Columnas de Opinión Estudiantes del Diplomado Género y Violencia – Política, Género y Políticas Públicas frente al Acoso Sexual

El Diplomado de Extensión Género y Violencia es un programa que comenzó a impartirse como Curso de Especialización el año 2010, debido al creciente interés por abordar ambas temáticas desde una perspectiva crítica e interdisciplinaria. El 2013, este curso se consagró en un Diplomado de Extensión, teniendo sólo 12 estudiantes. Este año (2016), 28 estudiantes de diferentes áreas profesionales cursan el diplomado, demostrando que la violencia analizada desde la perspectiva de género es una temática crucial para la transformación de la sociedad hacia relaciones éticas, igualitarias e inclusivas de género.

Como parte de sus actividades de evaluación, los y las estudiantes realizan trabajos escritos de análisis y reflexión crítica sobre los temas trabajados en clases. Esta semana publicaremos algunas de sus columnas de opinión, en donde reflexionaron en un tema de elección personal. 


Dirigente y Género.

Por Carola González

Como dice el informe monográfico Violencia de Genero en Chile, nuestro País ha firmado diversos tratados internacionales en los cuales se compromete a erradicar la violencia contra las mujeres y niñas en nuestro país, además de contar con un marco jurídico legal sobre prevención y sanción de la violencia doméstica, estos instrumentos han sido insuficientes para disminuir la violencia de género.

Comparto la visión del mismo informe en la que se señala que la política pública implementada por el Estado se concentra en la violencia intrafamiliar y no de manera más amplia hacia la violencia contra las mujeres, como lo han realizado otros países que han tenido notables avances en la materia, por otro lado también debemos considerar que en Chile hemos avanzado en términos de legislación y de crear castigos punitivos para quienes ejercen violencia de género, pero no hemos avanzado respecto de políticas públicas que permitan cambio de comportamiento en nuestra sociedad, donde disminuya el machismo, la naturalización de la violencia y un cambio de paradigma respecto de los patrones sociales de conducta adecuados para hombres y mujeres.

Creo que junto a lo anterior, el estado y las políticas públicas desarrolladas por éste no dan importancia a las organizaciones sociales y territoriales que se constituyen para trabajar en disminuir la violencia de género, para trabajar en la prevención y educación de las nuevas generaciones en cambiar la estructura patriarcal, disminuir el machismo y las acciones cotidianas que ejercen violencia y que hoy son aceptadas como normales.

El Sernam y el recién creado Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, cuentan con políticas de ayuda destinadas a mujeres que sufren violencia, les entregan asesoría legal y protección, fomentan la creación de centros de la mujer y casas de acogida en los territorios, todas estas acciones están desarrolladas principalmente como reacciones frente a la violencia, en desmedro de políticas más amplias que tengan como principal objetivo un cambio de conducta de nuestra sociedad.

El estado no ha potenciado el trabajo mancomunado con estas organizaciones, no ha creado fondos concursables para que estas puedan desarrollar su labor preventiva, no han aprovechado el conocimiento y contacto con las demás mujeres y vecinos de cada territorio que estas organizaciones mantienen y que podrían ser un gran aporte al trabajo del área preventiva que desarrollan los centro de la mujeres en cada comuna.

Lo anterior puede tener su explicación en el estilo individualista y de desafección del trabajo con las organizaciones sociales que se estableció como la forma de desarrollar las políticas públicas, luego del retorno a la democracia, donde se desarticuló el tejido social que se había creado en las poblaciones, como forma de lucha y resistencia a la dictadura, donde se cortaron las ayudas internacionales a los sindicatos, a las juntas de vecinos y organizaciones sociales que trabajan activamente en los territorios con objetivos distintos y uno en común, volver a la democracia. Establecido está como este tejido social fue desarticulado en pos de lograr una estabilidad social que no pusiera en riesgo la feble democracia que venía naciendo.

En base en la primicia anterior las políticas públicas de nuestro país en general se enmarcan en la preocupación y apoyo de casos particulares, la entrega de bonos para individuos que reúnen ciertas condiciones, o en el caso de la violencia de género la entrega de protección y asesoría para quienes sufren de violencia, pero olvidan que el trabajo de prevención, el cambio de paradigma para las nuevas generaciones puede tener mucho más impacto y mejores resultados si se apoyaran en estas organizaciones, cuyos dirigentes trabajan de manera muy precaria en muchos casos, utilizando de sus propios recursos para costear sus actividades. Un claro ejemplo de lo que digo es que para las reuniones del COSOC nacional del Sernam, sus integrantes deben costear sus pasajes y estadías para viajar a Santiago (clara muestra del centralismo imperante en nuestro país) a las reuniones que se hacen cada tres meses. Las dirigentes de Arica, Iquique Concepción o Parinacota deben costear de sus propios recursos para poder asistir.

No existen fuentes de financiamiento gubernamentales para los dirigentes de estas organizaciones, no existen becas de estudio para que se perfeccionen, no hay una política que permita el desarrollo y fortalecimiento de organizaciones que traten y se preocupen de la violencia de género, a mi juicio no existe un puente que conecte el trabajo de estas organizaciones con el que deben realizar los organismos del estado, lo anterior dificulta el trabajo de ambos organismos, por un lado la labor de los dirigentes se hace cuesta arriba por la falta de recursos materiales y la del gobierno por la poca llegada que tienen en la población la cual le sería mucho más accesible si fueran al territorio acompañadas por las dirigentes sociales que conocen a sus vecinas y vecinos y que por lo mismo cuentan con una llegada distinta y confianza que los funcionarios públicos no tienen.

Sin duda, estos más de 35 años de implementación y administración del modelo neoliberal, han influenciado no solamente en términos económicos la relación e interacción del estado con sus ciudadanos, sino que también respecto de cómo se implementan las políticas públicas, las que mayoritariamente están pensadas orientadas y dirigidas en el individuo, en desmedro del apoyo y fortalecimiento del colectivo, de las organizaciones sociales y sus dirigentes, en una mirada a mi juicio errada, ya que tendríamos avances más rápidos y profundos respecto del cambio de conductas de lo que consideramos como violencia de género, si en forma complementarias a las políticas individuales el estado fortaleciera y alentara a las organizaciones que se preocupan de intervenir, en temas de género dentro de nuestros territorios y que sin duda tienen una influencia mayor y en menor tiempo que los organismos públicos, debido a su cercanía con los vecinos, a su conocimiento del territorio y a que desarrollan sus actividades en los horarios y días en que el resto de la población puede asistir, que son distintas a las jornadas laborales de los funcionarios públicos encargados de implementar las políticas de estado.


El patriarcado y las mujeres en la política.

Por Náyade Bobadilla

Dentro de la política chilena si bien no es tan frecuente ver a mujeres en la política, sí existen y de todas las edades, quienes deben enfrentarse a múltiples cuestionamientos y discriminaciones por el sólo hecho de ser mujeres, esto pasa tanto en la izquierda, centro y derecha. La opresión a la mujer -si bien puede variar en intensidad- está presente en todo el espectro politico.
Ahora bien, durante los últimos años hemos visto cómo diferentes dirigentas han surgido del movimiento estudiantil, quienes han hecho carne las demandas y han sido los rostros visibles de los y las miles de estudiantes a lo largo de todo Chile; demandas que van desde una educación gratuita hasta una educación no sexista.

Cabe preguntarse, entonces ¿por qué hacer hincapié en las dirigentas y no en los dirigentes? ¿Será acaso sexista partir una columna de opinión haciendo esta distinción? No. El patriarcado se manifiesta en múltiples formas en la sociedad, desde las actitudes más cotidianas como el famoso piropo en la calle (acoso callejero); brechas salariales entre hombres y mujeres por igual cargo e igual profesión (aumentando mucho más dicha brecha en la medida que se tienen postítulos); ver a la mujer como sinónimo de madre, como dueña de casa, como esposa; cómo son vistas las mujeres que se dedican a la política, quienes deben esforzarse mucho más para poder ganarse su espacio al ser juzgadas por su apariencia física y no por las capacidades intelectuales y de comunicación que posean, para poder expresar las demandas de una manera eficaz y con los argumentos suficientes para poder defenderlas frente la elite política, frente quienes prefieren el status quo y el gatopardismo, y frente a quienes son uno de los mayores perpetuadores y reproductores del patriarcado: los/as personeros del gobierno de turno y los/as legisladores. Es importante señalar que en este caso (y en la mayoría de los casos) las mujeres también funcionan como entes reproductoras del sistema patriarcal y económico, puesto que si bien pueden ignorar u omitir la opresión que sufren dentro de sus mismas coaliciones políticas, el mantener privilegios económicos genera un beneficio mayor que el intentar cambiar la forma de relaciones humanas, en el entendido que desde las políticas públicas y las leyes es donde se pueden comenzar a generar los mayores cambios: primero, instalando la temática en la discusión nacional de tal forma que se problematice y se visualice, para así ir transformando la cultura hegemónica en conjunto con los movimientos sociales y la sociedad en general. Pero no, las dirigentas sociales con el respaldo del movimiento deben además de intentar instalar las demandas en el programa y en el quehacer gubernamental, luchar en contra de las discriminaciones y trabas que las mismas mujeres de la institucionalidad (sin considerar la de los hombres, que es patente y predecible) les ponen en el desarrollo de sus labores.

Las mujeres que decidan el camino de las transformaciones sociales, o de la política independiente cual sea el sector, suelen adquirir dos formas de hacer política: por un lado, están las mujeres que, de acuerdo al estereotipo maternal, buscan potenciar ese lado de tal modo de generar confianza y seguridad a la cuidadanía; en el que, independiente de las propuestas concretas o de la coalición a la que pertenezca, pareciera bastar que tan sólo con unas palabras nos calmará y dudamos seriamente en que una mujer, que es madre y que nos trata como tal, pueda querer algo malo para sus hijos, en este caso la sociedad en su conjunto. Un ejemplo de esta forma de hacer política en base a estereotipos patriarcales es la actual presidenta de la república Michelle Bachelet, quien, a pesar de los bajos resultados en las encuestas, sigue generando esa sensación de protección. Ahora bien, por el lado contrario y bajo un sistema absolutamente binarista, está el tipo de mujer política masculinizada, una mujer a todas luces fuerte, que se impone al hablar, que no duda incluso en decir ciertos garabatos (que socialmente son mal vistos en las mujeres, puesto que no corresponde a cómo una dama se debe comportar), que trata de tú a tú a los demás sin algún tipo de cohibición y levanta la voz para hacerse escuchar, incluso sus expresiones pueden ser más toscas, más masculinas. Un ejemplo de esta segunda forma es representada principalmente por Evelyn Matthei, quien fue candidata a la presidencia de Chile, y que se expresa de una forma bastante disímil a la Michelle Bachelet.

Los dos ejemplos anteriores, son de mujeres ya resueltas en la política, con más edad y con un piso político que es otorgado por sus mismos partidos y alianzas políticas, quienes no son cuestionadas por cómo lucen, puesto que ya son mujeres de mayor edad y lo que importa no es cómo se vean sino por cómo pueden ser serviles a los intereses de la elite política. Ahora bien ¿por qué no ocurre lo mismo con las dirigentas sociales? Podemos poner como ejemplo a tres mujeres conocidas dentro del movimiento estudiantil: Camila Vallejo, Karol Cariola y Marta Matamala, las tres fueron presidentas de sus federaciones de estudiantes y dirigentas del movimiento. En el caso de ellas, no se aprecian las dos formas anteriormente mencionadas, ni masculinizadas ni con el rol de madre. Lo que puede ser atribuible principalmente a la edad, y al adultocentrismo existente en la sociedad, es decir, si son mujeres mayores que se dedican a la política, deben seguir alguno de los dos roles anteriores para inspirar confianza, pero no se les exige ni se les juzga por lo físico. No así en las dirigentas jóvenes, quienes además de exigirle los contenidos básicos para poder defender posturas, deben cumplir con los cánones de belleza, en el que si los cumplen o no son igualmente criticadas y cuestionadas: una mujer y además joven, imposible que tenga las capacidades, mejor escuchemos más a los dirigentes hombres, ellos sí saben de lo que están hablando, las mujeres están preocupadas de figurar en la televisión. Cosas como esas es muy común oír, debiendo dirigir la lucha contra el sistema desigual en el que vivimos, provocado por el sistema económico y además contra el sistema de relaciones sociales que bien se entiende con la mercancía.

Finalmente, no queda más que cuestionarse e intentar no seguir reproduciendo lo anterior, dejar de ver a las mujeres (más aún jóvenes) como objeto y comprenderlas como sujetos. Entender que no hay disciplinas exclusivas para hombres y otras exclusivas para las mujeres, y que aquellas que quieren dedicarse a una netamente “masculina” como la política, al masculinizarse no están contribuyendo a la lucha feminista, ni aquellas que utilizan los estereotipos de mujer tampoco. Sino que plantear la problemática a través de los medios que posean como bien lo han hecho las tres mujeres dirigentas mencionadas, para romper con los cánones de belleza sin masculinizarse puesto que también es parte del patriarcado, debemos ser como nos sintamos libres.


“Contra la violencia hacia las mujeres sople el pito”.

Por Lorena Vargas

El acoso sexual callejero es una violencia sutil y quizás por esto, la más normalizada de todas las violencias de género. El temor de ser violentadas sexualmente en este espacio resulta mayor en las mujeres que en los hombres. Y es que históricamente el cuerpo de las mujeres al ser expuesto en el espacio público lo convierte inmediatamente en mercancía libre de ser comentada, manoseada y violentada.

La lucha al desmitificar el “piropo” por las diferentes organizaciones civiles a nivel regional ha logrado visibilizar una de las tantas violencias que afecta principalmente a mujeres, vulnerando su derecho a transitar la ciudad en completa libertad. Según la última encuesta realizada por el Observatorio contra Acoso Callejero, 9 de cada 10 mujeres han sido víctimas de acoso en los últimos doce meses. El grupo más vulnerado es el de mujeres niñas y jóvenes quienes a muy temprana edad se ven acosadas camino a la escuela.

Pero ¿Quién no quiere escuchar un “piropo” de un hombre que reconoce y enaltece nuestra belleza? ¿Acaso no es por esta misma razón que nos arreglamos y vestimos de manera provocativa? ¿No es para ellos?

El acoso sexual al que estamos expuestas las mujeres se manifiesta de diferentes maneras: en miradas lascivas, expresiones alusivas a nuestros cuerpos, ser testigos de exhibiciones y tocamientos de genitales, ser manoseadas accidental o deliberadamente, ser fotografiadas y/o grabadas sin nuestro consentimiento, son algunas de las situaciones que debemos silenciar para no ser cuestionadas y avergonzadas en público. Y es que generalmente son las mujeres víctimas de acoso las responsables de “provocar” a los varones de la comunidad.

En este sentido, muchas mujeres hemos desarrollado diferentes estrategias de autoprotección que limitan nuestra libertad y autonomía. Debemos cambiar rutas, salidas nocturnas y/o incluso nuestra vestimenta por temor a ser agredidas o acosadas en el espacio público. Y es que de pequeñas nos enseñaron que la calle es un lugar lleno de “peligros” para las mujeres. No es menor que nuestro mayor temor al frecuentarlo sea de ser violadas. Las reglas conductuales que nos han permitido transitarlo son fáciles: NUNCA solas SIEMPRE en compañía.

