Equipo de investigadoras del CIEG participan en X Congreso RELAJU WALLMAPU 2018.

 

Octubre 31, 2018

Del 11 al 13 de octubre, se realizó en la ciudad de Temuco el X Congreso RELAJU WALLMAPU 2018. Los desafíos para la diversidad y el pluralismo, coordinado por la Universidad Católica de Temuco y la Universidad de la Frontera, en conjunto con la Red de Antropología Jurídica.

En dicha ocasión, las investigadoras Astrid Mandel Maturana y Loreto Tenorio Pangui del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género de la Universidad de Chile participaron con ponencias atingentes a la temática del Congreso.

Astrid Mandel Maturana expuso en la Mesa “Mujeres indígenas, experiencias en América Latina”, con la ponencia titulada: “Dirigentas Lafkenche: consecución de derechos y representatividad en el multiculturalismo neoliberal: estrategias y desafíos en la aplicación de la ley 20.249 o Ley Lafkenche”, referente a las estrategias que han enarbolado las dirigentas de la organización mapuche Identidad Territorial Lafkenche para poder acceder a los derechos consuetudinarios en los territorios en los que habitan.

Por otro lado, Loreto Tenorio Pangui, presentó su investigación en las Mesa “Identidad cultural y participación política en los territorios como mecanismos de reparación en el final del conflicto armado en Colombia”, con la ponencia titulada: “De retornos imposibles a otros futuros posibles: Construcción de la identidad de desplazado/a en Colombia”, que versó sobre las transformaciones identitarias en población desplazada por la violencia.

Durante el congreso se abordaron distintas temáticas que versan en torno a los derechos de los pueblos indígenas, las minorías y las poblaciones vulnerables, conjugándose el quehacer de la antropología con el del derecho positivo. Una de las conclusiones a las que se llegó es que no obstante los países han ratificado distintos convenios que aseguran los derechos de los pueblos que habitan, en la práctica hay una escasez de normas y regulaciones que sancionen el incumplimiento de acuerdos y tratados, sobre todo en lo que refiere a territorios indígenas, viéndose con preocupación la criminalización de demandas de dirigentas y dirigentes de causas sociales. Desde el CIEG planteamos que la perspectiva de género es transversal a estas temáticas y debe estar incluida cuando se analiza la aplicación  de derechos en América Latina.

 

CIEG participa en curso de extensión “Reflexionando el Chile actual”

 

Desde el 03 de octubre al 22 de noviembre se desarrolla el Curso de Extensión “Reflexionando el Chile Actual”, a las 19 horas, con sesiones totalmente abiertas a la comunidad en tres comunas de la capital: Estación Central, Quilicura y Pedro Aguirre Cerda.

En este curso, se abordan temas y problemas sociales contingentes como migraciones, igualdad de género, infancia, calidad del empleo, pobreza energética, salud mental, acceso a la educación superior.

El día miércoles 25 de octubre a las 19:00 horas Geanina Zagal Ehrenfeld asistente de coordinación del Diplomado a Distancia en Estudios de Género dictará el taller “Genero y Participación Social”. La actividad es totalmente gratuita y abierta a la comunidad. ¿Donde? Biblioteca pública de Quilicura (Ohiggins #281, Quilicura).

Para más información de fechas y territorios visita cursos extensión 2018

La Cacería: Re- significación del uso del lenguaje en los medios de comunicación

Columna de opinión de la alumna del Diplomado de Extensión en Género y Violencia Francisca Oyarzún

Un día del mes de Agosto, cambiando de canal en canal en televisión abierta encontré la propaganda de una nueva serie criminal que por lo visto en el tráiler principal contaba con una excelente producción a nivel general. Esta serie televisiva aborda la historia de lo ocurrido con el famoso caso del “psicópata de Alto Hospicio”, que actuaba con excesiva violencia desde el año 1998 al año 2001 aproximadamente. Es interesante evidenciar una producción televisiva que represente una historia ocurrida a jóvenes mujeres que transitaban por las calles del norte de Chile, para trasladarse muchas veces a sus hogares o a sus Escuelas. Específicamente fueron catorce asesinatos de jóvenes mujeres menores de edad, dos violaciones y un homicidio frustrado y feminicidio, parte del historial criminal y delictivo del autor de los hechos en la comuna de Alto Hospicio en la Región de Tarapacá.

