al problema de fondo: un sistema patriarcal que se sustenta en el ejercicio de la violencia. El sistema, para evitar su destrucción parcela los distintos aspectos para que no seamos capaces de ver el tronco común, para que no ataquemos al fondo que es el patriarcado y las relaciones de poder que implican la subordinación general de las mujeres y no sólo de las mujeres, sino de todas las personas que escapan también al binomio masculino/femenino y que no siguen el rol asociado a ellos desde las posturas hegemónicas.

¿Cómo superamos esto hoy? Quiero hacer una salvedad en este punto: escribo desde el derecho porque es el ámbito en el que me desenvuelvo, sin perjuicio de entender que este problema no se soluciona sólo a través de él. Por otro lado, quiero reconocer también el potencial transformador del Derecho como mencioné en un principio, y siguiendo a Alda Facio que señala: “Primero, no es cierto que el sexismo sea solamente una “actitud” cultural, porque como he venido diciendo es también un sistema con estructuras de poder bien concretas y establecidas. Y segundo, es erróneo porque está históricamente comprobado que la ley sí puede y de hecho lo ha logrado, cambiar costumbres, mores, folkways o valores.” . La ley tiene un valor en sí, un poder simbólico y el poder de obligar a realizar ciertas conductas que pueden servir para combatir el machismo y el patriarcado.

En este sentido, si bien nuestra legislación nacional es bastante deficiente como señalé, nuestro país es parte de dos convenciones internacionales en materia de derechos humanos: la CEDAW (Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer) y Belém do Pará (Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer), las cuales han establecido estándares en materia de discriminación y de violencia, estándares que han sido ampliados y reforzados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en sucesivos fallos sobre violencia contra la mujer (Caso González y otras “Campo Algodonero” Vs. México; Caso Espinoza Gonzáles Vs. Perú, Caso Veliz Franco y otros Vs. Guatemala, entre otros), los que deberían ser utilizados por el poder judicial en sus fallos. Dichos estándares están incorporados al derecho nacional y por tanto, su aplicación es obligatoria. Se establece entre otros la obligación del poder judicial de no actuar en base a estereotipos de género, o la necesidad de medidas de protección efectivas, la eliminación de obstáculos judiciales y legales en el acceso a la justicia, etc.

Dichos estándares no son utilizados por las personas encargadas de administrar la justicia en nuestro país. He ahí donde el componente estructural cruza los derechos que están garantizados, impidiendo su real ejercicio. Sin olvidar, el componente político-cultural, o como señala Segato, donde las estructuras cruzan el contrato. En este sentido, cabe recalcar lo señalado por Facio, en tanto todos los componentes: formal (la ley), estructural (el cómo es interpretada dicha ley por el poder judicial) y el político cultural (tradiciones, sentido común), se entrecruzan en un entramado de relaciones.

Ahora bien, si actualmente hoy el panorama es negro: la tasa de femicidios es altísima –donde vemos claras señales de tortura además-, la tasa de violencia contra la mujer en el ámbito doméstico no disminuye, etc. Sí se ha ido conquistando poco a poco el sentido común, si bien queda mucho camino por recorrer, hoy el hablar de patriarcado, el que estemos hablando de patriarcado, el que existan colectivos preocupados del tema, es un paso. Poco a poco se va conquistando el sentido común, en tanto se va construyendo en el imaginario el hecho de que la violencia contra la mujer no es ni debe ser permitida bajo ninguna circunstancia.

En conclusión, junto a la conquista paso a paso del componente político cultural, es necesario por tanto una nueva ley que sancione efectivamente la violencia contra la mujer en todos los ámbitos y que amplíe los supuestos de personas involucradas, solucionando las deficiencias que mencioné. Por otro lado, es central que se ponga énfasis en la protección y reparación de las víctimas, y que se cuestione a qué sede corresponde (familia, penal o quizás una distinta, pues vemos que la violencia contra la mujer tiene otras lógicas que al mezclarse con el afán punitivo o con la conciliación en familia, no se aprecia el problema en su complejidad), y finalmente, que el enfoque preventivo sea el pilar central, eliminando la violencia desde su origen.


Femicidio en Chile, una reflexión.

Por Katherine Villegas

Quiero compartir con ustedes algunas reflexiones en torno al Femicidio en Chile y la comprensión de este fenómeno, lo que está en la base de él y las reflexiones en torno a un posible cambio social.

Hay un creciente consenso internacional en torno a denominar la violencia contra las mujeres, como “Violencia de Género”, independientemente de donde ocurra (espacios públicos o domésticos), de su contexto (intrafamiliar, institucional, etc), ya que en gran medida se sustenta y reproduce por la situación de subordinación de las mujeres en relación con los hombres en la sociedad. En el informe del PNUD de 1997 esto queda patente al manifestar que “ninguna sociedad trata a sus mujeres tan bien como a sus hombres”. Se trata de prácticas naturalizadas, que se han vuelto parte de nuestras manifestaciones más habituales, donde tanto hombres como mujeres funcionamos en un orden social que está determinado por un orden dado, que viene desde la cultura, las tradiciones, desde la habitualidad, la normalidad.