En Ciudad de México, se han desarrollado diferentes medidas para luchar contra el acoso sexual en el trasporte público, específicamente en el metro. Sin embargo, ni la segregación por sexo en los vagones ni mucho menos los silbatos, han logrado disminuir la sensación de inseguridad que viven cientos de mujeres que viajan a diario en este medio de trasporte. ¿Acaso las mujeres debemos recluirnos para no ser violentadas? ¿Qué sucede cuando una mujer no trae consigo el “pito”? ¿Es responsable ella de su seguridad?

Sin lugar a dudas que estas medidas han sido poco asertivas, ya que no responden de manera efectiva a una problemática que más bien se sitúa en las relaciones de desigualdad de poder en donde las víctimas son mujeres y otros grupos de discriminación. A esto se suma que estas medidas solo funcionan en horario punta, por tanto, las mujeres siguen vulneradas en estos vagones el resto del día. Por otra parte, la entrega de estos silbatos no produce necesariamente una sensación de seguridad en las mujeres ni mucho menos de “ahuyentar” al posible acosador. Las mujeres no se sienten más “empoderadas” por portar un silbato de color rosa, que por lo demás sigue reproduciendo estereotipos de género, ya que pretende que sean los varones “heroicos” quienes vengan a nuestro recate.

Por otra parte, el miedo a circular libremente en la ciudad puede tener repercusiones en la autoestima de las mujeres ya que obstaculiza su participación en la vida social y política de la comunidad. La falta de confianza en nosotras mismas, genera esta doble dependencia al frecuentar la ciudad siempre en compañía de un adulto, lo que evidencia esta percepción de un mundo exterior amenazante y peligroso para nosotras.

Estas medidas que son implementadas por los Gobiernos locales pueden incrementar la sensación de inseguridad y la desprotección del cual somos víctimas las mujeres en el espacio público. Además de ser medidas discriminatorias contra otros grupos sociales que también pueden agredidos en estos vagones, como las “otras” masculinidades que muchas veces prefieren subir al vagón de mujeres por su propia seguridad. Comprender la problemática del acoso sexual callejero de forma binaria, invisibiliza a otros grupos también violentados en su condición sexual.

La violencia de género, y particularmente el acoso callejero debe ser analizada desde una perspectiva comunitaria y no tan solo punitiva. Si bien es un gran avance la Ley sobre el Acoso Callejero en Chile, ya que ha logrado visibilizar una problemática social que afecta a cientos de mujeres. Debemos trabajar también en la comunidad masculina para que rechacen esta práctica entre sus pares, y con esto se vuelva una práctica menos frecuente entre ellos.


Silbatos entre silbidos (o la Segregación Femenina “Voluntaria”).

Por Claudia Santibáñez

La premisa lógica, básica, ante un ente vulnerable junto a un factor de riesgo es separarles ¿No? No hay que ser Albert Einstein para comprender que no hay que acercar el material inflamable al fuego ¿Verdad? Bien, el problema es cuando en lugar de objetos inanimados y reacciones químicas básicas, se trata de relaciones humanas.

México, es un país dónde, de acuerdo a las cifras oficiales, cada hora se cometen 68 delitos sexuales. Dónde, de acuerdo a las cifras oficiales, el 90% de los delitos sexuales no son denunciados, y dónde, de cada mil denuncias de delitos sexuales se consigna, a penas, a 10 agresores (un 1%) . Resulta imperativo buscar la implementación de medidas públicas en pos de la disminución de estas cifras; Si añadimos como dato que el 90% de las víctimas son mujeres, y que 9 de cada 10 agresores son hombres. Tenemos de inmediato a nuestro foco objetivo de protección así como el mayor factor de riesgo o peligro para el mismo. ¿Ahora, qué hacer?

A nuestra especie le ha tomado miles de años de evolución no ser el cocodrilo de Walt Disney World Resort que acabó comiéndose al pequeño vacacionante. Lo que vuelve al ser humano el peldaño más alto de la escalera evolutiva, en lugar de otro simple piso en ella: Ha sido su capacidad de crear lenguas y objetos, desarrollar ciencias, y descubrir universos entre otros. Por el perfeccionamiento de la cognición a través de elementos como el razonamiento y la racionalización.

De este modo, sin desconocer nuestra naturaleza animal, nos distinguimos de las demás especies en que somos conscientes de la debilidad que nos proporciona dicha condición. Y así, hemos subsistido gracias a nuestra comprensión y aprendizaje del medio, formando sociedades y culturas completas en base a estos conocimientos, y estableciendo normas sociales que lo permitieran.

Por ello, resulta irrisorio pensar que, teniendo 127 millones de habitantes, la mejor idea para enfrentar el problema del acoso fuese la implementación de carros aislados de metro y la entrega de silbatos color rosa a su población femenina.

Si bien, los carros de metro “exclusivos para mujeres y niños menores de 12 años”, son una medida que no nació originalmente en México. Lo alarmante es notar como se ha difundido ya casi con normalidad por otros países como Japón, Egipto, Brazil, Malasia, etc. Y peor aún, como busca implementarse en otros, como Argentina, e incluso se propuso en nuestro país el año 2011 por el Diputado UDI, Cristian Letelier.

Pero ¿De qué se tratan estos carros exclusivos y los silbatos rosados? El ‘carro exclusivo’ es una medida que busca evitar el acoso femenino en el transporte público, a través de la implementación de carros de metro que podrán ser utilizados únicamente por mujeres y menores de 12 años. De este modo, al impedir el contacto inter-géneros los hombres, principales agresores, no podrán acosar a las mujeres. Obviamente, la medida no busca limitar a las mujeres a que utilicen sólo los carros habilitados. Los carros no exclusivos son mixtos, al menos en el caso de México y en la implementación que se planea en Argentina. Así se distinguirá de inmediato a las mujeres que desean ser objeto del acoso masculino exponiéndose a la, socialmente anormal, existencia de presencias varoniles en el entorno (como mujeres que viajen con grupos donde también hayan hombres, mujeres que viajen con sus parejas, o niñas que viajen con sus padres, quienes por ser hombres no podrán utilizar el vagón para féminas). De sus congéneres más recatadas, quienes harán uso del carro exclusivo. Y quienes, por cierto, podrán ser libremente acosadas en el resto de sus situaciones de la vida cotidiana donde existan agresores que deseen hostigarlas.

Ahora, si las mujeres aún no desean ser acosadas en otros lugares públicos, en las demás situaciones de a vida cotidiana en que se ven obligadas a compartir espacios con hombres. México también ha implementado la posibilidad de “adquirir un silbato contra el acoso” el cual DEBE solicitarse en la Dirección Ejecutiva de Justicia Cívica. Porque un silbato cualquiera no serviría.

Además, no es que sólo se trate de una medida que incita a la sociedad a retroceder hacia la autotutela. Pero en una distinción, para nada sexista, el silbato anti-acoso para mujeres es de color rosa. Mientras el para los hombres, que quieran solicitarlo, es de color negro. Y su objetivo es: que su utilización en situaciones de acoso llame la atención del medio para que este actúe en virtud de las circunstancias. De más queda agregar, que aunque las cifras no apoyen esta teoría, se supone que las víctimas quieren hacer público y denunciar la situación de acoso. Por lo que, lo más natural, sería que lo primero en sus mentes ante estas situaciones, y bajo la perspectiva de poder realizarlo, sea la idea de sonar un silbato para llamar la atención.

Finalmente la educación parece estar sobrevalorada. Es mejor rendirse y aceptar el definitivo fracaso de la racionalidad. El humano al fin llegó al límite de su capacidad de entendimiento y aprendizaje. Lograr enseñarle a la población masculina, y a parte de la femenina, que las mujeres SON seres humanos, y que éste sólo hecho nos hace dignas de respeto, así como titulares de derechos y libertades, al igual que cualquier otra PERSONA. Acaba por considerarse, cada vez más, una utopía digna del mejor filósofo moderno.

Debemos comprender que estas medidas no buscan proteger a nadie, sino que atentan contra los principios y derechos de una sociedad civilizada occidental. Tratándose del mismísimo apartheid contra el género femenino, el carro exclusivo constituye el ghetto de la mujer. Luego de décadas de lucha por la liberación sexual y la equidad de género acabaremos por ‘darnos cuenta’ que los religiosos de medio oriente, y los seguidores de la sharia y la hadiz, estaban en lo correcto: la mujer es inferior a su contraparte masculina por lo que le debe obediencia, no tenemos los mismos derechos, son una causal de corrupción y una tentación. Así, para que el hombre no se sienta tentado, es mejor que nos compremos una burqa y esperemos a que nos cambien por unas algunas gallinas.

Si esta es la sociedad en que vivimos, no es de extrañarse que hoy Rosa Parks luchase por el simple derecho a salir tranquila de su casa.

Columnas de Opinión Estudiantes del Diplomado Género y Violencia – Cuerpo, Salud y Violencia

El Diplomado de Extensión Género y Violencia es un programa que comenzó a impartirse como Curso de Especialización el año 2010, debido al creciente interés por abordar ambas temáticas desde una perspectiva crítica e interdisciplinaria. El 2013, este curso se consagró en un Diplomado de Extensión, teniendo sólo 12 estudiantes. Este año (2016), 28 estudiantes de diferentes áreas profesionales cursan el diplomado, demostrando que la violencia analizada desde la perspectiva de género es una temática crucial para la transformación de la sociedad hacia relaciones éticas, igualitarias e inclusivas de género.

Como parte de sus actividades de evaluación, los y las estudiantes realizan trabajos escritos de análisis y reflexión crítica sobre los temas trabajados en clases. Esta semana publicaremos algunas de sus columnas de opinión, en donde reflexionaron en un tema de elección personal. 


El derecho de abortar en paz.

Por Camila Muñoz

Voy a tomar las palabras de Mary Wollstonecraft cuando habla de feminismo para iniciar una reflexión en torno al aborto: “Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas”. Mujeres, esa categoría siempre doble o triplemente oprimida, pues no solo somos golpeadas como seres humanos por un despiadado sistema económico y político, sino que además, somos violentadas en nuestros derechos reproductivos y sexuales, en un mundo que se apropia de nuestros cuerpos desde el momento en que somos violadas o maltratadas por el simple hecho de ser mujeres. Desde esta pertenencia al “género femenino”, desde esa posición de doblegada, sumisa, obediente siempre a las autoridades masculinas (llámese Iglesia, llámese Estado), creo necesario formular el reclamo más básico de todos: el derecho a decidir sobre mi cuerpo. En este sentido, cuando se insiste en la reivindicación de los derechos de las mujeres y la equidad de género, me parece ineludible el tema del aborto. Estoy a favor de que las mujeres tengamos el poder de pensar por nosotras mismas y decidir cómo vivir nuestra sexualidad y si queremos tener hijos o no, sin que se entrometan en esto terceros. Son solo seis países alrededor del mundo los que prohíben la interrupción del embarazo bajo cualquier circunstancia, y por supuesto que nuestro querido país, ultra conservador por muy “progre” que se maquille para el mundo, se encuentra en el penoso ranking (no somos el Vaticano, y estamos en el mismo listado!)

Las voces que se alzan en contra -con las que ya estamos bastante familiarizadas-, dirán: ¿y el derecho a vivir del bebé que viene en camino?, ¡esto es un asesinato! Pues bien, no estoy a favor de los asesinatos ni las prácticas crueles que atenten contra la vida o integridad de los seres, y no es así como visualizo el aborto. En lo personal, pienso que se trata de interrumpir un proceso, dentro del primer trimestre de gestación, donde el embrión no es un individuo biológico- según la opinión científica mayoritaria además-, ni mucho menos una persona, pues carece de vida independiente (es completamente inviable fuera del útero). Asimismo, el desarrollo del cerebro está en sus etapas iniciales y no se han establecido aún las conexiones nerviosas que permiten experimentar dolor o alguna otra percepción sensorial. Entonces, en ningún caso me parece que abortar sea homólogo de asesinar. Las voces que se alzan en contra, desde un supuesto lugar de superioridad moral (que coincide muchas veces con la capacidad de ejercer poder), dicen que las mujeres que abortan se transforman casi en asesinas en serie; pues bien, elevándonos por sobre estos prejuicios infundados, he conocido personas que han abortado y que jamás lo plantearían como un hábito rutinario o una fórmula de anticoncepción, pues en ningún caso se trata de una práctica placentera o agradable. Yo no promuevo el aborto como un método contraceptivo; lo que apoyo es el sencillo derecho de que cada mujer pueda ejercer su derecho a decidir sobre sí misma.

Cabe despejar además el fantasma instalado en las mentes más conservadoras o “anti-aborto”; aquel que asegura que al legalizarse la posibilidad de abortar, esta será una práctica trivial para las mujeres. Diversos estudios sostienen que en los países en que es libre no aumentan las cifras, si no por el contrario, la legalidad del aborto, si se acompaña con una educación sexual masiva, y un fácil acceso a métodos anticonceptivos, favorece que ocurran pocos abortos (como es el caso de Holanda).

En el mundo entero, y en especial en este país, las prohibiciones de la ley y el estado tradicionalmente han configurado a una mujer incapacitada, sin voz, y a fin de resquebrajar y deconstruir este indignante sometimiento, me parece que lo personal y privado necesariamente debe volverse político. Por eso necesitamos conquistar nada menos que el espacio del propio cuerpo, junto con la capacidad de discernir y decidir sobre nosotras, obstruida por siglos y siglos por el puñetazo de este sistema patriarcal.

Con todo lo dicho, quisiera puntualizar que lo relevante dentro de este análisis más que hablar de aborto, es hablar del derecho de las mujeres a interrumpir el embarazo libremente. Durante siglos se nos ha tratado como seres no pensantes, infantilizados e irracionales, siempre a merced de diversas voluntades que nunca han sido las propias. Se entromete la iglesia católica y el estado en el espacio íntimo de cada mujer, que es su cuerpo, su vientre, sus deseos de ser o no ser madre, y con tristeza y asombro constato que vivimos en un país aún atravesado por creencias medievales, estando en pleno año 2016. Sin duda que como seres humanos somos todos seres violentados y sometidos, pero como he dicho anteriormente, cuando eres mujer la violencia ejercida en tu contra es mayor. Hablando en términos Foucaultianos, la biopolítica se palpa cada vez que experimentamos nuestro devenir como cuerpos gestionados e intervenidos por políticas estatales. En este sentido, cuando no había métodos anticonceptivos muchas veces se utilizó el aborto para regular la población, pero paradójicamente hoy, por realizarlo en este país te vas a la cárcel. Y yo me pregunto, ¿hasta cuándo seguiremos las mujeres soportando el control patriarcal sobre nosotras, sin tener derecho a decidir, justamente sobre nosotras mismas?

En última instancia, más allá de las discusiones morales sobre si abortar es “correcto” o “incorrecto” me parece que ambas perspectivas pueden coexistir también, y que finalmente lo más importante es que cada mujer sea considerada sujeto de derechos, con voz propia, capaz de pensar por sí misma y de posicionarse en base a su propio juicio respecto de si abortar o no, siempre EN LIBERTAD, y sin ser juzgada o sentenciada por intromisiones de terceros.


El Sistema de Salud como una institución que construye violencia.

Por Micaela Reyes

Hoy en día, Chile ha sufrido profundas transformaciones en replantearse varios de los cimientos que sostienen la estructura social de poder. Es así, como la sociedad ha cuestionado al patriarcado, eurocentrismo y el capitalismo en la que vivimos. Temas como el derecho a una educación pública, la unión de personas entre el mismo sexo, el aborto, la violencia sexual en los espacios públicos, entre otros, son algunos temas que comienzan a tomar fuerza y se encuentran como temas pendientes dentro de la agenda política. Es decir, comienza a existir un cambio del sentido común que rige nuestra sociedad, permitiéndonos cuestionar cual es la sociedad en la que queremos vivir.