Esta historia de violencia contra las mujeres, de violación, de homicidio o feminicidio, refleja la construcción social y cultural respecto a roles de género en nuestra sociedad, que evidencia que sus características son de carácter histórico y social, y se define dependiendo de la sociedad y la época, además como una relación social que representa normas y las relaciones de poder, como una relación asimétrica. Entendiendo lo que Lamas (2016) plantea como lógica de género como una lógica de poder y dominación, que implementa los discursos de poder como los que prevalecen en la construcción social y cultural.

En relación a lo anterior, es importante mencionar que la historia de las jóvenes representa la violencia de género basada en una relación de poder desigual y que se puede expresar mediante agresiones verbales, físicas y sexuales ya sea en el espacio público como privado. Además, es comprendida de diversas formas dependiendo del contexto, ya sea en lugares urbanizados o rurales según lo planteado por Valdés (2009). En este sentido, estos contextos condicionan el tipo de violencia de género, y además puede ser entendida de múltiples formas, debido a que su significación varía según las posiciones de poder existentes y las experiencias de cada protagonista de dicha violencia.

Según el relato que confesó el autor de los hechos, extraído de las noticias del diario de la región, su modo de actuar se basaba en ofrecer su servicio de taxi a las mujeres con el fin de facilitar un medio de transporte hacia sus hogares o Escuela. Posteriormente, cuando se encontraban en el asiento de copiloto, las amenazaba con armas, las atacaba sexualmente a través de la violación con uso de fuerza e intimidación, para finalizar en violencia física lanzando piedras en sus cabezas y lanzando sus cuerpos amarrados y vivas a los piques mineros, en zonas desérticas y desoladas. A excepción de su última víctima, quien queda inconsciente posterior a la violación en el pique minero, pero con vida, lo que la posibilita de denunciar lo ocurrido.

Es importante mencionar que el contexto de la situación se basaba a nivel país en la vinculación de los hechos con la vulnerabilidad social, debido a que según los medios de comunicación se justificaba la tesis de la desaparición de las menores de edad como “presunto abandono del hogar” de manera voluntaria, relacionada con casos de violencia intrafamiliar y problemas de disfuncionalidad del núcleo familiar, a la prostitución de dichas jóvenes, además de la antes denominada “trata de blancas”. Lo que evidenciaba una discriminación ante las denuncias de sus familiares, debido a la precaria situación socioeconómica de las jóvenes desaparecidas y de sus familias.

En relación a lo anterior, el hecho de responsabilizar a las jóvenes de su desaparición por ejercer la prostitución a raíz de su vulnerabilidad social y/o precaria condición socioeconómica a nivel general se relaciona según lo que plantea Bourdieu (2000), con una dominación reproducida por medio de la asimilación de las relaciones de poder por parte del dominado, refiriendo a un poder de tipo simbólico que actúa desde los procesos de significación de los sujetos. Observado tanto en la opresión existente a nivel de género, solo por el hecho de ser mujer, y de ser niñas, menores de edad, además de factores vinculados con la condición socioeconómica, el contexto y sector donde residían estas familias, que refleja un lugar altamente vulnerable al riesgo y a la pobreza, evidenciando una opresión en diversos ámbitos de desigualdad social.

