Entrevista Carolina: En mi caso, lo personal ha sido político y académico.

Carolina Franch Maggiolo, es Antropóloga Social y Doctora (c) en Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Realizó un Magíster en Estudios de Género y Cultura, mención Ciencias Sociales con excelencia académica. Actualmente es Directora (s) del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género (CIEG) en el cual se desempeña como investigadora y docente en los Programas de Magíster y Diplomados.

¿Por qué Antropología, y no otra carrera?

Fue por casualidad, yo era más humanista en el colegio y en tercero medio me metí en todo lo que es historia, castellano. En ese tiempo, podría haber sido profesora de historia, socióloga y por esas cosas de la vida, cuando salí fue como ¡antropología! que era como historia, ver las culturas, la gente. Vi la malla curricular y me pareció interesante poder explorar académicamente, otros territorios del Chile no oficial.

En un momento creí que sería profesora de lenguaje y comunicación o de historia, si no, lo típico que uno dice: derecho. Pero mis profesoras me dijeron: “sabe que usted no estudie para profesora”. Eso me daba mucha pena porque decían “tu puedes más” y sentía que desvalorizaban esa opción. Yo era de las que enseñaba en el colegio y me gustaba la docencia. Cuando llegué a la carrera de antropología, -que en realidad en mi tiempo no era tan buena, muy poca teoría-, sí descubrí un mundo de líneas teóricas, y una de esas líneas fue el género.

¿Por qué te inclinaste por el área relacionada con el género?

A veces creo que la vida me lleva a mí y no yo a la vida. En ese minuto la carrera estaba pasando por un desorden, pasé por una de esas tomas súper grandes al tiro. Una huelga de dos meses y medio me llevó a entender de política, pero de estudio no mucho, tenía profesores no tan buenos. Entrando a un curso por descarte, porque me topaba con otro, elegí antropología del género y en antropología culinaria, en donde estaba Sonia Montecino. Aunque era antropología culinaria, había mucho género, y yo evidentemente y para toda mi generación incluso, fue un ramo súper potente en términos teóricos, prácticos y políticos. Nos hizo funcionar la cabeza y entender que la academia que hacíamos era discriminadora.

Nos puso en tensión muchas cosas, no en términos de apología ni demagogia, sino que nos puso en investigaciones, en prácticas, cifras y formas. Eso a mi me cautivó, yo diría que después del año 99, es como que a uno le sacan una venda. Esa diferencia, cual causaba discriminación, tiene que ver con cruces de variables como la raza, la clase, y ahí se me abrió un campo, un campo que fue el género. Tal vez lo hubiera encontrado en otro lugar, pero yo lo encontré ahí tomando un buen ramo. Estaban haciendo otro tipo de academia, al que yo me había enfrentado y de ahí para delante le pedimos a Sonia que hiciera otro ramo y cuando yo salí de la carrera me metí rápidamente al magíster en género.

¿Cómo crees que se relacionan las mujeres con la academia?

Ser mujer en América Latina es peligroso, ser mujer en la academia es complejo. Y mujer en ciencias es uno de los núcleos duros del machismo, el sexismo y la discriminación. A veces cuesta más decirlo, porque la academia se posiciona como un lugar progresista, que es democrático, y te das cuenta que eso en el manejo cotidiano no es así. Yo diría que el discurso, la práctica cotidiana en la academia, es muy compleja. Asumiendo su compleja institucionalización y su discriminación, por ejemplo, yo pienso, en esta facultad, -y de eso “Del Biombo a la Cátedra” dio cuenta-, como capital humano avanzado son las mujeres las que tienen mayor especialización y son las que no están contratadas ocupando menores cargos, tiene un registro. Entonces, ¿que es ser mujer y académica? Es desilusionante. Uno invierte un montón de tiempo para capacitarse y autoformarse y seguir en una escala que  apesar del discurso que dice: “aquí están los mejores”. No siempre están los mejores.

Un colega tuyo gana más sueldo, tiene más poder que tú, no tengo problema con que alguien tenga más o menos poder, pero no cumple los criterios que a ti te hicieron cumplir. Ni los mismos beneficios, la mayaría de los beneficios con goce de sueldo se los llevan los hombres. En mi doctorado nadie me dio ningún permiso, yo tuve que ajustar mi carrera para seguir haciendo la pega y seguir estudiando, cosa que mis colegas sí han tenido. Si tiene una dificultad mayor, las mujeres tienen que duplicar sus esfuerzos para cumplir los estándares que se desean y cuando llegan a esos estándares, después no se les evalúa de la misma manera. Es medio desilusionante, pero es tremendamente desafiante.