Para esto, hemos tenido que poner en tela de juicio varias de las instituciones que se han encargado históricamente de mantener el tejido social que resulta violento, opresor y discriminador para aquellos grupos llamados “minoritarios”. Se ha cuestionado a la escuela, a la familia y a la iglesia. Sin embargo, a mi parecer, ha pasado de manera silenciosa e invicta la forma en la que el sistema de salud se convierte en una institución encargada de producir y reproducir violencia.

Es bajo esta perspectiva, y siendo una profesional de la salud, que me parece interesante analizar el cómo el sistema de salud, se convierte en una institución que violenta y produce violencia al construirse desde una visión hegemónica patriarcal.

Antes de todo, me parece fundamental definir la premisa de que la salud es un derecho social de todxs lxs seres humanos, entendiendo esto, como el acceso oportuno a los servicios de salud, la atención dirigida a las necesidades particulares de cada sujeto, considerando su contexto, su integralidad y sus particularidades individuales y sociales, además del seguimiento en salud en casos de ser necesario, sin importar el género, condición social, etnia u otros.

Luego, habiendo definido esta premisa, me parece preciso, partir analizando en cómo se ha construido e instaurado a lo largo de la historia el sistema actual de salud que tenemos y el conocimiento que rige hoy a la medicina y la ciencia. Con la invasión Española, se instaura en Chile y Latinoamérica una manera de ver el mundo euro y androcéntrica, lo que hace que la creación del conocimiento, la ciencia y la medicina esté basada sobre las concepciones de cómo estos grupos entienden y perciben lo que es la salud y la enfermedad, desconociendo y arrasando con todos aquellos conocimientos y estudios que podrían haber entregado los pueblos indígenas que habitaban nuestro territorio, en especial las mujeres, que como bien sabemos, tomaban un rol social importante dentro de sus comunidades en relación a la curación de enfermedades, consejería en salud y a la atención del parto. Es decir, podemos decir que desde su constitución el sistema de salud ha sido violento y se ha posicionado desde la visión y conocimiento que tienen los hombres europeos sobre la medicina y el cuerpo.

Esto tiene un impacto importante en el paradigma que se posiciona como único y verdadero dentro de la medicina, ya que entiende la salud, como si ésta fuera simplemente la ausencia de enfermedad, reduciendo el cuerpo a una máquina biológica que tiene un defecto o disfunción en su funcionamiento, el cual se hace necesario restablecer por un equipo de profesionales especializados para eso, dejando fuera de esta concepción el concepto de bienestar social e individual de los sujetos, el contexto que configura la salud o la enfermedad de la persona, la percepción individual que tiene la misma persona de su propia problemática, los significados sociales e individuales de lo que le está pasando, los sentimientos que esto le puede provocar, la relación y conexión que tiene la persona y su problemática con la naturaleza y su entrono natural, entre otra cosas. Ésta noción hegemónica y predominante de la medicina, deja de lado los aspectos ya mencionados, aspectos que son históricamente relacionados a lo femenino, reduciéndolos a elementos no válidos de la vida humana por no cumplir con criterios de objetividad, ciertamente varoniles, necesarios para ser considerado como verdaderos dentro de la realidad de los seres humanos.

Desde esta perspectiva, la medicina se establece como uno de los principales métodos de control y de ejercer poder sobre la vida de lxs sujetos, instalando al sistema de salud como una gran institución que ejerce violencia, que se apropia de los cuerpos, que adiestra, que modifica, moldea, define lo sano de lo enfermo y lo normal de lo anormal. Sin embargo, cabe hacerse la pregunta, si este cuerpo que controla, que adiestra, ¿es cualquier cuerpo?, ¿en base a qué adiestra o moldea? Ciertamente aquí se evidencia aún más que el sistema de salud tiene a la base un modelo patriarcal imperante, ya que aquellos cuerpos que controla y modifica, son en relación aquellas masculinidades que se definen como únicas y verdaderas, dejando a otras masculinidades y feminidades dentro de este control, pero al margen de sus derechos, constituyendo la exclusión de un otro, que se configura cómo un enfermo, desviado o retrasado, al cual se atiende en sus necesidades de salud desde una concepción patriarcal.

Podemos decir entonces, que el sistema de salud es una institución que genera violencia y oprime, entendiendo esto como una forma de violencia institucional. Sin embargo, me parece que el sistema de salud se convierte en un aliado mucho más fuerte para sostener el patriarcado, ya que se transforma, al igual que la escuela y la familia, en una institución configuradora de sujetos, de cuerpos y de vidas, es decir, es una institución que ejerce violencia, pero que a la vez la construye, produciendo y reproduciendo la violencia no solo institucional, si no que también física, psicológica, estructural y simbólica.

Son varios los ejemplos que podemos mencionar que se dan en la vida cotidiana en relación a esto. En este ámbito se puede rescatar la violencia ejercida en los tratamientos e intervenciones que se hacen en salud, al obviar la construcción social del cuerpo y entender cómo simples hechos naturales, por ejemplo, las importantes diferencias que existen en la prevalencia de diversas enfermedades dependiendo del sexo. Un ejemplo de esto, es en relación a las patologías reumáticas, las cuales se presentarían mayoritariamente en mujeres, existiendo para esto una explicación biologísista de éste hecho. Sin embargo, existen múltiples estudios que demostrarían una estrecha relación entre este tipo de enfermedades, con haber recibido violencia de género, especialmente de abuso sexual. Sin embargo, estos datos son obviados por la “medicina tradicional” al momento de planificar un plan de para tratar este tipo de patologías.

Otro ejemplo, que evidencia violencia son los contextos en los que se atiende y se educa en torno a la maternidad. La violencia obstétrica que viven las mujeres por parte del equipo de salud al momento del parto, el aumento de las cotizaciones que tienen que realizar las mujeres en las isapres por el simple hecho de su condición de tener la posibilidad de ser futuras madres, entre otras, son algunas de las violencias que se evidencian en el sistema de salud, que perpetúan, construyen y reproducen el sistema patriarcal hegemónico dominante.

Según todo lo mencionado anteriormente se evidencia que el sistema de salud se constituye desde una visión occidental y patriarcal, la cual no logra satisfacer ni responder las necesidades de salud de todas las personas, debido a que éste derecho es violento y no considera las particularidades de cada grupo, desentendiéndose del contexto social, de los aspectos socio-económicos que implica el acceso a la salud y de las historias que se esconden bajo la construcción de la identidad de cada persona en particular, aumentando de esta manera, la brecha de desigualdad entre aquellos que concentran el poder y aquellos que no. Según esto el sistema de salud resulta ser violento y discriminador para aquellos que se encuentran en una posición de subalternidad dentro del entramado social de poder.

Desde mi perspectiva, es imprescindible superar esta visión violenta que impone el sistema de salud, ya que si no, nunca se logrará entender la salud como un derecho que permita la valorización de las personas, sin importar las condiciones que lx rodeen y que permitan solucionar los problemas de salud de manera integral dirigido a las reales problemáticas que aquejan a las personas y que afectan su bienestar y su salud. Para conseguir esto, me parece necesario hacer un cambio de paradigma que permita construir un sistema de salud que dé cabida a todos los grupos sociales, sin discriminación ni vulneración de un derecho tan importante como lo es la salud, otorgando una atención no sólo integral, si no que también inclusiva y de respeto por la vida y el bienestar del otrx y de lxs otrxs, que recoja las diferencias y las igualdades, que permita la inclusión del conocimiento de otras formas de entender el mundo, la ciencia y la medicina y que se dirija a atender las reales necesidades de quienes requieren de sus servicios y no sólo de aquellxs que se encuentran en la escala de poder.


Aborto en Chile: una reflexión.

Por Cristian Torres

El aborto en Chile es un tema que causa controversia y donde hay una confrontación entre los que apoyan y los que no apoyan esta práctica y aún está en tema de debate.

Como tema de discusión existen dos puntos que entran en confrontación, por un lado como valor el derecho a la vida, por otro lado el derecho a elección por parte de la mujer entendiendo su cuerpo como territorio donde cada mujer puede decidir sobre el término de un embarazo en relación a su propio cuerpo.

Según cifras estadísticas el 73% de la población chilena estaría a favor de despenalizar el aborto en casos de riesgo de vida de la mujer, violación sexual e inviabilidad del feto. El 23% estaría en desacuerdo (encuesta Adimark, sondeo de opinión entre el 5 y el 30 de junio de 2014).

Es difícil calcular la cantidad de abortos que se producen anualmente en Chile, esto debido a que el aborto está penalizado en todas las circunstancias. Según cifras del Ministerio de Salud, se realizan más de 33.000 abortos por año, es decir 90 abortos diarios en promedio. Sin embargo, otros estudios estiman la cifra entre 60.000 a 70.000 abortos al año, mientras que otros la sitúan en 160.000 abortos por año.

En la legislación chilena el aborto es penalizado en cualquiera de sus formas desde el año 1874, en la constitución de 1980 se establece que la ley protege la vida del que está por nacer.

Lo que se puede entender de las cifras es el hecho de que independientemente de la legislación el aborto en chile es una realidad y es deber como sociedad hacerse cargo de este tema, difícil de abordar ya se por conocimiento o por quienes deciden.

En este tema me hace sentido el tema del biopoder, en donde pocos, con esto me refiero al poder político y científico, tienen como tarea decidir por muchos, deciden sobre las mujeres y su derecho a decidir sobre su propio cuerpo, se territorializa el cuerpo de la mujer por unos cuantos que tienen el poder de decidir en donde el poder político y valórico entran en juego, se conjugan y a la vez se confrontan.

Cabe señalar la influencia que tiene la religión e ideologías religiosas en torno al tema, en Chile donde la mayor parte de la población se declara cristiana y al igual que en otros países (sobre todo occidentales) religión y poder político han estado directamente relacionados, lo cual hace que el tema además de biológico se maneje en un ámbito valórico, lo cual abre un debate aún más extenso.

Al observar las diferentes manifestaciones que se han dado en torno al tema y su legislación se puede observar movimientos o manifestaciones en donde la mujer cobra un rol protagónico, hombres (en su mayoría) sólo se hacen presentes como poder político para legislar, en este contexto surge el tema del patriarcado, donde la mirada y decisión pasa por la masculinidad y el hecho de reconocer y reivindicar a la mujer como encargada de la reproducción y cuidado de los por nacer.

El proyecto de ley de aborto en Chile plantea 3 causales, las cuales son: 1) Peligro para la vida de la mujer, 2) Inviabilidad fetal de carácter letal, 3) Embarazo por violación.

Aún así hay que plantearse la libertad de elegir y decidir por parte de la mujer y como nosotros como integrantes de la sociedad asumimos el tema, hay desinformación (salvo personas implicadas o quienes se interesan por el tema), tal como mencione anteriormente parece que este tema a nivel legislativo tiene que ver con hombres que deciden, pero a nivel de ciudadano común tiene que ver con la mujer y como es vista como reproductora y precursora de la vida.

Por otro lado cobra sentido la premisa que como hemos trabajado en las clases que parece imperar “hacer vivir y dejar morir”, dentro de la norma para legislar en torno al tema no parece incorporar el tema de género sino que un visión funcional de mujer y como debe ser tratado el tema.
Según lo que he leído y estudiado la desinformación y el control que genera el saber-poder hacen que el tema sea invisivilizado para quienes no están directamente relacionados.

Lo último que me queda por exponer es quién decide realmente ¿hombres , mujeres?, la dinámica de sexo/género, es un tema que para mí como profesional es difícil, valorizarlo, legislarlo, lo que realmente espero es el hecho de ser una legislación inclusiva en donde los diferentes actores y sobre todo quien debe ser la voz más escuchada y disidente en este momento es la mujer y de cierta manera incluir temáticas de género para que el hombre y la mujer “masculinizado/a” tenga una visión empática en relación al género sobre el aborto y sobre la mujer.

El debate aún está abierto…


El género interdicto.

Por Richard Mundaca

www.theclinic.cl/ … e-hace-mucho-tiempo/

“Basta de insultar a las mujeres, de agredirnos, de tratarnos como interdictas, de decir que somos asesinas, de decir impunemente que prestamos el cuerpo”.

Quise tomar esta frase de la diputada Camila Vallejo en su intervención en la Cámara Diputados sobre el proyecto de ley que despenaliza el aborto en tres causales, a decir, la inviabilidad fetal, el peligro de muerte de la madre y la violación, para intentar hacer una reflexión sobre un tema de fondo que como sociedad quizás no nos hemos detenido a reflexionar lo suficiente o tal vez lo hemos banalizado; el cual según mi punto de vista como leguleyo y profesional ajeno al derecho es necesario considerar: la construcción social de lo femenino y su capacidad de ser “objeto” o “sujeto” derecho.
Mientras intentaba ordenar y organizar mis ideas vino a mi mente el término usado por la diputada Vallejo; “Interdicto”, este vocablo en su significado etimológico proviene del latín “interdictum”que quiere decir “inter”: entre y “dictum”: dicho”; término que fue creado al parecer en el contexto del derecho romano y que subyace a la mayoría de códigos civiles de los países latinoamericanos. Esta categoría legal nace como un procedimiento jurídico para restringir o prohibir el ejercicio de ciertos derechos, a mayor ahondamiento en nuestro Código Civil el Artículo 1447 “en su lenguaje decimonónico, establece que son absolutamente incapaces, y en consecuencia no susceptible de obligarse, los “dementes”. Esto significa, en el lenguaje de la legislación civil, que aquellos que sufren de discapacidad mental, no son susceptibles de obligarse de ninguna forma, y menos aún de ejercer los derechos que le son propios, sino por medio de su representante”.

Tras el párrafo anterior es necesario a mi entender preguntarnos y reflexionar de como ha sido el proceso social que ha permitido que etiquetemos a las mujeres como incapaces de ejercer sus derechos y cuasi “dementes” para tomar una decisión libre y autónoma acerca de sus cuerpos y la opción de maternidad; quisiera detenerme en este punto sobre los orígenes de esta cuestión de la dicotomía mujer/madre. A través de la historia podemos constatar la creación de un sistema simbólico que castiga y estigmatiza al género femenino ya enraizado en nuestros mitos y creencias populares de Latinoamérica como el mito Sherenté y Chamacoco sobre el rol de la violación a la mujer para asegurar el orden biológico y cultural o en la cosmovisión mapuche sobre El Feta Chachai (esposo-padre- dios) y la Ñuki papai (esposa- madre) trasformados a posterior en mandatos culturales y sociales que además de favorecer un sistema de desigualdades entre los géneros femenino y masculino, constriñen la construcción de una identidad femenina ligándola inherentemente y obligatoriamente al rol de madre, tal como lo refiere Montecinos en su libro ensayos sobre género, identidades y mestizajes: “Lo femenino será indefectiblemente construido por la cultura mestiza desde el modelo de la Madre”.

Siguiendo en esta lógica asimismo los sistemas de conocimiento científico o saber poder como dice Foucault han mantenido este paradigma como por ejemplo desde el psicoanálisis de Melanie Klein en el denominado “pecho bueno y pecho malo” o los premisas de Donald Winnicott sobre el vínculo madre e hijo y la importancia de “una “buena madre”; “Una madre suficientemente buena es aquella que es capaz de dar cabida al desarrollo del verdadero yo del niño, es decir acoger su gesto espontáneo, en el sentido de lo que el niño quiere expresar, e interpretar su necesidad y devolvérsela como gratificación.” (Donald D. Winnicott).