Esta dominación masculina además se reproduce por medio de la violencia simbólica a través de los medios de comunicación, que refiere a la violencia invisible que se constituye mediante medios simbólicos que se evidencia durante la serie televisiva a través del lenguaje utilizado para referirse a los crímenes de odio como plantea Segato, como crímenes ocurridos y naturalizados definidos como la “cacería” aludiendo a nociones de instinto animal, entendiendo la cacería como una actividad de caza y por ende como una persecución y captura animal que busca la muerte del otro, con fines de sobrevivencia o recreativos. De esta forma existe una asimilación de la dominación basada en la perspectiva del mundo que se encuentra constituida por la división de géneros relacionales, que se identifican simbólicamente como dos componentes sociales jerarquizados, y que naturaliza la violencia contra la mujer a través de los factores descritos, sumado a la noción determinante de “psicópata” al autor de lo ocurrido, vinculando los crímenes de odio a un trastorno de salud mental, invisibilizando la construcción sociohistórica respecto al sistema de relaciones de poder actual que condiciona y reproduce la construcción de la asimetría de género.

Refiriendo a lo anterior respecto a la violencia de género, existe una estructura elemental de la violencia, que alude a la inserción del agresor de la violación en dos ejes de interlocución; como un acto moralizador, que se vincula con la represalia obedeciendo al mandato de masculinidad y como un acto que exige a un cuerpo subordinado un tributo, lo que se vincula con el cruce entre el contrato horizontal entre los vínculos de alianza y el estatus vertical de los vínculos de entrega y expropiación. Visibilizando la economía simbólica de la violación como un crimen moralizador, como un acto disciplinador y punitivo ilegal desde el punto de vista del violador, que perpetua y reproduce las relaciones de poder asimétricas.

En este sentido, se puede mencionar que existe una insensibilización respecto a las formas de violencia que evolucionan a través de los años, lo que en palabras de Segato (2018) se denomina la Pedagogía de la crueldad, donde se aprenden nuevas formas de violencia constantemente, donde los medios masivos de información atacan la dignidad ejercitadas en el cuerpo de las mujeres, a través de las noticias de feminicidios como espectáculos televisivos que revictimizan a las mujeres reproduciendo los detalles mórbidos a través de un lenguaje opresivo, por tanto se plantea una contra-pedagogía de la crueldad a través de una contra-pedagogía del poder y del patriarcado, orientada a los mandatos de masculinidad y su expropiación del valor como primera lección de jerarquía que va mutando constantemente como fue mencionado anteriormente.

Específicamente, es importante problematizar respecto a la noción de la mujer como cuerpo social y simbólico que representa un territorio de conquista, la existencia de una colonización de los cuerpos, a través de formas que los marcan como expresión de poder. Por tanto, el cuerpo como un territorio donde se ejerce poder, y que se construye en el proceso de subjetivación de cada género, evidenciando que el cuerpo puede ser entendido también como un territorio de resistencia. Como el lugar donde la cultura instaura los significados de la diferencia sexual, como un territorio en el cual se construye, en el que los discursos le dan significados, expresando que las prohibiciones que regulan pueden ser transformadas a través de espacios de libertad y resistencia.

Por tanto, es fundamental sensibilizar respecto al uso de los medios de comunicación, y específicamente respecto a la visibilización de los cuerpos como territorios de conquista y como objetos, que deben ser reivindicados a través de su inserción en las políticas públicas, en el derecho penal, conceptualizando y problematizando respecto a estas temáticas. Debido a que la violencia de género y contra las mujeres como plantea Butler, actúa como un dispositivo sobre los cuerpos y sobre los sujetos, y la transformación de los actos performativos deben dirigirse a los mismos.

Exactamente en este punto radica la importancia de la idea de erradicar la violencia de género y contra las mujeres a través de la problematización de las relaciones vinculares de género, relacionado con la conciencia que existe de estas relaciones, lo que anteriormente se abordó como violencia simbólica, y que se vincula con las construcciones socioculturales respecto a los mandatos y roles de género que condiciona el actuar de los sujetos, pero que debe ser abordado a través de diversas acciones, generando procesos de cambios en las estructuras que definen las relaciones de poder, orientadas en promover principalmente la capacidad de agencia en los sujetos expresando como objetivo principal la demanda del cambio social hacia la justicia y la equidad de género, lo que implica una promoción de la circulación de poder en lo social con el fin de generar una transformación social basada en la libertad.

