Entrevista Luna Follegati – Como feminista hoy en día debemos poder establecer un dialogo intergeneracional que sea fructífero

Luna Follegati, es Doctora (c) en Filosofía con mención Filosofía Moral y Política. Además posee un Magíster en Comunicación Política de la Universidad de Chile y es Licenciada en Historia de la misma Universidad. Se desempeñó como docente en la Universidad de Santiago de Chile (USACH) y Universidad de Chile, especialmente en cursos de teoría política, pensamiento político contemporáneo, biopolítica y gubernamentalidad.

Cuéntanos sobre de tu etapa de estudiante en la Universidad de Chile ¿Por qué elegiste esa carrera? Háblanos de esa fase de formación.

Entré a Historia a comienzo de los 2000 acá en la Universidad de Chile y en realidad más que pensar en una “salida” laboral o un futuro en términos ya de profesora o de investigación, me gustaba mucho leer y mucho leer de historia. Ese fue mi enganche y creo que es una cuestión que he mantenido hasta el día de hoy. Me encanta, poder estudiar y tener la libertad para investigar ciertos temas. Ingresé a historia porque tiene que ver con una problematización con respecto a la historia del presente, es decir, como nosotros podemos interpelar o preguntarnos en relación a procesos políticos contemporáneos, ya sea la dictadura militar o el periodo de la transición, desde una perspectiva histórica. La historia también puede darnos claves para comprender nuestro presente.

Hay una etapa fuertemente relacionado con una línea historio- política que la trabaje en pregrado, después ingresé al Magíster en Comunicación Política en Universidad de Chile y ahí profundicé más en esta forma –quizás más heterodoxa– de comprender la construcción de los discursos políticos. En el magíster me aboqué a los discursos durante los gobiernos de la transición y seguí esa vertiente en el Doctorado en Filosofía Política, indagando acerca de la construcción de una genealogía sobre el concepto de transición en Chile. Entonces siempre ha sido una vertiente que ha dialogado entre historia de la teoría política, entre la filosofía política y que no se reconoce por una perspectiva disciplinar, más bien por indagar en problemas y para encontrar una respuesta a esos problemas. Es necesario o por lo menos yo encuentro necesario, poder establecer un vaivén entre distintas disciplinas y tener un conocimiento más menos transversal.

¿Y cómo fue que te inclinaste hacia el área relacionada con el género? ¿En qué momento quisiste tomar ese camino?

Mi perspectiva de cómo afrontar el género tiene que ver principalmente por mi llegada a trabajar en el CIEG, en el año 2010, con interés de empezar a vincularme en el mundo académico, y llegué a trabajar como una profesional vinculada a los temas de coordinación de los diplomados, es decir un trabajo más bien administrativo. Ahí empecé un proceso de auto-formación, a diferencia de las académicas y académicos del CIEG, yo nunca he tenido una formación en estudio de género, sino básicamente he leído. Gracias a las compañeras, al diálogo constante con Carolina, Paula y después con Manuela, hubo una osmosis en que empecé a formarme en los elementos básicos desde la teoría y ahí podría decir que hice un magister durante los 4 o 5 años que estuve acá y que siguió profundizando y dialogando con la filosofía política contemporánea.

Cuando empecé a trabajar directamente fueron por dos razones, la primera porque encontraba que la cuestión de los feminismos en general era algo que no había sido tan trabajado en el mundo académico, más que trabajado, no tenía un lugar. Durante los 90 la perspectiva de género se había mantenido en un lugar bastante alejado, en la academia, y me empezó a interesar problematizar este tema desde el punto de vista de la participación de formas activistas, que entendemos hoy en día por feminismo. Tiene que ver con mi participación en el movimiento feminista, pero también encontré que había un lugar de convergencia con mis estudios. Esos años yo estaba trabajando en relación a biopolítica y Foucault y tenía que ver con el dialogo que se establecía entre sexualidades y el cuerpo, desde una perspectiva de género.

Me interesó mucho en términos teóricos la producción de Judith Butler, particularmente los últimos textos que había hecho y ahí empecé un camino más bien solitario. Mi formación en género no tiene que ver con mi formación formal sino, más bien, he recalcado un proceso de autoformación que tiene que ver tanto con las necesidades que yo empecé a ver en el mundo del activismo feminista para poder transmitir conocimientos, y por otra parte, tenía que ver con mis intereses personales: ver este dialogo que particularmente existían entre la filosofía política, la biopolítica y la filosofía del género, o filosofía y género.