A mí me gusta la academia, asumiendo que las instituciones en general son bien discriminadoras, pero la academia es un lugar donde yo me siento feliz. En la docencia, me siento súper plena, cuando investigo me nutro, eso me dio la antropología, la conversación de poder entender el pensamiento de otro lugar y ese lugar no es sólo para saber, como un vampiro, sino para dialogar y hacer conocimiento con otro y conmigo.

A mí la academia me parece un desafío que me hace muy feliz. Propone desafíos que son de distintas áreas, el vínculo con el medio es maravilloso, la docencia/investigación me hace tremendamente feliz. Lo que menos me hace feliz es la gestión universitaria, pero que aun así esto de construir universidad sobre todo el Chile de hoy, aunque se hable de educación pública parece que no queremos educación pública. Estar en un lugar que sí cree en la educación pública y en la formación de las personas. Esta Universidad de Chile uno la puede odiar por tanta cosa engorrosa, esta cosa burocrática, pero tiene una cosa política bien interesante que me motiva mucho, me siento parte de un Chile mejor.

Actualmente eres candidata a doctorado ¿Como lo ves en comparación con el magíster?

Es un proceso mucho más largo, al magister entré porque me gustaba mucho. Estaba convencida que el género era un lugar donde yo quería estar y el doctorado lo pase bien, pero es el doble de tiempo, la exigencia. El magister en mi tiempo era un pequeño doctorado, es uno de los magister más antiguos de la facultad, con un montón de créditos pero todo lo que me hacía me gustaba, era una explotación profunda en termino académicos, además el curso fue muy potente, fue un minuto de estudio maravilloso, que con 10 años de diferencia entre uno y otro, era mucho más joven, era súper distinto. A mí me gusta la academia y hacer un doctorado en Chile es casi una obligación.

Pero yo estoy inserta en una Facultad de Ciencias Sociales, más bien escoger un doctorado tiene que ver con seguir con una lógica y yo mi doctorado lo pasé bien, pero fue un doctorado muy en sociología por ejemplo. Como era en ciencias sociales me hubiera gustado esperar tener teorías psicológicas, pero no tuve nada. El doctorado fue un poco frustrante en su nombre con lo que yo obtuve, aprendí mucha teoría sociológica, pero me metí buscando una lógica, cosa que no encontré. Ahora de que sirve para el desarrollo profesional, sí. Pero de repente pienso que debería haber estudiado otro doctorado. Pero de todas maneras estoy súper agradecida haber hecho una experiencia en doctorado, de esa formación y de entender, de debatir; pero esperaba ciencias sociales, no sociología.

Cuéntame sobre tu tesis de doctorado, sobre la aplicación de la Ley Antiterrorista en Chile.

Bueno yo creo que son dos lógicas, mis dos tesis anteriores -de magister y de pregrado-, había dialogado con la genealogía o la dinastía femenina de la familia. Eran tesis sobre cuerpos, mujeres y alimentación, con una vertiente de teoría de género potente. Y en la tesis de doctorado, dialogo con la dinastía masculina, más bien con el derecho, porque mi papá es abogado. Ahí hay un inconsciente, yo esto lo digo después. Y porque quería seguir abordando teoría de género con raza, era un tema pendiente, había visto mucho género pero sin raza y este era un lugar para fusionar o hacer una amalgama de dos temas. Además de la literatura que estaba leyendo en el 2010 que me había presentado Rita Segato, que era la discriminación racial cruzada con género. Entonces en ese cruce teórico y en este dialogo inconsciente con el género, es un lugar donde yo quiero reflexionar.

Condensé dos lógicas, porque lo que se está viendo cuando yo inicié el doctorado, es que la aplicación de la Ley Anti Terrorista estaba siendo súper cuestionada. Dije vamos a explorarla y dije vamos a explorarla desde este lugar, que es desde el género con el cruce de raza. Ha sido súper interesante  en este sentido, porque he logrado reflexionar autores de una manera crítica y adentrarme en un terreno que yo lo tenía totalmente fuera y en ese sentido ha sido un desafío difícil, porque tiene que ver con el derecho, que es otro lenguaje, un lenguaje jurídico, es una lógica distinta del mundo que yo me relaciono.