En este punto me gustaría mostrar algunos atisbos de esta relación violenta que como sociedad ejercemos hacia las mujeres y como esta cultura patriarcal permea al sistema legal y sus instituciones obligando a este mandado mujer/madre y reprochando a aquella que no se ajuste a este estándar, patologizando a la madre y reconstruyendo esta idea de interdicción referida por la Diputada Vallejos ; el siguiente fallo es de una corte de Familia de chile en el cual se priva a la madre de ejercer el cuidado personal de sus hijas, quisiera hacer notar el análisis de los peritos que conocieron el caso: “Se informa que VPH, no cuenta actualmente con las habilidades parentales para resguardar los derechos de su hija por lo que se sugiere que el cuidado personal provisorio de AVP se mantenga ejercida por FVL, supeditada a las sugerencias que se describen continuación. En atención a la evaluación realizada se sugiere necesario la evaluación psiquiátrica de la evaluada en el Servicio Médico Legal o institución de salud a fin, en tanto se observan graves discrepancias entre lo expresado por la referida y los antecedentes recabados por otras instituciones – los cuales son explícitamente negados por VPH- de lo cual se pudiere inferir algún trastorno de salud mental, lo cual podría representar un factor de riesgo inminente para AVP si este no se encuentra confirmado o descartado”.

Otro aspecto que me parece interesante analizar es como los discursos sociales de hombres y mujeres tienden a reproducir esta lógica de privación de la mujer de sus derechos al aborto a disponer libremente de sus cuerpos, para lo citare las palabras de una diputada de UDI en su intervención de la discusión sobre la despenalización y los resultados de la Encuesta CADEM sobre la opinión de la ciudadanía sobre esta ley, respecto a los dichos de la diputada en cuestión :”Hay violaciones que no son violentas y otras que son violentas… la dignidad de una mujer no se pierde por ser violada”, en cuanto a los resultados de la encuesta: 58% de los encuestados responde estar de acuerdo con la despenalización del aborto bajo algunas circunstancias; 19% bajo cualquier circunstancia y un 74% está de acuerdo con despenalizar el aborto siempre y cuando la salud de la madre este riesgo por el embarazo; es posible colegir de lo anterior algunas ideas interesantes: el derecho a abortar no se puede ejercer por una libre opción de la mujer a decidir sobre su cuerpo, sino que el derecho a la salud es más importante; solo un bajo porcentaje de personas concuerda que no debe haber restricciones al aborto y por ende al libre ejercicio de su cuerpo replicando así los mandatos culturales y por último la opinión de la honorable diputada solo el siguiente epígrafe “sin comentarios”.

Para finalizar algunas ideas de mi tesis acerca de la poderosa influencia que tiene en su conjunto el sistema poder y la cultura patriarcal para privar de derechos fundamentales a las mujeres y cosificar sus cuerpos al tal punto que se les prohíba disponer libremente de sus cuerpos pese a que esta libertad es a lo menos garantizada en nuestra constitución política o en otras cuerpos legales internacionales como la Convención de os derechos de la mujer.


Violencia estructural contra la mujer.

Por Catalina Barros

Si bien Chile ha mostrado una preocupación por enfrentar la violencia contra la mujer, lo cual se ha visto traducido en las ratificaciones internacionales que nuestro País a firmado (declaración de plataforma de acción de Beijing, CEDAW y convención Belem do Para), el trabajo que se ha visto reflejado a través de SERNAM, ahora siendo Ministerio de la Mujer y equidad de Género SERNAMEG (veremos cuáles son los cambios que ello traerá), la Ley 20.066 sobre violencia intrafamiliar y otros artículos que velan por el cumplimiento y protección de los derechos de las mujeres, entre otros.
Esto ha sido suficiente? Que falta para erradicar en gran medida la violencia contra la mujer? Porque una de cada tres mujeres sufra violencia por parte de su pareja? Porque gran parte de las mujeres justifica la violencia o la ve reflejada como algo normal o natural?

Me doy cuenta que nada ha sido suficiente, que la ley no es efectiva en un 100%, que las Políticas Públicas no han sido del todo favorables, que el Estado Chileno al igual que otros Estados ha seguido manteniendo el dominio patriarcal por sobre todo aquello que signifique igualdad de género y que mantiene también una incoherencia entre el discurso acerca de los derechos de las mujeres e igualdad de género y la realidad en cómo se ha planteado, en cómo se ha aplicado la ley, en cómo se han implementado las políticas públicas, todo esto sigue expresando una violencia simbólica del sistema que afecta a las mujeres y las mantiene en un estatus inferior.

Mencionar también que la violencia estructural o institucional afecta en mayor medida a las mujeres pobres, mujeres migrantes y mujeres que pertenecen a algún pueblo originario. Esta violencia se caracteriza por ser ejercida por funcionarios, profesionales, personal pertenecientes a cualquier entidad que pertenezca al sistema público, retardando el acceso a políticas públicas, no dejando que se ejerzan los derechos de las mujeres, dando una atención de mala calidad atentando la moral de las mujeres y discriminándolas.

En esta oportunidad quisiera referirme a la violencia que sufren las mujeres en la Salud Pública, la cual me indigna en gran medida, más aún cuando afecta y da paso a la violencia obstétrica.

Siguiendo con la idea y refiriéndome a la violencia en la salud, hacia la mujer migrante, cabe señalar que nuestro país recibe mayoritariamente a mujeres de países vecinos como Perú, Bolivia, Colombia, Argentina, Ecuador, entre otros. Tornándose un gran problema para ellas la atención primaria ya que las mujeres migrante al igual que los hombres en nuestro país no encuentran el lugar y el reconocimiento que merecen, las mujeres sufren de más riesgos por el hecho de ser mujeres y pasar por edad fértil, se ven con problemas específicos en salud, principalmente en sexual, reproductiva y mental. Las barreras con las cuales se encuentran en el área de la Salud se enfocan principalmente cuando ellas se embarazan y reciben una mala atención o simplemente no la reciben.

La estructuralidad de nuestro país, sobre todo en la salud pública estratifica a nuestra sociedad en grupos aventajados y otros por supuesto en desventaja, desventaja que sufre de cerca los pueblos originarios. Importante mencionar que las estadísticas reflejan mayor índice de pobreza en los pueblos indígenas en comparación de los no indígenas. Creo por mi parte que las mujeres indígenas sufren de grandes daños en la saluda al igual que las mujeres migrantes.

Siguiendo la misma línea, la violencia obstétrica (personalmente esta me enfurece en gran medida). En Chile esta violencia no tiene ningún reconocimiento jurídico, a diferencia de Argentina, Venezuela y México. Está violencia se caracteriza por ser aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresado en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales. Es tremendamente injusto que las mujeres no accedan a esta atención con iguales oportunidades y misma calidad de atención, que al momento de verse enfrentadas a un parto en la atención pública se vean con una pérdida de autonomía, pierdan su capacidad de decidir libremente, en resumen la opinión o decisión de la mujer, no tenga espacio ni valor alguno. Existe una evidente deshumanización del parto en la salud pública, principalmente en mujeres pobres, mujeres migrantes y mujeres pertenecientes a algún pueblo originario.

Por otra parte, también vemos reflejada la violencia en los derechos reproductivos de las mujeres, existiendo restricciones en el acceso a los anticonceptivos de emergencia, limitación al acceso de información sexual y finalmente quisiera pronunciar que afortunadamente la ley de aborto en las tres causales por lo menos ya fue aprobada en nuestro país, de lo contrario hasta el año pasado continuábamos con una seria violencia reproductiva y física.

Por último me gustaría hacer mención a las tres autonomías de las mujeres que nos dejan los acuerdos internacionales y que nuestro país debería velar por ellas como corresponde ; Autonomía en la toma de decisiones, autonomía física y autonomía económica. Cuando hablamos de estas tres autonomías, veo reflejada en gran parte erradicada la violencia contra las mujeres, si se llevaran a cabo por supuesto. Creo que la autonomía económica es de suma relevancia, ya que le da a la mujer independencia, protagonismo y reconocimiento social y la capacidad de decidir libremente, sin depender de un tercero. SERNAM ha enfocado sus objetivos de trabajo en fortalecer la autonomía económica de las mujeres a través de Capacitaciones, intermediación laboral y otros apoyos que se enfocan al cuidado de los hijos. Sin embargo no ha sido suficiente, falta más esfuerzo para que las mujeres logren ese reconocimiento y protagonismo social, la confianza de decidir libremente. El estado por completo debe trabajar en ello, comenzando principalmente en sensibilizar, capacitar y otorgar conocimiento a todos los funcionarios de las distintas entidades públicas, principalmente a los equipos del área de la Salud, ojalá contemplar en este trabajo hasta al guardia que la mujer se encuentra como primera instancia en las entradas de las oficinas públicas.

Columnas de Opinión Estudiantes del Diplomado Género y Violencia – Diversidad Sexual, Violencia, Género y Educación

El Diplomado de Extensión Género y Violencia es un programa que comenzó a impartirse como Curso de Especialización el año 2010, debido al creciente interés por abordar ambas temáticas desde una perspectiva crítica e interdisciplinaria. El 2013, este curso se consagró en un Diplomado de Extensión, teniendo sólo 12 estudiantes. Este año (2016), 28 estudiantes de diferentes áreas profesionales cursan el diplomado, demostrando que la violencia analizada desde la perspectiva de género es una temática crucial para la transformación de la sociedad hacia relaciones éticas, igualitarias e inclusivas de género.

Como parte de sus actividades de evaluación, los y las estudiantes realizan trabajos escritos de análisis y reflexión crítica sobre los temas trabajados en clases. Esta semana publicaremos algunas de sus columnas de opinión, en donde reflexionaron en un tema de elección personal. 


La intolerancia mata

Por Lucrecia Aliaga

Omar Mateen: estadounidense, de origen afgano y con 29 años, abrió fuego en una discoteca popular de la comunidad gay, en Orlando,(Florida), matando al a 50 personas e hiriendo a otras 53. El también murió. Omar, el asesino estaba casado, era un hombre maltratador. Trabajaba como vigilante de seguridad. Los que lo conocieron lo describen, como un hombre inestable y lleno de odio. Su personalidad presentaba: un amasijo de homofobia, confusión psicológica personal grave, mezclados con una ideología de ISIS.
Ese sábado 12 de junio, por la noche, el club estaba celebrando Latin Night, es un sitio popular de la comunidad LGBT, en la que solían reunirse latinos.

El hecho es de enorme crueldad, una tragedia grave en el S. XXI. Una sociedad que muestra grandes avances, sin olvidar sus quiebres, con un proceso de cambio rápido y profundo. Las tecnologías son el elemento evidente de la comunicación y transportan un modelo cultural diferente. Gracias a las TIC hay un tipo incomparable de percepción del mundo, de formas de vivir, de trabajar, de enseñar, de aprender. Este cambio afecta no sólo aspectos secundarios, sino a ideas y a ideales, a creencias que hasta ahora eran las consideradas correctas e inamovibles.

Lo ocurrido ha sido un hecho de muerte y “muerte por odio”. Esto nos habla directamente a quienes somos parte de esta sociedad y pertenecientes a instituciones responsables de educar, no de instruir; de orientar, no de disciplinar. Seremos generadores de vida en la medida que el respeto, el diálogo, el amor sean la tierra que abonemos a diario. Camino nada fácil, porque la intolerancia la llevamos en nuestros genes.

En este sentido, una característica fácil de identificar en una persona intolerante, es su incapacidad para discutir acerca de las creencias que sustenta, porque en el fondo son estas las que organizan el eje central de su personalidad. Está convencida que su creencia es la única verdad existente en el mundo, por la cual vale la pena, luchar a fin de plasmar su superioridad sobre cualquier otra pensamiento. De algún modo evidencia una inseguridad profunda. Pasan por la vida intentando preservar lo que “creen inamovible”

¿Por qué no revisarnos? Cuando lo que prevale en nuestra personalidad es la intolerancia expandiremos estiércol, carroña y esto si contamina. ¿Cómo ayudarnos a ser personas con mente abierta?

¿Por qué tanto odio a quien se presenta distinto? Las vidas dañadas de manera tan brutal nos afectan y no podemos ser impasibles. Lo que parece cierto es que este hombre ataca con saña a personas homosexuales. El padre del asesino, el Sr. Saddique, dijo a la cadena NBC que no cree que este ataque realizado por Omar se deba a doctrinas religiosas, sino a motivaciones homófobas. Saddique, afirmó que su hijo se indignó hace dos meses cuando, durante una visita a Miami, vio a dos hombres besándose.

Por eso, es de vital importancia ubicarnos en la realidad vivida y hablar con claridad de una palabra que asusta: la homosexualidad. Después de más de 35 años de investigación científica objetiva y bien diseñada que demuestran, que la homosexualidad, no es una enfermedad.. Tampoco se asocia con trastornos mentales ni problemas emocionales o sociales. Seguir creyendo y afirmando que sí lo es, habla de testarudez.

Y para datos más exactos en 1973, la Asociación Americana de Psiquiatría confirmó la importancia de una investigación nueva y mejor diseñada y suprimió a la homosexualidad del manual oficial que detalla los trastornos mentales y emocionales. Dos años después, la Asociación Americana de Psicología promulgó una resolución apoyando esta supresión. Lo cual implica considerar la homosexualidad como una opción sexual, que es parte de la orientación sexual humana…” Ambas asociaciones solicitaron a todos los profesionales de la salud mental que ayuden a disipar el estigma de enfermedad mental que algunas personas todavía asocian con la orientación homosexual.

Con delicadeza, pero con firmeza, les digo a las personas que frecuentan esta columna, que en nuestra actual sociedad, ni las familias, ni en los colegios ni otras instituciones, han avanzado lo suficiente. Todo lo contrario. Hay indiferencia ante la violencia con que son tratados estos grupos, que por ser minoría, están expuestos a los golpes, a la cárcel y cuántas veces a la muerte. La noticia ocurrida en Orlando, tiene que abrirnos los ojos, los oídos y el corazón.

En este sentido la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos), se encuentra preocupada por los altos índices de violencia que se registran contra personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex (LGBTI), además insiste a los Estados Miembros de La Organización (OEA) que tomen medidas efectivas para prevenir, investigar, sancionar y reparar actos de violencia cometidos contra personas LGBTI, de acuerdo al estándar de debida diligencia.

Soy cristiana y católica, por lo mismo siento profundamente el dolor de estas personas. Soy testigo y a veces cómplice por el silencio. A estas personas les falta la acogida de los suyos (familia, legitimidad social), y la nuestra. La relación afectiva constituye una dimensión compleja y estratégica, donde los individuos se separan habitualmente de un mundo que no los reconoce como sujetos afectivos. “La sociedad no ha hecho otra cosa que estigmatizar su orientación social. La violencia simbólica al que se expone un joven sin referente es asimilable a no tener ningún lugar social, se vive como una borradura de una identidad que sólo aflora desde su negatividad” (Juan Pablo Sutherland.)

La intolerancia mata, no aumentemos las cicatrices y las heridas a personas tan dignas como tú y yo.


Cómplices

Por Patricia Castro

A raíz de los hechos ocurridos el pasado 12 de Junio del presente año en Orlando en el Estado de Florida, Estados Unidos, donde hasta ese entonces un desconocido Omar Mateen atenta contra la vida de 50 personas, dejando a otras 53 heridas de gravedad y un sinfín de familias con un profundo dolor imposible de olvidar. Me pregunto, ¿Cuál es el objetivo? , crimen de odio, terrorismo, religión, homofobia, resuena una y otra vez dentro del colectivo social.