¿Cómo has llevado tu activismo feminista dentro de la izquierda, que también ha sido cuestionada por ser machista? ¿Cómo ha sido tu activismo dentro de la izquierda libertaria y como lo ligas con tu trabajo teórico?

Mi participación política es bastante activa desde siempre. Desde el mismo pregrado a comienzo de los 2000, en el espacio estudiantil particularmente. Ahí yo no tenía una sensibilidad con respecto a la cuestión de género, me desenvolví en un ambiente que era absolutamente masculinizado, en un departamento como el de Historia, que el día de hoy salen a la luz una serie de casos de acosos sexual bastante impresionante. Entonces soy parte de una generación que vivió con eso, que calló y no hizo nada. Ese momento de darse cuenta y poder hacer algo al respecto, viene cuando empiezo a conocer los estudios de género. Siempre estuve cercana a espacios de militancias, lo que llevaron a poner digamos el cruce entre, las dificultades de militar, de ser madre joven, de haberme separado y estar tratando de involucrarme en la academia. Una serie de situaciones que me llevaron a también problematizar mi propia existencia del punto de vista del género.

Yo creo que lo que he tratado de reflexionar de ahí en adelante tanto en espacio político como a nivel de aporte académico, a mí me interesa para que sea un aporte al movimiento feminista. Ese es mi desafío y en ese sentido en el 2011 en un contexto de álgida movilización estudiantil, donde tenía mucho compañeros y compañeras que militaban  en el espacio estudiantil –yo estaba ya ingresando el primer año del doctorado– y empezaron a darse cuenta de cómo existía un fuerte masculinización de la política, en los espacios de militancia y la forma en que se desenvolvía el trabajo en el interior de la asamblea o en los espacios que estaban surgiendo, tenían una voz principal, que contenía el prestigio de lo que se designaba, que era justamente la voz masculina, y las mujeres tenía una condición secundaria en la tareas que se desenvolvían y a los roles que cumplían al interior de las orgánicas.

Esto fue fuertemente acompañado con el proceso de constitución de las secretarias de género y sexualidades. En ese sentido muchas de las personas que militamos en espacios políticos en ese entonces decidimos juntarnos, particularmente del ámbito libertario, y llamar la atención a nuestros mismos compañeros y decir que acá había una situación de desigualdad, entonces mi activismo parte en un espacio que ya está, digamos, ya en un espectro político determinado.

Lo que hace es cuestionar cómo estas fuerzas, podríamos decir emergente fuerza de izquierda jóvenes nuevas o que vienen del ámbito estudiantil, tenían una serie de prácticas y situaciones que no se condecían con las mismas formas de trasformación y principios que ellos propugnaban. Entonces participé primero en una organización que sigue hasta el día de hoy y que en la cual muchas de nosotras nos formamos y le tenemos digamos bastante cariño que es “La Alzada”. Yo creo que fue un proceso bastante interesante, bonito y constructivo de poder entenderse dentro de la política como mujer, entendernos en una condición que es necesario levantar la voz para poner punto de termino con respecto a lo que nosotros entendíamos por izquierda clásica.

Tratar de posicionar el feminismo como un lugar, no solamente como una consigna, sino como un momento necesario, que apela por una transformación de la sociedad. En ese sentido es un feminismo que apuesta desde un punto de vista o desde un lugar que es una rivera política, pero que sin embargo se ve absolutamente en deuda y al servicio de todas las organizaciones feministas. No me interesa poner, digamos si esta primero la militancia de izquierda o el feminismo, si no por el contrario: yo creo que la izquierda no se puede concebir sin el feminismo.

Es bastante complejo ser feminista dentro de espacios de izquierda, es muy difícil que se transforme desde las prácticas de las mismas personas que componen los espacios políticos, hasta su acción. Entonces creo que es un tarea no exenta de dificultades, sin embargo a mí me parece que es prioritario y en todo este contexto de conformación de nuevos espacio políticos, el feminismo se haya hecho un lugar y se haya vuelto una necesidad.

¿Cuál es la situación del feminismo en Chile y cuáles son los desafíos?

¡Una gran pregunta, me encanta! Yo creo que, la situación del feminismo en Chile es diversa, primero creo hay que puntualizar, uno siempre habla del feminismo y en general nos encontramos frente a feminismos, en los cuales uno puede encontrar distintas lecturas, perspectivas y formas de participar. Creo que nosotras como feministas hoy en día, debemos poder establecer un dialogo intergeneracional que sea más fructífero, con las feminista que vienen luchando desde los 80, así como también las organizaciones que se mantienen presentes y que tienen una larga trayectoria. Creo que justamente uno de los desafíos del movimiento feminista es poder establecer ese dialogo, poner en juego las distintas visiones en las cuales nosotros comprendernos el feminismo.