Ha sido un desafío, porque hay que meterse con temas legales, decretos, números, que las interpretaciones no son cualquier interpretación. Porque la ley es la ley y tiene que ver con lógicas dogmáticas, pero creo que subsane dialogar con las dos dinastías o fuerzas radicales, que han compuesto mi vida que es lo femenino y masculino. Yo dialogo mucho dentro de la academia, mi conocimiento personal pasa por el tema académico. También ha sido un buen lugar para armarme y desarmarme, personal y profesionalmente. Lo personal ha sido político, bueno en mi caso lo personal ha sido político y académico. Son buenos lugares para conocerme, la academia me ha permitido conocerme y conocer los tránsitos que uno tiene.

¿Cómo ha sido tu experiencia como directora subrogante del CIEG? ¿Qué es lo que más te gusta de ser, docente o investigadora?

Bonita la experiencia en general, desafiante y cuando digo bonita, no digo que no implique dolor, tensión, cuestionamiento. Pero ha sido una experiencia súper grata en ciertos aspectos, porque asumí súper joven y es porque tengo dos maestras potentes, Loreto Rebolledo y Sonia Montecino. No sé si con tanta conciencia o no, pero dejaron a una chica, una mujer joven e inexperta en términos profesionales, pero tuvieron esa generosidad y esa fe. Esa confianza en una mujer joven, que ellas mimas habían formado. Esa es la academia que también hace el feminismo. Tiene que ver con un sistema afectivo, no en el sentido que nos apapachen, sino con una formación. Tiene que ver con una pedagogía de vida. No es con todos, hago una pequeña comunidad con gente que formo y su formación es mucho más compleja que tiene que ver con un proceso cíclico y eso ha sido muy grato en esta dirección. He estado muy acompañada, no ha sido un lugar aislado, además no solo en temas de liderazgo, de jefatura, ha sido bastante acompañado en términos de formación.

Claro uno puede meter mil veces las patas y cometer miles de errores, pero desde arriba tenías esta contención. A veces me sentí en el abismo, pero siempre sentí esto como las tirolesas: te caías pero no te estrellabas. Eso tiene que ver con gente que te formó antes y que estuvo ahí y también con hacer bueno equipos. Si a mí algo me enseñaron era hacer equipo, los trabajos individuales no tienen ningún sentido sobre todo en la academia. La academia es pensamiento co-construido, no es que uno tenga una idea sino que este lugar es en los pasillos, es en la docencia, es en el aula. en la conversación, en la relación uno va generando conocimiento. Entonces el conocimiento propio propio, no tiene mucho sentido, y eso se explora mucho mejor en términos de trabajo colectivo. A mí lo que me enseñaron es la lógica del trabajo colectivo.

He tenido la suerte que en el trayecto laboral, que es la gente que está, pero que también estuvo antes y que tienen apuestas políticas súper importantes, pero que también tienen ética. Nos llevamos muy bien en lo personal, pero también en lo ético y político. Son súper responsables, sobre todo mujeres, con las que hemos hecho un núcleo de trabajo. Y no es tan poco tiempo, con Paula llevamos casi una década, con Viviana casi 6 años, con Manuela también y con Elisa que es la más nueva. Pero tiene que ver con una lógica de crecimiento personal y profesional, no solo individual, sino que sea puesta en esta plataforma que se llama CIEG y quienes trabajan aquí piensan parecido. No es imponer una lógica, es como hacer formación y academia. Ha sido muy grato. Lo que no es grato es lo institucional y lo tiene que ver con la Chile, son dos lógicas que si bien es cierto funcionan dentro de la misma institución, son lógicas que muchas veces son contrarias, entonces uno pide que se resuelvan mas institucionalmente. Mujeres especialistas en estos temas.

Conversatorio Arte y Transfeminismo, con Katia Sepúlveda

El pasado 17 de agosto a las 17hrs en la sala de decanato de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, se realizó el conversatorio “Arte y Transfeminismo“, con Katia Sepúlveda, artista que actualmente realiza un doctorado en Teoría Crítica en el 17, Instituto de Estudios Críticos en la Ciudad de México, y vive y trabaja entre Colonia (Alemania) y Tijuana (México).