Ante esta situación observé asombrada la rápida respuesta de los medios de comunicación y la explosión de las redes sociales con argumentos que apelaban al “Ya no más”, “El amor es amor”, “La peor matanza en años”, además de cientos de imágenes con la bandera LGTBI alzada en la lucha por un mundo igualitario. Pero lo que más me llamó la atención fue la cantidad de veces que se ha hablado de DISCRIMINACION, así… satanizada, castigada, reprochada y renegada.

Pues bien, me vuelvo asombrar y me pregunto entonces ¿Quién discrimina? Considerando el gran sobrecogimiento que se palpa en la población pareciera que nadie, pareciera que nosotros no, que tu no, que yo no. Vuelvo a insistir, entonces ¿Quién? Qué pasa cuando la conmoción se termine, cuando el testimonio del “Joven Chileno” que sobrevivió deje de circular en los medios de comunicación y nos deje de parecer un hecho tan cercano y cuando esas decenas de nombres que no recordamos dejen de parecer importantes, ¿Seguiremos entonces hablando de discriminación? Sin ser presuntuosa me aproximo rápidamente a decir que No. ¿Porqué?, porque vivimos localizados en hechos puntuales, en actos terroristas, en matanzas, en guerras, en crímenes de odio, que utilizamos para desplegar el discurso correcto, para unirnos como hermanos ante la injusticia y el horror inminente que hiere a esos Otros que siempre están susceptibles de morir. Nos vestimos de tolerancia y castigamos al cruel, asumimos la bandera de lucha y la levantamos tan alto que todos la puedan.

Sin embargo me pregunto porqué no nos conmocionamos cada día cuando vemos avergonzados a nuestros hermanos homosexuales ocultarse, esconderse, pedir perdón, subyugarse y negarse. Porque no nos conmocionamos cuando vemos en la calle gritar a alguien “Maricón”, “Tortillera”, cuando nuestro compañero de trabajo finge no tener pareja y evita hablar de su relación porque tiene un “secreto”, cuando dos mujeres deben soltarse de la mano porque las “están mirando mucho”. ¿Por qué somos capaces de reconocernos en voz alta como personas que no discriminan y apuntar al que si lo hace sin tapujos, pero a la vez solapados en la comodidad del que mira nos silenciamos ante los actos más crueles de exclusión que nos rodean en nuestro cotidiano?

Nos asombra la muerte de 50 personas en un club Gay, pero no nos asombra que tenga que existir un club gay porque los heterosexuales no pueden convivir con la “anormalidad” de la diversión gay. Nos impacta la crueldad de estos actos, pero no nos impacta el silencio de nuestros propios actos, seguiremos naturalizando las injusticias que nos rodean, en espera de otro gran acto de crueldad que nos recuerde que debemos empatizar con los Otros, que nos recuerde que hay que luchar por la No Discriminación, que nos recuerde que debemos “orar por…” y también que “el amor es amor”.

No castigo la conmoción, no castigo el impacto, no castigo al tiempo, castigo al olvido. Al olvido de las personas, al olvido de los nombres, al olvido de las historias y castigo al recuerdo de lo colectivo, aquello que no nos permite individualizar, lo que no nos permite conectarnos con ese otro particular, castigo a los medios de comunicación que nos dicen que debemos sentir y cuanto tiempo nos permite sentirlo de acuerdo a lo que se nos quiere mostrar, castigo a las redes sociales que nos dicen cuál es la tendencia, es decir, que es lo que nos está importando y por ende debemos hacernos parte de lo que “se está hablando”.

No somos autores, pero somos como cómplices del crimen de Omar Matten, cómplices del odio, cómplices del silencio, cómplices de las prácticas naturalizadas de discriminación, cómplices de las burlas, del prejuicio, de la distancia, de la ignorancia. No esperemos ese otro evento que va a remecer la normalidad de nuestras vidas, no esperemos que los medios de comunicación nos digan que sentir, no esperemos la eventualidad, no esperemos que el horror nos invada. Finalmente, nos invito a aceptar la responsabilidad, a sufrir por la pasividad con la que vivimos, a dejar de mirar desde la vereda de en frente y cruzar la calle para actuar y detener los actos de violencia que hieren y matan diariamente a mucho más que 50 jóvenes en una noche de sábado.

Nos invito ahora si a hablar de discriminación, a despertarnos y fortalecernos como sociedad, nos invito a dejar de ser cómplices.


“No hay transformación si se mantiene el Sexismo en la Educación”.

Por Javiera Meneses

Estos últimos años se ha posicionado al interior de la sociedad chilena la necesidad de replantearnos el rol que le concierne al Estado en el ámbito de la educación. El movimiento estudiantil secundario y universitario se ha sabido hacer escuchar mediante tomas, paros y movilizaciones, de modo tal que la consigna por una educación pública, gratuita, laica y de calidad se ha erigido como un debate transversal al interior de la sociedad, en donde la búsqueda del fin de lucro se ha tornado un baluarte. En este contexto y a diez años de la denominada revolución pingüino estamos escuchando cada vez más fuerte las voces que exigen además que esta reforma educacional sea intercultural y no sexista dando cuenta de aquello varias acciones de las cuales quisiera rescatar un par.

El pasado 24 de mayo, las estudiantes del Liceo 1 Javiera Carrera (colegio emblemático, laico, de excelencia, municipal y de mujeres) salieron a protestar en una denominada marcha feminista en respuesta a gritos machistas que se hicieron escuchar en el contexto de movilizaciones desde algunos estudiantes del Internado Nacional Barros Arana (colegio que cumple con las mismas características, no obstante que es un liceo sólo para varones). Las chicas del cogesex (Comisión de Género y Sexualidades del Liceo 1) declararon mediante su cuenta de facebook que “las estudiantes nos cansamos de la violencia de los liceos de hombres hacia los de mujeres, de hecho nos cansamos de la diferencia y de la indiferencia”, visibilizando que categorías ampliamente utilizadas en contextos lúdicos, como gritar en una marcha “que se asomen las maracas”, constituyen formas de machismo al interior de un movimiento que buscan transformaciones de fondo al sistema educativo. En este sentido, argumentan las estudiantes, “ya es violento el sistema como para que nos ataquemos entre nosotros”, finalizando su actuar con un comunicado pegado en el frontis del INBA y orquestando un encuentro entre las estudiantes y la Secretaría de Masculinidades y Sexualidad para abordar temáticas inherentes a género y diversidad sexual, de manera tal de erradicar el machismo de sus prácticas cotidianas de lucha y reconocer a sus compañeras y compañeros como iguales.

Esta interpelación, como hito, denota como desde un plano singular las y los estudiantes están cuestionando su propia subjetividad en cuanto a discursos y taxonomías normalizados desde la propia escuela, de modo tal de comenzar a permear las luchas de géneros desde una arista que comprende el carácter desigual de las relaciones de género , deconstruyendo prácticas normalizadas y aprendidas desde la primera infancia.

Otra acción que ha rondado las redes sociales esta última semana apunta hacia un plano subjetivo, desde donde comprender como se ha ido perpetuando la desigualdad desde dispositivos simbólicos, como lo es la categorización lingüística.

En el marco de la toma del Liceo Carmela Carvajal de Prat (colegio que, al igual que el Liceo 1, es emblemático, laico, de excelencia, municipal y también sólo de mujeres) estudiantes pertenecientes al Colectivo Lemebel (Organización feminista de izquierda que mediante intervenciones artísticas y propagandísticas, busca la extinción del machismo y de las actitudes de dominación y desigualdad) tacharon en la placa de metal que identifica el nombre del colegio la parte alusiva al apellido de quien fuera el marido de la señora Carmela Carvajal, Arturo Prat, un marino reconocido por el estado como “prócer de la patria”.

Si bien esta última acción no representa una interpelación hacia un sujeto determinado que ejerza violencia de género, si lo hace en contra de un sistema que históricamente ha invisibilizado a las mujeres y les ha ido asignando un rol determinado. ¿Por qué a un colegio de niñas se le da el nombre de una mujer que la historia sólo la ha reconocido por ser la esposa de un sujeto?

Al enunciar esta disrupción, desde un acto de habla determinado, se aprecia como las estudiantes estructuran el lenguaje como una herramienta hacia un fin político, visibilizando que tan profundo esta calado en nuestra sociedad la desigualdad de género. Es interesante, además, como las categorías de una u otra forma van asignando roles mediante el lenguaje. Una primera lectura da cuenta de que tipo de enseñanza se buscó impartir en su momento en los dos colegios de niñas anteriormente mencionados.

Tanto el Liceo 1 Javiera Carrera (fundado en también en honor a la hermana de un “ padre de la patria”, en 1894, también) y el colegio Carmela Carvajal (nombrado de esta forma mediante decreto alcaldicio durante la dictadura, puesto que desde 1971 se le reconocía como el liceo A-44) se fundaron en su momento para formar a “futuras madres de familia” visión estereotipada que pese a haber sufrido transformaciones en cuanto a su función social primaria, sigue instaurando el rol que una “señorita” debe cumplir en sociedad.

En este sentido si bien los colegios sólo de hombres y sólo de mujeres nacieron en un contexto históricamente distinto, en el cual se asignaba un tipo de educación determinada acorde al sistema binario sexo –género y colocando de esta forma ciertas expectativas sobre las y los sujetos en cuanto a su distribución taxonómica, resulta a-histórico que sigan existiendo colegios que discriminan por sexo biológico el ingreso de sus estudiantes, toda vez que resulta contradictorio ante cualquier principio de inclusión y de no discriminación, en donde, por ejemplo, resulta irrisorio hacer encajar en este escenario a otras sexualidades.

De esta forma resulta casi ilógica una reforma educativa, entendiendo que la escuela se erige como uno de los dispositivos de disciplinamiento más explícitos a los cuales estamos expuestos, no sea bajo una directriz no sexista. El desarrollo curricular, tanto en los lineamientos del Ministerio de Educación, como en su esfera oculta debe romper con una educación que se ha erigido de forma diferente no sólo según lo atigente al sistema sexo-género, sino también asignando roles y replicando desigualdades.

En este sentido es necesaria una educación mixta que deje de perpetuar y erradique las prácticas de discriminación por género en lo cotidiano de las aulas. Que la educación sexual que reciben las y los jóvenes deje se aleje más de los componentes reproductivos, que son propios de una clase de biología, y se comprenda a enfocar desde un marco multidisciplinario e integral desde la primera infancia que rompa con estereotipos y también considere el placer, la construcción de identidades sexuales y el autoreconocimeinto como un sujeto sexuado. Que se incluyan, se reconozcan y se respeten las diversidades sexuales, rompiendo así con lesbo – homo – bi y trans fobias en los aparatos educacionales y que de esta forma se elaboren estrategias pedagógicas orientadas a terminar con las desigualdades en la educación.


Movimiento de secundarixs: Nuevas demandas o un paso a la transformación social

Por Carlos Guerrero

Las luchas que se han dado para desmontar la asimetría patriarcal en la educación han tenido victorias como el ingreso de mujeres a la Universidad. Sin embargo, es dable exponer en la actualidad se siguen observando algunas; por ejemplo la entrada de una mayor cantidad de mujeres a ciertos tipos de carreras tales como las del área de la salud y las pedagogías, por ajustarse a los roles de género impuestos a las mujeres como el cuidado y la crianza. Siendo importantes los avances mencionados que ha logrado el movimiento de mujeres en relación a la educación, hoy en día nuevas tensiones dan cuenta de desafíos que asume el movimiento de estudiantes.

Hace unas semanas atrás, en el contexto de un nuevo estadio de movilización estudiantil, para ser exacto el 24 de mayo del año en curso, las estudiantes del Liceo N°1 “Javiera Carrera”, se dirigen al establecimiento educacional de varones “Internado Nacional Barros Arana” (INBA), a fin de denunciar el machismo que se evidencia en algunos cánticos que integran el término de “maracas” para referirse a las liceanas. La movilización, de carácter político, establece un cuestionamiento a la base de un movimiento enfocado a las demandas de una educación pública, gratuita y de calidad, que se inicia a comienzos de siglo XXI en el país, dentro de un clima social de descontento hacia el sistema educativo instrumentalizado por las lógicas de mercado capitalista.

La crítica planteada por las “javierinas” genera preguntas que no se sitúan en el campo de la lucha estudiantil de origen. El despliegue que hacen permite ampliar la problematización hacia un sistema educativo sustentado en el patriarcado. Como resultado el estudiantado del INBA acoge la crítica y se posiciona abierto al trabajo en conjunto que permita la erradicación de las prácticas violentas opresoras por razones de género dadas al interior del movimiento estudiantil. Al respecto javierinas e inbanos sostienen que avanzan hacia una “nueva lucha social, no sólo desde las demandas estudiantiles, sino también de las demandas humanas y de compañerismo dentro de la “nueva ofensiva”, como asomo de una necesaria y revolucionaria visión de mundo.”

Si bien, es necesario destacar que la suma de los términos “no sexista” o “antipatriarcal” en el conflicto educacional, me parece interesante comprender el dinamismo de los procesos de transformación social fuera del marco de lo institucional.

Es importante destacar que la interpelación de las javierinas y recepción de aquella por parte de los estudiantes del INBA abre la mirada hacia procesos directos de transformación social que no requieren la intervención del Estado. Es la energía creadora de un movimiento que ya no sólo exige el acceso a una educación pública, gratuita y de calidad, situándose con una mirada clasista, sino que va abriendo caminos no recorridos en las experiencias de movilizaciones anteriores. Diría que la importancia radicaría que ésta nueva demanda requiere que cada participante del movimiento pueda llegar a reflexionar a partir de sus condiciones y experiencias en un sociedad patriarcal, preguntarse por posibilidades de cambio y por las tácticas para su ejecución.

En ese sentido, y desde una mirada adultocéntrica, resultará ejemplificadora la acción de las liceanas para el mundo adulto, tal como señala Claudio Duarte Quapper “se endosa a las y los jóvenes una responsabilidad como los portadores de las esperanzas de cambio y de transformación de las distintas esferas de la sociedad, por el sólo hecho de ser jóvenes. Su carácter de ser críticos e innovadores.” El surgimiento de la problematización expuesta relevaría, en principio, de capacidad de cuestionamiento al mundo adulto sobre las preguntas acerca del cómo se establecen las relaciones sociales, depositando toda posibilidad de cambio en las y los jóvenes, haciendo a un lado toda posibilidad de cambio porque “ya se está formado/a de esta manera y no se puede cambiar con la edad que se tiene.”

De esta manera, surge la reflexión sobre las posibles acciones subversivas al interior de una clase adulta opresora en razón de un patriarcado adultocéntrico. Desde allí resulta necesario observar la acción de un grupo de apoderados/as, inclusive el director del establecimiento, en el reciente desalojo del Liceo Manuel de Salas, quienes asistieron al procedimiento policial (procedimientos con un alto grado represivo y de legitimación en el uso de la violencia para asegurar la paz y seguridad social). La complicidad y unidad se hace manifiesta en lo que podríamos exponer como una conversación honesta entre dos grupos que están distanciados. La práctica de un diálogo político, dentro de una matriz sociocultural que divide por razones de edad, en relación al Estado, y de éste con el capitalismo, da cuenta de pistas que dirigen a la transformación social que abandonaría las diferencias de clase, étnicas, género, entre otras.