En conclusión, es importante destacar que existe una necesidad constante de repolitizar la violencia de género en la sociedad desde diversas acciones orientadas a la problematización del fenómeno de la violencia de género a través de la transversalización de la perspectiva de género en los diversos espacios y áreas de transformación social, fundamentalmente en los medios de comunicación, generando estrategias y mayor control respecto al lenguaje televiso, ya que es un medio fundamental en el cual interactúan diversos sujetos independiente de su clase social, edad, género y diversas formas de desigualdad social. Generando una construcción del sujeto que resignifica a través de las relaciones de poder y del lenguaje expuesto en los medios de comunicación particularmente desde las construcciones sociales que influyen en el plano subjetivo de los mismos.

Por último, es fundamental favorecer la participación de las comunidades, en la integración de medidas de prevención como plantea Madrigal (2010) a nivel situacional, primaria, secundaria y terciaria, y también de atención de la violencia a través de programas reparatorios. Considerando la inserción de un enfoque integral en violencia de género, abordando las diferentes áreas de acción social como de los procesos de sensibilización en la comunidad como respuesta del Estado, a través de la integración de políticas públicas y de transformación e implementación en materia legal ya que actualmente en Chile se rige una Ley de Violencia Intrafamiliar, y no una ley basada en un enfoque integral en violencia, vinculando más bien la violencia al ámbito de lo privado y doméstico que al espacio de lo público, lo que favorece la reproducción de las lógicas de violencia y poder en cuanto a las diversas formas de violencia y a la divulgación de lo femenino en los medios de comunicación.

Bibliografía:

– Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina. Barcelona, España: Edición Anagrama.
– Butler, J. (2007). El género en disputa. España: Paidós.
– La Estrella de Arica. (2004). La fría confesión del sicópata de Alto Hospicio. Obtenido de la Estrella de Arica: www.estrellaarica.cl/ … /20040208042852.html
– Lamas, M. (2016). “Género”. En: Conceptos clave en los estudios de género. Moreno, H & Alcántara, E. (coord.). Universidad Nacional Autónoma de México. México.
– Madrigal, L. (2010). Los hombres asumimos nuestra responsabilidad: Las Masculinidades en la prevención de la Violencia de Género. Programa de Masculinidades, Centro de Las Casas. El Salvador.
– Mandiola, S. (2009). Breve análisis de los delitos sexuales contenidos en la Legislación Chilena. Diplomado Agresiones Sexuales U. de Chile.
– Segato, R. (2003). Las Estructuras Elementales de la Violencia: Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Buenos Aires, Argentina: Prometeo Libros.
– Segato, R. (2018). Contra – Pedagogías de la crueldad. Buenos Aires, Argentina: Prometeo Libros.
– Valdés, X. (2009). Violencias de género. Cuerpos, espacios y territorios. Chile: Gráfica LOM.

Violencia de género en la dictadura cívico-militar

Columna de opinión de la alumna del Diplomado de extensión Género y Violencia Carolina  Guerra Arce

A días de los 45 años del golpe de estado en Chile, con la dictación libertades condicionales para personas privadas de libertad por haber cometido violaciones de DDHH acompañado de una polémica discusión sobre la función y objetividad del Museo de la Memoria, me veo en la necesidad de reflexionar sobre la actuación de nosotras las mujeres en el contexto de la dictadura cívico-militar que azoto a nuestro país, y de qué forma se nos violentó no solo como personas sino como género.

La violencia de género es considerada por las Naciones Unidas como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive amenazas de tales actos, la coacción o la privación de la libertad, tanto si se produce en la vida pública o privada”[i] . En la dictadura cívico-militar se violentó a las mujeres desde diferentes aristas del fenómeno de la violencia; como lo fue la violencia psicológica, física, sexual e inclusive económica. Decenas de mujeres fueron objeto de detenciones arbitrarias y llevadas a centro de detención y tortura, otras asesinadas a manos de agentes del estado, otras relegadas al exilio ya sea de manera personal o a consecuencia del exilio de su marido o familia, no hubo discriminación respecto a su edad ni condición, pues muchas de ellas eran menores de edad y/o se encontraban embarazadas. Aún peor las mujeres fueron objetos para reafirmar el poder de lo masculino sobre lo femenino, siendo tomadas como herramientas para torturar a sus esposos, hijos o padres por medio de violaciones y otro tipo de vejámenes del que los agentes del estado se valen por la condición de ser mujeres.