Es una sociedad que lo que hace es aniquilar la diferencia, y yo creo el feminismo hoy en día ha puesto un alto énfasis en eso con coordinadoras como “Ni una menos”, pero también es necesario generar una propuesta. Creo que es fundamental que el feminismo hoy en día pueda plantear de manera explícita no solamente un hasta cuando, sino que lo que nosotros queremos y es fundamental, que pensemos y pongamos en dialogo.

Creo que también es un feminismo que está arraigado en ciertos espacios y en ciertos segmentos de clase. Es necesario poder transversalizar el feminismo hacia distintos lugares o sea problematizar situaciones como la relación entre género y trabajo. Poder señalar que estos feminismos que trasciendan los espacios educativos –que yo creo que es donde más se ha desarrollado– hacia poblaciones, hacia pobladoras. Espero que sea más transversal aún y que pueda emerger como una voz de disputa con respecto a las condiciones actuales que nos desenvolvemos en un Chile neoliberal.

¿Tuviste alguna autora o autor que te inspiró en los estudios de género o también puede ser una persona alguna figura, que te siga inspirando?

“La Alzada” sin lugar a duda como un lugar de encuentro, ahí nosotras nos conocimos y conocimos el feminismo también. A Judith Butler yo le debo bastante y lo digo con mucho afecto como el proceso de formación y de conocimiento en relación a lo que significa ser feminista y es un lugar donde pudimos comprender y que sigue siendo una inspiración.  Julieta Kirwood es una teórica que está preguntándose y está escribiendo en un momento en que están sucediendo cosas, en el que feminismo está situándose y se está apoderando de la calle. En Chile, poder reconocer y poder aprender de la trayectoria de las mujeres que nos han antecedido es fundamental, y a mí me parece una teórica clave para poder adueñarnos de nuestra historia y adueñarnos a través de las mismas mujeres que las están relatando.  En esta misma estela de pensadoras mujeres chilenas, para mí fue muy atrayente y muy interesante empezar a seguir los textos de Alejandra Castillo. Me parece que es fundamental porque es una autora que justamente problematiza cuestiones como qué son los feminismos, cuál es la relación entre la configuración política teórica entre el Estado, la democracia y los feminismos, cuál es la interpelación que aparece ahí.

Y claro por otra parte está Judith que desde el punto de vista de la teoría de género, a mí me parece que sin lugar a duda vino a revolucionar una trayectoria de pensamiento proveniente de los estudios y pone el acento en cuestiones que hacen desequilibrar un ordenamiento sexo genérico. Particularmente, me interesa mucho, la última producción en relación a la precariedad de la vida, ella hace una interseccionalidad critica con respecto al presente y a la forma en que los conflictos armados, las guerras y en último término, el capitalismo, se ponen en interacción a través de cuerpos determinados, ahí ella puede establecer una interconexión bastante interesante y que es muy sugerente para pensar un análisis contemporáneo del punto de vista del género.

Cuéntanos un poco más sobre ser mujer y ser académica? ¿Cómo ves ese cruce en tu vida cotidiana?

Voy a partir de otro lugar, no voy a partir del ser mujer y el cruce con las vías académicas. Voy a partir señalando que no es el cuerpo de la mujer necesariamente el que está cuestionado, sino que es la institucionalidad universitaria la que excluye, estigmatiza y margina aquellas mujeres que quieren ser parte de ello. Para mí las situaciones de acoso y abuso sexual que se han denunciado en las distintas universidades corresponden a un síntoma, que da cuenta de cómo nosotros estamos conviviendo dentro de una academia que intenta producir en relación a registros académicos neoliberales, se retroalimenta dentro de una estructura que genera clausura en relación a las formas de reproducción del conocimiento.

Hoy en día nos encontramos con una institucionalidad que sexualiza los roles que adquieren las distintas personas desde el punto de vista de la generación de conocimiento, y lo digo en relación a la experiencia propia en que uno se enfrenta a una resistencia constitutiva del espacio universitario, que lo que hace es constantemente marginar aquellas voces que plantean una resistencia con respecto a cierto orden.  Ser mujer en la academia es algo bastante ingrato, es un ámbito no solo muy masculinizado, nosotros desde el punto de vista feminista podemos transformar esas lógicas. Para mi es fundamental dotar de una perspectiva de género y particularmente feminista las formas de generación de conocimiento y eso tiene que ver por ejemplo con las dinámicas alumnos-alumnas/profesor dentro del aula.