La consolidación crítica de una forma alternativa de relación social nos invita al establecimiento de escuchar las hablas disidentes de una estructura social/político/económico y cultural que va tomando forma en los procesos revolucionarios burgueses del siglo XIX. La dificultad se establece en evitar la cooptación de los discursos que nacen en pugna de lo normativo, por lo que se precisaría de una apuesta por la renuncia de privilegios garantizados por los sistemas de dominación imperantes y no en reacomodos dentro las estructuras de dominio/opresoras/subordinadoras en la construcción social.

Finalmente, y comentado en breve, se hace atrayente darle una mirada desde la micropolítica, de la que hablan Deleuze y Guattari, entre otros, al presente movimiento de secundarios/as, en cuanto a la posibilidad cuestionar/se acerca de los procesos y modos de subjetivación en el contexto neoliberal y la co/construcción de alternativas transformadoras de los y las sujetos/as.

Columnas de Opinión Estudiantes del Diplomado Género y Violencia – Infancia, Género y Violencia

El Diplomado de Extensión Género y Violencia es un programa que comenzó a impartirse como Curso de Especialización el año 2010, debido al creciente interés por abordar ambas temáticas desde una perspectiva crítica e interdisciplinaria. El 2013, este curso se consagró en un Diplomado de Extensión, teniendo sólo 12 estudiantes. Este año (2016), 28 estudiantes de diferentes áreas profesionales cursan el diplomado, demostrando que la violencia analizada desde la perspectiva de género es una temática crucial para la transformación de la sociedad hacia relaciones éticas, igualitarias e inclusivas de género.

Como parte de sus actividades de evaluación, los y las estudiantes realizan trabajos escritos de análisis y reflexión crítica sobre los temas trabajados en clases. Esta semana publicaremos algunas de sus columnas de opinión, en donde reflexionaron en un tema de elección personal. 


Adultocentrismo y abuso sexual infantil.

Por Carolina Álvarez

Hace unos meses atrás fue noticia nacional que en la comunidad de Paillaco, Valdivia se develó que varios hombres de un grupo familiar, entre ellos el abuelo, el padrastro, tíos y primos abusaron sexualmente de dos hermanas por casi 10 años. Esta horrible realidad se dio a conocer luego que una de las víctimas de 16 años se intentara suicidar. (www.eldinamo.cl/ … violo-a-dos-menores/)
Lamentablemente, esta situación pasa todos los días tanto en nuestro país como en el resto del mundo… alguien una vez osó preguntar ¿Chile, país de pedófilos? Y, me atrevería a decir que sí, somos un país que silenciamos el abuso, somos cómplices de la indiferencia social, familiar, institucional, y permitimos que la violencia, el abuso sexual sea perpetuado transgeneracionalmente.
Fue la clase pasada cuando ahondamos sobre el concepto de adultocentrismo y el género como una categoría analítica, que me volvió a la mente este caso y otros tantos que he conocido, ya sea por las noticias, en la vida o por el tiempo que estuve participando en la fundación para la confianza.
Me llama mucho la atención en cómo se señala e identifica a este tipo de agresores llamándolos “enfermos”, como si estuvieran privados de voluntad, aquejados de algún síndrome. Se categoriza como un enfermo, pero no se discute el hecho que en nuestra cultura “la colegiada” sea portada de diarios y revistas asignándoles un contenido erótico y sexista, y que la “lolita” “la niñita” “la mamita” sean símbolos sexuales, que alimentan la sexualidad machista.
Ahora me pregunto ¿serán enfermos? ¿Son enfermos? aquellos que hicieron de la violación un pacto familiar, aquellos que a través del abuso y violencia sexual se apropiaron de los cuerpos de esas niñas… Aquellos que se hicieron parte de la cofradía…
Creo que la mayoría de nosotras crecimos escuchando frases de los adultos, que nos hicieron parte de una sociedad funcionalista, la que espera e incentiva a que las niñas y los niños obedezcan a las personas adultas sin cuestionamientos, que reproduzcan la forma adecuada de ser un “buen niño” o “buena niña”. Recuerdo, que no debíamos ser “contestadoras”, no debíamos intervenir en “conversaciones de adultos”. El mensaje era y es claro, un niño o niña no puede cuestionar las acciones, decisiones e imposiciones de los adultos, (el lenguaje construye realidades) construyendo un estereotipo generacional sobre las niñas y los niños como seres inferiores, necesariamente situados bajo el poder y autoridad un “otro adulto”. Pareciera ser que desde la crianza clásica normativa, los niños y niñas carecen de voz, de identidad, incluso de sexualidad. La construcción adultocéntrica de la niñez los aparta como “no sujetos”. Entendido «en términos estrictos, el monopolio patriarcal es ejercido por los varones designados social-mente como adultos. […] Contiene [el patriarcado] la práctica de un adultocentrismo, por el cual la autoridad legítima y unilateral reposa ‘naturalmente’ en los adultos y también en las prácticas de discriminación de género con dominio patriarcal» (Gallardo, 2006; 230; Abaun-za et al., 1994).
La Fundación Para la Confianza en octubre del 2014, realizó una encuesta online y anónima a través de internet sobre Abuso Sexual Infantil en Chile, del total de 1.087 personas, 472 (el 43%) declararon haber sido víctima de abuso sexual infantil, un 48,5% de las mujeres y un 26,7% de los hombres reportó haber sido abusado sexualmente en la niñez .www.paralaconfianza.org/ … l-infantil-en-chile/
Entendiendo, que patriarcado ha permitido la concentración de posiciones de poder de dominio en varones adultos, y que contiene al adultocentrismo, en este sentido las niñas y niños se encuentran en un sistema de doble opresión. No obstante es mucho mayor el número de niñas, las que sufren violencia sexual.
Un testimonio, que puedo rescatar a través de un proyecto de la fundación para la confianza, que consistía en que personas adultas que vivieron episodios de abuso sexual en la infancia, pudieran compartir anónimamente sus experiencias a través de las redes sociales, con la intención de visibilizar el abuso sexual en la infancia, una mujer cuenta que cuando tenía 10 años y llevaba varios años siendo abusada por un familiar, en una ocasión cuando el agresor intento perpetrar un episodio de abuso acudiendo a su habitación, mientras los demás familiares no estaban en casa, ella pudo evitar el ataque empujándolo y cerrando la puerta con fuerza e hiriendo los dedos del agresor. Luego cuando pasaron las horas y su madre llego, fue acusada por el propio agresor por tener esa actitud “atrevida” y “agresiva” hacia el adulto a quien le debía respeto y sumisión, la reacción de su madre, fue obligarla disculparse a su agresor. La niña, sin entender que su acto de liberación y defensa significaba un atentado para la estructura, tuvo que abrazar a su agresor rogando por disculpas.
¿Alguien le pregunto a esa niña por que actuaba así? Dentro del imaginario adultocéntrico ¿los niños y niñas tienen pataletas sin razón alguna? ¿No son los niños sujetos de opinión? Lamentablemente, los niños y niñas son invisibilizados como sujetos, como personas con sus propias identidades e individualidades, siendo imposible de apreciar a través de la mirada adultocentrista.
En la noticia anterior, las niñas victimas del pacto machista y de violaciones reiteradas ¿fueron escuchadas? Alguien podría decirme que no hablaron, que por miedo guardaron silencio… sin embargo, siempre hay indicios, siempre hablan, el cuerpo habla… Si bien es cierto la palabra infancia proviene del latín infant a, cuyo significado primario alude a la incapacidad de hablar y define a los înfantis como aquellos que no tienen voz, pero también “significa portador de otra voz. Una voz distinta a la del paradigma utilitarista adultocéntrico” (J.Murillo), una voz que es nuestra obligación se debe hacer visible.


Niña encerrada por protección: ¿Un cuerpo que no importa?

Por Constanza Cid

Han transcurrido pocos meses desde que los medios de comunicación, autoridades del “Servicio Nacional de Menores” (SENAME), políticos y casi “quien pudiera”, bajo diversos discursos, exponen la vida y la muerte de una niña que fallece en abril de este año en dependencias del Centro de Protección Administración Directa (CREAD) Galvarino, lugar cerrado, ubicado en el centro de la Región Metropolitana…cerca de todo y todxs. Exponen su nombre completo, su imagen, su rostro, sus escritos, videos, sueños, sus incontables momentos de fragilidad y exclusión. De manera tal, como si mostraran un cuerpo desnudo, desprovisto de decisión, cuerpo que solo muerto fuera “digno” de ser público.
Por lo anterior, con el respeto que a mi me merece su existencia, me limitaré tan solo a acercarme, en el intento de no continuar exponiendo su profunda subjetividad, si no que analizando aquellos discursos oficiales e ideas que pretendieron significarla frente a la audiencia de espectadores del “desenlace fatal”.
Entre los discursos que circulaban y se instalaban desde la oficialidad que desnudaban la vida y muerte de la niña, aparece Marcela Labraña, hasta entonces directora nacional del “Servicio”, quien frente a un hecho -solo en esos momentos, solo cuando la muerte emerge- de expectación “Nacional”, versaba en conferencia de prensa, frases rebosadas de simbolismo, tales como:
“Ella estaba llevando un tratamiento bien administrado”.
“El día domingo ella estuvo esperando a un familiar muy cercano, la cual no llegó (…) Ella tenía un estrés post traumático de un abuso sexual intrafamiliar y el día domingo estaba esperando que la fuera a visitar un pariente muy cercano a ella y el día domingo eso hizo que se descompensara”.
“Una niña que llega a una residencia del SENAME no llega por gusto, ni nosotros quisiéramos que llegara, llega porque tiene una situación de riesgo vital en su propia casa, es por su propia familia está siendo abusada y maltratada”.
Diversos elementos que surgen en el contexto de la vida expuesta, desde mi perspectiva son necesarios de relevar, en tanto se introducen con una intención comunicativa, en un intento de simbolizarla y significarla. Por una parte emerge desde la autoridad, la necesidad de trasladar responsabilidades solo o en gran medida al espacio micro, a la familia. Desconociendo, en términos biopolíticos y tomando a Foucault, “la gestión de vida”, como si ella no hubiese estado en un centro residencial, como si las instituciones, el Estado, el Saber-Poder, no hubiesen influido directamente en su trayectoria vital y mortuoria. En un gesto que evidencia la necesidad de individualizar, en tanto es la niña quien se descompensa porque no había llegado un familiar, no hay nada más, es ella y su madre. Esta última a quien se la presenta como si fuese la responsable pues “ella no llegó”, Mujer cuyo rol maternal promovido por la sociedad patriarcal, no es tal y se sale de la norma, por tanto hay que culparla, castigarla y encausarla, por lo menos desde el discurso oficial.
Así mismo, presentar a la niña, como si lo vivido fuese susceptible de materializar solo en su cuerpo, como si solo ella estuviese encerrada bajo el emblema de la protección de derechos en un CREAD , me parece que es una acción de ocultamiento que busca invisibilizar a Otros miles de niñxs en palabras de Butler (En “Cuerpos que importan”, 2010) “Abyectos”, es decir, arrojados fuera, desechados, excluidos o inhabitables de la vida social, obnubilando que opera un modo de administrar a esas “Vidas Precarias” y gestionar sus malestares. No es cualquier persona que se arroja a la muerte, es una sujeta en donde se intersectan múltiples modos de opresión-exclusión en tanto cuerpo infantil, mujer, pobre o empobrecida y con una “enfermedad mental” de larga data.
Al alero de lo señalado inevitablemente surgen interrogantes ¿Cómo se hubiese tratado su muerte de haber sido significada niño? ¿Se hubiesen centrado en lo vulnerable de su cuerpo o en su disruptivo actuar? ¿Qué hubiese ocurrido de no haber vivido una vida precarizada? ¿Cómo se la significaría si hubiese estado en un centro de infracción de ley?
Pareciera ser que múltiples reflexiones y preguntas serían posibles, sin embargo, resuena permanentemente Foucault y Butler, al reflexionar que en esta sujeta-niña y en su cuerpo, el Estado chileno enrostra que no potencia cualquier vida, pues ésta evidentemente la arrojó a la muerte, de modos múltiples; en tanto en su trayectoria vital tuvo diversas limitaciones socioeconómicas, vivió por largos años en una residencia de SENAME donde desde hace un tiempo, se han visibilizado (por ejemplo con reportajes de CIPER Chile, documentos de UNICEF, ETC.) que no cuentan con las condiciones óptimas para el desarrollo integral de un niño o niña (Baja capacitación del personal, infraestructura cuya capacidad de usuarios rebasa las condiciones materiales del recinto, entre otros) , además, su malestar subjetivo fue abordado principalmente desde la “medicalización”, siendo su deceso una expresión de que dicho tratamiento pudiese no haber sido el más adecuado y el que respondiese a sus necesidades reales. En definitiva, el Estado “Protector” permitió y sigue permitiendo que ella y muchos Otros niñxs de sectores empobrecidos hagan carne día a día la vida precaria, siendo la impunidad otro modo de reforzar que para estos cuerpos no hay justicia.
Una niña cuya vida resultó en gran medida invivible a mi y tengo la certeza que a muchos Otrxs si importa.


Por una infancia empoderada de su cuerpo.