Tras el retorno a la democracia, el primer presidente electo Patricio Aylwin decreta una serie de conmutación de penas para presos políticos y comienza a trabajar en el campo de los Derechos Humanos, uno de los instrumentos emblemáticos en esta materia es informe sobre “verdad y reconciliación” más conocido como “informe Retting” el cual tiene por objeto establecer la gravedad de las violaciones de DDHH en el periodo de 1973 a 1990 pero este no hace mención a la violencia sobre las mujeres con toda sus letras, y es por esto que diferentes asociaciones y las propias víctimas presionan para que dicha temática se consagre como lo que fue, violencia de género, es así como el año 2004 en el llamado “informe Valech” señala la violencia sexual como una de las formas más graves de la violencia contra las mujeres. El panorama a nivel internacional no es distinto puesto que recién en el año 2002 la Corte Penal Internacional señala “son crímenes de lesa humanidad violación, esclavitud sexual, prostitución, embarazo forzado, esterilización forzada o cualquier otra forma de violencia sexual de gravedad comparable”[ii]. De forma que las mujeres una vez más son parte invisible de la historia, pues también ha sido una lucha visibilizar las atrocidades cometidas a nuestras compañeras solo por el hecho de ser mujeres.

Si bien la violencia sexual fue una de las formas más atroces para violentar a las mujeres, hubo otra serie de actos de violencia del cual fueron objeto las mujeres en el periodo dictatorial. Hace pocos días me encontraba en una charla sobre “niñez y exilio” donde expuso una abogada de DDHH, la cual hablo del exilio en el contexto de dictadura, y planteaba como uno de los grandes problemas referentes al exilio, fue la situación de las mujeres, pues para esos años aún éramos consideradas “incapaces relativas” por lo cual se necesitaba la autorización del marido para poder salir del país, el problema es que muchos de sus maridos se encontraban ya en el exilio, o desaparecidos o en prisión político, por lo cual había que pedir autorización al juez del juzgado de menores quién a su arbitrio daba o negaba la autorización, lo que trajo como consecuencia la separación de familias, y la permanencia de mujeres en nuestro territorios que fueron expuestas a las más crueles torturas como es la violencia sexual.

Me preguntaba ¿por qué la importancia de tipificar y visibilizar este delito cómo especial o con carácter de género? dado que para muchos constituyen actos de tortura y la tortura ya está tipificada como tal, y a su vez ¿por qué el estado de derecho retornado y la sociedad demora tanto tiempo en reconocerlo?, he pensado y creo que la discusión radica en los conceptos de poder y cuerpos, y su estrecha relación, puesto que como señala Veena Das “Las violaciones inscritas en el cuerpo femenino (tanto de manera literal como figurativa) así como las formaciones discursivas en torno de esas violaciones, hicieron visible la imaginación de la nación como nación masculina”[iii] y efectivamente se instaura el poder mirado desde lo masculino donde los cuerpos y vidas de las mujeres se toman como herramientas de tortura propios y a terceros, pues muchas mujeres fueron violentadas sexualmente como mecanismo de tortura para sus parejas o maridos, usando sus cuerpos como objetos para el sufrimiento propio y de sus familias, re domesticando a muchas mujeres que irrumpen en los parámetros sociales impuesto que las relegaban a la esfera de lo privado y el trabajo doméstico para convertirse en sujetos políticos con ideales de emancipación.