Basta de aulas autoritarias. Basta de formas de reproducción del conocimiento donde se denigra o se ridiculiza a los y las estudiantes, porque eso también comprende una lectura que levanta una condición de autoridad desde una cierta voz, por lo general la masculina. Para mi ese tipo de situaciones, como la formas en que nosotros enseñamos en la universidad, así como también el trato entre los docentes y las alumnas/os y de ayudantes y alumnas/os.

En último término, el cómo uno ingresa a este espacio universitario, está atravesado por lógicas donde la forma de reconocer el mérito, la forma de reconocer el prestigio, la forma en que uno está legitimando a la autoridad, muchas veces es por condiciones que no necesariamente tienen que ver con el conocimiento. Es constantemente platearse en un ambiente adverso, estar a la defensiva, cuidarse. Enseñarles a las alumnas a cuidarse, una sobre exigencia bastante alta en términos de –sobre todo– aquellas que son madres, que tienen seguir publicando, tienen que seguir produciendo, no pueden perder el ritmo, no pueden faltar a la reunión. Tienen que demostrar constantemente una serie de logros y éxitos para estar a la par.

La academia neoliberal exacerba y que, justamente a la mujeres, las ponen en un juego bastante perverso, de hacer confluir lo que significa hoy en día la maternidad y cumplir con los estándares de exigencia académica. Por suerte las estudiantes hoy en día a través de su forma de organización, han podido levantar una voz de resistencia frente a eso, porque muchas veces desde el mismo mundo académico es muy difícil ya sea transformar, como también incluso alzar la voz para poder decir en ciertas situaciones.

¿Cómo ha sido tu experiencia en el CIEG o en las mismas clases que has estado dando, y cuáles son tus futuros proyectos?

Respecto al CIEG, yo creo mi llegada fue bastante fortuita, porque ha sido un proceso de bastante autoformación. No todo es una formación académica de forma tradicional y que también genera bastante inseguridad ¿en qué minuto es experto o no es experto, se necesita un cartón?  Creo que mi llegada sin duda marcó un hito respecto no solamente a las cosas que investigo, que pienso, sino también a mi lugar con respecto a lo que me interesa poder construir en adelante y que tiene que ver con el feminismo en primer término.

Tiene un lugar bastante importante. Y con las alumnas hacer clases, para mí siempre es un desafío. Tengo mucho respeto al aula y al poder hacer lo mejor posible en el ámbito de la docencia.  Interpelar nuestro presente en relación a una serie de cosas y generar constantemente preguntas. Yo creo que las y los estudiantes se vayan con la cabeza llena de dudas, es el primer paso para generar procesos de trasformación y poder cuestionar una situación que uno daba por sentado. Señalar que esos pilares son removibles, y que nuestra tarea es poder removerlos.

El último artículo que hice fue justamente tratar de relatar esta historia, una historia reciente con respecto del feminismo desde los 2000 hasta hoy. Una historia absolutamente inacabada pero que me gustaría poder profundizar en el sentido de preguntarnos cómo hoy en día nuevamente feminismo se ha instalado en las mesas de las casas en Chile, se conversa en los liceos, en las escuelas y que al parecer esto fue una especie de magia o que el feminismo se puso de “moda”. Sin embargo corresponde a una trayectoria que viene desde los 80 y que ha tenido un momento de oscilación, que hoy en día tiene una intensidad potente, y tiene que ver con esta diversificación de estos feminismos y una ampliación con respecto a otras generaciones que han podido tomar la voz feminista y se han hecho cargo a través de eso.

Entonces viene de ese proceso, esa temporalidad entre el feminismo en Chile en los 80, desde la lucha con respecto a la dictadura, hasta la actualidad. Estableciendo sus complejidades, sus diferencias, sus matices y también sus espacios de confluencia, que es lo que me parece más necesario hoy en día. Un desafío importante para poder seguir avanzando dentro de esta senda.

¿Cuál es el tema que estás trabajando hoy en día en el doctorado?