Katia Sepúlveda es artista y fotógrafa del Instituto ARCOS de Artes y Comunicación en Santiago de Chile, y postgrado en dirección cinematográfica en la Universidad de Chile. Con el fin de mejorar aún más sus técnicas de impresión gráfica, también tomó clases en el “Taller 99”.
Al recibir una beca de artes DAAD, se mudó a Alemania en 2004 para estudiar en la Academia de Artes y medios de Colonia, donde asistió a las clases de Valie Export, Jürgen Klauke, Matthias Müller, Julia Scher. Las temáticas de sus trabajos aborda temas Transfeministas y descoloniales. En 2006 pasó a obtener un título de maestría en la escuela de artes y medios de Colonia Alemania en donde terminó sus estudios a principios de 2009.

Hasta el 13 de agosto se encontraba en exposición en la Museo de la Solidaridad Salvador Allende su trabajo, que propone una micro historia del primer burdel multimedia, que tuvo un impacto mediático mundial importante en plena guerra fría, que la artista ha denominado post-burdel. A través de una serie de collages en base a ediciones de la revista Playboy publicadas entre 1953 y los años dos mil, la intención de la artista es observar y deconstruir, para luego intentar construir una nueva lectura desde una perspectiva transfeminista: una reapropiación crítica de la movilidad entre géneros, corporalidades, sexualidades y geopolíticas.


A los collages se suma el video The Horizontal Man (2016, Tijuana), que presenta fragmentos de una película que Hugh Hefner realizó en su adolescencia y una entrevista que se le hace posteriormente, cuando ya tiene la revista Playboy. Completa la instalación una maqueta basada en tres planos arquitectónicos conectados: los de la Casa Blanca, la mansión Playboy, y un apartamento de soltero, que no es sólo un proyecto arquitectónico sino un nuevo espacio doméstico para la masculinidad. Dispositivo doméstico se enfoca en el hecho de que si bien el cuerpo, el poder y la verdad son ideas socialmente producidas y manejadas por el capitalismo colonial, son también susceptibles de ser transformadas.

En el conversatorio que se realizó el jueves 17 de agosto, la artista hizo una presentación especial sobre sus trabajo y visión, en conjunto con académicas y estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales, como también estudiantes y profesionales de otras áreas afines al arte y las ciencias sociales. El conversatorio estuvo gestionado por la línea de estudios Subjetividades, Sexualidades y Subversiones, del Centro Interdisciplinario de Esudios de Género. Durante la jornada, el grupo se presentó y dio cuenta de los diferentes trabajos e investigaciones, en conversación con las propuestas estéticas y teóricas de la artista invitada.

Pueden revisar las obras y visión de Katia Sepúlveda en su sitio web*: https://www.katiasepulveda.com/ 

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Finaliza Diplomado Género y Violencia – Presentación Trabajo Final

Con éxito se realizó la última jornada del Diplomado Género y Violencia del primer semestre del 2017, en donde los/as estudiantes expusieron sus trabajos en grupo como actividad final de evaluación.

La instrucción era analizar y reflexionar en torno a un caso o ejemplo de Violencia de Género, desde los/as clases y autores revisados en la bibliografía del curso. Los grupos podían elegir cualquier caso -de prensa, personal, de índole nacional o internacional-, como también elegir libremente la metodología de presentación.

El primer grupo, conformado por Yanina Rodríguez, Yasna Sanhueza, Francisca Cornejo, Guiselle Ponce, María José Barrios, Nicole Garay y Juan Pablo Sotelo, optó por una performance, en donde representaron las historias de María Pía Castro (19), Nicole Saavedra (23), y Susan Sanhueza (22), mujeres jóvenes, lesbianas, de clase social y económica pobre, que vivían en un territorio rural y periférico de la quinta región, asesinadas de manera impune. Estos tres casos fueron reflexionados en torno a la interseccionalidad, la necropolítica, la violencia de los medios de comunicación y la invisibilización de los cuerpos y agencia de grupos lesbofeministas. Esta performance buscó evidenciar la violencia lesbofóbica, donde queda explícito la ineficiencia de la justicia y las nulas respuestas a estas familias que esperan saber la verdad.  Además, como referencia histórica de impunidad se encuentra el caso de Mónica Briones, mujer lesbiana asesinada en 1984, y cuyo crimen aun no tiene culpables condenados. Estas historias nos hacen ver que existe un permiso social para matar a mujeres lesbianas, consideradas cuerpos y vidas que no importan, a través de acciones concretas del Estado para que se propicie la desaparición, el asesinato y la impunidad.  