Por Sofía de la Fuente

Niños y niñas reciben constantemente mensajes del mundo que les rodea. En torno a sexualidad y género, es muchísima la información que reciben desde todo tipo de emisores. Desde lo que observan en las relaciones humanas dentro de su contexto, a lo que la familia les transmite, a lo que la escuela enseña –u omite-, a lo que la televisión y la publicidad presentan; y el mensaje siempre es más o menos confuso, porque en general, ni la familia, ni la escuela, ni los publicistas, se hacen cargo de él. El hecho de que los paradigmas de género comiencen a hacerse presentes desde tan temprana edad, repercute directamente sobre la forma en que niñas y niños se ven a sí mismas/os y a los/as demás, de donde se desprenden varias consecuencias: la primera de ellas es que la desigualdad y las discriminaciones de género comienzan precisamente en la infancia. Ciertos patrones de conducta asociados a los roles masculino y femenino, comienzan a hacerse no solo patentes, sino también de alguna manera obligatorios. Obligatorios en la medida en que salirse de esas normas implica, desde muy chicos/as, ser señalados/as con el dedo. Implica que nos pregunten, que nos corrijan, que nos llamen “maricas” o “machorras”, que nos aíslen, e incluso que nos castiguen. En la escuela implica verse expuesta/o al bullying, que muchas veces proviene no solo de compañeros/as, sino también de parte de profesores, profesoras y apoderados/as. Podríamos afirmar que los paradigmas de género constituyen un aprendizaje social introducido violentamente, en la medida que pareciera que solo adaptándose a ellos recibiría una persona el reconocimiento, los derechos y el respeto que debería recibir por el simple hecho de ser persona.
La relación entre infancia y género es especialmente interesante además por el hecho de que la infancia constituye una forma de estar en el mundo con otros/as desde una casi absoluta mudez. La voz de niños, niñas, niñes, rara vez es escuchada por el mundo adulto de manera seria, de manera sincera. Pocas veces puede un/a infante realmente elegir cuestiones determinantes: escoger su nombre, su género, su escuela. Y pocas veces les es reconocida la libertad de pensar por sí mismos/as. Si, por ejemplo, llega a ocurrir que un niño manifieste su deseo de ser niña, o que una niña manifieste su deseo de ser niño, la situación resulta embarazosa y la mayoría de los padres y madres tratará de rectificar y suprimir semejantes aspiraciones. Si, por el contrario, el deseo de ese niño o niña resulta escuchado por su madre y/o padre, y se le da la libertad de <<transformarse>>, la situación se convierte en un escándalo para su entorno, sobre todo en el espacio escolar. El escándalo se suscita no solo porque se considera inaceptable que un niño, con pene y testículos, quiera ser reconocido como niña, o que una niña, con vagina, quiera ser reconocida como niño, sino sobre todo por el hecho de que “son solo niños/as”, “¿qué sabe un niño de sexualidad?”, “¿qué sabe una niña de género?”. Se considera una falta de criterio, de parte de las y los adultos responsables de ese niño o esa niña, hacer caso de semejante “capricho infantil”. En este tipo de situaciones la discriminación es doble: de género, por un lado, porque se obliga a una identidad de género, basándose en la idea de que debe coincidir con los genitales de nacimiento (y los estereotipos que caracterizan a cada sexo-género); y etaria, por otro lado, al suponer que la minoría de edad resta derecho a decidir sobre sí mismo/a.
La socióloga Iskra Pavez Soto, utiliza el término patriarcado adultocéntrico para referirse a esta doble violencia de nuestro sistema social. Éste se basa en una lógica patriarcal que, por un lado, sitúa lo masculino en una posición de poder respecto de lo femenino, y por otro, coloca a la adultez en una relación de superioridad respecto de lo infantil. Es decir, un sistema que otorga el poder y la autoridad a lo masculino y a lo adulto, y que asocia lo femenino y lo infantil con la fragilidad y la obediencia. Un ejemplo ilustrativo de esto es la costumbre de utilizar la palabra “niñita” para insultar a un hombre cuando da alguna señal de debilidad o cobardía, asociando estas características con aquella existencia donde se une lo femenino y lo infantil: la niña. “Ser niñita” como sinónimo de ser poca cosa, como símbolo de humanidad inferior. Ilustrativas también son las cifras del Sename, que indican que 73% de los abusos sexuales a menores corresponde a niñas; el 84,7% de los abusadores son familiares, y en el 96% de los casos son hombres. Parece claro que una estructura sociocultural y familiar que mantiene la lógica del patriarcado adultocéntrico, posibilita situaciones como las descritas por las cifras recién mencionadas. Ahora, como también sostiene Pavez Soto, una de las mayores barreras que encontramos para superar esta realidad es el hecho de que el tema continúa siendo un tabú. No solo el abuso sexual es un tema tabú, por lo delicado que resulta para los/as implicados/as, sino en general el tema de la sexualidad y del género en la infancia. Son escasas las ocasiones en que a niñas, niños y niñes se les habla del cuerpo; tanto en el espacio familiar como en la escuela, es un tema que rara vez se toca, más allá de los contenidos que aporta la anatomía en la clase de biología, o la sexualidad en términos de aparatos reproductores.
Bajo estas circunstancias, creo que habría que plantearse la necesidad de dar un vuelco a este modus operandi, haciendo un esfuerzo colectivo por el empoderamiento de la infancia. En primer lugar, abriendo espacios para que niñas y niños puedan expresarse, opinar y poner en duda. Desde una simple conversación, en un marco de cariño y respeto, ya sea en la casa, ya sea en la escuela, idealmente en ambas. Por supuesto, el diálogo no es la única vía, sino una entre tantas: también están las artes, la música y otras formas de expresión que pueden resultar más cómodas para algunos/as quizás más tímidos/as. Lo importante es que propiciemos para ellos y ellas instancias que logren abrir camino para la posibilidad de una infancia sin miedo, una infancia empoderada, y empoderada hoy, no mañana. Empoderada de su cuerpo, de su identidad, de su tiempo, de sus pensamientos y afectos. Una infancia que se atreva a preguntar, y a incomodar si es necesario. Una infancia sujeto de derechos, que participe activamente en la construcción y la deconstrucción del mundo, de ese mundo del que también es parte. Una infancia tan segura del respeto que merece, que posea las herramientas para defenderse de quien quiera arrebatárselo, en lugar de que tengan que defenderlo otros/as cuando el daño ya esté hecho.


Perspectiva de Género y su invisibilización en la infancia.

Por María Paz Gallardo

Hace algunos días pude ser parte de una clase en el Diplomado de Género y Violencia de La Universidad de Chile, en donde nuevamente se continuó ampliando mi mirada respecto al enfoque de género. No es fácil comenzar a mirar la realidad completa de vida sobre una perspectiva nueva, en donde uno se comienza a cuestionar lo que desde que naciste es “incuestionable” y en donde a una comienzan a tratarla de diversas críticas por aplicar dicha mirada en distintos contextos físicos y personas.
Es así que la clase de “una construcción de la situación de la infancia y adolescencia en Chile “ me removió profundamente e hizo que tomara conciencia de una realidad que invisibilizamos muchos e incluso nosotros (y me incluyo) los que podríamos tener algún tipo de intervención con niños niñas y adolescentes. Me removió profundamente darme cuenta que si bien al tener conciencia de que el sistema del Patriarcado se encuentra presente omnipresentemente en toda nuestra estructura como sociedad, me entristece que la forma de perpetuarla y mantenerla muchas a veces incluso la he ejercido. En particular con los NNA, y su doble opresión según lo que pudimos realizar como análisis en la clase. Vivimos en una sociedad de Patriarcado en donde sí, es un sistema “masculino”, en donde las mujeres nos vemos en una posición “por debajo “ de los hombres, lo cual se ha perpetuado por siglos y la continuamos perpetuando a pesar de que en los últimos años, se ha comenzado a movilizar a partir del feminismo, este movimiento que ha llevado a tener conciencia respecto a la igualdad y equidad entre hombres y mujeres, lo que se debería de extrapolar a toda la sociedad.
Pero cuando nos ponemos a analizar que el patriarcado, conlleva una serie de características, nos referimos a como afecta o pone en ventaja a “los hombres sobre las mujeres” sin tomar conciencia de los niños, niñas y adolescentes, sino que solo considerándolos a partir de una heteronormatividad, sin pensar que tienen necesidades distintas. El adultocentrismo, es aquello que nos lleva a generar una doble opresión a los niños y niñas en donde además de vivir en una sociedad que es patriarcal se cruza con este concepto lo cual tiñe el funcionamiento desde la estructura mas básica hasta las instituciones normado toda nuestra sociedad.
El adulto centrismo, al invisibilizar a la infancia lo que hace es oprimirla y llevarla a un estado de subordinación , estas “jerarquizaciones productoras de asimetría”, (como dice Simone de Beauvoir) aseguraban la subordinación de los sujetos , originando y sosteniendo hasta hoy sobre en un sistema patriarcal en que las mujeres perdieron las posibilidades del ejercicio de poder en sus sociedades y fueron relegadas a roles reproductivos y productivos domésticos sin capacidad en el plano de las decisiones políticas, económicas y sexuales.
Quiero ser sincera respecto a lo anteriormente dicho, en cuanto nunca fui capaz de ver, si he velado por los derechos de los NNA en un ejercicio permanente, en donde se ha tratado de visibilizar en cuantos a sus características, ciclo vital y sus necesidades de acuerdo a ello, y vida, sin embargo al cuestionarme, como se ha mantenido la invisibilización de ellos en los diversos contextos de nuestra sociedad es lo que me lleva a criticar fuertemente y aún más instituciones que se encuentran a cargo de los niños como SENAME e incluso a algunos colegios que a pesar de ser laicos con una malla en donde tratan de mostrar apertura en la diversidad y al ser mixtos prometen igualdad, muchas veces son aquellos que perpetúan esa desigualdad de género.
Es así como me gustaría detenerme en la violencia de genero hacia las niñas en particular, lo que no quiere decir que no exista esta critica del adultocentrismo en los niños hombres, y como opera en todas sus dimensiones incluso en aquellas que velan por sus derechos, sin lograr visibilizarlos como personas sujeto de ello.
Durante la clase que tuvimos me llegaron profundamente aportes de compañeras presentes en donde una de ellas manifestaba como el sistema judicial en tanto Tribunales de Familia y Fiscalía, invisibilizaba al niño como tal, posicionándolo en una calidad de adulto frente a la ley, en donde muchas veces se exponía a situaciones tremendamente vulnerables para ellos luego, por ejemplo de un delito sexual. La exposición al delito durante reiteradas veces, sumado a la exposición y sometimiento de pruebas que acrediten la veracidad del NNA, es una situación tortuosa y que muchas veces llega a producir este mismo proceso incluso mas daño que el mismo hecho.
Sin mencionar la nula perspectiva de género que presentan en su gran mayoría los jueces en Tribunales de familia y en lo penal de nuestro país, en donde muchas de sus decisiones son teñidas por prejuicios respecto a que al ser niña o mujer podría haber sido la que provocó el delito.
La revictimización secundaria que afecta a niños y niñas es un hecho que estado presente en toda la sociedad, producto también del adultrocentrismo, en donde no podemos ver a los niños como tal, posicionándolos en un lugar de adultos, donde ni siquiera cuentan con un aparato psíquico para poder significar un trauma. Diversos proyectos como “no me preguntes mas”, se han encontrado difundiendo de una forma mas oficial por medio de artistas del espectáculo más que consolidarlo en el sistema político y jurídico donde se continúan con las prácticas victimizantes sin considerar al niño/a como tal.
En como por ejemplo un taller de “anti princesas” utiliza como logo principal, una niña con características masculinas para representar que de alguna forma el ser masculina las llevará a “ser libres” y tener mas libertad de acción.
Con esto me quiero detener también en que se invisibiliza a los niños que son víctimas también de esta heteronormatividad, y que si ellos quisieran ser princesas no es una categoría posible concebir en nuestra estructura como sociedad.
Como no mencionar también la critica que realizó otra compañera respecto test que evalúan la inteligencia, en donde le preguntan a los niños y niñas que son, en donde si responden de forma equivoca le restan puntaje, lo cual es posible de acuerdo a su identidad de género, lo muchas veces influirá e incluso determinará en que si son “mas o menos inteligentes” lo que saldrá como respuesta en el resultado de dicho test.
No existe una ley que norme la presencia de enfoque de género, por ejemplo en los libros de colegio en donde desde el inicio de la escolarización incluso en las tareas que nos hacen hacer en el jardín infantil, representando y perpetuando lo que de acuerdo a la heteronormatividad debemos cumplir al ser hombres y mujeres.
Es sin duda, algo que vemos día a día, con aquellos que convivimos y que incluso de una forma, a modo de funcionamiento inconsciente, muchas veces potenciamos y avalamos respaldándolo como algo que se debe hacer.
La invisibilización de la perspectiva de género en la infancia es una realidad a la cual no estamos ajenos, lo importante es que al tomar conciencia de ello, estamos llamados a crear acciones concretas, a difundir este llamado a la igualdad, a poder generar conciencia respecto a como estamos criando nuestros niños y niñas, a cuestionarnos como opera el sistema completo de nuestra sociedad, instituciones que norman el actual y pensar sobre nuestros niños y niñas y entre tantas cosas mas. El cambio de perspectiva que debemos tener todos y todas, es a valorizar a los niños y niñas, como son sujetos de derechos verdaderos, en donde debemos de cuidarlos de ser reproductores del sistema patriarcal y avalar muchas de las prácticas de posicionarlos en un lugar de subordinación para ellos.
Queda la tarea entonces, en poder enseñar una sociedad de igualdad, de exigir derechos, y de visualizarnos en cada uno que es lo que estamos trasmitiendo a nuestros niños y niñas.


Una mirada de la infancia; desde una violencia institucional.

Por Karen Gutiérrez

En base a los últimos acontecimientos ocurridos en el servicio nacional de menores, a raíz de la muerte de una de una niña de 11 años, perteneciente a un centro de protección CREAD, el 12 de Abril del presente año y a su vez las malas prácticas de funcionarios que han salido a la luz pública, tras el hecho mencionado con respecto a los programas de prevención y protección de la infancia. He visto la necesidad de referirme a este tema en particular ya que los actuales niños serán los gestores de la sociedad futura, siendo los impulsores y perpetuadores de las enseñanzas que la sociedad permea en ellos, sean estas positivas como negativas. No es un tema tabú, señalar que la protección a la infancia se encuentra en crisis, que el estado no ha sido capaz de entregar protección, siendo este el organismo encargado de salvaguardar los derechos de niñas, niños y jóvenes. Considerando que se trabaja con niños y niñas pertenecientes a sectores estigmatizados, compartiendo características en torno a la pobreza, disgregación en relación al apoyo social, pertenecientes a un grupo vulnerable, con poca educación, “abandonados” por sus cuidadores que no han sabido ser garantes de sus derechos. Donde el estado y la ley deben otorgar resguardos a la vida humana. Sin embargo, este grupo de niños, niñas y adolescentes han sido excluidos por el propio estado y los poderes que lo convergen no han logrado resguardar la vida de la totalidad de las personas, ejerciendo una violencia estructural de carácter institucional como lo señala Rita Segato, siendo doblemente “abandonados”. SENAME en ese caso, por el poder que le confiere el estado sería el encargado de velar por los intereses superiores de los niños, niñas y adolescentes pero ¿qué sucede cuando este servicio presenta falencias en relación a su misión como institución? Como lo vimos en el caso de la niña que falleció en la residencia, la directora regional de SENAME Marcela Labraña renuncia al cargo tras cuestionamientos por el funcionamiento y malas gestiones al interior del servicio, Sin embrago esta acción no permite generar cambios en las residencias ni en los centros cerrados o semi cerrados, la restitución de la presidencia de este servicio no implica la modificación de malas prácticas de manera inmediata. Entonces, ¿Qué rol cumple el estado? Y es aquí donde el estado no se hace presente. Ahora si quitamos al servicio de este tema y nos enfocamos solamente en el estado y a las instituciones que lo componen como el poder judicial; tribunales de familia, fiscalía, carabineros, PDI, entre otros. Podemos observar que existe una violencia hacia la infancia, una violencia institucional, donde se carece de leyes y políticas públicas, donde se ven invisibilizados los derechos de los niños, niñas y jóvenes existe una doble victimización por parte de estas entidades, ya que la infancia acude a estas instituciones con el propósito de buscar solución y apoyo a sus vulneraciones, acuden al estado como organismo regulador y protector, y ¿qué es lo que hace el estado? los vulnera y normaliza ciertos patrones de conducta. No se están regulando a las instituciones, donde el operar de cada una de ellas está siendo de manera aislada, no existe un trabajo en red coordinado, invisibilizando a la figura humana como sujeto de derechos, quedándose en el objeto de derecho, cosificando la vida humana. En este sentido el estado cobra real importancia, puesto que manifiesta el patriarcado en todo su esplendor, este dominio de poder que ejerce, sobre los desposeídos (NNA), víctimas de un sistema empapado en el patriarcado, la relación de subordinados, demandando obediencia y control sobre los débiles, los pasivos, esta relación de poder es lo que perpetúa la violencia. Cada una de las entidades mencionadas, ejercen violencia de una u otra manera, victimizando y re victimizando a los niños y niñas en sus relatos, enjuiciando sus historias y vivencias, otorgando poca credibilidad y juicios de valor a estas. La falta de personal idóneo y la escasez de conocimiento, falta de perfeccionamiento en torno a la temática de la violencia por parte de los profesionales que se ven involucrado en este tipo de actos es crucial para frenar y sopesar el tema de la violencia en la infancia, desde mi experiencia como Profesional que trabaja con infancia perteneciente a sectores vulnerables y por tanto marginados de cierto modo del sistema, es una recurrencia la re-victimización de las instituciones, donde se ejerce una opresión hacia la figura de la infancia y mayoritariamente a la figura de la niña. Puesto que la estructura de poder construida desde el patriarcado esta instaurado en la sociedad que les señalo, donde las propias mujeres madres se han encargado desde el adultocentrismo oprimir a estas niñas y niños vulnerados en sus derechos.
Seria duro de mi parte señalar que la protección a la infancia está en decadencia. Sin embargo, es responsabilidad de cada uno de nosotros, como padres, formadores en distintos ámbitos, salvaguardar los derechos de nuestros niños, proteger la infancia que no se permee con las experiencias de violencia vivida durante la niñez, otorgar oportunidades de un desarrollo adecuado de sus individualidades e identidades. Potenciar desde la base, desde la familia una mirada integradora de equidad, de visibilizar al otro como un ser con derechos, de respetar y comprender las diferencias de cada uno y enriquecerse con las individualidades que componen la sociedad.