Mi investigación doctoral tiene que ver con cómo podemos establecer o pensar el surgimiento del concepto de Transición a la democracia durante el periodo de la dictadura militar, es decir entre 1973 y 1989. Poder analizar en términos genealógicos la instalación de un concepto desde el punto de vista discursivo, que establece una cierta forma de administración de la democracia en la transición. Lo que estoy haciendo es poder generar una lectura genealógica del concepto de la transición en Chile. Cuando surge, cuándo empieza a instalarse, cuáles son los matices, cuáles son las diferencias y finalmente cuál es la propuesta de democracia y la propuesta política que estaría contenido dentro de la forma de pensar una transición hacia la democracia. Ahí, mi hipótesis es que la Transición se puede entender en términos gubernamentales, como lo plantea Foucault, como una forma digamos de administración y de gobierno que tiene ciertas particularidades, que yo estaría desarrollando dentro de la tesis.

Entrevista Paula Hernández – Tener puestos los lentes violeta

Paula Hernández Hirsch, es Magíster en Estudios de Género y Cultura, Mención en Ciencias Sociales de la Universidad de Chile y Antropóloga Social de la misma Universidad. Actualmente es Investigadora del Equipo del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género (CIEG) y como docente en la Universidad de Chile. Se ha dedicado a los estudios de género enfocándose principalmente en las líneas de investigación de Alimentación, Sobrepeso y Obesidad en mujeres, Desigualdad y discriminación.

¿Por qué quisiste estudiar antropología y específicamente en esta universidad? ¿Qué fue lo que te motivo?

Quise estudiar antropología, porque me gustaba mucho el área de las ciencias sociales y las humanidades en general.  Me interesaba cursar una carrera en que pudiese tener contacto con las personas y que pudiera de alguna manera ejercer algún tipo de transformación social, ese era como mi horizonte. Me gustaban las posibilidades que daba la antropología también, pensando en que tiene distintas áreas, como igual tenía algunas nociones de la antropología física, pero me interesaba también poder trabajar con personas en vivo, y por eso descarté áreas como la historia, por ejemplo, pero sí me parecía interesante la profundidad que podía entregar la disciplina como antropológica al comprender los comportamientos humanos, las interacciones sociales y culturales.

Cuando uno elige la carrera es desde una posición súper ingenua, tal vez media incluso ignorante, porque nunca es exactamente como uno se lo espera. Antropología fue creo que la única carrera que me propuse a estudiar, creo mi segunda opción fue literatura, y siempre fue la Universidad de Chile. Esta idea de estudiar en la universidad pública estatal, la más grande, con más prestigio, también por un interés académico de estudiar en esos momentos y espero que siga siendo, la mejor Universidad en Chile y digo espero, porque dada la contingencia, está un poco en riesgo la universidad pública en general.

¿Como fue que te inclinaste hacia el área relacionada con el género?

Para mí el género o esta inquietud, este malestar que provoca el hacerse conciente de ciertas discriminaciones, de ciertas injusticias, estuvo siempre conmigo, toda la vida. Cuando conocí los estudio de genero me pareció que era algo, que daba respuesta de manera teórica, académica a estas inquietudes que yo había tenido siempre, entonces no fue “una revelación” para mí, sino que fue más bien confirmar, poder nombrar, poder ponerle conceptos a ciertas ideas que yo ya tenía, ya tenía ciertos acercamientos al feminismo, por lo tanto para mí fue poder dotarlo de contenido teórico.

¿Y eso fue durante la carrera de antropología?

Yo diría que sí, pero lo que más me marcó, fue el haber empezado a trabajar acá en el CIEG. En algún momento entré a trabajar como ayudante con Michelle Sadler, en una investigación sobre gestación adolescente y yo creo que eso fue lo que más me marcó, porque también me permitió entender el género desde un quehacer disciplinar. O sea no sólo como una teoría que explicaba estos malestares, sino que como una manera de hacer disciplina, de hacer antropología que tenía que ver con el método, con la práctica, tanto con lo teórico y lo más intelectual.

¿Cómo fue el proceso del magíster en género?

Fue una mayor profundización y consolidación a nivel teórico y académico de una discusión que yo ya tenía incorporada en mi quehacer diario y en mi manera de mirar los distintos fenómenos sociales. Lo interesante fue la apertura, lo tenía súper claro, pero con conceptos medios estrechos y tal vez con explicaciones un poco estrechas, y se fueron ampliando, ir conociendo cómo las teorías de género se van cruzando con otro fenómeno y eso me pareció súper interesante. Haber cursado por ejemplo, el ramo que tuve con Guadalupe Santa Cruz, que era sobre “ciudad y genero” para mí fue maravilloso, entender cómo se configura la ciudad desde una perspectiva de género, me pareció muy revelador y es una de las áreas que me interesa poder profundizar, que no he tenido la oportunidad todavía, pero ya la tendré.