       

 

El segundo grupo, conformado por Javiera Carrasco, Luisa Escobar, Verónica Faúndez, Laura Núñez, Karla Olivares, Elizabeth Varela, y Karin Zúñiga, se tituló “Masculinidades en tensión dentro del contexto intrapenitenciario”. A partir del caso de “John”, un joven afroamericano quien sufrió de violaciones y abusos sexuales en una cárcel de Estados Unidos, el grupo reflexionó en torno a cómo interpretar la violencia, sexual entre varones, en un contexto intrapenitenciario, y si esta violencia daba cuenta del género como construcción social dicotómica, donde los hombres victimizados asumen un rol femenino dentro de ese contexto. De acuerdo a las estudiantes del grupo:

Es necesario precisar que hablar de masculinidad no hegemónicas o subordinadas no es negar que los hombres como grupo tengan el poder social, como bien plantea Michael Kaufman (1997), sino complejizar mediante la visibilización de las relaciones de poder entre este mismo grupo, dar cuenta de su heterogeneidad y los distintos factores que la constituyen. Esta discusión es relevante desde un enfoque de género, ya que es comprender que las identidades masculinas y femeninas no son dadas por naturaleza, por cierta genitalidad, sino que están en constante construcción social. En este sentido, se hace necesario no reducir las discusiones al binarismo biologicista, sino complejizar esto mediante los distintos factores sociales que actúan de forma articulada constituyendo diferentes posiciones en las sociedades jerarquizadas.

 

Luego, expusieron Andrea Orellana, Javiera Marchant, Jaime Bustamante, Laura Orrego, Lucía Zeballo, Michelle Vergara, Patricia González, y Romina Camilo, sobre la violencia de género en la pareja, el tratamiento de femicidios y violencia de género por la prensa, la legislación sobre violencia y los cruces que se pueden desarrollar entre vulnerabilidad de las mujeres en migración respecto a la violencia de género, articulado a partir de un caso en particular: el de Yuliana Acevedo, mujer colombiana de 21 años, residente en Chile, quien es asesinada y descuartizada por Edwin Vásquez, su entonces pareja, en Santiago de Chile a comienzos del 2016. El caso fue analizado desde los diferentes puntos para mostrar cómo existen factores estructurales que permiten que una mujer sea asesinada, más allá del su propio control en torno a su vida. Vemos que los mecanismos de control en la pareja, el factor migratorio, y el aparataje legal tanto de Chile como de Colombia propician la vulnerabilidad de Yuliana, mientras que los medios de comunicación, a través del sexismo, individualizan a la víctima, sin dar cuenta de los problemas estructurales detrás del femicidio.  

Yennifer Medina, Francisca Garrido, Francisca Lopez, Natalia Jofre, Sara Peker y Yasna Carrasco presentaron, por su parte, el caso de “Vicky”. Vicky tiene 36 años y participa del Programa Calle ejecutado por la Corporación Moviliza. Vicky lleva aproximadamente 10 años en situación de calle, viviando actualmente en un ruco ubicado en el punto calle San Eugenio perteneciente a la comuna de Ñuñoa, con Ángel (su pareja) y Milton (amigo de ambos). El caso fue analizado desde el marco de la violencia institucional, complementado con reflexiones en cuanto a las vidas precarias, de Judith Butler. De esta manera, el caso de Vicky conocido personalmente por algunas de las integrantes del grupo, nos permite ilustrar cómo la violencia, y en especial la violencia de género, constituye uno de los ejes centrales en el ordenamiento social, que suelen estar naturalizados, invisibilizados y banalizados, encubiertos mientras no pasen los límites culturales de lo aceptado. Vicky es sujeto de múltiples violencias y discriminaciones que pasan sin mayor cuestionamiento, dado que ella no goza de la posibilidad de auto-representación, por tanto no es calificado como sujeto que importa, como vida que importa.  De acuerdo al grupo:

La precariedad designa esa condición políticamente inducida en la que, ciertas poblaciones adolecen de falta de redes de apoyo, sociales y económicas y están diferencialmente más expuestas a los daños, la violencia y la muerte. Estas personas precarias apela al Estado en busca de protección, pero el Estado es, precisamente, aquello contra lo que necesitan protegerse. Estar protegidos contra la violencia del Estado – Nación es estar expuestos a la violencia ejercida por el Estado – Nación. El Estado como garante de derechos con el ideal de promesa de resguardar la vida de sus sujetos, promesa que se cumple siempre y cuando aquellos sujetos estén dentro de la norma que hace funcional el sistema estatal. Excluyendo a los sujetos marginales, por tanto, privándolos inmediatamente de la protección de sus vidas precarias.