MANIFIESTO: Mujeres de la Universidad de Chile contra el Acoso Sexual

Compartimos con ustedes el Manifiesto de las Mujeres de la Universidad de Chile contra el Acoso Sexual, y les invitamos a firmar en los links de abajo.

FIRMA EL MANIFIESTO AQUÍ

El acoso sexual abarca “todas aquellas conductas de naturaleza sexual no deseadas por la persona que las recibe y que, por ello, afectan su dignidad al resultar ofensivas, hostiles o amenazadoras”.

Actualmente la Universidad de Chile está viviendo un proceso de conocer y reconocer que esta práctica también ocurre al interior de la institución, afectando la salud, la vida laboral, sexual y psicológica principalmente de las mujeres, tanto estudiantes como funcionarias y académicas.

Quienes adherimos a este manifiesto consideramos que estas conductas discriminatorias atentan contra la dignidad de las personas impidiendo el goce y ejercicio de múltiples derechos. Las varias formas de acoso sexual tienen como consecuencia la exclusión de las mujeres de los espacios públicos universitarios, mermando sus posibilidades de recibir una educación integral e igualitaria, generando climas de trabajo hostil, impidiendo el normal desenvolvimiento laboral y el desarrollo de la carrera profesional.

Es tarea de todos y todas quienes formamos parte de esta comunidad educativa erradicar el acoso sexual como una de las más evidentes manifestaciones de las relaciones de subordinación de género, que hasta ahora han estado invisibilizadas y naturalizadas.

REPUDIAMOS
Toda forma de acoso sexual producido en las distintas Facultades y unidades académicas de nuestra universidad. Esto significa el rechazo tajante a los encubrimientos, a la falta de sanciones para los casos comprobados, a la normalización y reproducción de este tipo de actitudes, a la revictimización, ridiculización y hostigamiento de quienes denuncian, a la falta de compromiso institucional por investigar y promover las buenas prácticas que nos protejan de vernos expuestos/as a estas situaciones.

SOLIDARIZAMOS CON
Las personas que han vivido el acoso sexual al interior de la Universidad y que no han recibido la adecuada atención, acompañamiento y resolución.

EXIGIMOS
Que la Universidad cuente con políticas claras y accesibles para nuestra comunidad respecto al acoso sexual, de acuerdo al compromiso asumido por el actual Rector, con la firma del “Pacto por la equidad de género en la Universidad de Chile”, cuyo punto 5 está referido a esta materia.

Por tanto DEMANDAMOS
– Medidas de prevención y de buenas prácticas para todos los estamentos universitarios.
– En caso de acoso sexual: que éste sea debida y oportunamente revisado para su investigación y tratamiento justo, apegado a un régimen ético, transparente y eficaz en todas las dependencias de nuestra casa de estudios.
– Que exista una instancia formal institucional integrada por personas con formación en temas de género que vele por este proceso y se encargue de tomar medidas de protección y del acompañamiento a las víctimas.
– Que se resguarde el debido proceso, para que todas las partes sean escuchadas; se asegure la confidencialidad y la resolución dentro de plazos acotados.
– Que se apliquen sanciones adecuadas, efectivas y proporcionales a la falta.
– Que se normen medidas reparatorias para los/as afectados/as, tales como atención médica y/o psicológica.

Santiago, mayo de 2016

FIRMA EL MANIFIESTO AQUÍ

Acoso en la Universidad de Chile

A raíz de los últimos acontecimientos en el Campus Juan Gómez Millas y frente a la publicación en el diario The Clinic del jueves 31 de marzo, que expone las denuncias de acoso dentro de la Universidad de Chile que involucran a docentes y estudiantes, el Centro Interdisciplinario de Estudios de Género (CIEG) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile emite la siguiente declaración.

Si bien los hechos aludidos en la nota se enmarcan dentro de una facultad en específico, recordamos que desde el año 2014, con la publicación del informe “Del Biombo a la Cátedra. Igualdad de Oportunidades de Género en la Universidad de Chile”, se ha hecho explícita la existencia de desigualdades de género dentro de la Universidad, que incluyen el acoso laboral y sexual de docentes, funcionarios/as, profesionales y estudiantes, que han generado un profundo malestar que afecta la convivencia inter e intra estamental. Previo a ello, en el año 2011, el CIEG en conjunto con el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Chile elaboró un documento con recomendaciones para enfrentar el acoso sexual, debido a la observación de vacíos protocolares en estas materias.

Recordamos, además, que en Abril del 2014 todos/as los/as candidatos/as a rectoría firmaron el Pacto por la Equidad de Género en la Universidad de Chile, siendo incluido en sus programas y eventual mandato, donde en su punto 5 establecía: “Creación de un protocolo de prevención y acción en caso de acoso sexual al interior de la Universidad.”

Este pacto fue confirmado por el rector Ennio Vivaldi el año 2015 durante la ceremonia de conmemoración del Día Internacional de la Mujer, reconociendo que se implementaría una lucha contra el acoso sexual dentro de nuestra Casa de Estudios, que tuvo como resultado la elaboración de los documentos “Orientaciones para enfrentar el Acoso Sexual en la Universidad de Chile”, y “Respuesta Institucional ante el Acoso Sexual en la Universidad de Chile”, por el profesor Claudio Nash y la Oficina de Igualdad de Oportunidades de Género (Vicerrectoría de Extensión).

Sin embargo, a pesar de que hay evidencia que respalda la existencia de acoso en la Universidad, y material institucional que guía el accionar frente a las denuncias, estos protocolos no se están cumpliendo, ya sea por falta de voluntad o por carencia de mecanismos de transparencia y agilización en los procesos de sumario. Por otra parte, al acoso sexual y laboral no se le asignan la importancia necesaria dentro de las preocupaciones de los diferentes departamentos y facultades de nuestra Universidad, que deben tomar acciones más concretas para cumplir con la prevención y acción comprometidas. Nos enfrentamos a un problema que es histórico, profundamente arraigado en nuestras costumbres, que debe ser enfrentado con el compromiso de asegurar una ética convivencia en nuestra Casa de Estudios.

En el documento Respuesta Institucional ante el Acoso Sexual en la Universidad de Chile, se proponen medidas hacia la prevención y tratamiento del acoso, entre las cuales se encuentra la implementación de una Unidad Especializada en acoso, que además de recibir denuncias, brinde apoyo y haga seguimiento a las mismas, como también capacitar a la comunidad universitaria en todo sus estamentos, en especial a quienes participen en la investigación de los casos. Apelamos a los departamentos y facultades de nuestra Universidad, que se hagan parte de este proceso, estableciendo acciones concretas hacia la educación en igualdad de género, y contra el acoso laboral y sexual. No basta con aumentar la cuota de cursos que abarquen teóricamente la igualdad de género para estudiantes, si esto excluye, por ejemplo, a funcionarios/as, planta profesional y docentes, quienes finalmente serán quienes hagan proceder las investigaciones. Por otra parte, los departamentos y facultades deben asegurar el conocimiento y aplicación adecuado de los protocolos de denuncia y sumario contra el acoso, para que quienes sean víctimas sepan de antemano dónde y cómo hacer la denuncia, y sus derechos en calidad de denunciante.

Por otra parte, nos parece sumamente importante que los casos de acoso sexual y laboral en la Universidad sean investigados con transparencia y agilidad, y es por ello que apoyamos las denuncias de quienes se han sentido vulnerados/as. Para activar una investigación, cualquier persona que se sienta afectada puede recurrir a una autoridad competente para iniciar sumario administrativo, y cualquier autoridad que tome conocimiento de un acto de acoso está obligado a denunciarlo. Por autoridad se refiere a Prorrector/a, Contralor/a, Secretario/a General, Vicerrector/a/es, Director/a Jurídico, Director/a de Comunicaciones y Relaciones Públicas, Decanos/as de Facultades o Directores/as de Institutos. En caso de que el acusado sea un estudiante, la autoridad es el Vicerrector/a de Asuntos Académicos, Decano/a o Director/a (Ver “Orientaciones para Enfrentar el Acoso Sexual en la Universidad de Chile”).

Finalmente, el equipo de docentes e investigadoras del CIEG se pone a disposición para apoyar cualquier iniciativa que trabaje hacia la prevención e investigación de las denuncias acogidas. Consideramos que la Universidad debe romper con las barreras culturales e inercia social que valida el acoso, y colocar la acción en contra de la violencia de género, la violencia sexual y el acoso laboral como una preocupación política de primera línea. Por eso exigimos que se vele por el cumplimiento de los pactos asumidos, especialmente desde las autoridades, y que se coloque énfasis en la prevención para que estas conductas no se sigan replicando. Es trabajo de todos/as cuestionar conductas y malos tratos que se ejercen al interior de la Universidad, denunciarlas y erradicarlas. 

¡Las mujeres no somos territorio ni desecho!

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, participamos en instancias de conmemoración diversas por la equidad e igualdad de género en Chile, buscando mantener la discusión centrada en las demandas de las luchas de mujeres de hace 100 años. Como otrxs 25 mil personas, asistimos a la marcha convocada ese día, llevando a cuestas y recordando los nombres de las 6 mujeres asesinadas a la fecha por el patriarcado. Desde aquél día, la cifra ha aumentado a once mujeres, once feminicidios en lo que va del 2016, además de los femicidios frustrados, las 17 violaciones cometidas a diario en este país, y la violencia y asesinatos a compañerxs de diversas sexualidades e identidad de género. En la semana de conmemoración de las luchas feministas, estos hechos nos recuerdan que sobre nuestros cuerpos se está librando esta batalla, y son nuestros cuerpos y nuestra vida la que es usada como territorio a conquistar y explotar, para luego ser dechado como basura.

Múltiples organizaciones han alzado la voz respecto a la respuesta social, política y mediática de los recientes acontecimientos. El Movimiento de Acción Migrante se han pronunciado respecto a las reacciones diferenciadas entre los feminicidios de Marina Menegazzo y María José Coni, mendocinas asesinadas en Ecuador, y el feminicidio de la colombiana Juliana Acevedo, delatando prejuicios racistas y xenófobos en el tratamiento de cada caso: mientras en un caso se instaló el derecho de viajar libres y seguras, por el otro se adjudica el asesinato a una supuesta calidad delincuencial de la migración. Lejos queda el recuerdo de que en ambas situaciones, las mujeres han quedado botadas en bolsas de basura, como desechos. Por otra parte, la Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres declara TERRORISMO FEMICIDA, la sucesión de actos de homicidios, lesiones, secuestros, etc., que cumplen con la finalidad de producir un estado de temor en la población, en las mujeres, de ser víctima. Temor que es agravado, además, por la impunidad sostenida de los femicidas hasta el momento de matar, ya que muchos tienen historiales de violencia y agresiones a mujeres.

Por lo anterior, declaramos absoluto repudio, no sólo a los feminicidios, sino también al manejo institucional y mediático que se ha dado a estos crímenes, que no se sustentan en el amor ni en los celos, sino en el abuso de los cuerpos de las mujeres como territorio, propiedad y desecho. No seremos cuerpos inertes en el basural, hacemos presentes los nombres de quienes han sido asesinadas por el patriarcado.

10 de Marzo: Mujer aun no identificada, 60 años aprox., murió a causa de herida de bala en la cara provocada por su esposo, en Los Andes.

8 de Marzo: Amelia del Carmen García Correa, 47 años, asesinada con arma blanca por su esposo, Juan Humberto Cornejo González.

8 de Marzo: Nelly Leighton Salazar, 45 años, asesinada por su pareja José Arriagada Baeza.

7 de Marzo: Magali del Carmen Carriel Garrido, 63 años, asesinada por su esposo, Carlos Delgado Delgado, con arma blanca.

5 de Marzo: Juliana Andrea Acevedo, 21 años, asesinada y descuartizada por su conviviente, Edwin Mauricio Vásquez Ortiz.

5 de Marzo: Silvana del Carmen Sepúlveda Durán, 41 años, asesinada por su conviviente, Francisco Marchant Marchant.

3 de Marzo: Karen Wilson, 31 años, estrangulada por su cónyuge, Ricardo Huerta.

24 de Febrero: Claudina Barrientos Oporto, 42 años, murió a causa de una herida de bala provocada por su marido René Carvajal Dasan.

31 de Enero: Elba Inés de las Mercedes Escárate Arenas, 90 años, asesinada con un arma de fuego por su marido, Luis Arturo Reyes Espinoza.

10 de Enero: Magdalena del Rosario Carrillo Levipan, 43 años, asesinada con arma blanca por su conviviente, Luis Rolando Rosales Oporto.

2 de Enero: Claudia González Ovalle, 36 años, fue asesinada por su conviviente.

repudio (1)

 

Performance de alumna del magíster, Karin Bock – Homenaje en el Día Internacional de la Mujer

En el Día Internacional de la Mujer, homenajeamos la lucha histórica invisibilizada de las mujeres por hacer valer los derechos fundamentales de representatividad política, seguridad y dignidad laboral, y libertad sexual. También rendimos tributo a las mujeres que en este proceso han sido asesinadas y violentadas, porque han cuestionado el lugar asignado a ellas en la sociedad, o porque por su condición y posición de mujer han sido blanco de la violencia y opresión sexista, institucional, estatal, etc.

Para hacer memoria, compartimos con ustedes el siguiente video hecho por la alumna del Magíster en Estudios de Género y Cultura, mención Ciencias Sociales, Karin Bock, en el marco del cierre del curso del profesor Juan Pablo Sutherland, Escrituras del género. Cuerpos y performances en la cultura, en Noviembre del 2015. La performance de Karin nos recuerda lo importante y necesario que es mantener vivos los nombres de las mujeres, víctimas del femi(ni)cidio.

En repudio a la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapa, Guerrero

Los crímenes cometidos contra los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa en Iguala, Estado de Guerrero en México, el pasado 26 y 27 de septiembre, no pueden sino provocarnos indignación. Las violaciones a los derechos humanos de las que han sido objeto, tanto los normalistas como la comunidad y familiares -según los testimonios-, a manos de agentes de policía e integrantes del crimen organizado, son causa de profunda preocupación y alarma internacional respecto al escenario no sólo de violencia sino de persecución política de quienes son pobres, son indígenas y son estudiantes.

En México al día de hoy, 16 días después de acontecimientos que dejaron 6 personas muertas, 20 heridas y 43 estudiantes desaparecidos, no hay esclarecimiento de los hechos.

Nos solidarizamos con el dolor del pueblo mexicano y nos sumamos al llamado internacional que exige la presentación con vida de los 43 estudiantes, justicia y castigo a los culpables.

Exhortamos a organizaciones y a la sociedad civil a pronunciarse en solidaridad.

ayotzi