¿Tuviste alguna autora o autor que te inspiró, además de las profesoras?

Además de Sonia Monecino, que finalmente es la escuela que aquí manejamos, en el sentido que ella es la fundadora del centro, junto con Loreto Rebolledo, pero que también tiene una mirada y una propuesta teórica muy particular, muy propia y muy interesante también. Porque es una teoría que se gesta en Latinoamérica, y que creo que ese es un sello que tiene también el centro, y el magíster, también es una de las marcas que nos van uniendo, porque durante toda la carrera (de antropología) constantemente estamos mirando hacia Europa, y si no era Europa hacia Estados Unidos y creo que una de las fortalezas que tiene las teorías de género, es que tienen un desarrollo súper potente en América Latina y particularmente en Chile. Tenemos que reconocer eso siempre, respecto al aporte de Sonia, de las otras profesoras y de este centro. Entonces por cierto que me marcó.

Cursando el magíster, tuve la posibilidad de tener clases con Rita Segato y “Estructuras elementales de la violencia” para mí fue un hito importante, porque son esos momentos como de revelación académica, que uno en algún momento tiene. Eso de “lo estoy entendiendo todo ahora”, mucho más estructural, mucho más transversal. Rita tiene la capacidad de presentarte o de hacerte entender de una manera bastante amable y simple, fenómenos que son súper complejos, que uno puede ir saliendo de esta superficialidad que a veces te ofrecen como los slogan en los que podemos estar de acuerdo, pero que no son suficientes cuando uno quiere saber por qué pasan las cosas, cómo pasan las cosas.

Hay una transformación y una profundización de los estudios decoloniales con perspectiva de género o de la perspectiva feminista, que está en la discusión actual, totalmente vigente. Que además hace un reconocimiento, desde las epistemologías otras, las epistemologías del sur y de las maneras de conocer diferentes. Construir un pensamiento propio o para poder situar de alguna manera mi propio pensamiento, es súper bonito cuando uno tiene como ese momento de revelaciones ¡Wuauu, esta intuición que yo tenía, sí se ha plasmado en los trabajos de otras personas! Eso es como bonito, muy interesante, que me pasó en ese minuto. 

¿Te identificas como feminista? ¿Cuando te pusiste los lentes violetas, que explicas en clases?

Yo me identifico como feminista, no tengo en este minuto una militancia como en algún grupo o algún colectivo, pero sí, mis lentes violetas los tengo puesto desde bien chica, desde mi participación en el colectivo feminista a los 15 años por ahí. Ahora cada vez uno va descubriendo más cosas y estos lentes se van un poco ajustando, va siendo capaz de ver más cosas y en mayor profundidad que las que había visto antes. Una de las primeras grandes molestias que tenía, era porque me gritaran cosas en la calle o porque no me sintiera segura al salir, o porque me pusieran ciertas trabas por el hecho de ser mujer, tenía que cuidarme más o que me trataran distinto, pero a medida que va pasando el tiempo, se van haciendo evidentes otras cosas.

Es mucho más grande la discriminación y mucho más estructural, las mujeres ganamos menos plata por igual trabajo, en los temas de crianza y cuidados, que se adosa siempre a la mujer la responsabilidad de la crianza y el cuidado, que tiene que ver también con distintas etapas de la vida. Ahora tengo más visión periférica y ya nunca me los pude sacar digamos, y todo lo que veo, todo lo que pienso, todo lo que analizo, siempre va a estar como visto a través de este filtro y me permitió también hacer ciertos cruces.

También me parece que hay un cambio generacional  importante, el movimiento estudiantil y el surgimiento de nuevas problemáticas, que se han hecho visibles y me parece refrescante y necesario también en la medida en que uno no está sola. Cuando yo estaba en pregrado, hablar que una era feminista, no era tan fácil, no era tan simple, no era tan aceptado y en cambio ahora, es más el lugar común digamos y el ser antifeminista, o no feminista es bastante más mal visto.