Finalmente, el último grupo que presentó estuvo compuesto por Katherine Valencia, Macarena Gallardo, María José Acuña, María José Fuentes, María Paz Pino, Paula Romero y Francisca Salinas. La presentación fue titulada “Parir en negro: Violencia hacia madres haitianas en Chile”, el cual trabajó la interseccionalidad entre ser mujer, afrodescendiente y migrante, y además estar embarazada, relacionada con el sistema de salud pública. De acuerdo al grupo: “La importancia del análisis (…) radica entonces en la necesidad de poner de manifiesto el cruce de distintas formas de exclusión, segregación y vulneración, enmarcadas desde la lógica de la dominación imperante. Mujeres y niños que ven vulnerados sus derechos, siendo violentados, argumentando dificultades comunicacionales y diferencias culturales, cuando lo que en realidad se esconde, es la ausencia de voluntad política y social, por hacer de la inmigración, un espacio de encuentro intercultural.” Finalizan la presentación con la recitación del siguiente manifiesto de la organización Cría Iguales:

 

Entrevista a Loreto Rebolledo, periodista y fundadora del CIEG

Loreto Rebolledo es profesora del Magíster en Estudios de Género y Cultura, mención Ciencias Sociales, y una de las fundadoras del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género, de la Universidad de Chile. Es periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Licenciada en Antropología, Universidad Católica del Ecuador, Magíster en Historia con mención en Historia Andina, FLACSO, y Doctora en Historia de América, Universidad de Barcelona. Fue Subdirectora del Instituto la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, y actualmente es Directora Alterna de la Iniciativa Bicentenario y profesora titular del Instituto de la Comunicación e Imagen, de la Universidad de Chile.

Su trayectoria académica estuvo fuertemente marcada por lo político, como mujer y militante, participó en el Centro de Estudios de la Mujer (CEM) (1986-90) y el Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer (CEDEM) (1990-92).  En la siguiente entrevista, platicamos con ella respecto a sus experiencias como mujer en la academia, su visión sobre el periodismo actual y las posibilidades del periodismo no sexista.

 

¿Cuál es la relación que tienen las mujeres con la academia? En su experiencia, ¿estamos incluidas en estos espacios?

El ser mujer y ser académica, dentro de esta universidad y en general en el sistema universitario, se vive de forma similar. Porque si uno piensa cómo se formaron y ve cuál es la lógica con que funcionan las universidades, que surgieron de los monasterios en la edad media, por lo tanto son espacios muy masculinizados que funcionan con lógicas muy androcéntricas.

Para las mujeres ha sido difícil ingresar en esos espacios, se partió muy marginalmente, a finales del siglo XIX. De a poco se ha ido incrementando la matrícula, pero vamos viendo que igual la universidad sigue reproduciendo, de una u otra manera, lo que son las definiciones o los mandatos de género. Por ejemplo, ahora estamos con la matricula femenina en primer año mayor que la masculina. Sin embargo, cuando vas mirando las áreas en que están, te encuentras con que hay áreas que son claramente  feminizadas: educación, salud, humanidades y ciencias sociales. Todo aquello que parece como prolongación de las actividades que tradicionalmente se han asignado a las mujeres.

Esta universidad no ha tenido nunca y las universidades públicas en general, no han tenido rectoras mujeres, se reproduce lo que está en el mismo mercado de trabajo, por una parte cuesta ascender en la escala de poder. El ser mujer y académica implica el tener claro que vas a tener que luchar con todo un sistema que está construido desde otra lógica, o luchar y defender ciertos espacios o bien, asumiéndote en el lugar que te asignaron, es siempre una cierta tensión.

¿Cómo ha sido su propia experiencia académica y laboral?

Mi experiencia fue bien particular, porque viví dos años exiliada. Comencé mi carrera profesional primero graduándome como periodista en Chile y trabaje un par de años. Después llegue a Ecuador y ahí decidí estudiar antropología. Ahí empecé mi carrera académica, empecé a trabajar como ayudante, después estuve a cargo de armar una revista, después de eso hice una maestría en historia andina.

