Columna de Opinión Estudiantes de Semipresencial Teorías de Género, Desarrollo y Políticas Públicas – “Equidad de Género, ¿Realidad o utopía?…”

El Diplomado de Postítulo Semipresencial en Teorías de Género, Desarrollo y Políticas Públicas es un programa que comenzó a impartirse hace 9 años atrás, y a la fecha cuenta con más de 120 graduados/as especializados en perspectiva de género. Como parte de sus actividades de evaluación, las estudiantes realizaron trabajos escritos de análisis y reflexión sobre las políticas públicas con perspectiva de género. Durante los siguientes días publicaremos algunas de sus columnas de opinión.


“Equidad de Género, ¿Realidad o utopía?…”

Nicole Chávez González. Antropóloga, estudiante del Diplomado de Postítulo Semipresencial en Teorías de Género, Desarrollo y Políticas Públicas.

En América latina desde mediados del siglo XX, se han generado condiciones para que diferentes actores se planteen la necesidad de incluir el tema de género en las políticas públicas, debido a la globalización, la recuperación de la democracia y el fortalecimiento de los movimientos sociales, lo que genera un estado en el que se lucha por los derechos para lograr la transformación de ciertas desigualdades existentes, sobre todo aquellas relativas al género; la subordinación de las mujeres, la igualdad y equidad, y el cuestionamiento a las estructuras de poder.

Es allí donde el Estado –entendido como una serie de instituciones y ejercido a través de un gobierno- debe regular las normas y colaborar en los cambios necesarios para alcanzar la igualdad y equidad. Ello a través del gobierno, su organización institucional y su actuar mediante políticas públicas, pero ¿puede el Estado –considerando sus fundamentos patriarcales y su favor a la población masculina- distribuir el poder y transversalizarlo? ¿Las políticas actuales son sólo un refuerzo de un modelo normativo que rige las relaciones entre hombres y mujeres o buscan efectivamente un cambio real? ¿Se puede mejorar la situación por medio de las leyes? Estas preguntas son difíciles de responder pensando en una solución verdadera en pos de las mujeres y sobre todo, en la igualdad de género para todxs y de una integración efectiva. Se deben crear políticas positivas al género, que rompan estereotipos y sean transformativas. Hoy se habla de querer alcanzar la equidad de género en países como Chile, y en diferentes espacios globales se generan alianzas para presionar a los Estados, pero me pregunto: ¿Se ha logrado realmente?

Principios de igualdad y equidad de género

Dentro de la lucha feminista, la búsqueda de la igualdad entre los géneros ha sido una constante. Durante la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer de Beijing, en el año 1995, se sostuvo que la igualdad debía ser el principio que rigiera las construcciones de relaciones sociales entre los géneros, como fundamento ético de equivalencia humana sin jerarquías. Éste se fundaría en tres dimensiones: “la no discriminación, la admisión de la diferencia y la autonomía/libertad”, que se tradujeron a un lenguaje jurídico con el afán de integrarlos a los marcos normativos de las diferentes naciones comprometidas en esta lucha. Aquí destacan los conceptos de “igualdad de derecho e igualdad sustantiva”, donde los primeros son de jure –de derecho- y los segundos suponen un ejercicio real en su ejecución, es decir, que se cumplan de hecho. Si bien, se ha avanzado, aún queda salir del “papel”, de lo formal y lograr una implementación empírica para contribuir de verdad, puesto que al ser llevado a la realidad en su progreso y ejecución, muchas veces el objetivo se pierde, no logrando concretar la teoría en la praxis.

Ahora bien, la equidad no es un sinónimo de igualdad sino que es un mecanismo para transformar la igualdad de derecho en una sustantiva [1]. De esta manera, la equidad busca arreglar injusticias que obstaculizan el acceso para todos a la igualdad y a las oportunidades, a favor de aquellos que están en situación de desventaja. Las oportunidades deben ser posibles para todos desde el principio, en el acceso como también en los resultados, es decir, que los seres humanos puedan gozar, ejercer sus derechos y conseguir el desarrollo humano en lo económico, político y cultural, sin importar su género. Pero ¿Existe un consenso entre lo qué es equidad e igualdad? ¿Por qué se usan indistintamente? ¿Quiénes establecen estos conceptos? ¿Son aceptados por todos?