Una vez más las mujeres cargamos con una doble herida, provocada por el dolor de la irrupción de la violencia en nuestra historia como sociedad pero con una herida más profunda por los atrocidades que se cometieron a las mujeres tan solo por el hecho de ser mujeres, apoderándose de sus vidas y cuerpos, obligándolas a la sobrevivencia donde la violación es una prueba de esta misma, puesto que en muchos de sus testimonios se recoge la resistencia a la muerte y la lucha por seguir viviendo, y así ha sido a lo largo de la historia en contexto de crisis, guerras y revoluciones, Veena Das nos señala “A través de las complejas transacciones entre el cuerpo y el lenguaje pudieron a la vez dar voz y mostrar el dolor que se les infringió y, así mismo, ofrecer testimonio del daño infligido a la totalidad del tejido social- la herida también se le inflige a la idea misma de que diferentes grupos puedan habitar juntos en el mundo.” [iv] en el contexto de la partición de la antigua Yugoslavia, pueden compararse con la situación de las mujeres en el contexto de la dictadura cívico-militar en nuestro país en cuanto al impacto que tienen las violencia ejercida sobre las mujeres. Tan profunda es el dolor de las víctimas que la gran mayoría tardo años en contarlo e incluso muchas prefirieron callar, dado que la violencia ejercida por el sistema patriarcal y el mundo masculino instaura los cuerpos femeninos como propiedad de la familia y el patriarcado, por lo cual muchas mujeres optaron por callar y otras que se relevaron contra la concepción establecida tuvieron que volver a resistir la violencia de sus propias parejas que repitiendo los parámetros e ideología imperante no lo comprendieron; también el pudor de exponer estos vejámenes acallo por décadas las atrocidades de la violencia político sexual.

Al alero de la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad y la tipificación de la violencia sexual como delito de esa categoría es que se pudo accionar judicialmente para que los delitos fueran sancionados, así y todo fueron muy pocos los casos judicializados, en el informe Valech de un total de 3.399 declaraciones de mujeres, casi la totalidad afirma haber sido objeto de violencia sexual, y 316 mujeres afirman haber sido violadas reiteradamente por sus captores. Pese a esta dura realidad hay autores como Foucault que invisibilidad la violencia sexual como un delito que merece un especial tratamiento como un tipo de violencia hacia las mujeres, señalando “que la violación no debía penalizarse como violación, que se trata de simple violencia”[v] “que alguien le metan un puñetazo en el hocico, o el pene en el sexo no hay ninguna diferencia”[vi] con planteos que no solamente son reprochables desde mi punto de vista por invisibilizar la sociedad patriarcal imperante y la opresión y violencia hacia las mujeres, sino por reabrir una herida que es doble para nuestro género a nivel internacional, puesto que a mi parecer la razón de este tipo de violencia responde a mantener el mundo masculino y los roles asignados a las mujeres como sometimiento y sostén del patriarcado, dando a través de los cuerpos violentados sexualmente un duro mensaje para aquellas mujeres que salgan de la esfera de lo privado y comiencen a tomar posición como sujetos de derecho.

Por estas razones me parece que aún hay un largo camino que recorrer para reparar de alguna manera el daño infligido por la sociedad a las mujeres, y a su vez un largo camino para las mujeres en la lucha por su emancipación. Por esta razón a casi 45 años del golpe militar, la memoria es crucial para las luchas venideras por nuestra emancipación, ni olvido ni perdón.

[i] Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas 48/104, Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, Naciones Unidad Derechos Humanos alto comisionado, 20 de Diciembre de 1993

[ii] Estatuto de Roma, artículo 7, letra g), 2002

[iii] Das V, el acto de presenciar. Violencia, conocimiento envenenado y subjetividad, Berkeley: University of California Press, 2000. 217p. La traducción al castellano incluida en este volumen fue realizada por Magdalena Olguin.

[iv] Das V, el acto de presenciar. Violencia, conocimiento envenenado y subjetividad, Berkeley: University of California Prees, 2000. 219p. La traducción al castellano incluida en este volumen fue realizada por Magdalena Olguin.

[v] Somnolencia de Foucault, violencia sexual, consentimiento y poder, el colegio de México, A.C distrito federal, México. Vol. XXVI (número 76) enero-abril del 2008.

[vi] Somnolencia de Foucault, violencia sexual, consentimiento y poder, el colegio de México, A.C distrito federal, México. Vol. XXVI (número 76) enero-abril del 2008.