Llegue a Chile en dictadura, y empecé a trabajar en el Centro de Estudios de la Mujer, haciendo investigación y cursos electivos. El año 1993 la fundación Ford decide que es importante que todo el conocimiento, todo lo que se ha desarrollado en temas de género, tenga que estar en las universidades. Sonia Montecino ya estaba dando un curso, así que la fundación creó un proyecto y se formó el PIEG que después fue el CIEG. Llegamos el 93 con financiamiento externo y entramos en esta temática específica.

 

Fotografía Loreto Rebolledo y Sonia Montecino, en Memoria Chilena.

¿Por qué se inclinó por el lado humanista, por qué periodismo y no otra carrera?

Me iba pésimo con las matemáticas, física, química. Eran materias que nunca se me dieron. Yo creo que había una cuestión mía, además yo vengo de una familia que viene del lado humanista, revisé tres generaciones y a nadie se le dio las matemáticas.

¿Por qué periodismo? Lo clásico: siempre me gustó leer. Redactaba muy bien y me parecía atractivo lo del periodismo, pero a mitad de carrera me di cuenta que no era lo que yo quería. Ese énfasis en el reporteo, no era lo que más me interesaba. Tenía otra idea de lo que era el periodismo, y afortunadamente es una carrera tan amplia que te permite ir encontrando un camino…Y lo encontré. Trabaje en la época de la UP, en una filial de la Corfo con pequeños empresarios y artesanos sacando un diario.

Cuando fui a Ecuador, tienes todo un mundo allá, una realidad distinta y dije: eso es lo que quiero. Me puse a estudiar antropología y luego se abrió una maestría en historia andina. Fue la primera que abrió FLACSO y era un lujo porque habían traído a los mejores profesores de todos lados. Después de eso llegue a Chile, y empecé a buscar trabajo, daba clases y me alcanzaba para los cigarros y la micro. Eran cursos electivos en el IPS, también electivos en la Arcis, pero con eso no vivía. Empiezo a buscar trabajo y ahí llego al Centro de Estudio de la Mujer a trabajar con mujeres rurales, indígenas, que eran artesanas.

Ahí tuve un salto de nuevo a la universidad. Entonces no es la trayectoria normal, esta cruzada por toda la cuestión política. Primero, porque cuando era joven militaba en partidos de izquierda, donde está el tema de la clase, marcada por las diferencias sociales. Después en Ecuador, me meto en la cuestión étnica, y cuando llego a Chile el movimiento de mujeres estaba en alza y ahí me meto en eso.

¿Cuál es la situación actual de las mujeres en Chile?

Yo creo que en algunos planos hemos avanzado, pero las cifras muchas veces son engañosas, la segregación horizontal sigue existiendo y la vertical también. Las mujeres se incorporan más al mercado de trabajo pero con menos sueldos, con más problemas. Efectivamente las mujeres hemos ganado terreno, pero las resistencias masculinas han ido encontrando distintas vías y se manifiestan de diferentes maneras. Hay temas que siguen permanentemente estando ahí, como el tema de la violencia, que es una cuestión que no se logra superar, por más que se han hecho capacitaciones. Es un tema que está ahí.  Lo mismo que la brecha salarial, si pensamos que recién las mujeres votaron en el año 49, claro que hemos avanzado pero no podemos decir que esta todo instalado y listo.¿Cómo cree que se han abordado los temas de violencia de género y femicidios en los medios de comunicación?

Hace poco fui a una exposición histórica, donde había ropa antigua de mujer, pero además había fotos de portadas de diario y era sorprendente como algunas portadas se parecían mucho. Por ejemplo: “la mate porque la quería”. Esa estaba y La Cuarta había puesto hace poco algo casi igual en portada. O sea, tú dices acá hay cosas que no se cambian. Esa ideología machista, sigue permeando y sigue funcionando. Una cuestión tremendamente machista, tremendamente sexista, que es violencia simbólica igual.

¿Qué opina sobre los casos de mujeres mapuche que están pasando por sucesos complicados, como la machi Francisca Linconao y Lorenza Cayuhan?

Ahí encuentras cómo efectivamente está operando el género de manera más clara, si hubieran sido mujeres blancas, la situación probablemente hubiera sido otra. Pero ahí les pesó el ser mujer e indígenas, hay grupos que son mucho más discriminados. En el caso de las mujeres mapuche se las han vinculado muy fuertemente con la violencia, se les caracteriza y se las estereotipa con situaciones como terrorismo. Hay un tema de efectivamente no mostrar que está pasando con determinados grupos de mujeres.