Transversalización o mainstreaming

En la Tercera Conferencia Mundial de la Mujer en Nairobi, 1985, se comenzó a hablar de la institucionalización de género y durante la Cuarta Conferencia -10 años después- se impulsó definitivamente la incorporación del “mainstreaming” de género. El cual se ha ido implementando en cada país de América latina –a través de diferentes Mecanismos de Adelante para la Mujer (MAM)-, dependiendo de su singularidad en procesos sociales y políticos nacionales. Esto ha contribuido a que se vaya institucionalizando la igualdad en los cambios de roles de género, pero aún no logra un impacto real en la búsqueda de una transformación cultural de la sociedad en la equidad, a través de políticas con enfoque de género.

La transversalización de género es un concepto controvertido que posee una variedad de significados y envuelve distintos tipos de prácticas políticas. Es la estrategia más actual para analizar la igualdad en las políticas públicas. Posee un carácter transformador pues desea corregir las desigualdades entre hombres y mujeres, y establecer la igualdad en todas las fases del proceso de la gestión institucional, gubernamental u organizacional, asumiendo las fases operativas y abarcando a todos los actores del Estado, y no sólo a oficinas especializadas en las mujeres –de ahí su transversalidad-. Sin embargo, en general, las experiencias de este tipo no son más que una continuidad de las políticas anteriores de igualdad entre los sexos, por lo que no genera grandes cambios en la estructura institucional ni implica una transformación.

Para implementar el mainstreaming en nuestro país, se requiere voluntad y compromiso político en identificar las inequidades y desarrollar programas que las combatan, incorporándolos en la agenda política. El órgano responsable en Chile, es el SERNAMEG (Ex SERNAM), el que actúa como un MAM del Estado con sus “Planes de Igualdad de Oportunidades (PIO)”, pero que carece de incidencia en las esferas legislativas y judiciales. Finalmente, actúa como un espejo de la ideología dominante del Estado, sin cuestionar los paradigmas de género convencionales [2] y que dependen de las oportunidades y restricciones del medio político institucional. Se reconocen los avances pero queda mucho por recorrer para romper con ciertas resistencias de la desigualdad entre sexos, y no sólo de las mujeres.

A modo de conclusión

El problema de institucionalizar el género es que las luchas se transnacionalizan e institucionalizan, formando parte de agendas públicas o de organismos como ONU Mujer, entre otros, todos inmersos en el sistema capitalista neoliberal hegemónico. En vez de llevar adelante una pelea autónoma, el enfoque de género se ha ido inmiscuyendo cada vez más en instituciones del Estado, lo que sólo genera mayor dependencia económica, política y social, junto a jerarquías y burocracias útiles a intereses gubernamentales.

De esta manera, acompaño a las feministas radicales en la postura de un cuestionamiento a la estructura de Estado, el cual en vez de reivindicar una equidad, mantiene y aumenta las diferencias e impide el desarrollo armónico entre ambos géneros, pues siempre verá a la mujer como un elemento a someter bajo el poderío masculino. Y al mismo tiempo, sigo a proyectos decoloniales que buscan nuevas maneras de comprender las experiencias mediante una epistemología de acción política para transformar y descolonizar la realidad moderna occidental, que tiene bajo su poder al género, entre otras.

Además creo que los actores sociales deberían formar parte importante del proceso de construcción de una política pública, en las negociaciones, incidencia y toma de decisiones, al igual que en el diseño, formulación e implementación, a través de una consulta participativa entre todxs. Sólo así se pondrán cambiar las inequidades de género, en post de un anhelado modelo integral tanto para hombres como mujeres, desde abajo hacia arriba y sin asistencialismos. Son transformaciones que requieren la sociedad y el Estado mismo, donde se reflejen los compromisos tanto nacionales como internacionales que los países –como Chile- han asumido en relación con el tema de los derechos humanos y la equidad de género. Las mujeres continúan estando al margen en la construcción de nuevas institucionalidades y otros espacios de participación pública y política, mientras esto siga así, sabremos que no hemos alcanzado una equidad entre géneros y que no ha habido cambios estructurales respecto al tema en cuestión, por lo que continúa siendo una utopía.

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[1] CIEG (2014) Módulo Teorías de Género. Diplomado Teorías de Género, Desarrollo y Políticas Públicas. Santiago, Chile: Universidad de Chile.
[2] Virginia Guzmán y Sonia Montaño. Políticas Públicas e institucionalidad de Género en América Latina. Unidad Mujer y Desarrollo. Santiago: CEPAL. 2012

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