Esto nos permite hacer un tránsito, a que nuestro piso mínimo de lo que vamos a estar exigiendo vaya creciendo, tiene que ir avanzando aquello que consideramos como lo básico. Mirando no sólo desde la universidad hacia afuera, sino que hacia adentro de la propia universidad. Me parece que es fundamental, hace 15 o 20 años hubiese sido imposible hacer una investigación sobre cuanto ganaban los hombres, cuanto ganaban las mujeres en la universidad, porque no se consideraba un problema, no se consideraba una realidad, se negaba la existencia de esa situación. Ese cambio es súper interesante y sólo lo ha permitido el que más personas se hayan puesto estos lentes y que estos lentes, se hayan ido afinando permitiendo profundizar y ampliar la mirada.

¿Como ha sido tu experiencia en el CIEG, que es lo que más te gusta de ser docente e investigadora del centro?

Para mí ha sido el espacio de inicio y consolidación profesional, académica e intelectual. Para mi es un espacio súper importante, le debo a mis colegas todas las reflexiones, conversas e intercambios ciertamente. Al mismo tiempo tenemos una manera cotidiana, una ética de trabajo que también tiene perspectiva de género o que también es feminista y en ese sentido creo que somos capaces de establecer maneras de relacionarnos, códigos laborales distintos. La universidad es como un elefante que cuesta moverlo hacia estas transformaciones, los cambios son lentos, tienen una institucionalidad muy dura, pesada, una burocracia muy grande  y con todo eso somos capaces de establecer otros códigos, otros criterios. Que nos permiten dentro de nuestra precariedad laboral, tener un ambiente de trabajo agradable, fecundo intelectualmente pero también comprensivo y que aporta mucho en lo individual también.

Respecto a la docencia, la posibilidad de compartir, de poder nombrar y conceptualizar estos malestares. Poder transmitir eso a otras personas, es lo que me parece más interesante. No tanto el tener una audiencia, un público para repetir cosas, sino el poder compartir con otras personas y aquí me refiero especialmente a las estudiantes de los diplomados, que muchas veces trabajan en estos temas directamente. El ver como ellas que están día a día en contacto con estas situaciones de violencia, que trabajan en casas de acogida de la mujer, que trabajan en los PMG de género, en distintas cosas. Cómo ellas van adquiriendo herramientas para poder decir lo que pasa, la causa y como se va a resolver también.

Me parece que es bonito de ir viendo como estos lentecitos de género se van multiplicando y que tenemos un cierto lenguaje común. Lo que ellas te pueden aportar también a ti, me parece que es lo más bonito, ese intercambio y ese dialogo que se produce. Respecto a la investigación que para cualquier persona que trabaja en la universidad es lo más interesante, es la posibilidad de conocer como de primera mano, ciertas realidades, ciertas situaciones, de poder tener también la capacidad de corroborar con datos, cosas que nos imaginamos, qué pensamos. Solo está presente en la academia y en la universidad, es muy difícil hacer investigación desde otros lugares, por lo tanto también es una de las cosas que más me gusta.

Cuéntame sobre tus investigaciones más significativas, por ejemplo la investigación relacionada con la alimentación y salud de las mujeres.

Fue súper bonito un proyecto que hicimos, que era un proyecto FONIS (Fondo Nacional de Investigación en Salud) en el que trabajamos con mujeres pobres, indagando respecto como las pautas culturales para la prevención y control del sobrepeso y la obesidad. Bueno, hubo mucho resultado de ese trabajo, yo rescato que pudimos trabajar multi disciplinariamente, trabajamos con personas del área de salud, lo que fue interesante y desafiante también, los lenguajes son distintos, las maneras de ver y de abordar la investigación son distintas.

Sin embargo nos permitió decir, oye desde la ciencia sociales podemos hacer un aporte, tenemos una mirada, tenemos una perspectiva que ustedes no han contemplado y que sin esa perspectiva estamos dejando una parte fundamental del problema afuera. Corroborar que cuando uno aplica la perspectiva de género a distintas realidades encuentra cosas nuevas, entonces el analizar el tema de la obesidad desde una perspectiva de género que era algo que tal vez no era tan obvio, ni tan evidente, nos permitió encontrar muchos datos nuevos, eso me permitió también conocer la línea de investigación y avanzar en esa línea, que es algo que  sigo desarrollando hasta ahora. Estamos junto con profesionales del INTA, desarrollando un magíster en clases de nutrición infanto-juvenil y va tener perspectiva de ciencia sociales y espero que tenga perspectivas de género también, hice en base a esa investigación mi tesis de magíster que también fue tema de alimentación y de organización del mundo doméstico.