¿Cuál es la situación actual del periodismo? Con la reciente muerte de Agustín Edwards ¿habrá algún cambio?

Me temo que no.  El mercurio ha llevado una línea muy claramente ligada a la derecha, vinculada a  la dictadura, con vínculos muy fuertes con Estados Unidos, incluida la CIA. Y esa marca no va a cambiar. Me imagino que don Agustín ha dejado claramente establecido el modelo a seguir, de hecho, dijo cuál de sus hijos se quedará a cargo del diario, que fue el que fue secuestrado por el Frente. Incluso dicen que dejó la portada diseñada, para cuando se muriera, cómo Pinochet y las leyes de amarre, yo no creo que vaya a haber cambio por lo menos en el corto plazo.

¿El periodismo no sexista es posible?

Yo creo que algo han permeado, hay cuestiones que uno ve incluso en el lenguaje, que son más inclusivas. Hay pequeños esfuerzos que van marcando ciertas maneras de escribir. Creo que igual hay otras que no han cambiado. Fíjate donde va la violencia de género, va en policial, no va en cultural o sociedad. Hay una cuestión cultural porque se esa matando mujeres, y lo mandan a policial. Hay cosas que ahí siguen y que va a costar romper sin duda.

En relación a los medios, hay un tema bien complejo que es el tema de la estructura, el duopolio. El día que murió Edwards, la cantidad de páginas que le dedicaron era impresionante, lo mismo que El Mercurio. El cambio puede venir de alguna manera, a través de la prensa digital, que es bastante más autónoma y bastante más libre. También la educación es fundamental para erradicar el tema del racismo y la discriminación. Integrar, donde se consideren las diversidades y cómo podemos vivir en conjunto de manera armónica respetando a los que son distintos.

 

“Clase final: los entramados de la violencia de género.”

La actividad fue realizada por la académica Carolina Franch, directora del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género, quien estuvo a cargo de finalizar el Diplomado de Género y Violencia.

 

El viernes 28 de julio, se realizó la última clase del Diplomado de Extensión Género y Violencia. La jornada estuvo a cargo de Carolina Franch Maggiolo, antropóloga y Doctora (c) en Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. La docente y la actual directora del CIEG dio término al ciclo de clases, enfocándose en los entramados de la violencia de género.

Dentro de las dinámicas que se concretaron, se encuentra una revisión del libro “Chicas muertas” de la escritora argentina Selva Almada. La profesora destacó la importancia de la memoria y no olvidar el nombre de mujeres asesinadas, ya que más que un número, existe un patrón que se repite en distintos lugares del mundo, mujeres jóvenes, pobres y madres de territorios marginados, que deben ser recordadas para hacer frente a la impunidad y el olvido. La investigadora explicó que las historias republicanas sostienen una genealogía de muerte, no cualquier muerte, sino el asesinato de mujeres.

Una de las tareas que despertó mayor interés en las estudiantes, fue reflexionar en tono a la violencia de género, que en palabras de Carolina Franch, es una pedagogía sistemática que estructura el posicionamiento de hombres y mujeres en el ordenamiento social. Las asistentes anotaron en un papel que significa para cada una “el género” y que elementos habían profundizado en el diplomado. Posteriormente introdujeron sus reflexiones dentro de un globo que fue leído de manera azarosa. La actividad fue bastante emotiva y se destacó los aportes de las compañeras y profesores donde existió un aprendizaje colectivo y significó una semilla para poder agudizar cambios en la estructura de género .

El próximo 22 de agosto, las estudiantes presentarán sus trabajos grupales y serán evaluadas por una Comisión del CIEG. La académica que realizó una de las primeras clases señaló: “da un poco de nostalgia y tristeza el finalizar un ciclo, se había armado un grupo muy compacto, reflexivo, crítico y muy honesto también. Pero a la vez estoy muy contenta, de saber que esto genera un impacto personal, laboral y que las personas les hace sentido los mensajes que se están transmitiendo, dialogando y construyendo entre las profesoras y las estudiantes. Eso es súper entretenido, así que me voy contenta, con una clase más testimonial y con una reflexión de las propias personas, así que creo que me voy con una mejor clase también”.