En las palabras de Pierre Bourdieu, quien nos acerca a una comprensión de esta normalidad, “Si esta división parece “natural”, como se dice a veces para hablar de lo que es normal, al punto de volverse inevitable, se debe a que se presenta, en el estado objetivado, en el mundo social y también en el estado incorporado, en los habitus, como un sistema de categorías de percepción, pensamiento y acción. Se trata de la concordancia entre las estructuras objetivas y las estructuras cognitivas que posibilita esa relación con el mundo que Husserl describía con el nombre de “actitud natural” … esta experiencia es la forma más absoluta de reconocimiento de la legitimidad; aprehende al mundo social y a sus divisiones arbitrarias como naturales, evidentes, ineluctables, comenzando por la división socialmente construida entre los sexos.”(1)

Entonces, ¿cómo logramos cambiar estos elementos constitutivos de nuestras realidades sociales? ¿Cómo podríamos acceder a cambiar esta relación naturalizada?

Probablemente algunos pensaríamos, de acuerdo a los intentos que hemos tenido hasta ahora, que una respuesta a esta pregunta es el planteamiento de una nueva legislación. Para desarrollar esta idea, analicemos el ejemplo de lo que pasó con la modificación al código penal del año 2010.

Para la legislación chilena, el femicidio se define como “homicidio cometido contra la mujer que es o ha sido cónyuge o conviviente del autor del crimen”(2), por lo tanto, la legislación chilena excluye las relaciones informales, noviazgos, las muertes de mujeres que trabajan en el comercio sexual, entre otras muertes, que sí podrían ser englobadas como violencia de género.

Esta definición se incorpora al Código Penal el año 2010, es una modificación a la Ley de Violencia Intrafamiliar, la que fue promulgada en el año 2005. (2)

Podemos ver en este ejemplo, como las legislaciones influyen en la construcción de realidades, la incorporación del concepto de femicidio permite que las personas visibilicen este fenómeno como algo distinto y grave, como un elemento nuevo, dice Segato, “Sin simbolización no hay reflexión, sin reflexión no hay tentativas de autocorrección y redireccionamiento intencional de los modelos de interacción social” (3), esto lo podemos ver en que en el número oficial de femicidios, luego de la incorporación del concepto de femicidio en la ley, presenta una baja en el número absoluto de femicidios cometidos. El año 2009 se registran 55 casos, el 2010 49, bajando el 2011 a 40 casos y el 2012 a 34 casos. (4)

Así, nos dice Segato también, “a pesar de que el derecho puede no ser capaz de tocar la esfera de lo moral, ni por sí solo, transformar el orden vigente, puede, de todas formas, interpelar y convocar a una deliberación ética, dando origen a nuevas sensibilidades”.(3)

De todas maneras, para poder evaluar las cifras en el contexto de la población chilena y hacerlo comparable con las cifras latinoamericanas posteriormente, los números absolutos no son suficientes, es necesario elaborar una medida objetiva y proporcional, para lo cual elaboré la Tasa de Femicidios ocurridos en Chile por cada 100.000 mujeres, que es la medida que se usa en el resto de Latinoamérica. Para lograr construir este indicador, se tomaron los datos oficiales del SERNAM y datos estadísticos de población de la CEPAL. Esta evaluación de la tasa, nos permite ver que Chile tiene una tasa de 0,6 hasta el año 2010, que el 2011 baja a 0,5 y el 2012 baja a 0,4, hasta el año 2015 en que vuelve a subir a 0,5 femicidios por cada 100.000 mujeres. Por lo tanto, efectivamente la tasa disminuye el 2011, luego de la incorporación del concepto de femicidio a la legislación, teniendo un aumento nuevamente el 2015. Lo que nos dicen estas cifras es que, un cambio en las legislaciones, tiene un efecto inicial en las cifras, pero no podríamos asegurar que este cambio sea estable o permanente, el cambio social no es completo.

Tener una cifra de tasa nos permite hacer una comparación a nivel latinoamericano, si bien las cifras podrían ser poco comparables por las distintas definiciones, (algunos países no tiene creada una legislación especial para este tipo de crímenes), o por una observación irregular de este tipo de delitos, o por fallas en la información que maneja cada país. De todos modos, haremos la comparación de las tasas basándonos en la información recopilada por la CEPAL, lo que se muestra en el siguiente gráfico.

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Aquí nos volvemos a plantear la pregunta, ¿cómo hacemos el cambio de los elementos constitutivos que se encuentran en la base de las creencias de disparidad de género en nuestra sociedad?, ¿cómo logramos cambiar los elementos constitutivos de la diferencia y por tanto, de la violencia?

Al ver este gráfico que compara las tasas a nivel latinoamericano, podemos ver que Chile tiene una de las tasas de femicidio más bajas entre los países latinoamericanos, esto me hace pensar que en esta cifra podemos tener una oportunidad. Si tenemos una tasa baja, en Chile deberíamos trabajar en campañas de prevención potentes, para no llegar a tener cifras mayores. Probablemente para trabajar en estos aspectos preventivos necesitamos llevar esto a grupos sociales amplios, campañas comunicacionales, educación temprana contra la violencia o políticas de buen trato a nivel escolar, etc.

El trabajo con grupos sociales amplios podría ser la respuesta ante poder hacer un cambio en los significados sociales que vienen marcados en nuestras creencias culturales, en el estatus que nos menciona Rita Segato, o como se plantea en el texto de Pierre Bourdieau, La Dominación Masculina, sin duda un cambio que va a ser muy lento y del cual posiblemente no alcancemos a ver los resultados, pero que debe comenzar de una vez por todas, a partir de un cambio reflexivo, amplio y dirigido a las bases de nuestra sociedad.

1. Bourdieu, P. La Dominación Masculina
2. Garita, A. Campaña ONU Únete, La regulación del delito de Femicidio/Feminicidio en América Latina y El Caribe,
3. Segato, R. Las estructuras elementales de la violencia, capitulo 9, los principios de la violencia.
4. SERNAM.