Hay un par de investigaciones mucho mas chiquititas y tal vez menos académicas que para mi han sido importantes. Una de ellas fue lo que hicimos a raíz del terremoto en Pumanque, que es una localidad que fue afectada en el terremoto del 2010. Nosotros como CIEG, nos reunimos con otras académicas de la Facultad de Filosofía y Humanidades e hicimos un proyecto que no era propiamente de investigación, sino de extensión y me pareció que ese trabajo también fue súper bonito y lo que ganamos nosotras, de manera  personal, fue tan importante como lo que pudimos dejar allá.

Otra investigación que también fue muy pequeñita que nos encargo la Vicerrectoria de Extensión y Comunicaciones es la investigación sobre acoso sexual. Me parece súper importante porque marca de alguna manera un avance en el mirarse hacia adentro de la universidad, el mirar como estamos construyendo universidad, como estamos construyendo los vínculos sociales al interior de la universidad y también poder practicar la perspectiva feminista dentro de la universidad. Hemos ido cimentando el establecimiento de política y de transformaciones en las relaciones sociales dentro de la universidad,  desde que hicimos el primer estudio, que fue el “Del Biombo a la Cátedra“, junto con la vicerrectoría y con más gente, hemos ido viendo esos avances y eso ha sido súper importante, poner en práctica algo que me gusta mucho en la antropologia, que es el conocimiento a través de la escucha, puedo conocer de un fenómeno en especifico, pero también tengo la posibilidad de escuchar a las personas , que lo viven y que lo sienten. El hecho de que se norme el acoso sexual, nos sigue pareciendo poco, pero es algo que no teníamos. Nos vamos a hacer cargo de esto también y lo vamos a cambiar y lo vamos a transformar y a mejorar. Tal vez no han sido las investigaciones como más grandes, ni las más productiva en termino academico, pero sí me han marco a mí, en cuanto a la posibilidad de cómo hacer antropología, y hacer antropología del género.

¿Cual es tu libro de cabecera o puede ser una serie? acá en el CIEG hay un conocimiento interesante sobre las series…

Tenemos un amor por la cultura pop, profunda en este centro, porque además es un espejo de la vida misma. Permite mirar el mundo también a través de los ojos de otras personas que, nunca deja de ser. Violencia de género de Rita Segato, me marco harto y no sé si sería mi libro de cabecera porque me parece muy estrecho pensar en uno solo, pero eso sí me marcó bastante y bueno, nuestro amor colectivo por lo de las series del momento, tiene también que ver con un espíritu de no quedarnos solo en lo abstracto intelectual y en los libros. A veces puede ser un poco agobiante, esto de ponerse los lentes de género y ver todo, como desde la posición de la opresión o desde la posición o de este develamiento, de esta violencia estructural, de esta discriminación, injusticia, opresión que son estructurales.

Necesitamos también una vía de escape, pero esa vía de escape no tiene por qué ser simplemente una evasión, sino que todo lo que conversamos y respecto a lo que nos reímos y las series que vemos, también llevan ese análisis. La serie del momento por ejemplo es “Orange is the new black”, una serie que trata sobre las vidas de un grupo de mujeres dentro de una cárcel de mínima seguridad de E.E.U.U, y nos permite hacer análisis súper interesantes que van desde la alimentación, hasta roles de género o la sexualidad, pasando por la raza, que al ser algo de ficción nos permite quitarle un poco esa carga emocional, porque puede ser muy fuerte estar todo el tiempo hablando sobre violencia, todo el tiempo viendo y teniendo noticias. Situaciones, respecto a que ya sabemos la causa, pero no podemos plantear ahora ya, la solución. Las series son nuestro placer culpable, pero ni tan culpable tampoco, no es frivolidad, creo que nos aportan bastante.

Por último ¿cuales son las proyecciones de tu trabajo?

Estamos manteniendo la investigación respecto al área de alimentación, además estoy participando dentro de un proyecto FIA junto a Sonia Montecino y con un equipo más grande haciendo inventarios patrimoniales. Estamos haciendo el magíster de alimentación de nutrición infanto-juvenil en conjunto con el INDA.  Con Isabel Aguilera (profesora de la Universidad de Tarapacá) estamos editando un libro con las presentaciones que se hicieron en las jornadas de alimentación y cultura hace un par de años, así que esa es una área que ciertamente voy a seguir desarrollando y que me interesa, aunque siempre falta el tiempo y los recursos. El tema de “espacio y género” sería mi norte o mi sur más personal, es un área que quiero introducirme, que siempre está presente también, cruza las otras investigaciones, pero esa sería la proyección.